sábado, 31 de marzo de 2012

CORO DEL TEATRO MUNICIPAL DE SANTIAGO CUMPLE 30 AÑOS

Foto: Coro del Teatro Municipal de Santiago

Johnny Teperman

El Coro del Teatro Municipal cumple este lunes 2 de abril, 30 años de existencia, Creado y  dirigido hasta hoy por el maestro Jorge Klastornick, se ha  transformado en pilar fundamental de las temporadas de  ópera y conciertos del Teatro Municipal de Santiago. El 2 de abril de 1982, el  Teatro Municipal de Santiago materializó su compromiso de  buscar la excelencia coral en sus temporadas de ópera y conciertos, constituyendo el Coro del Teatro Municipal de Santiago, como un cuerpo estable, transformándose así en el primer coro profesional de Chile. Actualmente, la agrupación es integrada por 60 cantantes profesionales (sopranos, mezzosopranos, contraltos, tenores, barítonos y bajos), quienes son dirigidos por el maestro Jorge Klastornick, uruguayo, su director musical desde los inicios. Este conjunto coral contempla un repertorio extenso, variado y de primer nivel, que incluye ópera italiana, francesa, alemana -todo el repertorio de Wagner, por ejemplo- y rusa y obras sinfónico-corales de gran peso, como el Réquiem de Mozart o la Pasión según San Mateo de Juan Sebastián Bach, por citar sólo  algunas. Para interpretar estas y otras obras,los integrantes del Coro han debido familiarizarse con seis idiomas, además del español: italiano, francés, alemán, checo, latín y ruso. Directores y cantantes nacionales y extranjeros, han reconocido el gran desempeño artístico y vocal del Coro, y su extraordinaria calidad musical. La crítica especializada le ha otorgado varios galardones: el Premio mención Ópera  del Círculo Críticos de Arte en 1985 y de la Asociación  de Periodistas de Espectáculos -Premio APES- en 1989 y 1994. Además obtuvo el Premio de la Crítica V Región 1993  y el Premio APES 1995.

Maestro Jorge Klastornick. Director del coro

Nació en Montevideo, Uruguay, de padre ucraniano. Su carrera musical comenzó como concertista en piano. Fue alumno de Agar Farlleri, Hugo Balzo, Manfred Gerhard y Renée Bonnet. Siendo Bachiller en Ingeniería y  Arquitectura, realizó sus estudios musicales en el Instituto de Profesores José Artigas, obteniendo el título  en la especialidad de Música. Estudió Dirección Coral con Nilda Müller y Hugo López  Ha dirigido los Coros de Cámara del Instituto Crandon,  Municipal de Colonia de Sacramento y Municipal de Rosario. En 1977 ganó el concurso de subdirector del Coro del Sodre. En 1981 fue su director interino. En 1982 creó el Coro Profesional del Teatro Municipal de Santiago, siendo su Director Titular. Bajo su dirección, la agrupación ha logrado un gran reconocimiento.  En 1984 obtuvo el Premio del Círculo de Críticos de Arte; el Premio del Círculo de Críticos de Arte de Valparaíso; Mención Especial de los Críticos de Arte y en 1989, 1994 y 1995, el Premio APES. En 2002, la Corporación Amigos del Arte le otorgó el premio Ernesto Pinto Lagarrigue por su  trayectoria artística y la Municipalidad de Santiago lo  condecoró con la Medalla Apóstol Santiago.

TEATRO EN EL BLANCO REPRESENTA A CHILE EN PRESTIGIOSOS FESTIVALES



Johnny Teperman
 
Teatro en el Blanco representará a Chile en prestigiosos festivales:

DICIEMBRE VIAJA  A LOS FESTIVALES DE TEATRO DE VENEZUELA Y MÉXICO
 
La prestigiosa compañía Teatro en el Blanco será la única representante de Chile en los festivales de Caracas y Puebla con “Diciembre”, obra co-producida por la Fundación Teatro a Mil.
 
El Festival Internacional de Teatro de Caracas se celebra  del 29 de marzo al 8 de abril y desde su inauguración en 1973 a la fecha  ha recibido más de 600 compañías de 60 países.
En Puebla (México) se presentarán dos funciones también de acceso gratuito en el Festival Internacional "5 de mayo (ex Palafoxiano)".

Embajadores absolutos de la excelencia del teatro nacional, la compañía "Teatro en el Blanco" representará a Chile con la obra "Diciembre", co-producida por la Fundación "Teatro a Mil" y dirigida por Guillermo Calderón en dos festivales internacionales de teatro: en Caracas, Venezuela, y en Puebla, México-.

La primera escala de esta gira será en el prestigioso Festival Internacional de Teatro de Caracas, que en su versión número XVII, se desarrollará entre el 29 de marzo y el 8 de abril. La compañía, integrada por los actores Paula Zúñiga, Trinidad González y Jorge Becker, hará tres presentaciones los días 6, 7 y 8 de abril.

Desde su creación hace 17 años, el Festival Internacional de Teatro de Caracas ha recibido algunas de las compañías más importantes, de 60 países del mundo y ha convocado alrededor de un millón y medio de personas. En 2002 el Festival fue galardonado con el León de Plata de San Marcos, máximo reconocimiento que se otorga a la interpretación internacional de la escena y el espectáculo en vivo, a través de la Fundazione Internazionale di Venezia. En esta edición, además de Chile, los invitados especiales vienen de Francia, España, Argentina, México y Alemania.

"Teatro en el Blanco" luego sigue camino hacia México para continuar representando a nuestro país en el Festival Internacional "5 de mayo" que se llevará a cabo del 7 de abril al 6 de mayo en la ciudad de Puebla. “Diciembre” se presentará en dos funciones los días 14 y 15 de abril en el Teatro Principal. Las funciones serán de acceso gratuito para el público.

Escrita y dirigida por Guillermo Calderón, coproducida por la Fundación "Teatro a Mil y con la puesta en escena a cargo de la compañía Teatro en el Blanco," “Diciembre” es un montaje ambientado en la Navidad del año 2014, cuando Chile libra una guerra fronteriza con Perú y tres hermanos se reúnen a celebrar la Nochebuena y el retorno de uno de ellos como soldado del frente bélico.

A medida que avanza la noche, la velada adquiere un tono sombrío y se hace evidente la fisura familiar en tanto cada uno avala una postura distinta frente al conflicto, impulsados por la historia reciente y el clima de guerra separatista a causa del levantamiento mapuche(raza indigena chilena).

viernes, 30 de marzo de 2012

Plácido Domingo interpretó el papel de Athanaël de la ópera Thaïs Massenet en Valencia

Plácido Domingo interpretó por primera vez en su carrera el papel de barítono Athanaël de la ópera Thaïs, de Jules Massenet, en el Palau de les Arts de Valencia. El espectacular montaje, bajo la dirección musical de Patrick Fournillie, trasladó la acción del Egipto del siglo III d.C a la Francia imperial. La puesta en escena dejó unos decorados especialmente adecuados en el comienzo del segundo acto y que culminaron con la "meditación" de Thaïs, el pasaje musical en el que ella se convierte al cristianismo. La poco representada Thaïs, es una opera en tres actos y siete escenas, que fue estrenada el 16 de marzo de 1894 en la Opéra Garnier de París. Esta basada en la historia de Santa Thaïs, mujer bella y disoluta, que renuncia a la riqueza y los placeres terrenales para convertirse al cristianismo y consagrar su vida a la oración. En esta ocasión, la alemana Nicola Raab firmó la puesta en escena de este innovador montaje que se sumerge en los elementos que influyeron a Massenet para convertir a la sacerdotisa en una femme fatale inspirada en la legendaria actriz Sarah Bernhardt, la diva parisiense que dominó los escenarios entre finales del siglo XIX y principios del XX. Thaïs es la primera de las óperas con las que el centro de artes valenciano y Plácido Domingo rinden tributo a Jules Massenet en el centenario de su muerte. Otra ópera del compositor francés, Le Cid, en versión de concierto, con Plácido Domingo en el podio cerrará la sexta temporada del Palau de les Arts.

jueves, 29 de marzo de 2012

Mexican soprano lifts Palm Beach Opera’s mediocre “Lucia”

Foto: Maria Alejandres - courtesy South Florida Classical Reviewer

By Lawrence Budmen for the South Florida Classical Review

Maria Alejandres made an impressive role debut as the tragic heroine of Donizetti’s Lucia di Lammermoor in Palm Beach Opera’s season-closing production at the Kravis Center. Winner of Placido Domingo’s Operalia Competition in 2008, the Mexican soprano proved a formidable singing actress, meeting both the vocal and dramatic demands of the role. Unfortunately, she almost had to carry the production alone as the usually reliable West Palm Beach company fielded a largely mediocre cast and a hammy, cliché-ridden production, heard at Sunday afternoon’s final performance.

On the plus side, count Bruno Aprea ’s fiery conducting which captured the graceful bel canto melodies and dramatic power of the score. Except for a couple of horn fluffs, the orchestra was in fine form with particularly distinguished flute and harp solos. Greg Ritchey’s chorus sounded robust and vociferous.

Fernando Portari was a cipher vocally and dramatically as Lucia’s lover Edgardo, his tight, comprimario-sized voice strained at the top. As Enrico, Roman Burdenko proved a stock villain with a burly, vibrato-laden baritone. The weak singing of Portari and Burdenko made the inclusion of the often omitted Wolf’s Craig scene a dubious addition and the famous sextet in Act II lacked vocal heft and received only tepid applause at Sunday’s matinee.

The smaller roles were more consistently sung. Alfred Walker proved a dignified Raimondo, his rotund bass-baritone commanding attention at his every utterance. Evanivaldo Correa Serrano revealed a promising lyric tenor as the ill-fated bridegroom Arturo and Shirin Eskandani made the most of Alisa’s brief interjections with an attractive soprano and poised stage demeanor.

Sir Walter Scott’s tale of doomed lovers from rival Scottish clans with a heroine felled by madness was reduced to a melodramatic potboiler. Massimo Gasparon’s direction was mostly of the silent-movie variety, with the choral scenes marred by poorly conceived, often claustrophobic blocking. Henry Bardon’s decades-old production is still handsome and resolutely traditional, dimly lit by Ron Vodicka.

Despite the weak presentation, the performance came alive when Alejandres was on stage. She powerfully conveyed Lucia’s disintegration from hope to despair and instability leading to murder. In a mesmerizing Mad Scene, she wandered the stage, sometimes crawling in a state of unhinged delirium, unaware of anything around her.

Vocally, Alejandres seems a cross between the light coloratura Lucias of an earlier era and the larger, more dramatic voices of Callas or Sutherland. Her tone is somewhat covered but Alejandres’ lower register is strong and dusky and she met the coloratura demands with ease. Adapting some ornamentation to the vocal line, she turned the Mad Scene into a tour de force of fearless singing, always alive to the tragedy behind the coloratura roulades. Alejandres’ outstanding performance bodes well for her Juliette in Gounod’s opera at Florida Grand Opera next month, a role she has performed at Covent Garden and La Scala.

Alondra de la Parra nueva directora artistica de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, México


La Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) ya tien directora. Alondra de la Parra es la nueva directora artística de la agrupación. Esta decisión fue tomada por los integrantes del Comité Técnico, el Patronato y los músicos del grupo, informó hace la Secretaría de Cultura (SC) de Jalisco. La dependencia estatal anunciará próximamente el plan de trabajo de la nueva directora. Alondra de la Parra debutó como huésped con la OFJ en 2005 y en 2010 regresó al Teatro Degollado para presentar su disco ''Mi alma Mexicana''.

martes, 27 de marzo de 2012

La Traviata - Opera de Bellas Artes de México

Foto: Opera de Bellas Artes, INBA


Clasificación A. La traviata en Bellas Artes
 
 
José Noé Mercado


En memoria de Galita, ya un ángel amado
Presentar por estas fechas La traviata de Giuseppe Verdi puede entenderse como un previo a la oleada de festejos por el bicentenario natal del llamado Oso de Busseto que en 2013 seguramente emprenderá buena parte de los teatros líricos del mundo. Aunque, en rigor, puede no ser sino una muestra más de que no se sale de la misma programación de siempre. Tan clásica como trillada. Inmortal y exangüe al mismo tiempo. Tan operística. El caso es que la Compañía Nacional de Ópera ofreció con dos elencos una nueva producción de La traviata, obra originalmente estrenada en 1853, en La Fenice de Venecia, con funciones los pasados 15, 18, 20, 22 y 25 de marzo, en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, como parte de su Temporada 2012. El primer elenco estuvo encabezado por la soprano Leticia de Altamirano en el rol de Violetta Valery, un personaje complejo de interpretar no sólo por sus transiciones anímico-dramáticas que se traducen en retos vocales y expresivos formidables, sino también por la amplia lista de enormes cantantes que han dejado su impronta de este papel verdiano por excelencia en el inconsciente colectivo de cualquier melómano medianamente informado y que nadie que intente abordarlo debería ignorar antes de esculpir su propia creación. De Altamirano cumplió una labor decorosa, sobre todo si se considera lo emergente de su invitación para estas funciones que originalmente protagonizaría María Alejandres, la (joven) soprano mexicana de mayor proyección en el mundo lírico. Su voz no tuvo dificultades para alcanzar las notas debidas, pero a cambio su instrumento mostró una fragilidad similar a su actuación. Con cierta dificultad para apoyar el registro grave, sin peso histriónico ni punch para proyectar y sostener las partes más dramáticas. De Altamirano, quinto lugar del reality show Ópera Prima de Canal 22; Marie en La fille du régiment en julio de 2011 en Bellas Artes, llegó a esa resbalosa línea que divide los talentos promisorios de las realidades concretas. ¿Será capaz de cruzarla?  El tenor Arturo Chacón- Cruz bordó de lirismo el rol de Alfredo Germont. Con un timbre cálido y sobre todo con experiencia y soltura escénica crecientes (Chacón debutó en enero pasado en la Scala de Milán, como Hoffmann), el cantante aportó el mayor atractivo de esta producción. El barítono Luis Ledesma interpretó un no muy enérgico Giorgio Germont, de voz y dicción algo masticada y gutural, pero después de todo solvente. Margarita Botello, Ramón Yamil, Alejandro López, Octavio Pérez, Roberto Aznar y Elizabeth Mata complementaron el elenco con actuaciones convincentes de sus respectivos partiquinos. La puesta en escena de David Attie, con escenografía e iluminación de Jesús Hernández, intentó pasar como contemporánea en su sentido minimalista, pero resultó definitivamente típica en su lectura. Un marco luminoso de neón para las acciones, al estridente estilo de portaplacas trasero de auto en los 90; un ciclorama con colores que ameritaban gafas oscuras; anaqueles al fondo donde se colocaban cortesanos o el propio Alfredo silueteados a la usanza de producciones recientes como La damnation de Faust o Doctor Atomic en el Met de Nueva York; sillas y acarreos de ellas seguro con más carga simbólica que el laberinto en Borges; desenfrenos fresas o un aljibe que se abre de pronto en el piso para remarcar lo obvio: la distancia entre los personajes, fueron parte de un montaje que recibió del público sendos abucheos. Que ni siquiera debió afrontar ráfagas triturantes de ellos por una puesta polémica o escandalosa, sino las guasonas salvas y cuetones de quienes no encontraron en su propuesta descubrimiento alguno en la lectura de la trama, en la caracterología de los personajes o en la estética de esta obra. El Coro del Teatro de Bellas Artes, bajo la preparación del catalán Xavier Ribes, volvió a ofrecer una actuación emotiva y de buena factura técnica. Merecía mejor suerte, igual que la Orquesta y los cantantes, y por extensión el público, que padecer la batuta concertadora del ruso Denis Vlasenko, quien en la última función no se salvó del abucheo. Razones no faltarían para ello. Si no por su sonido más decolorado que ropa negra olvidada al sol, por tiempos desguanzados, incapacidad para cuidar la emisión de los solistas o por proyectar un carácter musical más de película de Disney que de ópera verdiana. Pero más seguramente por una especie de imagen orquestal Clasificación A, es decir, carente de conflicto, sin lenguaje violento, con drama mínimo. Pero, eso sí, no apta para todo público.

Franz Liszt: Sinfonia Dante - Teatro Civico Vercelli, Italia


Teatro Civico Vercelli Sabato 24 marzo  ore 21
«Dante - Liszt - Guggenheim»

Franz Liszt: Sinfonia Dante per 2 pianoforti e coro

con voce recitante e videoproiezioni

Una “Sinfonia multimediale”
 ideazione ed elaborazione drammaturgica
 Massimiliano Génot e Massimo Viazzo

Massimiliano Génot, Massimo Viazzo pianoforti

Mario Brusa voce recitante

Venceslao Cembalo immagini e video

Michele Canosa aiuto regia e montaggio

Marinella Pensotti maestro collaboratore

Coro di Voci Bianche e Coro femminile della Scuola Comunale di Musica “F. A. Vallotti” di Vercelli

Marco Roncaglia direttore del coro
 

Renzo Bellardone
La Sinfonia Dante di Franz Liszt, nella sua prima esecuzione a  Vercelli, si tinge di multimedialità.

Franz Liszt, fin dal 1837 durante il suo soggiorno sul lago di Como sogna   di ‘sonorizzare ‘la Divina Commedia’ attraverso  un progetto ambizioso, ovvero  una grande pagina sinfonica che avrebbe dovuto rappresentare la base sulla quale realizzare uno spettacolo, diremmo oggi  multimediale, con musica, poesia e proiezioni, ma  l’ambizioso progetto non trovò  mai una sua concreta e soddisfacente realizzazione e la Sinfonia Dante , opera invero mai completamente popolare, rientrò negli ambiti delle normali stagioni concertistiche. Il progetto vercellese  Dante-Liszt-Guggenheim ha ripreso il sogno interrotto di Liszt  con l’elaborazione drammaturgica  ideata e realizzata da  Massimiliano Génot e Massimo Viazzo: in un curato momento  teatrale si aprono  nuovi spazi di lettura grazie  alle proiezioni curate da Venceslao Cembalo –schegge cinematografiche dal repertorio del film muto dei primi ‘900- con la collaborazione di Donato Canosa e Marinella Pensotti. Le proiezione in bianco e nero evocano i passi danteschi letti dalla  voce ricca di sfumature  di Mario Brusa in simbiosi perfetta con la musica ed il canto del Coro Vallotti diretto con sobrietà e tenace cura  da Marco Roncaglia. Concerto spettacolo molto raffinato che si è avvalso di diverse professionali sinergie per culminare in un  ‘UNICUM’. Al pianoforte Massimiliano  Genot e Massimo Viazzo, professionisti di ampia e consolidata esperienza  hanno offerto una interpretazione di pregevole livello  con perfetto sincrono tra i due pianoforti, che anche scenicamente hanno valorizzato l’insieme. La rispettosa lettura e la evidente  salda tecnica interpretativa, hanno creato momenti di estasi intimistica che si trasfigura in un innalzamento mistico attraverso   l’emotiva eleganza  del ‘Magnificat’ in un crescendo di dissonante e polifonica  contemporaneità, suggellata al finale dalle proiezioni delle preziosità pittoriche che firmano la collezione Guggenheim in esposizione all’ -Arca- di Vercelli. Franz Liszt, per la grandiosa Sinfonia  compose due Finali ed entrambi sono stati eseguiti, ed è  proprio durante il Finale II, punto d'arrivo spirituale del poderoso trittico lisztiano (Inferno-Purgatorio-Magnificat) -qui inteso come vero e proprio “Paradiso dell’arte”- che lo spettatore è stato  proiettato nel contesto del contemporaneo, del colore e della modernità: ‘I Giganti dell’avanguardia  Mirò, Mondrian, Calder’. Dante-Liszt-Guggenheim, costituiscono l’altro Trittico ed al tempo stesso il fil rouge  che lega le differenti epoche  e le differenti ispirazioni, decretando  la contemporaneità quale elemento aggregante e lasciando gli animi aperti ad accogliere la poetica spiritualità che  innalzandosi dalla partitura e  scaturendo dagli strumenti  fluisce fino al cuore della ‘platea’.  Trattasi della prima assoluta esecuzione della Sinfonia Dante in Vercelli, ma è plausibile credere che resterà nella storia del Teatro Civico quale dipinto eclettico che attraverso l’impareggiabile ispirata interpretazione e la raffinata ambientazione ha contribuito a consolidare l’immagine di ‘Vercelli Città d’arte’. La Musica vince sempre.

lunes, 26 de marzo de 2012

C(H)OEURS, COROS (CORAZONES) EN EL TEATRO REAL

Foto: Javier del Real

Alicia Perris

Un proyecto de Alain Platel, nueva producción del Teatro Real y estreno mundial  en coproducción con les Ballets C de la B. Director musical: Marc Piollet. Director del coro: Andrés Máspero. Dramaturga: Hildegard De Vuyst.  Dramaturgo musical: Jan Vandenhouwe. 20 de marzo de 2012.

Con coros de óperas de Wagner (1813-1883) y Verdi (1813-1901), Alain Platel organiza un espectáculo global, donde los bailarines producen una danza constante, alternada con la música de los dos compositores consagrados. Los Ballets C de la B de Bélgica, estrenaron el día 12 en el Teatro Real de Madrid, una propuesta cantada con un mensaje político y social y una voluntad estética y ética de integrarse en los conflictos del momento. Hay muchas referencias políticas a los hitos importantes a los que estamos asistiendo en el universo de la escena internacional y entonces se impone una reflexión sobre estos temas. Pero hay quienes consideran que un espectáculo de este tipo podría haber tenido mejor inclusión en otra clase de escenario y con un público diferente, menos clásico y más ávido de sensaciones “épatantes”.La influencia de la muchedumbre, el grupo y la impronta y el espacio que el individuo tiene en el contexto social, ocuparon el tiempo de los bailarines. Se trata de un proyecto que va más allá del convencionalismo que guarda habitualmente  el lugar que ocupan los coros o la danza, para mezclarse en un totum revolutum integrado en las potentes partituras de Verdi y Wagner. El “Dies irae , “Tuba mirum” y “Libera me” de la Messa de Requiem, el “Va pensiero” de Nabucco, la “Patria oppressa” de Macbeth y “Parigi, o cara”, el preludio del Acto III de “Traviata”, todas de Verdi  y fragmentos de “Los Cantores”, “Lohengrin” y “Tannhäuser” de Wagner, acompañaron las evoluciones del ballet,  por momentos desmadejadas y en todo caso, bastante repetitivas. El cuerpo humano, tan grácil, tan seductor y erótico, aparece en esta oportunidad – y es una pena- desvestido de seducción. El favor y la respuesta del público estuvieron muy divididos al terminar la velada. Alguien gritó “Viva Verdi”. Más aplausos favorables en las butacas de la platea, pero también muestras de desaprobación, jalonaron un espectáculo apto para curiosos y melómanos deseosos de nuevas propuestas, pero menos apreciado por los que vienen a buscar al Real el reencuentro con sus viejas pasiones musicales y la certeza de lo que van a disfrutar. Para ésos, ya se estrena “I due Figaro” de Mercadante, una partitura napolitana, bajo la batuta del maestro Riccardo Muti, que es muy posible que cohesione más la reacción positiva de los asistentes al coliseo madrileño. Que así sea.

sábado, 24 de marzo de 2012

Sondra Radvanovsky: recital de la soprano en el Palacio de Bellas Artes de México.

Foto: Sondra Radvanosky en Bellas Artes. Crédito: R.M / Conaculta
La soprano estadounidense Sondra Radvanovsky, quien ofrecerá un concierto junto al pianista Anthony Manoli, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, este sábado 24 de marzo, mencionó que cada vez que canta a Giuseppe Verdi, siente 'la libertad en el escenario'. En la conferencia de prensa que ofreció hoy en la Sala Internacional del teatro. Radvanovsky, dijo sentirse sumamente contenta y feliz porque el próximo año es el aniversario de natalicio de Verdi, compositor al que admira mucho. 'Sus características de Verdi son dos: ligero y dramático. También es uno de los compositores más difíciles que han existido, sobre todo para las sopranos, por lo que cuando canto obras de él, siento libertad y conexión', aseguró la cantante. Prueba de su admiración por Verdi es la amplia colección de discos compactos relacionados con el compositor, pues cada vez que vuelve a casa escucha su música, 'es como un viejo amigo mío', manifestó. También reconoció su admiración por los tenores mexicanos Plácido Domingo y David Lomelí. Subrayó que la técnica, la actuación y la música son elementos muy importantes para realizar un concierto. 'Es una combinación perfecta para enfrentarse al público. Para mi estar frente a la audiencia es muy estimulante', apuntó la soprano.

En opinión de Sondra Radvanovsky existe en México una gran tradición musical que es redescubierta constantemente por los cantantes de todo el mundo. “La música mexicana es muy hermosa, es una gran inspiración estar en esta gran nación pero sobre todo en un recinto tan importante y legendario como Bellas Artes”, dijo Sondra Rodvanovsky en entrevista  Reconocida mundialmente por su participación en algunas de las óperas más importantes de ámbito internacional, la soprano interpretará obras de Beethovenn Cilea, Duprac, Rachmaninov, Giordano, Copland  y en especial de Verdi. “Yo soy conocida por interpretar a Verdi, quien para mi es uno de los espíritus musicales más profundos que existen en nuestra historia musical universal, cantar a Verdi es para mí como llegar a casa y reunirme con un viejo amigo. Como volver a ponerme esa chamarra única y cálida que nos acomoda como ninguna”. Admiradora confesa de cantantes mexicanos como David Lomeli y Placido Domingo, Sondra Radvanovsky afirmó que este recital tiene para ella un significado especial, pues considera al Palacio de Bellas Artes como el mejor puente con el publico latinoamericano, después de estar presente en la Metropolitan Opera de Nueva York y en la Scala de Milán. “Siento en lo personal una energía muy especial con México y con todo su contexto cultural, realmente me interesa conocer mucho más de su tradición musical”, afirmo la cantante, quien en 2010 después de una serie de conciertos en Moscú grabó una recopilación de Verdi considerada ya entre los mejores 10 discos del mundo. En el concierto, la soprano estará acompañada por el pianista Anthony Manoli, de quien dijo es uno de los exponentes más versátiles de la música de concierto de la actualidad, logrando dar lustre a cada una de las obras que interpreta. La artista señaló que prepara una serie de conciertos internacionales cuyas sedes están por confirmarse y mencionó estar ansiosa por volver a interpretar a alguna de las heroínas de las obras de Verdi por las que ya ha sido reconocida en los escenarios internacionales como Leonora en Il trovatore, y Elena, en I Vespri Siciliani. “A veces concibo a la música como un gran palacio con muchas puertas, en las que se esconden tras los umbrales experiencias y sensaciones maravillosas, a veces como intérpretes nos aventuramos por una o por otra con el sentimiento de un aventurero”. Y agrego: “Me siento muy honrada de cantar para el público mexicano, para esta cultura colmada de historia y tradiciones ancestrales y de la cual todos los artistas del mundo tienen mucho que aprender”.

La soprano Sondra Radvanovsky, aclamada y reconocida internacionalmente por la sinceridad e intensidad que lleva al escenario, es considerada una de las intérpretes verdianas más importantes de su generación. Estos atributos le han ganado los elogios de la crítica y la lealtad de sus apasionados seguidores. The Washington Post describió su voz como "potente, conmovedora y platinada". Radvanovsky ha cantado en las casas de ópera más importantes del mundo, incluyendo la Royal Opera House Covent Garden, Opera de París, Teatro alla Scala de Milán y Opera Estatal de Viena, entre muchas otras. Se presenta de manera permanente en la Metropolitan Opera, donde comenzó sus actuaciones a finales de 1990. Después de participaciones en esa casa de ópera, en pequeños papeles, llamó la atención como Antonia en Les contes de Hoffmann, y fue cuando se le reconoció como una soprano sobresaliente. La cantante Sondra Radvanovsky ofrecerá un solo concierto, acompañada por el pianista Anthony Manoli, en el que interpretará un repertorio de obras de Beethoven, Verdi, Ciléa, Rajmaninov, Giordano, Duparc y Copland, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes de México, el 24 de marzo del 2012 a las 20:00 horas.

Anna Bolena de Donizetti en Florencia

Foto Francesca Zardini

Massimo Crispi

Una insólita versión de Anna Bolena sin orquesta, a causa de la huelga de la orquesta del Maggio, se representó en Florencia. La orquesta protestaba por los recortes impuestos por la dirección del teatro para balancear su situación. De todas maneras, el teatro decidió que se realizara el espectáculo, así el maestro Andrea Severi, pianista del teatro, ejecutó la entera reducción al piano, dirigido por el maestro Antonino Fogliani y no por Roberto Abbado como se había anunciado en el programa. Por una lado fue una prueba de paciencia y de buena voluntad por parte del elenco y de la dirección, y por otro, un inevitable empobrecimiento del espectáculo ya que es muy difícil cantar una opera entera sin el verdadero apoyo de la orquesta, adémas, el bajo Roberto Scandiuzzi, Enrico VIII cantó igualmente a pesar de estar enfermo. El espectáculo de Graham Vick, repuesto por Stefano Trespidi, en una nueva producción proveniente de los teatros de Verona y de Trieste, mostró escenografias y vestuarios hermosos, y fue esencial y funcional con invenciones como las transparentes paredes del castillo real que simbolizaban la imposibilidad de cualquier conspiración dentro de la corte de Enrico, donde se observaba todo. Superlativa e inoxidable fue la Anna de Mariella Devia, de quien maravilla cada día que pasa su longevidad vocal y su pertinencia estilística.. Al final, muchas ovaciones para la reina. La Giovanna Seymour de Sonia Ganassi tuvo éxito con un papel que ha rodado y asegurado. Esplendida como siempre estuvo José María Lo Monaco en el personaje del paje Smeton, con sobresaliente e impecable voz. Shalva Mukeria como Percy, con centro y graves un poco inseguros, exhibió grato registro agudo, y Konstantin Gorny como Rochefort, con sólida voz de bajo. Un poco perdido estuvo el coro, quizás por la falta de orquesta. El pianista Andrea Severi, que del foso tuvo la responsabilidad de mantener la escena con su teclado, recibió su dosis de aplausos. Es una lastima ver un espectáculo a la mitad, sobretodo sabiendo que será la ultima ocasión, si no de las ultimas, que se escuchará a Devia en Florencia en este papel. Quizás como terminaran los teatros de Italia.


jueves, 22 de marzo de 2012

Anna Bolena - Teatro del Maggio Musicale Fiorentino, Firenze

Foto: Francesca Zardini
Massimo Crispi

Un'insolita versione dell'Anna Bolena senza orchestra a causa dello sciopero dell'orchestra del Maggio è andata in scena in questi giorni a Firenze. L'orchestra protesta per i tagli che la direzione del teatro vuole adottare per ripianare il bilancio. Il Teatro ha comunque deciso di far andare in scena lo spettacolo e quindi il maestro Andrea Severi, pianista del teatro, ha eseguito l'intera riduzione al pianoforte, diretto al maestro Antonino Fogliani e non Roberto Abbado come annunciato sul programma, mentre gli artisti agivano sul palco. Da un lato una prova di pazienza e di buona volontà da parte del cast e della direzione della Fondazione. Dall'altro un inevitabile impoverimento dello spettacolo, anche perché è veramente difficile cantare un'opera intera senza il vero sostegno dell'orchestra, si è esposti moltissimo. Per di più il basso Roberto Scandiuzzi, Enrico VIII, era ammalato ma ha cantato ugualmente. Lo spettacolo di Graham Vick, ripreso da Stefano Trespidi, nuovo allestimento proveniente dai teatri di Verona e di Trieste, con scene e costumi, molto belli, di Paul Brown ripresi da Elena Cicorella e luci di Giuseppe Di Iorio riprese da G.Paolo Mirenda, era essenziale e funzionale, con invenzioni felici come le pareti del castello reale in plexiglas, trasparenti, quasi a simboleggiare l'impossibilità di qualsiasi congiura all'interno della sua corte, Enrico vede tutto. Superlativa e inossidabile l'Anna di Mariella Devia, di cui meraviglia, ogni giorno che passa, la longevità vocale e la pertinenza stilistica. Ovazione finale per la regina. Ma anche l'altra regina, la Giovanna Seymour di Sonia Ganassi, ha riscosso un meritato successo, ormai per lei un personaggio rodato e collaudato. Splendida, come sempre, anche José Maria Lo Monaco nel personaggio del paggio Smeton, con voce superba e impeccabile. Bene gli altri, Shalva Mukeria come Percy, dai centri e gravi forse un po' insicuri, ma con un bel registro acuto, e Konstantin Gorny come Rochefort, solida voce di basso. Un po' spaesato il coro, forse per la mancanza dell'orchestra. Il pianista Andrea Severi, che dal golfo mistico aveva la responsabilità di sostenere il palcoscenico colla sola tastiera, ha avuto anch'egli la sua dose di meritati applausi. Peccato, uno spettacolo a metà, e soprattutto con la consapevolezza che sarà l'ultima volta, se non una delle ultime, che si ascolterà Devia a Firenze in questo ruolo. Chissà come finiranno i teatri d'Italia…

martes, 20 de marzo de 2012

LA BATTAGLIA DI LEGNANO de Giuseppe Verdi - Trieste Teatro Verdi

Foto: F. Parezan Trieste

!!!Viva Italia entre locura y resurgimiento!!! Coproduccion con el Teatro dell’Opera di Roma y el Liceu di Barcellona.

Giosetta Guerra

La locura de la libertad agitaba al pueblo del siglo diecinueve, y la locura pura movía a los hombres del poder a destruir las riquezas culturales del propio país. Esto es lo que quiso decir el director Ruggero Cappuccio ambientando La Battaglia di Legnano, opera del resurgimiento de Verdi, en un deposito de objetos de arte abandonados. La única esperanza son los restauradores capaces de retocar los bellos cuadros (escenografías y vestuarios de Carlo Savi, y luces de Nino Napoletano). Pero, ¿Quién será el restaurador del patrimonio actual de Italia? Desafortunadamente la preocupación de hacer creíble esta metáfora distrajo al director del espíritu de resurgimiento de la opera, quien resultó haciendo una dirección estática y alejada de la tinta de la partitura. En el plano vocal, Dimitra Theodossiu, debutando el papel, delineó una Lida apesadumbrada y resignada, con una línea de canto muy pura y melodioso, inundada de sensibles pianisimos y penetrantes filados en las páginas de dolor y lirismo (sublime en la plegaria, de gran impacto dramático cantada en el filo y con voz también en las notas agudas). Diseñó también una Lida apasionada y ardiente con voz segura y rica de armónicos siembre hacia el fiato, sonidos densos y rotundos en el centro y en los graves, agudos fulminantes y agilidad de fuerza en las paginas mas virtuosas. ¡Una verdadera heroína del melodrama dramático! Andrew Richards, con fiero portamento y tono seguro, debutó con fuerza el valeroso y audaz papel de Arrigo. La voz robusta y de buena pasta, radiosa en el squillo, salió hacia los agudos extremos en la explosión de desdeño y de ardor y se suavizó en los fascinantes abandonos melódicos. El tenor pronunció claramente la palabra escénica con acento heroico y vigoroso, y con clara dicción. Elegiaco y conmovedor en la escena final de muerte. Leonardo López Linares (Rolando, marido de Lida y amigo de Arrigo) mostró un bueno modo de ofrecer una voz importante, extensa y de gran volumen. El fraseo fue apropiado, el acento estuvo bien marcado, y el canto en mascara, por demás audaz, y en ocasiones furioso, pero el barítono sabe cantar y usó la voz con suavidad en las paginas cargadas de pathos. El bajo Enrico Giuseppe Iori delineó un imponente Barbarossa con un medio vocal impresionante y con acento seguro y vigoroso. Insinuante estuvo el Marcovaldo del barítono Giovanni Guagliardo. Sharon Pierfederici (Imelda) mostró una voz insegura y tremulante; y débil estuvo el Araldo del tenor Alessandro De Angelis. Timbrados los bajos Francesco Musinu y Federico Benetti (Cónsul de Milán), Nicola Pascoli (Escudero) y Gabriela Sagona (gobernador de Como). Buena fue la prueba del coro dirigido por Paolo Vero, y la Orquesta del teatro Verdi, guiada por Boris Brott, alternó momentos vigorosos en momentos absortos y otros de puro acompañamiento de las voces. Muy bella y bien ejecutada estuvo la obertura. Formas y épocas diversas para los vestuarios: impermeables y abrigos para el pueblo, vestidos largos para Lida, antiguos para los hombres, excepto para Arrigo, quien vistió pantalones negros, botas con tacones y una fulgurante camisa blanca manchada de sangre al final.

Anna Caterina Antonacci: el hada del tiempo perdido - Teatro della Pergola de Florencia, Italia.

Anna Caterina Antonacci. Credito fotografico: Serge Derossi/Naïve

Lunes 12 de marzo del 2012. Teatro della Pergola de Florencia, Italia. Amici della Musica, L’arte del Canto (XXXI). Recital de Anna Caterina Antonacci y Donald Sulzen (pianista).

Massimo Crispi

Cuando uno asiste a un recital de Anna Caterina Antonacci se da uno cuenta, tarde o temprano, que forma parte de un evento.  Algo ocurre ya que apenas entra en  escena la artista; el carisma, la clase, y la extraordinaria belleza indemne de Antonacci anuncia que un rito especial está a punto de manifestarse: la sacerdotisa de la música, de la gestualidad, de la palabra está allí para la iniciación de un nuevo adepto y para suscitar sueños multicolores a quien ya la conoce. De todas formas siempre se tiene la idea que ella canta para uno y solo para uno.… Esta artista siempre nos deja sin palabras por su capacidad de vibrar las cuerdas más secretas de cada uno de nosotros, y además, los que escuchan tienen la extraña sensación que el tiempo se detiene. Surge espontánea la reflexión que el tiempo para ella hubiera hecho una excepción y se paró en una edad de oro, porque Anna Caterina Antonacci parece que no pertenece a ese mundo, hecho de velocidad y distracción. Parece que esta creatura encantadora de otra época es la prueba que sí es posible una conexión espacio-temporal entre hoy y el temps perdu, y quien sabe si ella está consciente de ello o es algo innato. El programa de ese recital florentino se basó sobre dos temas muy amados por Antonacci. Uno de sus repertorios mas frecuentados, por la riqueza de su tono y para las posibilidades expresivas es el barroco. La atormentadora pasacalle del “Lamento della Ninfa” de Claudio Monteverdi, abrió el recital y capturó al publico en su vórtice emotivo - también por la característica de esa danza, con un bajo obstinado y una melodía que le se envuelve como una espiral; solo ella sabe crear esa emoción en esa forma y tan intensa. Como en este recital se renunció a la forma filológica del fragmento - donde hay un coro masculino de pastores comentando el llanto desesperado de la ninfa y creando al mismo tiempo un efecto estereofónico salió algo nuevo, totalmente distinto, e independiente de la partitura original sí funcionó muy bien también con piano: el madrigal casi se volvió una aria moderna, con libertad interpretativa y rítmica como el mismo autor anhelaba, y que llegó directo al corazón de los que las escuchaban.

El barroco, decíamos, con sus epígonos, dio nombre a la primera parte del programa “In stile antico” (en estilo antiguo) porque parodias del estilo antiguo son las arias de Ottorino Respighi y de Stefano Donaudy, autor, ese ultimo, de una colección de arias sobre textos de los siglos XVI y XVII, con música de un estilo arcaico y que los demás cantan casi con distracción, sin darse cuenta de verdad de aquel idioma antiguo y refinado. Antonacci sacó de esas arias tanta poesía que nos quedamos hipnotizados. Como una Armida moderna, nos atrajo y nos perdió en su jardín encantado de la voz, para que saboreáramos cada sílaba, como si ella nos contara historias que nunca hubiéramos notado, a pesar que esos fragmentos los hemos escuchado varias veces en otras interpretaciones. La impresión fue la de escucharlas como novedades, y al final uno se da cuenta que esas arias llevan muchos mas afectos y música.

Antonacci sí tiene el gran mérito de saber decir, contar los sonidos, las frases, los fonemas, vistiéndose integralmente del texto que quiere transmitir, inventando situaciones y tonos, pintando caracteres, también transmitió sensaciones, sentidos, escalofríos. Ella enseñó con facilidad cuantos colores puede tener un sonido, cuantas trampas hay en las líneas de un aria, y lo hace con el amor de quien sabe contar anécdotas preciosas y especiales, cosas tan raras para expertos pero explicadas con claridad olímpica, para que todos entiendan, sin perder su clase inalcanzable que es su traje perpetuo. Y esa clase, al final, es la sencillez.  Su tono, decíamos… La textura tan especial de Anna Caterina Antonacci, quien escapa (por suerte) a las clasificaciones, comprendiendo sin fracturas las texturas de soprano y mezzosoprano, llena de escalonados y colores, según el afecto que ella quiere expresar, es una de las riquezas mas grande de esta artista, que cantando pliega su voz a una expresión teatral en cada fragmento lo cante o lo diga. El programa donde hubo vínculos internos entre Cesti y Respighi, Cilea y Pizzetti, Mascagni, Refice y Tosti, fue el fruto de una elección inteligente y tenia un evidente fin narrativo. Muchas fueron las sorpresas y los redescubrimientos, poniendo una cortina sobre los tantos programas banales, que saben a rancio de vez en cuando porque siempre proponen los ciclos de Schubert o Schumann, que son magníficos, sin duda, pero parece que solo estos fueran los únicos existentes.

Las “Quattro canzoni d’Amaranta”, uno de los mas considerables ciclos de Francesco Paolo Tosti, el dúo lo interpretó con mucho pathos, aunque con una elección dinámica muy rápida, que el vórtice emocional nos dejó sin aliento. En “L’alba separa dalla luce l’ombra” la segunda canción, con una velocidad que el verso de D’Annunzio justamente impulsaba, el dúo la ofreció sin todas las prolijidades y los puntos coronados como muchos tenores, sobre todo, están acostumbrados a poner. Resultó como una fluida carrera en contra de la luz, luz siempre presente en el canto de Antonacci, mejor dicho casi como un choque de dos luces, la luz del sol del día surgiendo y la otra del canto titánico elevandose, dominando el amor perdido, el canto que quiere evitar el encuentro obligatorio con el porvenir, el canto que quiere quedarse en un abrazo nocturno sin fin. Quizás la elección de un tiempo mas elegiaco en el primer fragmento del ciclo “Lasciami!”, ya en la introducción instrumental, hubiera servido para crear una atmosfera y preparado la sorpresa de la segunda canción, pero estos son solo detalles.

Si el estilo antiguo y arcaico fue el carácter de la primera parte del recital, los reflejos acuáticos fueron el tema de la segunda. Así que los reflejos de la laguna en el ciclo “Venezia” de Reynaldo Hahn, que es quizás él mas que Proust el guardián del temps perdu, eran lo que se necesitaba. La sabiduría de Antonacci y Sulzen, los dos divirtiéndose muchísimo en su recitación, cada uno con su propio instrumento, de los textos en idioma veneciano (aunque de vez en cuando hubieron algunas pequeñas faltas de pronunciación), entusiasmó además un publico ya enamorado (como podria ser lo contrario!) desde el inicio del recital. Inalcanzable, por espíritu y sutilezas, “L’avertimento” mientras “La biondina in gondoleta” (nada que ver con la famosa canción folclórica, con otra música) fue una verdadera joya de arte dramático, tallado y cincelado que mejor no se podía.

Los reflejos en el agua continuaron con la celebre “L’invitation au voyage” de Henri Duparc, donde Antonacci acentuó de manera sublime la voluptuosidad del verso de Baudelaire, casi como si ella fuera una pintora de paisajes y de atmosferas liquidas. Después continuó con dos fragmentos de Gabriel Fauré, “Cygne sur l’eau” y “Au bord de l’eau”, este ultimo en una interpretación tan moderna que reveló toda la actualidad del lenguaje de ese autor, a menudo confinado en una dimensión de salón y poco mas. Su ciclo “L’horizon chimérique”, con sus cuatro canciones casi una simétrica conclusión en oposición/nexo con el ciclo de Tosti, terminó el recital con una fuerte emoción. Ese repertorio en lengua francesa que Antonacci domina perfectamente, quizás mejor que muchos cantantes de lengua materna cuya escuela actual esta en mal estado, y que despertó memorias que creíamos sepultadas en un pasado remoto en interpretaciones como las históricas de Charles Panzéra, Régine Crespin o Camille Maurane, que unían la conciencia fonética con una vocalización digna de ese nombre. Y esa voz llena, dramática, aún capaz de caricias improvisas, de Anna Caterina Antonacci no podía ser mejor.

El papel del pianista Donald Sulzen fue tan importante como el de la soprano. Los dos artistas se daban y tomaban recíprocamente ideas, tiempos y colores sin parar. Sulzen creó un camino sonoro donde la huella ágil y aterciopelada de Antonacci podía avanzar sin obstáculos, planeando sin golpes, amalgamándose perfectamente y enseñando una gama de colores que es raro escuchar. A menudo se subestima la presencia de un pianista “acompañador” y se disminuye precisamente su papel de pianista. Él es al contrario el motor rítmico y harmónico que apoya a la cantante y le permite expresar sus encantos vocales, como los que el hada Antonacci nos desveló. Las obras de Fauré y Duparc pusieron en evidencia, quizás por una estructura pianística más espesa que en las obras italianas, la sabiduría del gran “acompañador”, enseñando la red de voces internas que interactúan con la voz de la artista y no solamente las superficiales como frecuentemente ocurre. Fueron preciosos los arreglos que Sulzen hizo en “Marechiare” de Tosti, muy gracioso y en perfecta harmonía con los reflejos en el agua del programa (sobresaliente cantora napolitana fue Antonacci!), y de Moon River, ultima caricia que nos dispensó la soprano, cuarto y ultimo de los bises que el dúo donó a un publico delirando y pidiendo con gracia que el sueño nunca se acabara… Yo también me desperté muy a mi pesar...

RIGOLETTO : Delito y Castigo - Teatro Regio de Turín

Foto: Ramella & Giannese Fondazione Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone

En esta ‘reposición’ del Teatro Regio, el papel principal le fue confiado a Giovanni Meoni quien moduló su calida y melodiosa voz en una sucesión de sentimientos opuestos. Ya reconocido en otras producciones del papel por su interpretación sin protagonismos, ofreció al atento público arias y cabaletas con claro fraseo y mórbida rotundidad.  Gilda fue Dèsirée Rancatore, co protagonista con Meoni en la reciente edición en Macerata.  La soprano mostró una voz que en el tiempo ha madurado en colores y acentos de calidos tonos dorados, manteniendo una brillantez cristalina en los agudos y sobreagudos, en las virtuosas coloraturas y los suaves tonos afligidos en la profundidad del sentimiento participativo. Como interprete de referencia del papel exhibió una sólida técnica con extremo cuidado en una interpretación nunca banal que la ha hecho ser muy apreciada por el publico.  El joven director Fabio Banfo jugó entre luces y oscuridades con la sombra de un balón que botaba y después robada por el suelo. Gilda no jugaba más porque había sido raptada. La producción ofrecida por el Regio, resultó ser de lectura clara y de simbolismos. En un ambiente oscuro, como lo es la narración, el director hizo que los cantantes se movieran con respeto por el canto que emergía del foso del maestro Daniele Rustioni, quien con una dirección puntal y libre de lo tradicional, buscó la fidelidad, la poesía y el sentimiento de los personajes y la narración  Claudio Fenoglio es el destacado director del consolidado coro, nunca en puesto secundario, si no que a tono con el resto del escenario.  Pietro Pretti fue el Duque de Mantua que seguro y afligido, tierno y sin escrúpulos se afirmó como un buen interprete de timbre claro y seguro en  ‘Ella mi fu rapita..’ en ‘Bella figlia dell’amore..’ y en la celebre ‘La Donna è mobile’. Alessandro Guerzoni delineó con buena voz un Sparafucile de contornos precisos e interesantes.  Los demás intérpretes estuvieron igualmente validos y apreciados en sus papeles.  

lunes, 19 de marzo de 2012

RIGOLETTO : DELITTO e PUNIZIONE - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese - Fondazione Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone

In questa ‘ripresa’ del Teatro Regio, il ruolo del titolo è affidato al bravo Giovanni Meoni che modula la voce calda e melodiosa in un susseguirsi di sentimenti opposti; già recentemente apprezzato nel ruolo in altre produzioni (S.O.F.2012) anche per l’interpretazione senza protagonismi, offre all’attento pubblico arie e cabalette con chiaro fraseggio e morbide rotondità. Gilda è Dèsirée Rancatore, già coprotagonista con Giovanni Meoni nella succitata edizione dello Sferisterio di Macerata. Il soprano sfodera una voce che nel tempo ha maturato colori e sfumature dai caldi toni dorati pur mantenedo la limpidezza cristallina negli acuti e nei sovracuti, le colorature dei virtuosismi ed i morbidi toni accorati nella profondità del sentimento partecipato. Interprete di riferimento anche in questo ruolo, sfodera salda tecnica ed estrema cura dell’interpretazione mai banale che la porta ad essere molto amata dal pubblico. Gilda è una giovane ed ingenua ragazza che pur soffrendo ‘d’amore’ vive ancora le innocenze dei giochi ed in scena fa rimbalzare una eterea palla con la leggerezza emblematica dell’età adolescenziale. Il giovane regista Fabio Banfo tra luci ed ombre gioca sull’ombra della palla rimbalzante fino a quando scompare l’ombra e…la palla rotola a terra: Gilda non gioca più, Gilda è stata rapita. Realizzata con mezzi contenuti, la produzione oggetto di vincita di bando promosso dal Teatro Regio, risulta una lettura chiara anche nei simbolismi. In ambiente cupo, come cupa è la narrazione, il regista fa muovere i cantanti nel rispetto del canto seguito in buca dal Maestro Daniele Rustioni: direzione puntuale e scevra da consuetudini ricerca la fedeltà, la poesia ed il sentimento dei personaggi e della narrazione. Già recentemente apprezzato al Regio nella direzione di Butterfly, incuriosisce ancora per il gesto elegante e non enfatico che sfoglia tra le note alla ricerca dell’intimo e profondo sentire. Claudio Fenoglio è il significativo direttore del consolidato Coro, mai in ruolo secondario, ma in comprimarietà con il resto del palco. Piero Pretti è il duca di Mantova che, sicuro od accorato, tenero o spregiudicato ‘Ella mi fu rapita..’ , ‘Bella figlia dell’amore..’ e la celebre ‘La Donna è mobile’ si afferma buon interprete dal timbro chiaro e sicuro.Alessandro Guerzoni con buona voce tratteggia Sparafucile con contorni precisi ed interessanti, come Davide Motta Frè dipinge il Conte di Ceprano con cura ed attenzione. Tutti gli altri interpreti sono parimenti validi ed apprezzati nel ruolo. Sull’ultima scena, ovvero la morte di Gilda, Banfo fa scendere sotto al palcoscenico l’ombra della città che nera si stagliava all’orizzonte, sottolineando così, come la speranza di Rigoletto si spegne con l’ultimo sospiro della figlia. La Musica vince sempre.

sábado, 17 de marzo de 2012

Simon Boccanegra di Verdi - Los Angeles Opera

Foto: Robert Millard

La prima locale del dramma politico verdiano ha permesso a Placido Domingo di interpretare nuovamente l’ importante ruolo incontrato per la prima volta a Berlino nel 2009, e portato in seguito sui palcoscenici lirici più noti. Nella sua forma attuale Domingo ha mostrato una ammirevole immedesimazione nel personaggio non sapendo solo dar vita ad una figura paterna ideale, ma anche agendo con temperamento e credibilità. Dal punto di vista vocale ha compilato correttamente il suo compito anche se un maggior peso e luminosità di tono in certi passaggi sarebbero stati l’ideale. Il soprano portoricano Ana Maria Martinez ha dato vita ad una Amelia commovente che ha sedotto per la sua timbrica brillante e luminosa, e il tenore Stefano Secco è stato un ardente Gabriele Adorno dispiegando una omogenea e raffinata qualità vocale.Vitalij Kowalijow ha cantato soddisfacentemente il ruolo di Fiesco con la sua voce potente e profonda, ma con poca presenza scenica, e il baritono Paolo Gavanelli è passato inosservato nei panni di Paolo. L’opera, rappresentata con il montaggio di Michael Yeargan e gli eleganti costumi di Peter Hall, era concepito originariamente per il Royal Opera House Covent Garden sotto la regia di Elija Moshinsky. Nella buca orchestrale l’orchestra è stata diretta con autorevolezza ed entusiasmo dalla mano sicura ed esperta di James Conlon che ha ben incanalato la recita dopo un inizio incerto e lento nello stacco dei tempi. RJ

LA BATTAGLIA DI LEGNANO di Giuseppe Verdi

Foto Parenzan Trieste

Trieste Teatro Verdi   LA BATTAGLIA DI LEGNANO di Giuseppe Verdi Coprodotta col Teatro dell’Opera di Roma e il Liceu di Barcellona. (29 febbraio e 2 marzo 2012, primo cast) !!! Viva Italia tra follia e risorgimento !!!

Giosetta Guerra
Follia di libertà agitava il popolo dell’800, follia pura spinge gli uomini di potere (novelli Barbarossa) a distruggere le ricchezze culturali del proprio paese. Questo vuol significare il regista Ruggero Cappuccio ambientando La Battaglia di Legnano, opera risorgimentale di Verdi, in un deposito di oggetti d’arte abbandonati. Unica speranza sono i restauratori in atto di ritoccare i bellissimi quadri (scenografo e costumista Carlo Savi, luci di Nino Napoletano). Ma chi sarà il restauratore del nostro patrimonio culturale? Purtroppo la preoccupazione di rendere credibile questa metafora distoglie il regista dallo spirito risorgimentale dell’opera, ne risulta una regia statica e lontana dalla tinta della partitura. Sul piano vocale Dimitra Theodossiou, al debutto del ruolo, delinea una Lida dolente e rassegnata, con linea di canto purissima e melodiosa, intrisa di sensibili pianissimi e filati penetranti nelle pagine di dolcezza e di lirismo (sublime nella preghiera, di grande impatto drammatico, cantata sul fil di voce anche nelle note acutissime), ma disegna anche una Lida appassionata e ardente con voce sicura e ricca di armonici sempre librata sul fiato, suoni densi e rotondi nei centri e nei gravi, acuti fulminanti e agilità di forza nelle pagine virtuosistiche. Una vera eroina del melodramma italiano. Andrew Richards, portamento fiero e piglio sicuro, debutta con empito trascinante il ruolo ardito e spinto di Arrigo, la voce robusta e di bella pasta, radiosa nello squillo, sale agli acuti estremi nelle esplosioni di sdegno e di ardore e si ammorbidisce nei fascinosi abbandoni melodici; il tenore scandisce la parola scenica con accento eroico e vigoroso e dizione chiara; elegiaco e toccante nella scena finale della morte. Leonardo Lopez Linares (Rolando, marito di Lida e amico di Arrigo) ha un bel modo di porgere una voce importante, estesissima e di grande volume, il fraseggio è appropriato, l’accento ben scandito, il canto, sempre in maschera, è per lo più spinto, a volte furente, ma il baritono sa cantare e usa la voce con morbidezza nelle pagine cariche di pathos. Il basso Enrico Giuseppe Iori delinea un Barbarossa imponente con un mezzo vocale impressionante e con accento sicuro e vigoroso. Insinuante il Marcovaldo del baritono Giovanni Guagliardo. Sharon Pierfederici (Imelda) ha voce insicura e tremolante, debole l’Araldo del tenore Alessandro De Angelis. Timbrati i bassi Francesco Musinu e Federico Benetti (Consoli di Milano), Nicola Pascoli (Scudiero) e Gabriele Sagona (Podestà di Como). Buona la prova del Coro preparato da Paolo Vero. L'Orchestra del teatro Verdi guidata da  Boris Brott alterna momenti vigorosi a momenti assorti ad altri di puro accompagnamento delle voci. Bellissima e ben eseguita l’Ouverture. ogge ed epoche diverse per i costumi: impermeabili e cappotti per il popolo, abiti lunghi per Lida, antichi per gli uomini, tranne per Arrigo che indossa pantaloni neri dentro alti stivali e una sfolgorante camicia bianca macchiata di sangue nel finale.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Muerte en Venecia de Britten en la Opera de Bellas Artes de México

Foto: Opera de Bellas Artes
La Ópera de Bellas Artes dio inicio a su temporada 2012 con la reposición de Muerte en Venecia del compositor inglés Benjamin Britten con la vistosa producción escénica estrenada aquí en 2009 y con el mismo elenco y director musical. En términos generales se puede decir que se obtuvo un equitativo balance entre la parte visual y musical por parte de todas las fuerzas artísticas que formaron parte de esta producción.  En primer plano apareció nuevamente el atractivo marco presentado por el diseñador Jorge Ballina, que situó la acción en los años ‘20 del siglo pasado, con una secuencia de detallados y simétricos cuadros. Concebida como una dinámica obra cinematográfica, Ballina contó la compleja historia basada en la novela homónima de Thomas Mann, de manera concisa y clara, y en el que la ciudad de Venecia fue protagonista y partícipe esencial de la historia, incluida el agua de sus canales, sus góndolas, callejones, muros, puentes y construcciones, la arena, el cielo y el horizonte de sus playas, y la amenazante presencia de la peste. Tanto los apropiados vestuarios como la brillante iluminación de Víctor Zapatero ayudaron para crear vistosas y sugestivas escenas. El propio Ballina realizó una discreta labor en la dirección escénica que fue por momentos movida y esforzada, pero en otros rutinaria y rígida. El desempeño de la orquesta en el foso fue sobresaliente bajo la conducción del estadounidense Christopher Franklin, quien mostró segura y briosa mano, dando relieve a las partes instrumentales solistas, exaltando con convicción las fragmentos musicales de la orquestación y manteniendo la tensión cuando fue necesario, siempre con un sonido uniforme. El personaje de Gustav von Aschenbach fue interpretado por el tenor estadounidense Ted Schmitz, quien mostró un buen desempeño en el extenso y exigente papel, administrando bien su voz y manteniendo el brillo en el timbre con adecuada proyección y buena dicción. El barítono Armando Gama cumplió correctamente en lo vocal y se mostró ameno en la actuación de sus múltiples personajes asignados. Por su parte, el contratenor mexicano Santiago Cumplido fue un moderado y por momentos estridente Apolo. Se debe resaltar cada una de las intervenciones individuales del extenso grupo de solistas que cumplieron cabalmente en sus breves intervenciones, mencionando por ejemplo a las sopranos Marcela Chacón como la vendedora de periódicos y Carolina Ramírez como la joven francesa. Desde los palcos laterales del teatro, el Coro de la Ópera de Bellas Artes mostró la solidez y el nivel ascendente que ha tenido desde la llegada de su director, el catalán Xavier Ribes.  RJ

Simon Boccanegra - Los Angeles Opera


Foto: Robert Millard - Los Angeles Opera

El estreno local de este drama político verdiano permitió a Placido Domingo interpretar de nueva cuenta el papel estelar, que asumió por primera ocasión en Berlín en el 2009, y que desde entonces ha llevado a los escenarios líricos más importantes. En su desempeño escénico actual Domingo demostró una admirable compenetración con el personaje, no solo porque sabe dar vida a la figura paterna ideal si no porque también lo actúa con arrojo y con temperamento dotándolo de credibilidad. Desde el punto de vista vocal cumplió correctamente con su cometido, aunque un mayor peso y brillo en su tono, ausentes en ciertos pasajes, hubiesen sido ideales. La soprano puertorriqueña Ana Maria Martínez dio vida a una conmovedora Amelia que sedujo con su brillante y luminoso timbre vocal; y el tenor italiano Stefano Secco fue un ardiente Gabriele Adorno, que desplegó un homogéneo y afinado caudal sonoro. Vitalij Kowaljow cantó de manera  satisfactoria el papel de Fiesco con su profunda y potente voz de bajo, aunque mostró poca presencia escénica; y el barítono Paolo Gavanelli paso inadvertido como Paolo. La opera se ofreció con el montaje de Michael Yeargan y los elegantes vestuarios de Peter Hall, que fueron concebidos originalmente para el Covent Garden de Londres, y con la dirección escénica de Elijah Moshinksy. En el foso, la orquesta fue dirigida con autoridad y entusiasmo por la mano segura y experta de James Conlon, quien encauzó correctamente la partitura después de un inicio incierto y lento en los tiempos. RJ

martes, 13 de marzo de 2012

Recital di Anna Caterina Antonacci - Firenze, Teatro della Pergola

Foto: Anna Caterina Antonacci © Serge Derossi/Naïve

Firenze, Teatro della Pergola. Amici della Musica, L’arte del Canto (XXXI).  Recital di Anna Caterina Antonacci e Donald Sulzen.

Massimo Crispi

Quando si assiste a un recital di Anna Caterina Antonacci ci si rende conto, prima o poi, di essere parte di un evento. Già da quando lei mette piede in palcoscenico qualcosa accade. La presenza, la classe, la straordinaria avvenenza incorrotta di quest’artista annunciano che un rito speciale sta per compiersi: la sacerdotessa della musica, del gesto e della parola è lì per iniziare qualche nuovo adepto e per suscitare i sogni più variegati a chi già la conosce. Si ha sempre l’impressione che canti per te e solo per te… L’artista lascia sempre a bocca aperta per la sua capacità di mettere in vibrazione le corde più segrete di ognuno di noi e, soprattutto, si ha la strana sensazione che, per chi ascolta, il tempo si fermi. Viene il dubbio, a ben pensarci, che per lei il tempo si sia veramente fermato in un’età aurea, Anna Caterina Antonacci sembra non appartenere ad un oggi fatto di velocità e distrazione. Questa fatale creatura d’un’altra epoca è forse la dimostrazione che è possibile una connessione spazio-temporale colla dimensione del temps perdu, chissà quanto in lei consapevole e non innata.

Il programma scelto per Firenze seguiva due temi, molto cari ad Antonacci.

Uno dei suoi repertori d’elezione, per ricchezza timbrica e per possibilità espressive, è il barocco e, infatti, colla struggente passacaglia del “Lamento della Ninfa” di Claudio Monteverdi, che apriva il programma, già dai primi accenti il pubblico era catturato nel vortice emotivo - accentuato dal ripetersi del basso ostinato e dalla melodia che vi si avvolge intorno - che solo lei sa creare in questa forma e con quest’intensità. Rinunciando alla filologia, che esigerebbe un basso continuo e un coro maschile che compiange la ninfa, stemperando il suo pianto disperato e creando una stereofonia timbrica, viene fuori una cosa nuova, assolutamente indipendente dalla partitura originale ma che funziona benissimo anche col pianoforte: il madrigale diventa quasi un’aria moderna, con libertà interpretative e ritmiche indicate peraltro dallo stesso autore, che giungono dritto al cuore di chi ascolta.

Dunque: i temi scelti da Antonacci per il programma. Il primo era svolto sul barocco e i suoi epigoni, titolandosi “In stile antico”, e parodie dello stile antico sono le arie di Ottorino Respighi e Stefano Donaudy, autore di una raccolta di brani su testi sei e settecenteschi in stile arcaicizzante, spesso eseguiti distrattamente e genericamente da molti cantanti. Antonacci ha tirato fuori da queste arie una tale poesia da restare ipnotizzati: moderna Armida, ci attirava e ci faceva perdere nel suo giardino incantato della voce, facendoci assaporare ogni sillaba, raccontandoci storie mai notate prima, anche se quei pezzi li abbiamo magari ascoltati altre volte e da altri interpreti. Sembravano nuove, ecco, ci si accorgeva di quanta musica e di quanti ulteriori affetti quelle arie sono portatrici. Antonacci ha il grande merito di dire, narrare i suoni, le frasi e i fonemi, calandosi integralmente nel testo da trasmettere, inventando situazioni e dipingendo caratteri, o anche solo trasmettendoci sensazioni, sentimenti, brividi. Quanti colori può avere uno stesso suono lei lo dimostra con facilità, quante trame sono nascoste tra i versi di un’aria lei ce le illustra con l’amore di chi sa di raccontare aneddoti preziosi e speciali, rarità da intenditore spiegate con olimpica chiarezza per garantire l’accesso a tutti, pur senza perdere la classe inarrivabile che la caratterizza. Classe, alla fine, fatta di semplicità.

Il suono, dicevamo. Il suono così particolare di Anna Caterina Antonacci, che sfugge (per fortuna) alle classificazioni, che comprende, senza fratture, le tessiture di soprano e mezzosoprano, pieno di sfumature e di timbri, a seconda dell’affetto che lei vuole esprimere, è una delle più grandi ricchezze di quest’artista che ha piegato la sua voce all’espressione teatrale in ogni cosa che canta e che dice.

Il programma, coi suoi rimandi interni tra Cesti e Respighi, Cilea e Pizzetti, Mascagni, Refice e Tosti, scelto con intelligenza e con un evidente scopo narrativo, era pieno di sorprese e di scoperte, eclissando la banalità di molti programmi vocali in circolazione, spesso stantii perché ripropongono quasi sempre e solamente i cicli storici schubertiani o schumanniani, splendidi, per carità, ma come se non esistesse che quello.

Le “Quattro canzoni d’Amaranta”, uno dei più notevoli cicli tostiani, erano così piene di pathos nell’interpretazione del duo, pur in una scelta di tempi piuttosto rapidi, che il tornado di emozioni non lasciava respiro: “L’alba separa dalla luce l’ombra” velocizzato seguendo appunto il ritmo del verso dannunziano, senza tutte quelle lungaggini e un eccesso di punti coronati a cui siamo abituati dalle correnti letture, soprattutto tenorili, era una fluida corsa contro la luce, che pure invadeva il canto di Antonacci, anzi forse piuttosto lo scontro di due luci, la luce del sole del giorno nascente e quella del canto che si eleva titanico, sovrastando l’amore perduto, il canto che vuole sottrarsi all’incontro inevitabile coll’avvenire, in un abbraccio notturno che si vorrebbe eternare. Forse un tempo più elegiaco nel primo dei brani, “Lasciami!”, già dall’introduzione pianistica, avrebbe giovato all’atmosfera e preparato la sopresa del secondo brano, ma sono dettagli.

Se lo stile antico e arcaicizzante caratterizzava la prima parte del concerto, i riflessi acquatici erano il tema della seconda. E quindi i riflessi lagunari della raccolta “Venezia” di Reynaldo Hahn, lui forse più che Proust il vero custode del tempo perduto, ci stavano proprio bene. La sapienza di Antonacci e di Sulzen, che si divertivano enormemente nel recitare entrambi, ognuno col proprio strumento, i testi in idioma veneziano (seppure non sempre foneticamente esatto), ha entusiasmato ulteriormente un pubblico che già dall’inizio aveva dimostrato (e come poteva essere il contrario) un profondo affetto verso i due artisti. Inarrivabile, per spirito e per sottigliezze, “L’avertimento” mentre “La biondina in gondoleta” (attenzione, nulla a che vedere colla nota canzone folclorica, tutt’altra musica) era un vero gioiello d’arte drammatica, intagliato e cesellato come meglio non si potrebbe fare.

I riflessi acquatici continuavano nel celebre “L’invitation au voyage” di Henri Duparc, dove la voluttà del verso di Baudelaire veniva accentuata in maniera sublime da Antonacci, quasi pittrice di paesaggi e liquide atmosfere, che proseguivano nei brani successivi di Gabriel Fauré, il delizioso “Cygne sur l’eau” e “Au bord de l’eau”, quest’ultimo in un’interpretazione così moderna da accentuare l’attualità di un autore spesso confinato a una considerazione salottiera e nulla più. Il ciclo “L’horizon chimérique”, coi suoi quattro brani, simmetrica conclusione in opposizione/congiunzione col ciclo tostiano di Amaranta, concludeva il recital con una forte emozione. Questo repertorio in lingua francese, dominato alla perfezione da Antonacci, forse meglio di cantanti di gallica madrelingua la cui scuola attuale è in grande decadenza, riportava a memorie che si credevano relegate a un passato remoto, a interpretazioni storiche come quelle di Charles Panzéra, Régine Crespin o Camille Maurane, dove la consapevolezza fonetica era tutt’uno con una vocalità degna di questo nome. E la vocalità piena, drammatica, pur capace di carezze improvvise, di Anna Caterina Antonacci era proprio il meglio che ci si potesse aspettare.

Non ha avuto un ruolo secondario il pianista Donald Sulzen, fornendo e prendendo spunti i due interpreti l’uno dall’altro, assecondandosi e suggerendosi idee di continuo. Sulzen creava un sentiero sonoro dove il passo felpato di Anna Caterina Antonacci avanzava senza indugi, planando senza colpi, fondendosi perfettamente e creando un’enorme tavolozza coloristica come raramente accade di sentire. Spesso si sottovaluta la presenza di un pianista “accompagnatore” sminuendone proprio il ruolo di “pianista”. Egli è invece il motore ritmico e armonico che sostiene il cantante e che gli permette di esprimere le magie vocali, come quelle con cui ci ha stregato la maga Antonacci. I brani di Fauré e Duparc evidenziavano, anche per una scrittura pianistica forse più densa che nella musica italiana, la sapienza del grande “accompagnatore”, mostrando il reticolo di voci interne che interagiscono colla voce del cantante e non solo quelle superficiali come talvolta accade. Pregevoli gli arrangiamenti di Sulzen di “Marechiare” di Tosti, spiritoso e in perfetta armonia coi riflessi sull’acqua del programma, e di Moon River, pensato e cantato da Antonacci come una lievissima carezza, quarto e ultimo dei bis generosamente concessi dal duo a un pubblico delirante che chiedeva con affetto che il sogno non finisse più. Anch’io mi sono risvegliato a malincuore.