jueves, 30 de abril de 2015

Entrevista con la mezzosoprano Marie-Claude Chappuis


Foto: Marie Claude Chappuis
Un autorretrato es esta entrevista con la mezzosoprano suiza Marie-Claude Chappuis reconocida interprete de un refinado repertorio que la ha llevado a presentarse en teatros como el Staatsoper de Berlín, Festival de Salzburgo, Grand Théâtre de Genève, Festival d’Aix-en-Provence, Ópera de Zúrich o al Theater an der Wien de Viena, entre otros,  bajo la dirección de Giovanni Antonini, Riccardo Chailly, Charles Dutoit, Sir Colin Davis, Sir John Eliot Gardiner, Nikolaus Harnoncourt, René Jacobs, Riccardo Muti, Sir Roger Norrington, Michel Corboz y Jordi Savall.
Ramón Jacques

¿Cómo se dio tu acercamiento a la música y particularmente a la ópera?

El canto ha formado siempre parte de mi vida, ya que mis padres se conocieron en un coro y con ellos cantaba en familia desde mi más tierna infancia. También he tenido una grande pasión por el teatro y la literatura, y como la ópera reúne a todos estos géneros, se convirtió en uno de los grandes sueños de mi vida. 

¿Podrías hablarnos un poco de cómo ha sido tu trayectoria artística?
Comencé a estudiar piano a la edad de cinco años, después en mi adolescencia teatro, y a los diecisiete años inicié en los cursos de canto en Friburgo, mi ciudad natal. Mi formación académica la cursé en el Mozarteum de Salzburgo y después de obtener mi diploma tuve la suerte de debutar en el escenario del Landsteather de Innsbruck bajo la dirección de Brigitte Fassbaender. En ese teatro pude cantar papeles como Sesto, Carmen, Charlotte, y también operetas y musicales. Mi carrera internacional continuó en los escenarios internacionales después de mi encuentro con René Jacobs. Con él, he cantado un sinnúmero de conciertos y de papeles importantes como: Ottavia en la Coronación de Poppea de Monteverdi y el Ánima en Rappresentatione di Anima et Corpo de Cavalieri.

¿Podrías describir las características de tu voz y porque amas cantar?

Mi voz es la de una mezzosoprano más bien clara y con una grande tesitura, lo que me permite cantar las pasiones de Bach como contralto, como también papeles más agudos como el de Idamante. Cantar para mí es la mayor felicidad del mundo, por lo que lo veo como un acto de amor compartido con mis colegas y con el público.

Fierrabras, Festival de Salzburgo 
¿Hay algún cantante que admires o que sea un modelo para ti?

Siento una gran admiración por Teresa Berganza.

¿Cuál consideras que es la importancia del libreto y del texto en relación a la música y a  las notas?

El texto es fundamental en la ópera como en el oratorio y en el lied, ya que es la base de nuestra expresión, y su contenido debe ser entendido lo más profundo. Es el reencuentro entre el texto y la música lo que permite el arte del canto en toda su dimensión y en todas sus emociones. De todos los músicos, nosotros los cantantes somos los únicos que tenemos el privilegio de decir textos y palabras.  Es un atout de expresión extraordinaria.

¿Eres sensible a las investigaciones musicológicas y a las interpretaciones “históricamente informadas”?

He tenido la fortuna de cantar con Nikolaus Harnoncourt cuyo trabajo es un regalo infinito del cual nos hemos beneficiado todos. Yo soy sensible a todo lo que le permita a una obra ser comprendida en su profundidad como también en la emoción del texto y en su interpretación musical.

¿Qué le dirías a quienes afirman que en materia de canto “todo era mejor antes”?

Lo que era mejor antes es que sin duda se les tenía más respeto, más paciencia y más amor a los cantantes. Hoy en día se tiene la tendencia de adoptar en el mundo del arte las mismas estrategias del estresante y violento mundo de los negocios, y ello va en contra de lo que los cantantes necesitamos. Nuestro instrumento es el mismo que tenían nuestros colegas de hace quinientos años, y la voz es un instrumento que necesita de tiempo, reposo, suavidad, maduración y regeneración. 

Has abordado diversos estilos, ya que has cantado obras de Rossini de Strauss, Monteverdi, Bach, Bizet y Berlioz entre otros ¿Que le faltaría a tu repertorio?

Todos esos estilos musicales me apasionan y estoy siempre enamorada del papel que estoy preparando en el momento. Sueño con cantar de nuevo Charlotte de Werther como también Sesto en La Clemenza di Tito que son papeles que me han tocado de una manera particular y el hecho de cantarlos de nuevo me permitiría aportarles aun más profundidad.  

¿La música que amas cantar es la misma que te da placer escuchar?

No necesariamente, ya que hay obras o estilos de música que escucho con mucho placer y que no forman parte de la música que canto.

¿Podrías hablar un poco sobre tu pasión por el lied y la melodía francesa y lo que te llevó a fundar tu “Festival du lied” en Friburgo, Suiza?

Mi pasión por el lied nació en mi infancia cuando acompañaba a mi madre que cantaba lieder de Schumann, de Brahms y de Schubert.  Ya en esa época estaba conmovida por tal belleza. Mi amor por este género musical siempre ha ido creciendo, ya que es el milagro del matrimonio entre la música y la poesía en su más grande simplicidad. Se puede decir que se interpreta de “corazón a corazón” con el público. Es un gran desprendimiento que permite toda la riqueza de las emociones, y por el amor a esa belleza, a esa sutileza y por la pasión por el lied en todas sus formas es por lo que fundé el Festival du Lied.

Marie Claude Chappuis / Carmen
 ¿Cuál es tu interés por el canto y la música barroca?

La música barroca que tiene un lugar importante en mi repertorio es también un mundo de una rara belleza y una riqueza infinita. He tenido la oportunidad de trabajar con orquestas excepcionales como “Il Giardino Armonico” y la Freiburger Barockorchester. ¿Qué hay más bello que cantar una pasión de Bach? Además, cantar Monteverdi es absolutamente conmovedor y se acerca al arte del Lied donde el texto es el elemento central. 

¿Ha sido difícil para ti poder armonizar tu vida con tu carrera?

Mi vida privada y mi canto conviven bien juntos.

¿Cómo es tu sentir moral y físico después de haber cantado un concierto?

Después de un concierto o una bella representación estoy plena de alegría y con un profundo agradecimiento.  Es tal el privilegio de poder cantar y de interpretar obras sublimes “en vivo” ¡Es la emoción de vibrar con el público! Y no hay palabras para describir la felicidad que se puede vivir cuando la gracia está presente.

Finalmente, ¿Cuál consideras el recuerdo más importante de tu carrera?

Uno de los grandes momentos para mí fue la interpretación del papel de Carmen, ya que pienso que es el rol de mi vida.


Jenůfa: un cuento eslavo que el pùblico de Bolonia no olvidará.

Foto: Rocco Casaluci

Anna Galletti

En el marco de una programación bajo el signo de la innovación y de la propuesta de lenguajes nuevos, el Teatro Comunale de Bolonia, junto con el Théâtre de La Monnaie de Bruselas y el Teatro Bolshoi de Moscú, coprodujeron “Jenůfa”, con música y libreto de Leoš Janáček. El compositor checo, quién vivió de la segunda mitad del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, ha traspuesto en una composición rítmica y musical, totalmente origina,l el drama teatral de Gabriela Preissová “Su hijastra”. Ópera de inicios del siglo pasado, “Jenůfa” refleja una tradición y una cultura geográficamente cercanas, pero al mismo tiempo alejadas de otros países, como Italia, donde la música lírica nació y se desarrolló. El drama abarca  diferentes significados, tan subjetivos cómo universales, resaltadas por el ambiente claustrofóbico de la aldea campesina morava en la que ocurre. La joven Jenůfa enamorada de su acaudalado primo Števa quien rehúsa casarse con ella a pesar de su embarazo, es condenada a la soledad y a la marginación. Él justifica su negativa por la cicatriz en la mejilla que le hizo Laca, quien la ama y no acepta la idea que se case con su medio hermano. Kostelnička, la intransigente madrastra de Jenůfa, cree que el niño que nació es la razón de la desgracia de Jenůfa y presa de la desesperación lo mata. Este acto tremendo da inicio al final de la historia: Kostelnička comienza su camino hacia la redención y Jenůfa aprende a perdonarse a sí misma y a todos los que de alguna forma cometieron errores y Laca  realiza  su sueño de amor. Sin duda el protagonista de este montaje es el director letón Alvis Hermanis, quién representó con imágenes la multi-colorida música de Janáček. El montaje traspasó con naturalidad, de la elegancia del estilo libre de la escenografía del primer acto, a la brutalidad del interior de una casa de campo checa de inicios del siglo XX; del refinamiento a la dejadez del vestuario (de Anna Watkins, magnífico); y de la búsqueda de movimientos estilizados y simbólicos de los personajes a la energía de los mismos, en momentos de incontrolable emoción. Todo eso en una circularidad que fue del tercer y último acto, al primero, para significar que, al fin y al cabo, cómo nos enseñó Giuseppe Tomasi di Lampedusa en “Gattopardo”, hay que cambiar todo para que nada cambie.  Al éxito de la ópera contribuyó un elenco de óptimo nivel para, cantada en checo. Sin embargo, la mención especial es para Ángeles Blancas Gulin, en el rol de Kostelnička, que es central en el drama, y a quien dio vida de manera intensa y apasionada, y sin temor a gritar su desesperación. Otra mención es para la conducción musical Juraj Valčua, director eslovaco con profundos vínculos con Italia (dirige desde 2009 a la Orquesta Sinfónica de la RAI) y con la Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Valčua condujo con firmeza a los músicos a través de la compleja partitura, que va de la canción popular, con sugestiones wagnerianas, regalando momentos de verdadera emoción. Andrea Danková interpretó una perfecta Jenůfa, ingenua, preocupada, dolorida y al fin madura y lista para enfrentar el destino que la vida le reservó. Los tenores Ales Briscein (Števa) y Brenden Gunnel (Laca), con roles menores, porque las figuras femeninas son preeminentes, aseguraron la calidad del resultado global con gratas voces y buena actuación. Finalmente, hay que subrayar la original elección del director Hermanis de insertar, en el primero y tercer actos, la presencia continua de un cuerpo de bailarinas. Con fluir inmaculado e incesante, gracias a las coreografías de Alla Sigalova y retomadas por Anaïs Van Eycken, adornaron la escena bajo el perfil estético enriqueciendo el sentido de la acción que solamente el lenguaje mudo de la danza puede hacer. 

Jenůfa: un racconto slavo che il pubblico di Bologna non dimenticherà.

Foto: Rocco Casaluci

Anna Galletti

Nell’ambito di una stagione all’insegna dell’innovazione e della proposta di linguaggi nuovi, il 17 aprile il Teatro Comunale di Bologna, in coproduzione con il Théâtre de La Monnaie / De Munt di Bruxelles e il Teatro Bolshoi di Mosca, ha presentato “Jenůfa”, musica e libretto di Leoš Janáček. Il compositore ceco, vissuto tra la seconda metà dell’Ottocento e i primi decenni del Novecento, ha trasposto in una composizione ritmica e musicale del tutto originale il dramma teatrale di Gabriela Preissová “La sua figliastra”. Opera dei primi del Novecento, “Jenůfa” riflette una tradizione e una cultura geograficamente vicine, ma per altri aspetti lontane, da quelle proprie dei Paesi in cui la musica lirica ha avuto il suo grande sviluppo e successo, Italia in primisIl dramma si svolge su più piani, tutti soggettivi e al tempo stesso universali, enfatizzati dall’ambiente claustrofobico del villaggio contadino moravo in cui la vicenda si svolge. La giovane Jenůfa ama il ricco cugino Števa, il quale tuttavia, pur essendo a conoscenza della gravidanza di lei, rifiuta di sposarla, così condannandola ad una vita di solitudine e di emarginazione. Il rifiuto di Števa trova pretesto nello sfregio inflitto al bel viso di lei da Laca, che la ama e che non accetta di vederla sposa del fratellastro. La severa matrigna della ragazza, Kostelnička, convinta che il bambino che nel frattempo è nato sia la causa della disgrazia di Jenůfa, in preda ad una violenta disperazione decide di ucciderlo. Da questo azione tremenda prende avvio il finale della storia, che vede l’inizio della redenzione di Kostelnička, il perdono di Jenůfa per se stessa e per tutti coloro che, in vari modi, hanno sbagliato nei suoi confronti, e il coronamento del sogno d’amore di Laca. Protagonista indiscusso di questo allestimento è il regista lettone Alvis Hermanis, che pare voler riportare in immagini la variegata composizione musicale di Janáček.  L’allestimento passa, infatti, con grande naturalezza dalla raffinatezza dello stile liberty usato per le scenografie del primo atto alla brutalità dell’interno di una casa contadina ceca di inizio Novecento del secondo, dalla ricercatezza alla trasandatezza dei costumi (di Anna Watkins, splendidi), dalla ricerca del movimento stilizzato e simbolico dei personaggi all’energia sprigionata dagli stessi in momenti di incontrollabile emozione. Il tutto in una circolarità che riconduce il terzo e ultimo atto al primo, a significare che in fondo, come ha insegnato Giuseppe Tomasi di Lampedusa nel “Gattopardo”, tutto deve cambiare affinché nulla cambi. Al successo dell’opera ha contribuito un cast di ottimo livello per questa difficile “Jenůfa”, cantata in lingua ceca. Una prima menzione speciale non può, tuttavia, mancare per Ángeles Blancas Gulin, nel ruolo centrale del dramma, quello di Kostelnička, alla quale ha dato vita in forma intensa e appassionata, senza temere di giungere a gridarne la lacerazione interiore. La seconda menzione speciale è, invece, tutta per Juraj Valčua, direttore slovacco con intensi legami con l’Italia (è direttore dell’Orchestra sinfonica della RAI dal 2009) e con l’Orchestra del Teatro Comunale di Bologna. Valčua ha condotto con fermezza l’orchestra attraverso la partitura complessa di Janáček, che spazia dalla canzone popolare a suggestioni wagneriane, regalando momenti di vera emozione. Andrea Dankova è stata una perfetta Jenůfa, dapprima ingenua, poi preoccupata, sofferente e finalmente matura e pronta ad affrontare il destino che la vita le ha riservato. I tenori Ales Briscein (Števa) e Brenden Gunnel (Laca), con parti minori in questa opera dove le figure femminili sono preminenti, hanno assicurato la qualità del risultato complessivo con le loro belle voci e la buona recitazione. Infine, si deve sottolineare la scelta originale del regista di inserire, nel primo e nel terzo atto, la presenza costante di un corpo di ballo di sole danzatrici. Il loro scorrere candido e incessante, grazie alle coreografie create da Alla Sigalova e riprese da Anaïs Van Eycken, ha impreziosito la scena dal punto di vista estetico e arricchito il significato dell’azione come solo il linguaggio muto della danza può fare.  


sábado, 25 de abril de 2015

Entrevista con la soprano Amarilli Nizza

Fotos: Amarilli Nizza

Poseedora de un canto solido y refinado, innegable talento dramático y una radiante presencia escénica han hecho que Amarilli Nizza, originaria de Milán, Italia, se haya convertido en una de las sopranos más sobresalientes de la actualidad. Su repertorio comprende la interpretación de los papeles más importantes de las óperas de Verdi y Puccini, y de otros compositores, sin dejar de mencionar  el papel más emblemático de su carrera, el de Cio Cio San en Madama Butterfly. Se ha presentado en escenarios como el Covent Garden de Londres, Ópera de Viena, Arena de Verona, Liceu de Barcelona, Deutsche Oper Berlín, Maggio Musicale Fiorentino, Teatro Colón de Buenos Aires, Opernhaus de Dresden, Leipzig Opernhaus, San Carlo de Nápoles, Ópera de Roma, Carlo Felice de Génova, Regio de Parma, Regio de Turín, Opera de Monte Carlo, New National Theatre de Tokio, entre otros. Donde ha sido dirigida por Myung-Whun Chung, Zubin Mehta, Bruno Bartoletti, Renato Palumbo, Stefano Ranzani y Paolo Arrivabeni, y escénicamente por Franco Zefirelli, Peter Konvitchny, Graham Vick, Paul Curran, Pier Luigi Pizzi, Hugo de Ana, Nicolas Joel y Renata Scotto, por mencionar algunos. Amarilli nos habla sobre su carrera desde un punto de vista muy personal e intimo.

Ramón Jacques
Amarilli ¿Cuándo nació en ti la pasión por la lirica?

Crecí con mi abuela Claudia Bardi, una famosa soprano ligera, pianista y compositora, quien fuera nieta de Medea Mei Fighner la musa de Tchaikovski.  Escuchaba cantar en casa todos los días, y mi abuela me enseñó a cantar como también el piano. Fue todo muy natural para mí y yo adoraba la música y solo quería cantar. Comencé muy pequeña con el estudio del piano y a los catorce años de edad comencé con el canto, que era mi verdadera pasión.

¿Podrías resumirnos brevemente los inicios de tu carrera profesional?

A los diecisiete años participé en el concurso Cilea y fui una de las finalistas, después, a los diecinueve llegué a la final del concurso de Spoleto, y a los veinte gané el concurso Mattia Battistini con el papel de Cio Cio San de Madama Butterfly. Fue así como pude debutar esta maravillosa ópera que me ha dado siempre tanta suerte.

Háblanos de tu repertorio ¿Cuántos papeles has cantado y cuales tienes en programa debutar?

He debutado alrededor de cuarenta papeles. He cantado papeles importantes de operas de Verdi como: Aida, Un Ballo in Maschera, La Traviata, Il Trovatore, Simon Boccanegra, Othello, La Forza del Destino, I Masnadieri, I Due Foscari, Nabucco, Macbeth, Requiem, Luisa Miller, I Vespri Siciliani, Attila y Ernani!  Además he cantado papeles de Puccini como Mimi y Musetta en La Boheme, Madama Butterfly, Tosca, Manon Lescaut, Il Trittico, Edgar y Liú en Turandot; así como operas de Leoncavallo, Mascagni, Massenet, Cilea, Zandonai, Mozart, Bizet y Rossini.  Actualmente estoy preparando mi debut en el papel de Maddalena di Cogny de Andrea Chenier y para más adelante, el de Minnie en La Fanciulla del West.

¿Cuáles son los papeles que prefieres interpretar y que mejor se adaptan a tu personalidad?
Adoro los personajes de carácter pasional y fuerte. Me gusta mucho el dramatismo y en los que puedo expresar mi temperamento y mi máxima diversión en papeles como Lady Macbeth y como Tosca, Manon Lescaut, Madama Butterfly y  personajes de Il Trittico. Pero ha sido para mi también muy hermoso poder interpretar Adriana Lecouvreur, Francesca da Rimini, Odabella en Attila, Abigaille en Nabucco y Lucrezia en I due Foscari.  En suma, tengo la necesidad de interpretar mujeres de carácter fuerte.

¿Existe algún personaje u opera que aun te falté por interpretar, y tengas deseo por hacer?

Sería el papel de Minnie en La Fanciulla del West de Puccini, que debutaré en más o menos dos años, y también el de Giovanna D’Arco de Verdi. Fuera de estos dos creo haber interpretado ya todos los que más amo.

En base a tus gustos y preferencias. ¿Has tenido dificultades para interpretar algún papel que no te gustara?

Si. Me sucedió con la Condesa de Le Nozze di Fígaro, que fue una tortura para mí por tratarse de un papel muy distante a mi carácter y personalidad.

¿Cómo consideras que debe ser la relación entre un cantante y su propia voz?

Pienso que debemos amar y respetar mucho a nuestra propia voz, ya que es un instrumento delicado y precioso que nos permite dar vida a personajes maravillosos.  Es un gran privilegio y honor interpretar las operas que mas amamos y eso solo lo podemos hacer gracias a nuestra voz. Por tanto, considero que la relación debe ser de máximo respeto y atención hacia ella.

Posees belleza, fascinación e innegable talento ¿Consideras que para la carrera de una mujer cantante son ventajas u obstáculos?

¡Son grandes ventajas! Yo quise cantar desde niña y gracias a estas cualidades he podido hacerlo sin buscar otros caminos más cortos. He estudiado, y estudiado mucho, y he dedicado mi vida a la música, que me ha dado lo más importante para mí que es la autoestima. También me ha dado el afecto del público al cual he buscado darle siempre todas las emociones que llevo dentro.

¿Hay alguna figura que te inspire?

No ninguna. Cada uno de nosotros es único y lo bello de esto es que justamente no debe de existir la comparación con algún otro. Cada uno de nosotros expresa lo que tiene dentro de su  alma esperando que el público así lo acepte.

En cuanto a otros cantantes ¿Cuál consideras tu preferido?

Amo mucho a Renata Scotto por su eclecticismo y por su gran temperamento. 

Acostumbrada a pisar importantes escenarios, cuéntanos ¿Qué significa ser protagonista en los más grandes teatros internacionales?

Es un gran honor, que sin embargo conlleva mucha responsabilidad ya que las expectativas del público que asiste a esos teatros son siempre muy altas.

En la escena, ¿Qué hay de cierto que los directores de escena frecuentemente no ponen atención a las exigencias del canto?

Por suerte no es algo tan frecuente, pero sucede algunas veces y para ellos debemos hacernos valer y hablar para dar a entender que antes que otra cosa existen ciertas exigencias musicales. Pero de cualquier manera se busca siempre lo mejor para el espectáculo.
La vida de artista requiere cambiar frecuentemente de ciudades, teatros y  de alternar con diferentes colegas de trabajo ¿Cómo vives este continuo cambio?
Al inicio de mi carrera fue muy pesado y agotador.  Soy una persona tímida en el fondo y cada vez debía darme ánimos para enfrentarme a una nueva ciudad y a una nueva experiencia. Madurando, todo se ha vuelto más normal y me he acostumbrado a los cambios continuos.  Aunque en ocasiones es verdaderamente cansado seguir viajando y dormir en camas diferentes a la propia.

En tu opinión ¿Por qué piensas que la música lirica parecer ser solo para unos cuantos?

Desafortunadamente los medios no ayudan en este sentido porque a cambio prefieren transmitir principalmente música pop, telenovelas, talk shows, además de futbol.

¿Qué piensas que se podría hacer para que los jóvenes se acercaran a la lirica?

Haciéndoles entender que este es un lenguaje universal que se percibe con todos los sentidos.  Deben dejarse llevar y abrumarse por las vibraciones que emite. Después, sería bueno que entendieran mejor la trama y así ir al teatro preparados sobre lo que van a presenciar.

Para concluir. ¿Podrías contarnos alguna anécdota o episodio simpático que te haya ocurrido en tu carrera?

Cuando debuté como Madama Butterfly con tan solo veinte años de edad me dio fiebre por el estrés. Mi cara se llenó de ampollas por una alergia que me dio por el maquillaje de geisha, y no pude dormir durante toda la noche previa al estreno por la enorme emoción. ¡Al final fue un enorme triunfo! Padecí estos mismos problemas durante los primeros diez años de mi carrera, sin poder dormir y sin poder comer por la emoción. Desde hace pocos años he comenzado a controlar esta situación y aunque amo interpretar a mujeres de carácter fuerte probablemente yo soy débil en mi emotividad, pero cuando comienza la música y salgo al escenario todo pasa y se olvida. ¡Esa es precisamente la magia del teatro!


“He construido mi carrera en el escenario” - Entrevista con Virginia Tola

Nos encontramos con Virginia Tola por la tarde, cerca de un bar en la plaza Verdi, frente al Teatro Comunale de Bolonia. Estamos en el centro histórico de la ciudad y en el corazón de la zona universitaria, llena de jóvenes, de confusión y de ruido. Virginia parece sentirse a gusto en este lugar, tanto que podría confundirse con los estudiantes que se encuentran en la plaza. Nuestra charla empieza con gran naturalidad antes que entremos en el bar y sigue acompañada por cappuccino e brioche, el típico desayuno de Italia aplazado unas diez horas. Vida de artista. 

Anna Galletti 

Virginia ¿Cómo te acercaste al canto?

Decidí que quería ser cantante a los cuatro años, pero por supuesto que a esa edad no sabía qué tipo de cantante quería ser. Mi familia no pertenece al mundo de la ópera. Además en mi ciudad, Santo Tomé, en la provincia de Santa Fe, tenemos un teatro hermoso, construido por emigrantes italianos, cómo todos los teatros de Argentina. Sin embargo, no hay una temporada lírica. Cuando era niña estudiaba piano, flauta, y ballet, pero cuando por primera vez escuché un coro, me enamoré de eso, dejé todos los otros estudios y le dije a mi mamá que quería cantar. Así inicié a cantar en un coro a los ocho años y hasta casi diecinueve. Primero era contralto, ya que tenía lindas notas graves. Después, a los doce  años, llegué a ser la solista del coro y a cantar cómo soprano. Cuando tenía dieciséis años, mi maestra me sugirió que hiciera una audición para interpretar a una de las hadas en la ópera Hansel y Gretel, un proyecto en el que estaba involucrado el coro y que se iba a realizar con la compañía del Teatro Colón. Para nosotros obviamente era un evento muy importante y para mí el proyecto de mi vida. Cuando hice la audición, me aceptaron enseguida y fue así que hice mi debut como solista en una ópera. Mientras tanto, también había empezado a tomar clases de canto con una maestra de mi ciudad y ya tenía claro que esa sería mi vida.

Entonces ya habías tomado esa decisión antes de cantar en Hansel y Gretel. ¿Cómo llegaste a conocer la ópera antes de ese momento, ya que como comentaste, en tu ciudad no había una temporada?

Me enamoré de la ópera al ver un video de Carmen con Placido Domingo y al entender que la ópera es teatro cantado. En ese momento comprendí qué tipo de cantante quería ser, es decir una cantante que cuenta una historia, que transmite un personaje. Me fue claro que no quería ser una cantante popular y no porque pensaba que fuera menos importante, sino porque lo que me interesaba era ponerme en un rol, identificarme con un personaje y ser otra persona por la duración de la ópera. Eso se hizo la pasión de mi vida y desde ese momento nunca paré. A los diecinueve años empecé asistir a clases del Teatro Colón. Era la más joven, ya que los otros antes de ir a esa escuela habían asistido al conservatorio y yo no. Estuve en la escuela del Colón cuatro años. El último año, la Embajada de Argentina en Noruega, que era muy activa y que ya conocía mi actividad en la escuela, me propuso participar en el concurso de la Regina Sonja. Tenía miedo, y solamente veintitrés años, y hasta ese momento nunca había salido de Argentina. Además, el programa era extenso y difícil, con algunas elecciones obligatorias; por ejemplo cantar algo de Grieg. Me resolví a intentar, porqué el jurado era impresionante  y quería que los artistas que lo formaban me dijeran lo que pensaban de mi voz. Era muy importante para mí, ya que estaba convencida que tenía que hacer esta carrera y que había nacido por eso. Y al final ¡gané el concurso! En esa ocasión también conocí a Frederica Von Stade, quién me presentó a Placido Domingo y me invitó a participar a Operalia, su concurso, que también gané. Era el año 2000. Hice todo eso siendo todavía una niña, ya que a esa edad no se sabe nada. No tenía experiencia, no hablaba inglés ni italiano y no conocía una ópera  completa, solo quizás Bohéme.

Es fácil pensar que, no obstante tu juventud, ganar esos concursos le dio una vuelta a tu carrera. ¿Qué pasó después que ganaras el “Regina Sonjia” y “Operalia”?

Después de ganar esos concursos me llegaron muchas propuestas interesantes cómo cantar en Washington, Los Ángeles, Madrid, Roma, y yo aceptaba siempre. En los primeros años también cantaba a menudo en Noruega. En conclusión, dejé que las cosas pasaran. Mi maestra de canto me ayudaba mucho, pero puedo decir que mi carrera la construí en el escenario, de vez en cuando cometiendo errores o haciendo cosas que no tenía tan seguras. Hoy en cambio, me siento en mi momento más maduro, ya que al estoy haciendo el repertorio que siempre pensé que es el mío. Por supuesto no lo podía hacer a los veintitrés años, porqué no tenía la madurez para interpretar roles dramáticos. Por eso, durante diez años hice solamente roles líricos, cantando Mozart y Puccini, también con coloratura. Ahora, desde que me sigue Raina Kabaivanska, con quién trabajo desde hace dos años y medio, interpreto también este nuevo repertorio y siento que me encuentro en el lugar en el que puedo expresarme mejor.

Se puede decir que tu “gran debut” fue en el Teatro Colón, es decir en uno de los templos de la lírica y en tu País. ¿Qué recuerdos tienes de esa experiencia?

Mis recuerdos del Teatro Colón en realidad datan del tiempo de la escuela, que estaba dentro del teatro, donde no está más. Era una escuela muy buena cuyo fin era capacitar solamente cantantes y no, por ejemplo, profesores de canto. Había que cantar en cuatro o cinco idiomas, se tomaban clase de expresión corporal, de repertorio, de canto en ensamble. Los alumnos podíamos ver lo que pasaba en el escenario, aunque había que hacerlo a escondidas porqué en realidad no estaba permitido asistir a los ensayos. Eso sin dudas era para nosotros un gran estímulo para estudiar y prepararnos para estar nosotros también un día, en ese escenario. Y el día que esa oportunidad llega es especial y bellísima.  Además, el Colón es maravilloso, enorme, y al nacer artísticamente en un teatro tan grande se quita el miedo de cantar en Europa, donde los teatros son mucho más chicos. El Colón también tiene una acústica increíble y una energía especial. La edad de oro de la ópera coincidió con la del Colón. Allí pasaron todos los cantantes más afamados. A ese tiempo en América del Sur había riqueza, mientras que Europa atravesaba los años de la posguerra. Es mi opinión que el teatro sin artistas, sin historia, no existe. Creo en la energía de la gente y del arte queda en los lugares en lo que se expresa. Está bien que se construyan teatros, pero después tienen que llenarse de arte, de funciones, de público. Cualquier persona deja su propia huella y eso en el Colón es algo que se siente muy fuerte.

Demos un paso adelante y lleguemos al presente, para hablar de tu rol protagónico en Bolonia. Recién cantaste el rol de Amelia en la Arena de Verona, pero con un montaje muy diferente al de  “Un ballo in maschera” que se presentó en Bolonia. ¿Cómo repercute la diferencia de dirección en tu interpretación?

Lo que se presentó en la Arena de Verona fue un montaje tradicional. De todas formas, esta es la quinta vez que participo de “Un ballo in maschera” y la segunda en clave moderna; la primera fue el año pasado, en el Teatro Colón, donde interpreté Amelia en un montaje de La Fura dels Baus. Me encanta cambiar y creo que eso es importante para los cantantes. En general, no tengo nada en contra de los montajes modernos, pero no me gustan las incongruencias, es decir aspectos que no tengan que que ver con lo que quiso decir el compositor. Es mi opinión que este montaje es muy inteligente. Bajo el perfil estético, no me parece ni bueno ni malo: es simplemente lo que es. Es un hecho artístico que considero muy interesante y muy bien meditado, y que me hizo reflexionar mucho sobre mi interpretación. Yo intento mejorar cada vez que interpreto un rol, así que mi manera de cantar también se modifica. Sigo estudiando y escucho a mi maestra, Raina Kabaivanska, que me ayuda en mi crecimiento. Nuestra carrera para mí es parecida a la de un deportista, un tenista por ejemplo, que tiene un coach, que lo sigue, le pone límites y  la da sugerencias algo fundamentales para no perderse. Nosotros los artistas, al ser tan receptivos, podemos recibir muchas sugerencias que nos parecen útiles y nos pueden gustar muchas cosas diferentes, pero al fin tenemos que entender lo que es adecuado, o no lo es, para nuestra voz. Por eso es necesario que nos cuide alguien que nos conozca y conozca nuestra voz muy bien. Yo tengo mucha suerte en tener a Raina Kabaivanska.

Volvemos a tu rol protagonista en estos días ¿Crees que Amelia sea un personaje actual?

Estoy convencida que sí. Ella es una mujer, y una esposa, que se puede ver bajo muchos aspectos. Quizás vive encerrada en su casa y se enamora del jefe de su marido, que es un seductor, un narciso, pero también un sueño que no habría tenido al no encontrarlo. Por otro lado, es verdad que en el presente, una mujer no aceptaría ser asesinada, pero el “morrò” (morir) de Amelia se puede entender en un sentido espiritual. Lo que ella acepta es su muerte en cuanto mujer, el fin de sus deseos, de su vida interior y eso sí, creo que aún podría pasar.

¿Hay alguna heroína de Verdi que te gusta más o que te gustaría interpretar?

En realidad, yo me identifico mucho con el personaje que estoy interpretando y lo sostengo tanto que no pienso en otros. Igual puedo decir que en general me gustan las mujeres fuertes y no tanto las que lloran desde el principio hasta el final, cómo Mimí. Las heroínas de Verdi sin dudas tienen más personalidad y más fuerza. Amelia, por ejemplo, acepta su destino, pero es ella quien lo avisa a Riccardo de la conspiración, lo va a buscar e insiste en que se ponga a salvo. De todas formas, yo no juzgo a ningún personaje. Cada uno tiene una razón para ser lo que es.  Por ejemplo me gustó mucho interpretar Abigaile de Nabucco, que lucha todo el tiempo, aunque que al fin se redima. Lo que es increíble en ella es el furor que su amor le ocasiona. Para prepararme para el rol de Abigaile, me fijé en los roles que había interpretado antes. Ya había hecho las tres óperas de Mozart con libretto de Da Ponte y se me ocurrió que el rol más parecido bajo el perfil vocal era el de Fiordiligi, debido a su determinación y a la coloratura vocal, dos características que me encantan.

A parte la ópera te dedicas mucho a la difusión de la zarzuela ¿Quieres hablar de eso?

Con gusto, porqué hace tiempo que tengo el deseo de cantar una zarzuela entera, pero hasta hoy no lo logré. Soy argentina, pero mi corazón está en España (a parte por mi compañero, que es italiano) y mi mente en Italia. Sea como sea, me siento española, quizás aún porque mi bisabuela era asturiana. Placido Domingo me hizo conocer la zarzuela. Ya canté muchas arias, que siento muy cercanas a mi alma y porqué me permiten cantar en mi lengua. Espero que surja pronto algún proyecto de realizar una zarzuela entera, aunque entiendo que, al tener una parte hablada tan amplia, se prefieren cantantes de España, por lo menos por un tema de acento.

La zarzuela no es tan conocida fuera de España ¿Crees que tenga un futuro y que le pueda interesar a las nuevas generaciones?

Creo que sí. Sin embargo, hay un problema muy grande, es decir encontrar partituras fuera de España. Hice conciertos de zarzuela en Argentina,  y tuve que llevar conmigo las partituras,  además que me encargué de que fueran transcritas para cada instrumento. Es verdad que es un género típicamente español y con muchos diálogos, más que en la operetta. Igual con Placido Domingo hacemos conciertos desde hace catorce años, y en la primera parte presentamos arias de óperas, mientras que en la segunda proponemos otro tipo de música, zarzuela incluida, y a la gente le gusta muchísimo.

¿Qué te ha dado en especial esta colaboración con Placido Domingo?

Gracias a Domingo aprendí a cantar géneros diferentes de la ópera. Por ejemplo canto piezas de musicales, ya que cómo comentaba en la segunda parte de nuestros conciertos y en los bis presentamos un repertorio – musical, tango y otras canciones - que le pueden gustar también a quienes no sean aficionados a la ópera. Así aprendí a ser muy versátil  y a poner algo más en mis interpretaciones de ópera. Creo que todo lo que uno hace y vive agrega algo a su trabajo, si se sabe cómo dirigirlo. Te pongo un ejemplo. En los conciertos con Domingo se usa el micrófono y por lo tanto tuve que aprender a cantar así y a hacer “pianos” que propongo también en teatro. Todo sirve y, ante todo, no considero que haya géneros menores. Pero lo más importante es que me divierto, mucho. Para quien no se divierta, esta carrera puede ser un suplicio, porque los sacrificios que hay que hacer son muchos. Un cantante lírico no se queda nunca en el mismo lugar y no puede tener un ritmo de vida regular. No quiero decir que esta vida sea mejor o peor que otras, solamente que es diferente. La pasión y la diversión son fundamentales. Para mí la pasión se concreta en lograr decir algo que toca a la gente en su alma, en comunicar un sentimiento que suscita una emoción.

En Argentina hay muchos cantantes líricos jóvenes de muy buen nivel. Ya siendo un punto de referencia, qué piensas haya acercado tantos jóvenes a la ópera?

 Cuando el Teatro Colón estuvo cerrado por obras de refacción, (ndr: de 2006 a 2010), en Buenos Aires surgieron compañías que presentaban sus propios montajes, más económicos, en el Teatro Avenida, en los que participaban cantantes argentinos jóvenes. Yo también inicié allí. Con Ana D’Anna hemos realizado la primera ópera con estas características, “Il Barbiere di Siviglia”, haciendo largos ensayos en su casa. Al principio no era diferente a frecuentar una clase, pero luego este fenómeno explotó. Aparecieron propuestas muy interesantes e inteligentes, porque las compañías tenían que realizar óperas con presupuestos mínimos y por eso lo más importante era la idea que se mostraba y no la magnificencia de la escenografía, que era imposible. Asimismo en el trabajo del cantante contaba mucho su preparación en actuación, su capacidad de crear el personaje. Todo eso ha producido un movimiento muy interesante y ha atraído un público distinto y más joven el del Colón. De aquí nació la ola de los nuevos cantantes que hoy se encuentran en Argentina. Después que el Colón reabrió, estas compañías siguen haciendo producciones con su propia marca y estilo, y presentan cada temporada cuatro o cinco óperas a las que asisten también muchos críticos.

Para concluir esta charla. ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Después de Bolonia, voy a seguir con “Un ballo in maschera” en Palermo, luego en febrero estaré cantando “Ernani” en Florencia por las celebraciones de la transferencia de la capital de Italia de Torino a esa ciudad. Sucesivamente, en julio, estaré debutando en el “Don Carlo” en Madrid, en el Escorial, y después en I Due Foscari” en Marsella,  con Leo Nucci. Continuaré con este repertorio en Sao Pablo y en Lieja, también con “Nabucco”, así que estaré interpretando roles a los que creo que puedo dar tanto todavía. Sigue también mi colaboración con Placido Domingo, que es siempre muy  activa.


Gracias a Virginia Tola. 

“La mia carriera l’ho costruita sul palcoscenico” - Intervista a Virginia Tola


Ci incontriamo con Virginia Tola nel pomeriggio, vicino a un bar in piazza Verdi, di fronte al Teatro Comunale di Bologna. Ci troviamo nel centro storico della città e nel cuore della zona universitaria, piena di giovani, di confusione e di rumori. Virginia sembra trovarsi a suo agio in questo luogo, tanto che potrebbe confondersi con gli studenti che si ritrovano nella piazza. La nostra chiacchierata inizia con grande naturalezza ancor prima di entrare nel bar e prosegue accompagnata da cappuccino e brioche, la tipica prima colazione italiana, posticipata di circa dieci ore. Vita da artista.

Anna Galletti 

Virginia, come ti sei avvicinata al canto?

Ho deciso che volevo essere una cantante quando avevo quattro anni, ma naturalmente a quell’età non sapevo che genere di cantante. La mia famiglia non viene dal mondo dell’opera. Inoltre, nella mia città, Santo Tomé, nella provincia argentina di Santa Fe, c’è un teatro bellissimo, costruito, come tutti i teatri dell’Argentina, dagli italiani emigrati, ma che non ha una stagione d’opera. Da piccola ho studiato pianoforte, flauto, danza classica. Poi un giorno ho avuto l’occasione di sentire un coro, me ne sono innamorata, ho lasciato tutte le altre attività e ho detto a mia madre che volevo cantare. Così ho iniziato a cantare in un coro a otto anni e sono rimasta fino a quando ne avevo quasi diciannove. All’inizio cantavo come contralto, perché avevo delle belle note gravi. A dodici anni sono diventata la solista del coro e cantavo anche come soprano. Quando avevo 16 anni, la mia maestra mi propose di fare un’audizione per interpretare una delle fate nell’Opera Hansel e Gretel, un progetto in cui era coinvolto il coro e che si doveva realizzare con la compagnia del Teatro Colón. Per tutti noi era, naturalmente, un evento molto importante, e per me il progetto della mia vita. Quando ho fatto l’audizione mi hanno presa subito ed è stato così che ho debuttato come solista in una opera. Nel frattempo avevo iniziato a prendere anche lezioni di canto con una maestra della mia città e avevo già deciso che questa sarebbe stata la mia vita.

Quindi avevi già preso questa decisione ancora prima di essere coinvolta in Hansel e Gretel. Come eri venuta a contatto con l’opera prima di quel momento, considerato che nella tua città, come dicevi, non c’era una stagione operistica?

VT. - Mi sono innamorata dell’opera quando ho visto un video di Carmen Placido Domingo e ho capito che l’opera era teatro cantato. In quel momento ho deciso che tipo di cantante volevo essere, ovvero una cantante che racconta una storia, che trasmette un personaggio. Ho capito che non volevo essere una cantante popolare, non perché sia meno importante, ma perché ciò che mi interessava davvero era interpretare un ruolo, immedesimarmi nel personaggio ed essere un’altra persona per la durata dell’opera. Questa è diventata la passione della mia vita e da quel momento non mi sono più fermata. A diciannove anni ho iniziato a frequentare la scuola del Teatro Colón. Ero la più giovane, perché tutti prima facevano il Conservatorio e poi iniziavano la scuola, mentre io non avevo fatto questo percorso. Ho frequentato la scuola del teatro per quattro anni. L’ultimo anno l’Ambasciata argentina in Norvegia, che era molto attiva e che conosceva già la mia attività presso la scuola, venne a propormi di partecipare al concorso della Regina Sonja. Io avevo molta paura perché avevo solo 23 anni e fino a quel momento non ero mai uscita dall’Argentina. Inoltre il programma era molto ampio e difficile, con alcune scelte obbligatorie; ad esempio, si doveva cantare qualcosa di Grieg. Ho deciso di tentare, perché c’era una giuria davvero impressionante e volevo che gli artisti che ne erano parte mi dicessero cosa pensavano della mia voce, perché ero convinta di voler fare questa carriera e di essere nata per questo. E poi ho vinto il concorso! In occasione di questo concorso ho conosciuto Frederica Von Stade, la quale mi ha presentato a Placido Domingo, che a sua volta mi ha invitata a partecipare a Operalia, il suo concorso, che ho vinto. Era l’anno 2000. Tutto questo mi successe quando ero ancora una bambina, perché a ventitre-ventiquattro anni uno non sa ancora niente. Non avevo esperienza, non sapevo parlare né italiano né inglese e non conoscevo nemmeno un’opera completa, a parte forse Bohéme.

E’ facile pensare che, nonostante fossi ancora così giovane, vincere questi importanti concorsi abbia dato una svolta alla tua carriera. Che cosa è avvenuto dopo le tue vittorie al concorso “Regina Sonjia e a “Operalia”?

VT. - Dopo che ho vinto questi concorsi mi sono arrivate molte proposte interessanti, come cantare a Washington, Los Angeles, Madrid, Roma, che accettavo sempre. Nei primi anni, inoltre, ero molto spesso in Norvegia. Insomma, ho lasciato che le cose avvenissero. La mia maestra di canto mi seguiva molto, però posso dire che la mia carriera l’ho costruita sul palcoscenico, a volte sbagliando, o facendo cose per le quali non mi sentivo del tutto sicura. Oggi, invece, mi sento nel mio momento più maturo, perché finalmente sto facendo anche il repertorio che ho sempre sentito come mio. Certamente non potevo farlo a ventitre anni, perché non avevo la maturità per interpretare ruoli drammatici. Per questo per dieci anni ho fatto soltanto  ruoli lirici, anche con coloritura, cantando Mozart e Puccini. Adesso, da quando mi segue Raina Kabaivanska, con la quale lavoro da due anni e mezzo, sto affrontando anche questo diverso repertorio, e finalmente sento che sono nel posto in cui posso esprimermi meglio.

Si può dire che il tuo “grande debutto” sia avvenuto al Teatro Colón, quindi in uno dei templi della lirica e nel tuo Paese. Che ricordi hai di quella esperienza?

VT. – I miei ricordi del teatro Colón in realtà risalgono a quando ho iniziato a frequentare la sua scuola, che oggi è esterna al teatro, mentre ai miei tempi era all’interno. Era un’ottima scuola ed aveva lo scopo diretto di formare un cantante e non, ad esempio, un professore di canto. Si doveva cantare in quattro o cinque lingue, si prendevano lezioni di espressione corporale, di repertorio, di canto in ensemble. Noi allievi potevamo vedere cosa succedeva sul palcoscenico, anche se lo facevamo di nascosto perché in realtà non ci era permesso assistere alle prove. Indubbiamente questo era un grande stimolo a studiare, a prepararci per trovarci anche noi un giorno su quel palcoscenico. E il giorno in cui questa opportunità arriva è un momento speciale e bellissimo. Inoltre quel teatro è meraviglioso, è grandissimo e nascere artisticamente in un teatro di quelle dimensioni fa sì che non si abbia paura di cantare in Europa, dove i teatri sono molto più piccoli. Il Colón ha anche un’acustica bellissima e un’energia molto particolare. Gli anni d’oro dell’opera sono stati anche gli anni d’oro del Colón. Tutti i cantanti più famosi sono stati lì, anche perché in quel periodo in Sud America c’era ricchezza, visto che non ha vissuto il dopoguerra. Ritengo che il teatro senza gli artisti, senza una storia, non esista. Credo nell’energia delle persone e del fatto artistico, che rimane nei luoghi in cui si esprime. Va benissimo che si costruiscano teatri, ma poi si devono riempire di arte, di recite, di pubblico. Tutti lasciano la propria traccia e nel Colón si sente in maniera particolare.

Facciamo un salto in avanti e veniamo al presente, per parlare del personaggio che ti vede protagonista qui a Bologna. Di recente hai cantato Amelia all’Arena di Verona, ma in un allestimento molto diverso da quello in cui “Un ballo in maschera” viene presentato qui. Come incide la differenza di regia sulla tua interpretazione?

Quello dell’Arena di Verona era un allestimento tradizionale. In ogni caso, questa è la mia quinta produzione di “Un ballo in maschera” e la seconda in chiave moderna; infatti anche l’anno scorso, al Colón, ho interpretato Amelia in una produzione de La Fura dels Baus. Mi piace molto cambiare e credo che per un cantante sia importante. Non sono contro le produzioni moderne, ma non mi piacciono le incongruenze, ovvero la presenza di aspetti che non si sposino con quanto ha scritto il compositore. A mio parere questa produzione è molto intelligente. Sul piano estetico, non la trovo né bella né brutta: è semplicemente ciò che è. E’ un fatto artistico che trovo molto interessante e molto ben pensato e che mi ha fatto pensare molto alla mia interpretazione. Io cerco di crescere ogni volta che interpeto un ruolo e anche il mio modo di cantare cambia. Continuo a studiare e ascolto la mia maestra, Raina Kabaivanska, che mi aiuta in questo percorso. Credo che la nostra carriera sia simile a quella di uno sportivo, ad esempio di un tennista. Avere un coach, che ti segue, ti pone dei limiti e ti dà indicazioni, è fondamentale per non perdersi. Noi artisti siamo molto ricettivi e possiamo trovare utili molti suggerimenti, o possono piacerci molte cose, però poi dobbiamo essere in grado di capire quali sono quelle adatte, oppure no, alla nostra voce. Per questo è necessario essere seguiti da una persona che ci conosce bene e che conosca la nostra voce. Per me essere seguita da Raina Kabaivanska è una grandissima fortuna.

Tornando al ruolo di cui se protagonista in questi giorni, pensi che esisterebbe una Amelia al giorno d’oggi?

Sono convinta di sì. Lei è una moglie che si può vedere in mille modi. Forse vive chiusa in casa e si innamora del capo del marito, che è un seduttore, un narciso, e vede in lui un sogno che forse non avrebbe nemmeno potuto immaginare se non incontrando un uomo così.  D’altro canto, è vero che oggi nessuna donna accetterebbe di essere uccisa, però il “morrò” di Amelia si può interpretare in un senso spirituale. Ciò che lei accetta può essere la sua morte come donna, la fine dei suoi desideri, della sua vita interiore. E questo sì, credo che possa ancora  succedere.

C’è una protagonista di Verdi che ti piace più di altre che ti piace più di altre o che ti piace di più interpretare?

In realtà, io mi identifico molto con il personaggio che sto interpretando e lo difendo così tanto che non penso ad altri. Comunque posso dire che, in generale, mi piacciono di più le donne che hanno forza, mentre non amo le donne che piangono dall’inizio alla fine, come Mimì. Le eroine verdiane senz’altro hanno più personalità e più forza. Amelia, per esempio, accetta il suo destino, ma poi è lei che avvisa Riccardo del complotto, lo cerca e insiste affinché si salvi. In ogni caso, non giudico nessun personaggio, perché ognuno ha una sua ragione per essere come è. Ad esempio mi è piaciuto molto fare Abigaile del Nabucco, che lotta fino alla fine, anche se poi si redime. Ciò che è incredibile in lei è la furia che il suo amore le provoca. Per prepararmi al ruolo di Abigaile ho pensato quale fosse il ruolo che avevo già interpretato che le fosse più vicino localmente. Avevo già cantato nelle tre opere di Mozart su libretto di Da Ponte e mi sono resa conto che era quello di Fiordiligi, per la grinta e per la coloritura vocale, due caratteristiche che mi piacciono molto.

Al di fuori dell’opera lirica, sei molto attiva nella diffusione della zarzuela. Me ne vuoi parlare?

Ne parlo volentieri, anche perché tra i miei desideri c’è quello di riuscire a cantare una zarzuela intera, cosa che finora non sono mai riuscita a fare. Io sono Argentina, ma ho il cuore in Spagna (e un po’ in Italia, per via del mio compagno) e la mente in Italia. Comunque mi sento spagnola forse anche perché la mia bisnonna era asturiana. Ho conosciuto la zarzuela grazie a Placido Domingo; sino ad ora ho cantato tante arie e le sento molto vicine, anche perché mi danno la possibilità di cantare nella mia lingua. Spero che nasca presto il progetto di fare un’intera zarzuela, però capisco che, avendo nella sua struttura una parte molto ampia di parlato, è più accessibile ai cantanti spagnoli che non a un cantante straniero che, anche se madrelingua, ha un accento diverso.

La zarzuela al di fuori della Spagna non è tanto conosciuta. A tuo parere è un genere che ha un futuro, che può interessare ai giovani?

Sono convinta di sì, anche se c’è un grosso problema ed è che al di fuori della Spagna difficilmente si trovano spartiti. Ho fatto dei concerti di zarzuela in Argentina, ma ho dovuto portare io gli spartiti, così come ho dovuto farli trascrivere per ogni strumento. In ogni caso è vero che è un genere prettamente spagnolo e con molto parlato, molto più che nell’operetta. Con Placido Domingo, tuttavia, faccio concerti da quattordici anni. Nella prima parte presentiamo brani operistici, poi nella seconda proponiamo un altro tipo di musica, compresa la zarzuela, e ti assicuro cha alla gente piace tantissimo.

Cosa ti ha dato in particolare questa collaborazione con Placido Domingo?

Grazie a Domingo ho imparato a cantare anche generi musicali diversi dall’opera. Ad esempio, canto brani dei musicals, perché come ti dicevo nella seconda parte seconda parte e nei bis dei concerti presentiamo un repertorio che può piacere anche a chi non è amante dell’opera, come musical, tango e altre canzoni. Questo mi ha dato la possibilità di essere molto versatile e mi ha dato un plus anche nelle interpretazioni operistiche. Penso, infatti, che tutto quello che una persona fa e vive aggiunga sempre qualcosa al suo lavoro, se sa come direzionarlo. Faccio un esempio. Nei concerti con Domingo si usa il microfono e quindi ho dovuto imparare a cantare anche così. Questo mi ha insegnato a fare dei piani che ripropongo anche in teatro. Tutto serve e, soprattutto, non ci sono generi minori. E poi la cosa principale è che mi diverto, tantissimo! Se non ti diverti questa carriera può essere una tortura, perché i sacrifici sono tanti. Un cantante lirico non è mai fermo nello stesso posto e non può avere ritmi di vita regolari. Non voglio dire che questa vita sia migliore o peggiore di altre, è semplicemente diversa. La passione e il divertimento sono fondamentali. Per me la passione si concretizza nel riuscire a dire qualcosa che tocca le persone nel profondo, nel comunicare un sentimento che suscita emozione.

In Argentina in questo momento ci sono tanti giovani cantanti lirici di alto livello. Tu ormai sei un punto di riferimento, ma cosa ritieni che abbia avvicinato tanti giovani alla lirica?

Quando il Colon è stato chiuso per lavori di ristrutturazione (ndr: dal 2006 al 2010), a Buenos Aires  sono nate delle compagnie che presentavano le proprie produzioni, di minor costo, nel teatro Avenida, con cantanti argentini giovani. Anch’io ho incominciato lì. Con Ana D’Anna abbiamo presentato la prima opera con queste caratteristiche, “Il Barbiere di Siviglia”, con lunghe prove a casa sua. All’inizio era come frequentare un corso, ma poi questo fenomeno è esploso. C’erano proposte molto importanti e intelligenti, perché le compagnie realizzavano opere con budget ridotti, dove importava di più, ad esempio, l’idea che c’era alla base di una regia piuttosto che la grandiosità di una scenografia, che non poteva esserci. Analogamente nel lavoro del cantante contava molto anche la sua interpretazione come attore, la sua preparazione artistica nel creare il personaggio. Questo ha creato un movimento molto bello e ha attratto un pubblico diverso da quello del Colón, molto più giovane. Da qui l’onda dei nuovi cantanti che sono oggi presenti nel panorama operistico argentino. Adesso che il Colón ha riaperto,  queste compagnie continuano a fare produzioni con il proprio marchio, con il proprio stile, presentando stagioni di 4-5 opere alle quali assistono anche molti critici.

Per finire, ci parli dei tuoi progetti futuri?

Dopo Bologna, continuerò con “Un ballo in maschera” a Palermo, poi il 3 febbraio canterò “Ernani” a Firenze, in occasione dell’anniversario del trasferimento della capitale di Italia da Torino a Firenze. Successivamente, il luglio, debutterò nel “Don Carlo” all’Escorial di Madrid, e poi ancora nei “Due Foscari” a Marsiglia con Leo Nucci. Continuerò poi con questo repertorio a San Paolo e a Liegi, dove porterò anche il “Nabucco”. Continuo insomma ad interpretare ruoli a cui credo di poter dare ancora tanto. Proseguirà anche la mia collaborazione con Placido Domingo, sempre molto intensa.

Grazie a Virginia Tola.