jueves, 31 de marzo de 2016

Tosca en la Ópera de San Diego

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Un caso único y anecdótico en el mundo operístico debe ser el de la Ópera de San Diego, situada entre las diez compañías estadounidenses más importantes, por presupuesto, activos, tradición y nivel de artistas que la visitaban (de acuerdo a la clasificación realizada anualmente por la asociación Opera América); que tan solo unos días antes de su 50 aniversario estuvo al borde de la desaparición, no por cuestiones económicas o artísticas, si no por decisiones burocráticas internas e intereses de la administración anterior. Hoy la compañía luce renovada y se fortalece con el nombramiento de su nuevo director: David Bennett, quien ha anunciado que a partir del próximo año la temporada crecerá en cantidad de títulos, incluidas dos operas de cámara, genero que nunca fue programo anteriormente, además de la realización de conciertos y recitales, y un nuevo calendario de funciones, que no se limitará solo a los primeros meses de cada año. Parte de la renovación del teatro incluye la posibilidad de importar nuevas propuestas escénicas, como este nuevo montaje de Tosca, primer título de la gestión de Bennett, proveniente de la Ft. Worth Opera, que curiosamente fue hecho en esta ciudad ya que San Diego es uno de los pocos teatros en Norteamérica que cuenta con una fabrica para construir escenografías. Para ello, se prescindió de la producción de Jean Pierre Ponnelle, que había sido visto en diversas ocasiones en el pasado cada vez que se reponía este título. Con diseños de Andrew Horn y vestuarios de Andrew Marley, la propuesta es quizás menos espectacular que la de Ponnelle, pero es efectiva y apegada al tiempo y a los lugares donde transcurre la trama en Roma, dando la sensación de mayor espacio y funcionalidad, sin mengua de su estética visual. Los vestuarios eran elegantes y de buena confección y el uso de la iluminación fue adecuado. La directora escénica Lesley Koenig buscó dar una lectura fácil y directa, sin forzar la sobreactuación y resaltando la interpretación vocal de los artistas, que se ubicaron siempre de frente al público. 
En su debut local, la soprano griega Alexia Voulgaridou dejó una muy grata sensación aportando pasión y temperamento al personaje de Tosca, conmovedora y delicada, cuando el papel se lo requirió, desplegó un canto homogéneo, seguro y muy musical. Ojalá que las decisiones futuras de la compañía no impliquen reducir costos prescindiendo de artistas con la trayectoria de Voulgaridou o tantos otros que han pasado por aquí. Por su parte el tenor galés Gwyn Hughes Jones agradó por el lado vocal ya que posee una voz lirica de grato color. Sin embargo su poca presencia escénica y rigidez actoral no logró redondear su personificación de Cavaradossi. Al bajo barítono Greer Grimsley le quedan bien los papeles de villano y como Scarpia no defraudó en su canto ni en su actuación. De hecho, la escena del Te deum fue uno de los momentos más apasionantes de la función. Bien por el coro, y por el resto de cantantes del elenco. El director italiano Massimo Zanetti, quien condujo Ballo in Maschera y Réquiem de Verdi cuando se anunció el cierre de la compañía, vuelve para dirigir a la Sinfónica de San Diego quizás como un acto simbólico por el inicio de una nueva gestión, lo cierto es que Zanetti tiene mucho oficio en este repertorio y lo demostró con su mano segura, con la que imprimió una adecuada dinámica y tiempos a su lectura, además de notarse la manera escrupulosa con la que cuidó a las voces

miércoles, 30 de marzo de 2016

Nabucco en Chicago

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

A pesar de que en su larga historia la Ópera Lirica de Chicago ha estado vinculada con la escenificación de operas del repertorio italiano, principalmente de Verdi, Nabucco continúa siendo poco conocida en este escenario donde solo se había montado dos veces, en su estreno en 1963 y en la temporada de 1997. En escena se vio la rutilante producción diseñada por Michel Yeargan, que tiene ya varios años en circulación, durante los cuales ha sido vista en los teatros de Los Ángeles, Houston y San Francisco, y que parece no perder su vigencia. Situada en un tiempo indefinido, pero moderno, las inscripciones en las paredes de escritura cuneiforme y hebrea sugieren que la trama transcurre entre Jerusalén y Babilonia. Un brillante palacio azul minimalista, estatuas de bronce, figuras de caballos al fondo; y una larga escalera que atraviesa el escenario de un lado a otro con un trono en la parte superior, son algunas de las sugestivas escenas que regala este montaje al espectador, sin olvidar la abigarrada iluminación en tonalidades azules y rojas de Duane Schuler que dan a la escena un toque oscuro, lúgubre y dramático; ni los elegantes vestuarios rojos y negros de de terciopelo. Ante este marcó el debutante director de escena Matthew Ozawa, debía concentrarse en que la escena tuviera fluidez y los personajes fueran creíbles y humanos, situación que no logro plasmar del todo incurriendo por momentos en escenas estáticas y acartonadas. 
La atención se centró en el personaje de Abigaille, personificado por la soprano Tatiana Serjan con una interpretación preeminente. Sobresalió la brillantez de su voz, que contiene una amplia gama de colores, y la naturalidad con la que proyecta y logra comunicar, así como su sobrecogedora actuación. El barítono Željko Lučić se mostró muy seguro y solvente en el papel principal, al igual que Elizabeth DeShong, mezzosoprano estadounidense en carrera ascendente que mostro buenos recursos vocales y profundidad en su voz.  A su vez, estuvo muy discreto el tenor Sergei Skorokhodov un poco ausente en el escenario y con poco que resaltar en su desempeño vocal. El bajo Dmitry Belosselskiy aportó una potente y solida voz a Zaccaria y muy poco más. Cumplieron el resto de los artistas en los papeles menores. Al frente de la orquesta Carlo Rizzi condujo con su amplia experiencia, de manera práctica y con la intención de resaltar la dramaturgia contenida en la obra.  Como  en toda función de Nabucco, no deja de sorprender la entusiasta y espontanea explosión de júbilo por parte del público después del “Va Pensiero’  cantado aquí por un coro muy sólido y profesional. 

La Cenerentola - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone

La ‘favola’ in musica viene presentata in ‘prova generale’ con le caratteristiche che il termine ‘prova’ include ed a cui vincola nelle considerazioni; in questa occorrenza ad esempio Giuliana Gianfaldoni –nel ruolo di Clorinda- per una improvvisa afonia non ha cantato, limitandosi all’interpretazione attoriale e le sue parti sono state cantate dalla direttrice, per la prima volta sul podio del Regio,  Speranza Scappucci. Questa, con piglio sicuro ed elegante gesto ampio ha diretto con tranquillità ed attenzione, ricavandone una lettura fedele, vivace  e ricca di spunti gradevoli. L’idea registica del  giovane  Alessandro Talevi di ambientare la vicenda in una Cinecittà post bellica con l’evidente desiderio sociale di ripresa, di mettersi in mostra e di scalata sociale  è simpatica, grazie anche ai ‘ruoli cinematografici’ affidati di volta in volta ai personaggi della vicenda. La favola è ben conosciuta ed in Rossini viene ripreso il fil rouge dell’amore semplice e puro che vince sulla ricchezza ed anche sulla beltà: se in Barbiere il Conte si traveste più volte per raggiungere l’innamorata,  qui il principe Don Ramiro manda in avanscoperta il fido Alidoro ed il servitore Dandini per individuare il cuore più puro. Chiara Amarù è consolidata ottima interprete rossiniana ed anche in questa Cenerentola esprime bravura con  accenti luminosi e vividamente brillanti; della sorellastra Clorinda si è già detto, mentre un commento positivo va a  Loriana Castellano buona  interprete di Tisbe. Carlo lepore, in Don Magnifico riesce a coniugare l’interpretazione scenica alla possente voce timbricamente rilevante che sa usare con sorprendente duttilità. Il principe Ramiro incontra in Antonino Siragusa un sempre valido interprete vivace e brillante; piacevole sorpresa l’Alidoro interpretato da Roberto Tagliavini, attento ben misurato ed efficace. Il brillante Paolo Bordogna, una garanzia nel ruolo,   raccoglie consensi per un’interpretazione allegra ed accattivante. In pomeridiana ho replicato l’ascolto con l’altro cast e fatte salve le buone  impressioni della generale si è potuto risottolineare  l’efficacia della simpatica direzione di Speranza Scappucci e si è apprezzata Giuliana Gianfaldoni, la quale ripresasi dall’afonia ha ben interpretato il ruolo di Clorinda. Simpatica e divertente  è l’inserimento della figura del ‘sarto’ molto ‘stiloso’ interpretato da Lorenzo Battagion. Venendo agli altri interpreti non si può che essere contenti di un cast così giovane e valido. Don Magnifico trova in Marco Filippo Romano un degnissimo interprete: voce robusta e gradevole, sapientemente modulata, in aggiunta  a verve interpretativa. Giorgio Misseri, nel ruolo di Ramiro, ha espresso un bel colore e mantenuto sicura e costante linea di canto. Davide Bartolucci, brillante Dandini,  ha convinto esprimendo vivacità e tono, come Simon Lim in Alidoro reso con voce potente ed interpretazione disinvolta. Venendo al ruolo del titolo, Daniela Pini è stata ‘elegantemente’ Cenerentola offrendo voce dai bei colori ambrati e vividi oltre ad essere completamente a proprio agio sul palcoscenico. Costante resta l’apprezzamento al coro diretto da Claudio FenoglioLa Musica vince sempre.

Le Requiem de Fauré à la Cathédrale de Rennes France

Orchestre Symphonique de Bretagne
Suzanne Daumann

Dans nos vies palpitantes des temps modernes, aller au concert est un des meilleurs moyens pour vivre pleinement le moment présent. Sentir l’ambiance particulière d’une église en est un autre. Un concert de musique sacrée avec un orchestre et un chœur de chambre de grande qualité, sous un chef sensible et intelligent, c’est réunir les deux pour un moment de grâce, bien au-delà du simple plaisir. Dans la première partie du programme de cette série de concerts, l’Orchestre Symphonique de Bretagne et le Chœur de Chambre Mélisme(s), dirigés par Gildas Pungier, proposent un chapelet de chants sacrés, une perle chacun, par Le Flem, Ladmirault, Franck, et Fauré, entrecoupés par des chants traditionnels bretons, interprétés a capella par Marthe Vassallo. Un peu dommage que ces derniers arrivent par surprise et sans explication ni traduction. Comment comprendre le fait de se voir imposé l’écoute de ces chants longs et monotones ? Ils soulignent, c’est vrai, par leur âpreté la douceur harmonieuse des morceaux sacrés. Après l’entracte, voici donc le Requiem tant aimé de Fauré. Le Chœur de Chambre Mélisme(s) et Orchestre Symphonique de Bretagne sont présents dans chaque mesure et donnent profondeur et finesse à cette œuvre emblématique. Gildas Pungier est attentif à chaque détail.  La soprano Amira Sélim chante le Pie Jesu de manière touchante, avec grâce et chaleur, et le baryton Richard Rittelmann est poignant et expressif dans le Libera MeLe public, conquis, reste un long moment silencieux après l’Amen final, et les applaudissements en sont d’autant plus chaleureux. L’on ne sait pas pour les morts, mais nous, vivants, nous avons trouvé un peu de paix ce soir.


TRA ARMENIA E ISLAM – Conservatorio Giuseppe Verdi di Torino

Renzo Bellardone

La musica  può essere davvero la lingua comune per far parlare i popoli tra di loro, per comunicare: l’unico timore è che eventuali sordità impediscano di sentire, ascoltare. Il 21 marzo 2016, il giorno prima dei fatti di Bruxelles, quasi in premonizione ho ascoltato il meraviglioso dialogo di cui vado a raccontare.

Coro e Orchestra dell’Accademia Stefano Tempia. Coro Maschile “La Rupe” di Quincinetto


Guido Maria Guida  direttore
Dario Tabbia, Domenico Monetta,  maestri dei cori
Massimo Marin violino
Maurizio Redegoso Kharitian viola
Dario Destefano violoncello
Francesca Rotondo soprano
Alejandro Escobar tenore
Devis Longo baritono

Padre Komitas (1869 –1935)

Canti nuziali Harsanekan:
– Mer takvorin Inch Piti
– Katzek Berek Takvormer
– Mer Takvorn er Hach
– En Tizan
Ob inch katsen ban (Che cosa dolce)

Giulio Castagnoli (1958)

Triplo Concerto  “dalla cruna del mondo” per violino, viola e violoncello (2015/16)
Brano ispirato a tematiche musicali armene, ebraiche e islamiche

Luis-Étienne-Ernest Reyer (1823-1909)

Le Sélam, Symphonie orientale per soli, coro e orchestra (1850)

Revisione e trascrizione di Francesco Cavaliere

Suoni prolungati  da basso continuo ed  evocazioni d’organo segnano l’inizio del concerto che strada facendo andrà a collocarsi tra uno dei più gradevoli momenti di ascolto musicale.
Il Maestro Guido Maria Guida è continuamente alla ricerca di musiche e canti pressoché sconosciuti o poco frequentati ed in questa anteprima, riesce con gesto ampio e chiaro ad assemblare diverse realtà musicali in un unicum di sonorità emozionali di particolare lucentezza. Padre Komitas, ritenuto il padre della moderna musica armena, è l’autore dei canti nuziali proposti: l’alternanza tra i suoni gravi che segnano un pesante vissuto e i toni più allegri (“ah, ah, ah” nel canto) connotano l’ambientazione popolare. La musica è allegra, vivace e brillante con qualche accento vigoroso. Poi Massimo Marin violino, Maurizio Redegoso Kharitian viola e Dario Destefano violoncello, hanno proposto l’Alleluia di Giulio Castagnoli classe 1958, fruibile ed accattivante con sfumature elegiache ed al tempo stesso descrittive con qualche positiva presunzione di incursione in un futuro romantico dal ricordo vivaldiano ed inaspettati trionfalismi ottocenteschi (in prima esecuzione assoluta). Viene il tempo del ‘Canto della notte’ e la percezione della luna che avvolge un paesaggio illuminato da suoni e voci lontane assume i contorni dei canti e delle danze contadine: le dissonanze degli archi sottolineano il lamento  musicale che racconta quelle terre ed il loro vissuto e tra pizzicati e ciarde si arriva ai ‘Canti di un nuovo giorno’ che forse per assonanza con il titolo, forse per il senso di gioiosa attesa e trionfi, il pensiero corre al Nuovo mondo di Dvorak: improvvisi ‘levarsi’ improvvisi ‘troncamenti’. La seconda parte vede il canto solista, protagonista insieme all’orchestra ed ai cori ben diretti da Dario Tabbia e Domenico Monetta. La musica di Luie Etienne Ernest Reyer è descrittiva e  chiari risaltano i furori della battaglia ed i bucolici  paesaggi, segnati gli accenti trionfalistici e solennemente celebrativi i passaggi ad una dolce introspezione. Alejandro Escobar espone un bel timbro baritonale che riempie la sala e le attese ;il profumo d’oriente viene esaltato dalla sua voce  in un crescendo timbrico, si aggiunge al coro che crea un’atmosfera tangibile seppur con echi lontani. Segue il baritono Devis Longo che offre un bel colore ed una timbrica arrotondata sapientemente modulata con significativa partecipazione. Tamburi  battenti  e ritmi incalzanti introducono la strega interpretata, con voce potente dai riflessi cristallini, da Francesca Rotondo: è veramente un momento di forte coinvolgimento emotivo accentuato dalla potente voce che ricrea atmosfere ancora una volta alla Dvorak, ripensando alla Jezibaba della Rusalka. Ottimo pomeriggio!La Musica vince sempre.

jueves, 10 de marzo de 2016

Don Giovanni is a rogue – Don Giovanni in Nantes on March 6th, 2016

Photo Jef  Rabillon
Suzanne Daumann

The new production of Don Giovanni at Angers Nantes Opera is racy and elegant

Mozart’s Don Giovanni, this opera of operas, so often seen, heard, staged, that we take its characters and their stories for granted, can still surprise us. With their sophisticated actors’ direction, where every stage movement is in harmony with the music and the characters’ inner truth, Moshe Leiser and Patrice Caurier, assisted by Christian Fenouillat’s simple and effective sets, Agostino Cavalca’s costumes and Christophe Forey’s lighting, make this age-old drama vibrate again for us. Mark Shanahan’s conducting of the Orchestre National des Pays de la Loire is full of energy, yet finely chiselled. The recitatives, be it secco (applause also for Hélène Peyrat’s harpsichord) or accompagnato, are perfect musical theatre with impeccable and musical phrasing. They carry all the dramatic force of their contents; Nikolaus Harnoncourt has left us this day and it is comforting to see his heritage alive here today. The young and eager cast give it their all: Don Giovanni is a young man ever in search of the next kick to fill his inner emptiness. Sex, drugs, everything is fine with him as long as things keep moving. Young baritone John Chest, who has been appreciated here in Korngold’s Tote Stadt already, simply nails him. With his clear and authoritative timbre, he has the charisma and stage presence to render credible this rascal, prince of the night of his neighbourhood. Indeed the class differences are more of a psychological nature here, and Don Giovanni’s superiority stems from his willpower and pure physical force. The neighbourhood is represented by the bright blue façade of a modern apartment block, complete with glass door, bells, staircase and elevator. A carriage entrance leads to the car park where the party that ends Act I will take place. It’s here that we see Leporello cool his heels, muttering under his breath, before Don Giovanni barges in, half dressed, carrying his clothes, and where the arrival of Donna Anna and her father will set the drama in motion. From this moment, we forget that we know the work by heart, we follow its development, holding our breath. Ruben Drole, baritone with the warm timbre of black velvet, plays Leporello with sensitivity and attention. The interactions between him and Don Giovanni are a bit ambiguous from the first, and very physical, and we shall soon understand that Leporello loves Don Giovanni: his catalogue aria, that at first addresses Donna Elvira, takes slowly the form of a complaint.  Mezzo-soprano Rinat Shahan is Elvira and abandons herself poignantly to the despair of her character, especially in the grand aria of Act II. Beside those three formidable energies, the couple Donna Anna/Don Ottavio, touchingly interpreted by Gabrielle Philiponet and Philippe Talbot, seems a bit pale. In the final chorus – and there is no knowing if this comes as an appeasing anti-climax or a distraction after one of the most dramatic descents to hell ever, where Don Giovanni’s last cry becomes a sob – their couple seems seriously threatened. This final takes place in the cemetery: Giovanni shoots some heroin, the Commander comes out of his grave and everything takes logically the character of a very bad trip, or an overdose, and, musically underlined with irresistible drive, takes us with it wherever poor Giovanni goes. Shatteringly full of truth about human feelings and frailties, this Don Giovanni is well worth attending.
Next representations: Thursday 10th and Saturday 12th of March, Nantes, Théâtre Graslin, Wednesday 4th, Friday 6th and Sunday 8th of May, Angers, Grand Théâtre. 


Don Giovanni est une racaille – Don Giovanni à Nantes le 6 mars 2016

Foto: Jef Rabillon
Suzanne Daumann

Une nouvelle production racée et élégante à Angers Nantes Opéra

Le Don Giovanni de Mozart, cet opéra des opéras, tellement vu, entendu, mis en scène qu’on prend pour acquis ses personnages et leurs histoires, peut encore cacher des surprises. La mise en scène réfléchie et musicale de Patrice Caurier et Moshe Leiser, où chaque mouvement de scène est synchrone tant à la musique qu’à la vérité intérieure des personnages, les décors simples et efficaces de Christian Fenouillat, les costumes évocateurs d’Agostino Cavalca, et les lumières de Christophe Forey, font vibrer à nouveau ce vieux drame psychologique. La direction d’orchestre de Mark Shanahan, pleine d’énergie dramatique, tout en finesse et délicatesse, est un pur bonheur. Les récitatifs, que ce soit secco (saluons aussi Hélène Peyrat au clavecin) ou accompagnato, sont du théâtre musical comme il faut, au phrasé impeccable et musical. Ils expriment toute la force dramatique de leur contenu ; Nikolaus Harnoncourt vient de nous quitter, et il est réconfortant de voir ici son héritage bien vivant. Une distribution jeune et motivée se donne à fond. Don Giovanni, souvent un tant soit peu insaisissable, est ici un jeune homme toujours à la recherche d’une gratification instantanée pour combler son vide intérieur. Drague, drogue, peu importe, du moment qu’il y ait du buzz autour de lui. Le jeune baryton John Chest, qu’on a déjà pu remarquer dans La Ville Morte de Korngold ici-même, interprète ce Don Giovanni avec fougue. Avec son timbre clair et autoritaire, il a le charisme et la présence scénique qu’il faut pour rendre crédible ce caïd, prince de la nuit de son quartier. Celui-ci est représenté par la façade bleue clair d’un immeuble moderne, avec son entrée, sonnettes, cage d’escalier et ascenseur, par où se feront la plupart des entrées et sorties. Une porte cochère donne sur un parking où se déroulera la fête qui clôt l’acte I. Au début, c’est ici que Leporello fait les cent pas en bougonnant, jusqu’à ce que Don Giovanni déboule en petit tenue, ses habits sous le bras, et que l’arrivée de Donna Anna, puis du Commendatore marque le début du drame. Dès ce moment, on oublie qu’on connaît par cœur cet opéra, l’on suit le déroulement du drame, le souffle coupé.  Ruben Drole, baryton au timbre chaud de velours noir, incarne Leporello avec sensibilité et douceur. Les rapports entre lui et Don Giovanni sont d’emblée très physiques et un peu troubles, et l’on verra que Leporelle aime Don Giovanni d’amour : son air du catalogue, qu’il adressait au début à Donna Elvira, prend petit à petit des airs de complainte. Rinat Shaham, mezzo-soprano, incarne Elvira et dans son grand air de l’acte II s’abandonne au désespoir de son personnage de façon poignante. Le couple Donna Anna/Don Ottavio, interprété tout à fait soigneusement par Gabrielle Philiponet et Philippe Talbot, manque un peu d’éclat à côté, bien qu’ils soient touchants dans leur propre drame : face au meurtre de son père par Don Giovanni, qui lui plait peut-être pas mal en secret, Anna a du mal à se décider d’épouser Ottavio. Lors du chœur final – et l’on ne sait pas si celui-ci vient comme un anti-climax bienfaisant ou dérangeant après une descente aux enfers absolument fulgurante, où le dernier cri de Don Giovanni se meut en sanglot – leur futur semble bien compromis. Ce final se déroule au cimetière : Giovanni qui se fait une piqûre d’héroïne, le Commandeur remonte de sa tombe, et tout cela prend très logiquement des airs de mauvais trip, voire d’overdose et, musicalement souligné avec un drive irrésistible, nous prend bien aux tripes. Bouleversant de vérité sur la condition humaine, ce Don Giovanni vaut largement le détour. Prochaines représentations : jeudi 10 et samedi 12 mars à Nantes, Théâtre Graslin, les mercredi 4, vendredi 6 et dimanche 8 mai à Angers, Grand Théâtre. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Orquesta del Teatro Mariinsky en el Palacio de Bellas Artes de México

Foto: Instituto Nacional de Bellas Artes de México

Con un tenaz aplauso del público que se prolongó por varios minutos, la Orquesta del Teatro Mariinsky cerró la noche del jueves 3 de marzo la exitosa serie de presentaciones que ofreció en el Palacio de Bellas Artes. Comentarios elogiosos y exclamaciones de júbilo fueron externados por los asistentes, mientras la crítica especializada daba su aprobación sin reticencias en el último de tres conciertos ofrecidos por la más antigua orquesta rusa, esta vez bajo la dirección de su titular, Valeri Gergiev. El programa de la tercera sesión estuvo integrado por obras de Serguei Prokofiev. Inició con la Sinfonía núm. 1 en re mayor, Clásica, con la que Gergiev hizo gala de su seguridad, aplomo y dominio de la partitura, sin necesidad de recurrir a gestos grandilocuentes para arrancar los sonidos requeridos a la agrupación. Sencillez, serenidad y virtuosismo se hicieron presentes en Gergiev, un apasionado del arte que despierta las más encontradas opiniones en cuanto a su personalidad, pero unificadas en su lucha por la cultura universal. La Sinfonía concertante para violonchelo y orquesta en mi menor fue la segunda obra de la noche, en la que se dieron vuelo las cuerdas, pero también el solista invitado: el joven violonchelista bielorruso Ivan Karizna, quien hizo honor a Mstislav Rostropovich, a quien fue dedicada en su momento esta composición de Prokofiev, estrenada en 1952. El programa culminó con una impresionante ejecución de la Sinfonía núm. 5 en si bemol mayor, escrita por Prokofiev en su condición de nuevo ciudadano soviético en 1944 y estrenada en 1945, poco antes de la victoria de su país ante el fascismo alemán. Pero si estas tres obras fueron del agrado del público, lo que lo llevó al paroxismo fueron las piezas fuera del programa. La sala se estremeció con dos encores de la orquesta. El primero fue la obertura de la ópera La fuerza del destino de Giuseppe Verdi, estrenada en 1862 precisamente en el Teatro Bolshoi Kamenny, hoy Teatro Mariinsky de San Petersburgo. El segundo, un fragmento de El lago de los cisnes de Piotr Ilich Chaikovski, terminó por llevar al público a un entusiasmo convertido en sonados aplausos que retumbaron por toda la sala en aprobación y agradecimiento al esfuerzo, talento y entrega de la orquesta y sus cerca de 90 componentes. De esa forma se despidieron la agrupación rusa y el público del Palacio de Bellas Artes, en una temporada que se recordará a lo largo de todo el año como uno de los momentos más relevantes de la música de concierto en México. El ultimo concierto en México de la orquesta fue el 4 de marzo en el Auditorio Nacional, con un programa conformado por las Danzas polovtsianas de Aleksandr Borodin, el Concierto para piano y orquesta núm. 1 y la Obertura 1812 de Chaikovski y la versión corta de El pájaro de fuego de Igor Stravinski bajo la dirección de Valeri Gergiev  y del solista invitado el pianista ruso Sergei Redkin.

Early Music Conductor Nikolaus Harnoncourt Has Passed Away – Aged 86

Celebrated Austrian conductor, Nikolaus Harnoncourt has died today – aged 86. He will be remembered as a leading pioneer in “period performance practice” of the Renaissance, Baroque and Classical periods. He had appeared with many of the world’s leading international orchestras, including conducting the 2001 and 2003 Vienna Philharmonic New Year’s Concert and was the founder of the Concentus Musicus Wien – an eminent chamber ensemble focused intensively on Baroque and Renaissance music and performance practice. He announced his retirement from the concert stage, due to poor health, in December last year.

lunes, 7 de marzo de 2016

I Due Foscari en Milán

Foto: Brescia&Amisano Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

La nueva producción de la Scala de I Due Foscari, titulo verdiano no menor pero que es representado con cierta regularidad en el máximo teatro italiano, no convenció.  El espectáculo firmado por Alvis Hermanis, caracterizado por una escena bastante desnuda  con proyecciones  al fondo que evocaban escenas de Venecia,  así como un grupo de mimos demasiado caricaturescos pareció muy descolorido. Por su parte, la dicción de escena fue inexistente con personajes colocados en escena a su propia suerte.  En este clima grisáceo Placido Domingo impuso su indudable carisma escénico.  El y solo él, magnetizó la atención del público sin importar si su voz posee un timbre uniforme pobre en el registro grave y poco matizado.  El público apreció y reconoció al célebre tenor (ahora barítono) como el más sobresaliente de todos. En términos vocales Francesco Meli fue el mejor en este caso. Su Jacopo Fiesco fue cantado con una grata línea musical sazonada de matices y suavidad.  Quizás Meli carezca de  la capacidad de esculpir mejor la palabra verdiana en las partes declamadas, pero su canto es sin dudas un placer para escuchar. A su vez, la prestación de Anna Pirozzi fue un poco problemática ya que su Lucrezia Contarini no estuvo siempre bien proyectada vocalmente ni estuvo perfecta y en su punto en su registro más agudo.  El resto del elenco se presentó con discreción. La dirección orquestal de Michele Mariotti fue refinada y expresiva y Bruno Casoni y su coro, estuvieron como siempre el pie del cañón. 

I Due Foscari - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia&Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

La nuova produzione scaligera de I Due Foscari, titolo verdiano non certo minore e presente nel massimo teatro italiano con una certa regolarità, non ha convinto. Lo spettacolo firmato da Alvis Hermanis, caratterizzato da una scena abbastanza spoglia con proiezioni veneziane evocative su fondali  e gruppi di mimi spesso troppo macchiettistici, è parso scialbo. La regia è sembrata spesso inesistente con personaggi lasciati in palcoscenico un po’ al loro destino. In questo clima grigiastro Placido Domingo impone ancora una volta il suo indubitabile carisma scenico. E’ lui e solo lui a calamitare l’attenzione del pubblico e poco importa se la sua voce abbia una timbrica uniforme, povera nel registro grave e con un fraseggio poco sfumato. Il pubblico apprezza e decreta al celebre tenore (ora baritono) il successo più grande. Vocalmente parlando è Francesco Meli il migliore in campo. Il suo Jacopo Foscari è cantato con bella linea musicale screziata da sfumature e morbidezze. Forse a Meli manca la capacità di scolpire maggiormente la parola verdiana nelle parti più declamate, ma il suo canto è comunque un piacere all’ascolto. Un po’ problematica, invece, la prestazione di Anna Pirozzi la cui Lucrezia Contarini non è parsa sempre ben proiettata vocalmente e perfettamente a fuoco nel registro più acuto. Discreto il resto del cast e direzione orchestrale di Michele Mariotti ben rifinita ed espressiva. Bruno Casoni e il suo Coro sempre sugli scudi!  

martes, 1 de marzo de 2016

Norma en el Teatro San Carlo de Nápoles

Foto: Francesco Squeglia

Giuliana Dal Piaz

He tenido la oportunidad de asistir a unas cuantes ediciones distintas de  "Norma" de Vincenzo Bellini; y entre todas, la dirección de Lorenzo Amato y la puesta en escena de Ezio Frigerio para el Teatro San Carlo de Nápoles son las que más me gustaron. Las líneas-guía del director se inspiran fielmente en las intenciones originales del libretista Felice Romani y en el enfoque que Bellini le dió a la ópera. Asistido por Vincenzo Raponi con un magnífico manejo de las luces por Sergio Metalli para la proyección de imágenes que le dieron vida a la foresta en los varios momentos del día y de la noche y según lo que ocurría en la escena - desde la ceremonia del corte del muérdago sagrado, al llamado a la guerra y a la hoguera final - con el sencillo y hermoso vestuario de Franca Squarciapino, Frigerio creó un escenario tradicional y sin tiempo, muy sugestivo, realizado además con gran economía de medios ("los más sencillos, madera, cartón y fantasía", dice Frigerio). Tanto Amato como Frigerio y Francapina quisieron enfatizar la falta de lujo y magnilocuencia del escenario: hay ahí dos ejercitos en guerra que se enfrentan, el uno, el invasor, en un campamento militar; el otro, los druidas (¿los Galos quizás?) refugiados en los bosques sagrados que los Romanos intentan repetidamente destruir, ya agotados por meses de una campaña bélica impar. El drama del amor prohibido, y traicionado, entre la sacerdotisa druída y el general romano, inspirado en la homónima tragedia de Alexandre Soumet (a su vez quizás eco más gentil de la Medea griega), está representado por un cast principal - Mariella Devia como Norma, Luciano Ganci como Polión, Laura Polverelli como Adalgisa, y Carlo Colombara como Oroveso - y por 3 días (23, 26 y 28 de Febrero) por un segundo cast: la soprano Daniela Schillaci-Norma, el tenor rumano Stefan Pop-Polión, la mezzo-soprano rusa Anna Goryachova-Adalgisa y el bajo Giacomo Prestia-Oroveso. La conducción musical es, con la orquesta y el coro del Teatro San Carlo de Nello Santi, un veterano de la batuta especialmente vinculado a la Norma y amante de la música de Bellini. Dirigiendo Norma en Riga en 1837, Richard Wagner - cuenta el Mº Santi - "se enamorò de ella, tanto que en Zürich se conserva el primer acto de esta ópera, instrumentado por el mismo Wagner, que desistió de poner mano al segundo acto, considerando a Bellini insuperable". La soprano Daniela Schillaci, también muy buena actriz, tiene una magnífica voz que maneja correctamente tanto "las melodías largas" que Verdi encontraba en las óperas de Bellini, como las frases muy cortas de los duetos. La voz de la mezzo-soprano rusa Goryachova es muy buena pero su actuación es rígida y poco expresiva. Al tenor Stefan Pop en cambio le hace falta trabajar más sobre su voz así como sobre su capacidad actorial. Sería además oportuno que también para los cantantes hombres empezara a valer el principio que hace años ya domina para las cantantes mujeres: un físico más adecuado al rol que interpretan. La última función de la Norma, con el reparto principal, tuvo lugar el martes 1º de Marzo.


CAPPELLA NEAPOLITANA: ANTONIO FLORIO Sceglie un nuovo nome per l'Ensemble che ha fatto la storia del barroco musicale napoletano

Antonio Florio 
In origine era la Cappella della Pietà de' Turchini, fondata da Antonio Florio nel 1987 dopo un decennio di studio e sperimentazione, portata a notorietà internazionale con programmi rari, produzioni di opere e oltre 40 incisioni discografiche e divenuta emblema della riscoperta della musica napoletana tra il Quattrocento e l’Ottocento. Oggi – alla soglia dei trent'anni di attività – quel gruppo di “coraggiosi pionieri” assume la denominazione di Cappella Neapolitana Antonio Florio, mantenendo intatto organico e collaboratori storici che da sempre portano avanti questo progetto musicale. Una esperienza musicale lunga acclamata e prestigiosa che parte dalle prime manifestazioni presso la preziosa Chiesa della Pietà de' Turchini di Napoli (detta “Incoronatella”), per arrivare alle più importanti ribalte internazionali, con l’ambizione di riproporre il repertorio delle fonti napoletane –  riscoperte e studiate sin dall’inizio da Antonio Florio con la collaborazione del musicologo Dinko Fabris – permettendo di recuperare brani di elevatissima qualità compositiva e poetica legati alle figure, non sempre adeguatamente riconosciute dalla storiografia, di autori come Sabino, Salvatore, Netti, Caresana, Veneziano, Leo, Jommelli, Vinci, Latilla, Paisiello, Provenzale. Un percorso culturalmente esaltante e didatticamente di assoluto rilievo che ha contribuito alla riscoperta di importanti tesori musicali, oggi nel repertorio di illustri altri artisti, e alla formazione di un’intera generazione di musicisti non solo napoletani avviati alla “musica antica”. Innumerevoli le collaborazioni artistiche e scientifiche avvicendatesi sin da subito e concretizzate in storiche esecuzioni concertistiche e incisioni discografiche di riferimento per etichette come Symphonia e soprattutto Opus111, con la fortunata collana “Les Trésors de Naples”. Non si contano poi le esibizioni nelle più prestigiose sedi nel mondo, Stati Uniti, Argentina, Colombia, Brasile, Cile, Cina, Giappone e naturalmente in Europa, vantando anche un invito di Claudio Abbado alla Philharmonie di Berlino. Una parte di questo esaltante percorso artistico era stato compiuto con la creazione a Napoli di un Centro di Musica Antica a partire dal 1997. Dal 2010, a seguito di evidenti divergenze artistiche, gli originari animatori musicali e scientifici, a cominciare da Florio e Fabris, hanno avviato percorsi diversi rispetto alla Fondazione Pietà de' Turchini, difendendo la loro storia e il percorso interpretativo noto in tutto il mondo. Oggi, forti anche della collaborazione con la raffinatissima etichetta discografia spagnola Glossa, i musicisti che si riconoscono nelle linee programmatiche e poetiche dei Turchini originali – indipendentemente dalla struttura che oggi porta quel nome – si sono ribattezzati Cappella Neapolitana Antonio Florio, proseguendo col rigore e lo slancio di sempre l’attività di ricerca, restauro e interpretazione dei “tesori musicali di Napoli”. Con questo nuovo nome, la Cappella Neapolitana Antonio Florio continua il suo glorioso impegno nella vita musicale internazionale, che ha come primo frutto tangibile il cd per l'etichetta GlossaGaetano Veneziano: Passio in distribuzione da aprile, con la partecipazione del Ghislieri Choir e i solisti vocali Raffaele Pe, Luca Cervoni, Marco Bussi. A Gaetano Veneziano, musicista del quale nel 2016 ricorrono i trecento anni dalla morte, e alla sua Passione secondo Giovanni (c. 1685) è dedicato anche il primo appuntamento concertistico della Cappella Neapolitana Antonio Florio, il prossimo 24 marzo a Napoli (Auditorium Castel Sant'Elmo, ore 21), nella Stagione dell'Associazione Alessandro Scarlatti. L'ensemble sarà quindi impegnato a Firenze (14 giugno) e in numerosi festival estivi i cui programmi saranno noti a breve.