lunes, 23 de enero de 2017

American Idiot - Teatro Coccia di Novara

Fotografie di Giovanna Marino

Renzo Bellardone

Non so perché, o forse si,  ma alla prima battuta di ‘American Idiot’ nella sua PRIMA italiana al Teatro Coccia di Novara, la mia mente  è andata a ‘1984’ di George Orwell ed esattamente alla rappresentazione dell’opera di Lorin Maazel vista alla Scala nel  2008.  Orwell iniziò a scrivere il romanzo nel 1948 ed  ipotizzò una società governata da eccessi di poteri; quanta ragione e preveggenza ebbe! Oggi sappiamo che sono i media a farla da padrone ed attraverso gli schermi  rendere la popolazione succube e schiava dei poteri forti. Abbruttiti dall’inutile e dall’imperversare di notizie tragiche, gli uomini  dimenticano la bellezza, vittime del brutto e prevaricati  dal totalitarismo, dalla violenza, dalla guerra ,dalla schiavitù, dall’ignoranza ed ora oso aggiungere dalla disperazione!

AMERICAN  IDIOT – Teatro Coccia – Novara,  22 gennaio 2017 Il nuovo musical di STM, coprodotto con la Fondazione Teatro Coccia Onlus e Reverse Agency. Regia di Marco Iacomelli Musiche dei Green Day. Liriche di Billie Joe Armstrong – Libretto di Billie Joe Armstrong e Michael Mayer Coreografie Michael Cothren Peña Cast: Johnny, Ivan Iannacci Tunny, Renato Crudo Will, Luca Gaudiano St.Jimmy, Mario Ortiz Whatsername, Natascia Fonzetti. Extraordinary Girl, Giulia Dascoli. Coproduzione STM – Scuola del Teatro Musicale, Fondazione Teatro Coccia Onlus e Reverse Agency

Estrapolando dal  programma di sala si evincono i perché di un simile spettacolo:  “Green Day’s Amenrican Idiot” è un ritratto del disagio giovanile …ambientato nella periferia suburbana di una grande città. Le tematiche affrontate ….hanno radici nella biografia dei Green  Day, nella contestazione della società americana dopo l’11 settembre e del governo Bush, ieri e della minaccia Trump oggi” Già da questa praefatio si intuisce che non si tratta di un palcoscenico inondato da  mielosità, ma proposta di temi forti che coinvolgono la storia, il presente ed il futuro dell’umanità. La scelta della messa in scena è sicuramente eccezionalmente futurista con proiezioni super e di grossa novità; parimenti le luci fortissime vengono anche improvvisamente sparate su un pubblico coinvolto da musiche a forte volume. I giovanissimi interpreti sono sicuramente già dei professionisti: senza alacre studio e dedizione non avrebbero potuto raggiungere il livello di coordinamento che invece hanno presentato in uno spettacolo di 90 minuti senza pause, soste od anche un secondo di vuoto! Le voci giovani esprimono la rabbia, il disinteresse, l’impegno che solo nella fase post adolescenziale si possono vivere. Quello che colpisce lo spettatore è l’insieme della musica, dei colori, delle proiezioni in movimento, dei due interpreti sollevati in aria a volteggiare e cantare; colpisce l’assenza di fumo o contemporanei abituali espedienti teatrali che in futuro saranno soppiantati, come in questo caso,  da forti effetti visivi in un mix di colori proiettati e sparati dai led; schermi televisivi che proiettano la caduta delle Torri Gemelle a New York su un canale televisivo, mentre sull’altro passano le previsioni meteo, piuttosto che la pubblicità dell’ultimo hamburger alla moda. Lo spettacolo porta in scena le musiche dei Green Day con testi senza censure ed inondate dagli effetti speciali con luci stroboscopiche; gli interpreti sono agili ballerini, buoni cantanti e show men e show women, sicuramente giovani belve da. La musica vince sempre

viernes, 20 de enero de 2017

Concierto de Elīna Garanča en México

Fotos: Lourdes Herrera  / Pro- Ópera

Iván Martínez  - El Universal / Confabulario

Con el debut mexicano el pasado miércoles 11 de enero de la mezzosoprano Elīna Garanča, llevado a cabo en la Sala Nezahualcóyotl acompañada por la Orquesta Sinfónica de Minería con el maestro Constantine Orbelian al frente, dio inicio al año musical capitalino, así como la gira que la llevó a la ciudad de León este mismo viernes 14, con la misma orquesta, y que culminará esta semana en Torreón el martes 17, ahí con la Camerata de Coahuila, y en Álamos el viernes 20, ahí dentro del marco del Festival Alfonso Ortiz Tirado. La Garanča ofreció un valioso programa clásico de hits de su tesitura y de incisos de un repertorio que ha convertido en su firma artística. Éste fue presentado, la mayoría de las veces, con un cobijo adecuado, incluso por momentos superior al esperado, de Orbelain, quien comenzó el concierto con la obertura de Ruslan y Ludmila, de Mijail Glinka. La mezzosoprano de Letonia apareció en escena para cantar primero la “Da, chas nastal!”, de la ópera La doncella de Orléans de Tchaikovsky, seguida por el “Voi lo sapete” de la Cavalleria Rusticana de Mascagni. De indiscutible interpretación, su voz se sintió todavía fría y la respuesta del público más natural a la presencia de la artista, quizá la mezzosoprano más relevante del panorama operístico actual, que a una ejecución que hubiese resultado exhaustiva o sublime. En seguida la orquesta ejecutó la “Bacanal” de la ópera Sansón y Dalila de Saint-Saëns. Si la de Glinka había sonado un tanto rutinaria, de poco colorido, este inciso orquestal sonó con más matices y texturas. Más rico. En ambos sobresalió la uniformidad de la cuerda, dejando el segundo el plato puesto para el lucimiento consecuente de la cantante en el apartado francés de la noche. Con “Mon coeur s’ouvre à ta voix”, de la misma Sansón y Dalila, la Garanča mostró plenitud de dotes: a los obvios que se repiten en cada programa de mano donde se presente, “una voz oscura y sensual, con calidez”, se suma esa capacidad artística suya de sutilezas técnicas de fiato que pueden extender sus líneas con una energía y una emoción contenidas a un nivel, ahora sí, sublime. Con fraseo más que con volumen. El otro inciso francés, el aria “O mon Fernand… Mon ârret”, de la ópera La Favorita de Donizetti, le sirvió, es una obviedad, para mostrar que también tiene la potencia y agilidad de la voz para hacer un canto más extrovertido, concluyendo una primera parte tradicional en la que con diversidad de estilos, hubo para todos. No es sorpresa que esta sala, y por lo que entiendo, todas las siguientes sedes de su gira mexicana, haya estado abarrotada, con localidades agotadas. Y tampoco, que el público fuera tan diverso. 
Es una mezzosoprano, como lo demostró en la primera selección, en el más amplio sentido, completa. Mientras algunos prefieran otras características a su elegancia escénica o a la sutileza artística de su musicalidad y así no para todos sea la mejor mezzosoprano actual, lo que la hace diferente y lo que ella ha adoptado como su firma, es el repertorio español. Hay razones técnicas para ello. La segunda parte comenzó con la primera de las danzas españolas de La vida breve de Manuel de Falla. Aunque hubiera preferido un poco más de velocidad, me emocionó escuchar el estilo impregnado en cada figura rítmica, sus articulaciones tan atinadas en ese fraseo tan andaluz. Mismo porte con el que la mezzosoprano acudió a sus tres incisos dedicados a la zarzuela: la “Canción de la Paloma”, de El barberillo de Lavapiés de Barbieri, “Cuando está tan hondo”, de El barquillero de Chapí, y “De España vengo”, de El niño judío de Luna Carné. Puede no siempre tener la mejor dicción, pero conoce plenamente las convenciones estilísticas del género; además del ritmo y el fraseo, es detallista con sutilezas como la pronunciación de los trecillos; amén de la emisión clara y elegante que posee y que es requerida para la articulación musical de este repertorio. Otra vez, en la de Chapí, fue extrema con la extensión de su fraseo, gracias al manejo de su fiato, pudiendo regalar una interpretación íntima y suficientemente sentida, quizá la más del programa; mientras la de Luna Carné puso el prietito al arroz con detalles orquestales de precisión y ritmo. La plenitud y exuberancia vocales se escucharon en el apartado final dedicado a la ópera Carmen de Bizet; tras el preciso Preludio orquestal, ella ofreció su Habanera y la Chanson bohèmePara concluir éste que, al menos para el público de la ópera y sabiendo cómo estará el resto del año, será ya lo mejor del 2017, Elīna Garanča regaló tres encores para asegurar el alma del público que ya se había ganado antes: las “Carceleras” de la zarzuela Las hijas del Zebedeo de Chapí, una delicada “Granada” de Agustín Lara, y una emotiva “O mio babbino caro”, de la ópera Gianni Schichi de Puccini.



Pagliacci en Turín Italia

Foto: Ramella&Giannese

Renzo Bellardone

¡Nada nuevo bajo el cielo! Viendo diversos medios del día, hay crónicas repletas de traiciones que terminan en delitos pasionales y violencia que proviene del odio, y la incapacidad de entendimiento.  Inspirada en un hecho de las noticias, la ópera lleva a la escena a un feminicidio por celos. La conocida historia de I Pagliacci no necesita ser contada nuevamente, pero es verdad que algunas consideraciones son ineludibles. El montaje propuesto por el Teatro Regio de Turín es de sabor neorrealista y fue curada en todo aspecto artístico por la dirección de Gabiele Lavia, y escenico de Paolo Ventura.  La ambientación es en una plaza pobre en el sur de Italia con un pequeño y derruido escenario en el centro para la representación “alle 23”, muy cuidada en los detalles, los vestuarios, los colores iguales, las luces de Andrea Anfossi, los rocambolescos acróbatas, los actores en zancos, malabaristas, todos elementos del teatro itinerante están presentes y contribuyen a crear la atmosfera aparentemente alegre del espectáculo, donde está también el dolor de la traición. Nicola Luisotti mostró señorío en el comportamiento entre el foso y el escenario, afrontando la partitura con expresión, alcanzando momentos de gran sinfonía como de vibrante pasión trágica, y con gran experiencia.  Con la cortina cerrada un niño pasa caminado por la orilla del escenario y vestido de payaso, y cuando lleva al centro, de frente al director le hace la seña para iniciar la obertura. El coro fue preponderante sobre la escena y fue la masa de canto de fuerte impacto, bajo la guia de Claudio Fenoglio. Por indisposición el tenor Fabio Sartori no pudo ser Canio, pero fue sustituido de manera brillante por Francesco Anile, quien desplegó grato timbre y color, con el que exaltó la célebre aria ‘Vesti la giubba’ y de allí en adelante no hizo más que obtener aprobación.  El barítono Roberto Frontali, muy calado en su papel, afrontó con seguridad y cautivante modulación a Tonio, que imprime toda la fuerza negativa que tiene ‘il rifiutato’ dejándolo en su mediocridad. Simpático y vivaz fue el Peppe de Juan José de León, quien como Arlecchino hizo su aparición entre las butacas, asimismo, fue el apreciable resultado por colores e interpretación de Andrzej Filończyk como el amante Silvio. Una mención especial a Erika Grimaldi, en buena forma física y vocal que encantó por el color y la redondez que imprimió a su canto que salió con facilidad hasta los más intransitables agudos con los que expresó los fuertes sentimientos del personaje.   ¡El teatro en el teatro tiene siempre su fascinación! 

Pagliacci - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese

Renzo Bellardone

Nulla di nuovo sotto il cielo! Seguendo i vari media del giorno d’oggi la cronaca pullula di tradimenti che culminano in delitti passionali e violenze maturate nell’odio, nell’incapacità di comprendere. Ispirata ad un fatto di cronaca l’opera mette in scena un femminicidio per gelosia! La nota vicenda de ‘I Pagliacci’ non necessita di essere raccontata, ma certamente alcune considerazioni sono ineludibili. La messa in scena proposta con un nuovo allestimento dal teatro Regio di Torino è di sapore neorealista ed è  curata  in ogni dettaglio registico, grazie alla mano di Gabriele Lavia ed anche  scenico per la  cura di Paolo Ventura. L’ambientazione è una piazza povera del sud Italia con un piccolo e sgangherato palco al centro per la rappresentazione “alle 23”; tutto è curato nei dettagli: i costumi  ed i colori degli stessi, le luci di Andrea Anfossi, i rocamboleschi saltimbanchi, gli attori sui trampoli, i giocolieri! Tutti gli elementi del teatro itinerante sono rappresentati e tutti concorrono a creare l’atmosfera apparentemente gioiosa dello spettacolo, che cela però il dolore del tradimento! Nicola Luisotti rivela signorilità nei comportamenti con la buca ed il palcoscenico ed affronta la partitura con piglio sicuro traendo momento di grande sinfonia, quanto di vibrante  passionalità tragica: bel gesto e conclamata esperienza. A sipario chiuso un bimbo cammina lungo il bordo del palco ed in costume da pagliaccio, quando arriva al centro e di fronte al direttore dà a questi l’attacco per iniziare   l’ouverture.  Il Coro è preponderante sulla scena e la massa cantante è di forte impatto, ancor più in considerazione dell’ottima prestazione offerta, grazie anche alla preparazione di Claudio Fenoglio.  Per una improvvisa indisposizione il tenore Fabio Sartori non può essere Canio, ma viene brillantemente sostituito nel ruolo  da Francesco Anile che rivelando  bel timbro e bel colore esalta la celebre aria ‘Vesti la giubba’ e da li in poi non fa che raccogliere consensi. Il baritono Roberto Frontali è calato nella parte ed affronta con piglio ed accattivante modulazione il personaggio di Tonio cui imprime tutta la forza negativa che ‘il rifiutato’ ha, lasciandolo nella sua mediocrità. Simpatico e vivace il Peppe di  Juan José de León  che nei panni di Arlecchino fa la sua apparizione dalla platea, così come è risultato più che apprezzabile per colore ed interpretazione Andrzej Filończyk nella parte dell’amante Silvio.  Validi nei rispettivi ruoli di primo e secondo contadino Vladimir Jurlin e Sabino Gaita, ma una menzione speciale va senz’altro al soprano  Erika Grimaldi nel ruolo di Nedda. Nell’ultima sua apparizione al Regio di Torino il soprano astigiano  era in attesa di Esther, nata circa un mese fa. Ora, in perfetta forma fisica e vocale,  la Grimaldi ha incantato per i colori e gli arrotondamenti impressi al suo canto che si è librato con facilità fino ai più impervi acuti ad esprimere i forti sentimenti che albergano nell’animo del personaggio. Il teatro nel teatro ha sempre il suo fascino! La Musica vince sempre.

lunes, 16 de enero de 2017

Don Chisciotte Alle nozze di Gamace di Antonio Salieri in Messico

Foto: FIC

Alberto Rosas

La presentazione in concerto nello splendido teatro Juarez del Don Chisciotte alle nozze di Gamace di Antonio Salieri è stato uno degli appuntamenti più interessanti dell’ultima edizione del Festival Internazionale Cervantino  che ogni anno ha luogo a Guanajuato in Messico.  Considerata come un’opera buffa inframmezzata con danze in due atti, basata sull’opera di Cervantes, anche se in modo superficiale sui capitoli 19 e 21 della seconda parte, dove alcuni personaggi situazioni differiscono da quelli contenuti nel romanzo. L’opera fu composta dal compositore italiano Antonio Salieri per il carnevale di Vienna del 1771 e fu eseguita per la prima volta al Kärntnertortheater della stessa città. Il libretto è del ballerino e poeta Boccherini, e alla sua creazione partecipò il celebre ballerino coreografo francese dell’epoca , Jean Georges Noverre  che impresse alla partitura una chiara influenza di stile francese, con larghi passaggi orchestrali di balletto, E dove uno dei personaggi, precisamente il personaggio di Alfeo, è interpretato proprio da un ballerino. La partitura è stato rinvenuta nella Biblioteca di Vienna da parte di Sébastien d'Hérin,  clavicembalista e direttore dell’ensemble francese di música antica Les Noveaux Caracteres, in tema  con l’edizione del festival dedicata quest’anno a Don Chisciotte e a Cervantes. Secondo le indagini dello stesso d'Hérin,  durante la preparazione del suo concerto, non si è trovata prima nessuna interpretazione di quest’opera dopo la sua creazione, ad eccezione  di casi isolati dell’Ouverture o l’interpretazione pianoforte di alcune arie.Per questo si può parlare di una premiere moderna dell’opera perduta di Salieri.  Orchestralmente si tratta di una partitura leggera, di passaggi orchestrali gradevoli molto curati, un’opera nello stile mozartiano, con situazioni comiche e giocose, arie piene di virtuosismo, duetti, e come già menzionato, lunghi passaggi orchestrali di balletto. Come dato curioso e contrario allo stile della composizione dell’epoca, Salieri omise l’uso del flauto traverso o barocco e rinforzò l’orchestra col oboi,
fagotti e corni. 
Dal clavicémbalo d'Hérin ha diretto con entusiasmo e veemenza un ensemble molto ben strutturato, compatto, leggero, e molto musicale, particularmente nella sezione degli archi. Inoltre si è conformato con un buon cast di cantanti francesi che hanno reso giustizia ai personaggi e alle loro divertite situazioni,  in una attuazione semi scenica e con caratterizzazioni di alcuni personaggi come il cuoco Gnoco che organiza matrimoni, col berretto da chef e un esagerato accento francese Il ruolo di Don Chisciotte è stato interpretato dal barítono Frédéric Caton  con voce profonda e potente, e quello di Sancho Panca da Sébastien Droy , un tenore di timbro gradevole e voce chiara. Corrette sono state le sue controparti, con le quali si scatena una rissa durante il matrimonio, e il barítono Ronan Nédélec  come Nasone e il cavaliere del bosco, il tenore Jean-François Novelli,  interprete incantatore per la sua caratterizzazione di Gnoco. Armoniosi sono stati i duetti tra la Chiterria del soprano Hjördis Thébault  e il barítono Guillaume Andrieux, vincitore dell’importante premio francese del 2016 Revelation des Victoires de la musique classique, nel ruolo di Camacho. Molta capacità attoriale e vocale ha mostrato il soprano Caroline Mutel nel personaggio della innamorata Rosina, una interprete molto raffinata, delicata ed elegante, tanto per il suo stare in scena come per la sua interpretazione vocale di gran livello. Infine il soprano Camille Poul ha prestato al personaggio di Lena incanto e grazia , e un canto omogeneo e nítido nel timbro e nell’espressione. Don Chisciotte di Salieri è un’opera che meriterebbe di essere messa in scena con altre opportunità, e un riconoscimento va al festival per la lodevole impresa di aver fatto rivivere quest’opera sconosciuta


miércoles, 4 de enero de 2017

Madama Butterfly en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia & Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

En esta ocasión Riccardo Chailly  propuso una opera pucciniana en la Scala,  teatro del cual es el director principal, y su elección fue una versión no esperada. La ópera que inauguró la nueva temporada fue Madama Butterfly, y la versión fue la de su estreno mundial en 1904, versión que el propio Puccini reelaboró inmediatamente después de haber visto el  funesto resultado de su première scaligera.  La reconstrucción filológica fue curada por Julian Smith para la Casa Ricordi de Milán después de trabajar minuciosamente sobre las fuentes.  No es este el momento para juzgar cual es la mejor Butterfly posible, si precisamente aquella de 1904 silbada en la Scala o la que retocó inmediatamente el compositor para los teatros de Brescia, Turín, Londres y Paris (las modificaciones principales tienen que ver principalmente con cambios en algunas partes melódicas, algunos cortes para hacer más agiles algunas escenas, el aumento de la celebérrima aria del tenor del último acto“Addio fiorito asil”, como también la subdivisión en tres y no más en dos actos); lo cierto es que la dirección artística  del Teatro alla Scala le dio a los apasionados, la rarísima posibilidad de escuchar la primera composición de una de las más aclamadas obras maestras del compositor toscano. Esta es sin duda, una operación meritoria.  Chailly quiso enérgicamente esta Ur-Butterfly, y ha fue justo él, el protagonista absoluto de la velada.  La suya fue una dirección nada fingida o sentimental, siempre muy atenta al detalle sin perder nunca de vista la visión del conjunto.  La Orquesta del Teatro alla Scala sonó de manera magnifica, con transparencia y extrema claridad restituyendo la trama musical y con un buen paso teatral.  Lamentablemente desde el punto de vista visual pareció demasiado disminuido. Alvis Hermanis ilustró más que hacer dirección escénica, diseñando un Japón de cartulina, sin cuidar de manera profunda los movimientos escénicos de los cantantes  a quienes dejó un poco a la deriva.  El debut en el papel principal de María José Siri pareció convincente en general. Su canto seguro y de timbre homogéneo quizás no suscitó el entusiasmo de otros tiempos, pero la soprano sudamericana verdaderamente supo captar de manera eficaz los trazos del carácter de la protagonista yendo vocalmente in crescendo durante el transcurso de la función. Por su parte, fue desilusionante la prueba de Bryan Hymel, cuyo Pinkerton tuvo un peso vocal muy limitado como para electrizar al público, y un timbre que no fue particularmente cautivante.  Al inicio de la ópera, fue despiadada su confrontación con el Goro bien cantado por Carlo Bosi.  Bosi mostró un grato timbre, optima proyección vocal, dicción perfecta, cualidades que desafortunadamente cubrieron el canto de Hymel.  Carlos Álvarez dotó de extrema nobleza al papel de Sharpless, que cantó con envidiable rotundidad de timbre y acento casi perfecto. También la intensa y expresiva Suzuki de Annalisa Stroppa gustó mucho.  También los papeles menores dieron su buena contribución al éxito de un espectáculo que mostró buenas flechas al propio arco.


Madama Butterfly Teatro alla Scala Milano

Foto: Brescia & Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Anche questa volta Riccardo Chailly nel proporre un’opera pucciniana alla Scala, di cui è il direttore principale, ha preferito scegliere una versione non scontata. L’opera che ha inaugurato la nuova stagione è stata Madama Butterfly, e la versione scelta quella della prima mondiale del 1904, versione che Puccini stesso rielaborò subito dopo visto l’esito funesto della première scaligera. La  ricostruzione filologica è stata curata da Julian Smith per la Casa Ricordi di Milano dopo un minuzioso lavoro sulle fonti. Non è questa la sede per giudicare quale sia la miglior Butterly possibile, se quella appunto del 1904 fischiata alla Scala o quella ritoccata in seguito dall’autore per i teatri di Brescia, Torino, Londra e Parigi (le modifiche principali riguardarono principalmente cambiamenti in alcune parti melodiche, vari tagli per rendere più agili alcune scene, con l’aggiunta anche della celeberrima aria del tenore nell’ultimo atto “Addio fiorito asil”, nonché la suddivisione in tre e non più in due atti); certo è che la direzione artistica del Teatro alla Scala ha dato agli appassionati la rarissima possibilità di ascoltare la prima stesura di uno dei più acclamati capolavori del compositore toscano. E questa resta senz’altro un’operazione meritevole. Chailly ha fortemente voluto questa Ur-Butterfly, ed è stato proprio lui il protagonista assoluto della serata. Una direzione mai leziosa o sentimentale la sua, sempre attentissima al particolare senza perdere mai di vista la visione di insieme. L’Orchestra del Teatro alla Scala ha suonato magnificamente, con trasparenza ed estrema chiarezza restituendo la trama musicale anche con bel passo teatrale. Purtroppo lo spettacolo dal punto di vista visivo è parso parecchio scontato. Alvis Hermanis ha più illustrato che fatto regia, disegnando un Giappone da cartolina, senza curare in modo approfondito i movimenti scenici dei cantanti, lasciati un po’ troppo a loro stessi. Il debutto nel ruolo del titolo di Maria José Siri è parso convincente nel complesso. Il suo canto sicuro e timbricamente omogeneo forse non ha suscitato entusiasmi d’altri tempi, ma il soprano sudamericano ha certamente saputo cogliere in modo efficace i tratti caratteriali della protagonista andando anche vocalmente in crescendo nel corso della recita. Deludente invece la prova di Bryan Hymel. Il suo Pinkerton aveva un peso vocale troppo limitato per elettrizzare il pubblico e un timbro non particolarmente accattivante. All’inizio dell’opera, impietoso è stato il confronto con il Goro ben cantato da Carlo Bosi. Bosi mostrava bel timbro, proiezione vocale ottimale, dizione perfetta, tutte qualità che latitavano purtroppo nel canto Hymel. Carlos Alvarez ha donato estrema nobiltà al ruolo di Sharpless  cantato con invidiabile rotondità timbrica ed accento pressoché perfetto. Anche l’intensa ed espressiva Suzuki di Annalisa Stroppa è piaciuta molto. Come pure i ruoli minori hanno tutti dato un bel contributo alla riuscita di uno spettacolo che ha palesato diverse buone frecce al proprio arco.

Faust di Gounod - Houston Grand Opera

Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

E’ innegabile che per risorse economiche, infrastrutture, tradizione, e calibro degli artisti che sono passati su questa scena, l’Opera di Houston è stata sempre una delle compagnie statunitensi più importanti. Tuttavia, parrebbe che negli ultimi anni la direzione artística abbia smarrito la strada, la motivazione e anche l’immaginazione. I cast hanno perso la loro attrattiva come una volta,  come pure la scelta delle produzioni sceniche nè la scelta dei titoli parrebbero più stimolanti. Prova di questo è il Faust di Gounod che è  stato proposto ora con il montaggio di Francesca Zambello, rimontato per l’occasione da Garnett Bruce, che anche se è funzionale e colorito, con bei costumi, e che situa l’azione all’interno di quello che appare un vecchio cartone animato, il suo aspetto visivo appare rudimentale, antiquato, rivelando il peso degli anni. A quest’opera del repertorio francese si sarebbe fatto giustizia con una nuova produzione in accordo con livello di questo teatro, invece si è ricorso ad altro già visto ed esaurito da perlomeno vent’anni o più. Queste scenografie hanno viaggiato in diversi teatri statunitensi, e giàil successo l’hanno ottenuto, essendo le stesse utilizzate nel 2007 con la memorabile interpretazione nel ruolo di Mefistofele del leggendario basso Samuel Ramey. Il cast in quest’occasione brillava sulla carta, ma il suo disimpegno non ha soddisfatto le aspettative, a cominciare dal basso barítono Luca Pisaroni un interprete che ha esagerato l’interpretazione di Mefistofele, con una gestualità che è parsa più ridicola che diabólica. Il suo disimpegno vocale e la sua dizione sono stati corretti, però la sua voce è parsa carente di corpo e di spessore che uno si aspetta da un personaggio come questo, tanto da essere inudibili vari passaggi. Il tenore Michael Fabiano, come Faust, ha avuto un inizio irregolare scomodo con la parte e la tesitura, però negli atti seguenti una volta che è riuscito a calibrare la voce ha mostrato doti affascinanti di una vocalità molto solida, piena di omogeneità di colore. Poco da dire sulla sua interpretazione scenica, scura e timida. Il soprano portoricano Ana María Martínez ha impersonato il ruolo di Margherita con magnifici lampi vocali, belle pennellate come nella sua aria “Ah je ris de voir”.  Non ha offerto un livello di prestazione cui siamo abituati. E nulla si può intimare o rimproverare a una cantante del suo livello, così la domanda sarebbe: ”È proprio necessario che la si metta in contratto invariabilmente in tutta la stagione privando così il pubblico dell’opportunità di ascoltare altre voci diverse o attuali?“ Una domanda a cui dovrebbe rispondere l’amministrazione del teatro.Molto discreta la partecipazione di Joshua Hopkins come Valentin e di Margaret Lattimore come Marthe, come gioviale e raggiante è stata Megan Mikailovna Samarin come Siebel.  Il coro si è mostrato sicuro nei suoi interventi e accanto all’orchestra i suoi interventi sono stati i momenti migliori di una rappresentazione appannata, con Antonino Fogliani che ha diretto un gruppo solido, compatto e omogeneo, e di grata e risonante sonorità