lunes, 5 de septiembre de 2016

Tosca en el Teatro Colon de Buenos Aires: última función

Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli o Máximo Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 31/08/2016. Teatro Colón. Giacomo Puccini: Tosca. Opera en tres actos, libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, inspirado en el drama homónimo de Victorien Sardou. Roberto Oswald, concepción escénica, escenografía e iluminación. Aníbal Lápiz, dirección escénica y vestuario. Christian Prego, escenógrafo asociado. Rubén Conde, repositor de la iluminación. Eva-María Westbroek (Floria Tosca), Marcelo Álvarez (Mario Cavaradossi), Fabián Veloz (Barón Scarpia), Mario De Salvo (Angelotti), Luis Gaeta (Sacristán), Sergio Spina (Spoletta), Fernando Grassi (Sciarrone), Carlos Esquivel (Carcelero), Julieta Unrein (Voz del Pastor). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Coro de Niños del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Director del Coro de Niños: César Bustamante. Dirección Musical: Carlos Vieu.

Es verdad sabida que no hay dos funciones iguales en el mundo de la ópera y que la última representación tiene una magia especial. En el caso que reseñamos se trató de la última de una serie de funciones dónde el acento estuvo puesto en el reencuentro con el público de Buenos Aires del tenor argentino Marcelo Álvarez y en la reposición de la puesta escénica de Tosca firmada originalmente en 1992 por Roberto Oswald (1933-2013). Esa noche la representación se difundía al mundo por la web, supuestamente en directo, y tenía como modificación en el elenco el cambio de barítono y la recuperación de la salud de la soprano. La función en vivo no defraudó, aunque por la web se difundió la representación del domingo anterior con otro elenco. La conocida escenografía imaginada por Roberto Oswald se destaca por su realismo con magníficos detalles barrocos tanto en la Iglesia del primer acto como en la sala palacio del segundo, los elementos corpóreos acompañan la concepción escenográfica. Todo luce monumental y bello. En el tercer acto nos encontramos con un gigantesco ángel en la terraza del Castel Sant’ Angelo al fondo y dos planos de la misma terraza. Tosca no se arroja al vacío en el fondo del escenario -como es casi habitual- sino por delante. De fidelidad temporal y excelente diseño el vestuario de Aníbal Lápiz
Bien repuesta la iluminación original de Oswald por parte de Rubén Conde y razonable los movimientos escénicos que se deben a la concepción de Oswald pero fueron realizados como director escénico por su habitual colaborador Aníbal Lápiz. Carlos Vieu condujo con su habitual pericia y vuelo a la Orquesta Estable logrando un buen balance entre el foso y la escena, una verdadera noche de triunfo para el consagrado maestro que por diversas e inexplicables razones era la primera vez que dirigía como titular todas las funciones de una ópera en el Colón. Eva-Maria Westbroek cantó las dos primeras funciones enferma, canceló la tercera y planamente recuperada fue una gran Tosca en esta representación. Tiene gran caudal vocal y algo de vibrato; gradúa de manera inteligente la entrega al personaje y es siempre certera y profesional. Marcelo Álvarez fue un Mario Cavaradossi para recordar por la belleza de su voz y su timbre homogéneo y meridional. La emisión se mantiene fresca, dúctil, franca. No hay atisbo de cansancio y la línea de canto es tan perfecta al inicio de la representación como en su última frase, se nota a un cantante de gran experiencia y verdadera carrera internacional. Muy aplaudido en el inicio, fue ovacionado luego de la gran aria del tercer acto y, lamentablemente, los insistentes pedidos de repetir ‘E lucevan le stelle...’ no fueron atendidos. El barítono malagueño Carlos Álvarez debió cancelar dos de las cuatro funciones programadas como Scarpia. 
Fue reemplazado por Fabián Veloz que cumplió su cometido con excelencia. Es un barítono con presencia, volumen más que adecuado para el rol, excelente línea de canto, expresividad sin mácula y emisión cuidada. No sólo no defraudó, como siempre que se lo ve en escena, sino que además cantó cuatro funciones de Scarpia en seis días y las últimas dos en días sucesivos. Sin dudas es uno de los más importantes barítonos de la escena local y lo volvió a demostrar. El elenco de comprimarios lució sin fisuras. Desde la veteranía de Luis Gaeta como el sacristán a la juventud del pastor de Julieta Unrein. Mario de Salvo fue en recio Angelotti y Segio Spina un intrigante Spoletta, mientras que Fernando Grassi (Sciarrone) y Carlos Esquivel (Carcelero) cumplieron con creces su cometido. Muy buenos tanto el Coro de Niños como el Coro Estable del Teatro.


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