lunes, 27 de mayo de 2019

Au coeur des Alps - Marie-Claude Chappuis (mezzosoprano)



Ramón Jacques 

Au coeur des Alpes - Volkslieder aus der Schweiz – Folksongs from Switzerland. Marie Claude Chappuis (mezzosoprano) and Friends. Sony Classical. CD.  Fecha de lanzamiento al mercado: 21 de diciembre del 2018 Numero de catálogo: 19075903102 Sello discográfico: Duración: 67 minutes.

Una novedosa y refrescante producción discográfica titulada Au coeur des Alpes (En el corazón de los Alpes) es la que ofrece la mezzosoprano suiza Marie-Claude Chappuis. Editada por sello musical Sony Classics, contiene una colección de 25 canciones, en realidad joyas musicales extraídas del folclor musical de las diferentes regiones y lenguas de Suiza, con especial cercanía a La Gruyère en el cantón de Friburgo, su tierra natal. La artista cita que el compositor Robert Schumann en alguna ocasión dijo que “Escuchando con atención la música folclórica, se encontentará una fuente de bellas melodías y nos abrirá los ojos para entender el carácter de una nación” Ese es precisamente el merito de esta grabación, que nos transporta a ese país alpino y nos hace imaginar sus altas montañas nevadas, extensos bosques y lagos.  La propia Marie-Claude fue quien hizo la selección de las canciones folclóricas, algunas que cantaba desde su niñez y algunas, como ella afirma, ya conocía aun antes de nacer.  Los arreglos musicales son maravillosos, ya que se rodeó de importantes músicos suizos, como el notable laudista, suizo Luca Pianca, y miembros de su orquesta Ensamble Claudiana, así como del coro Chœur des armaillis de la Gruyère o de su madre Thérèse Chappuis, también una destacada interprete de lied. No podían faltar elementos típicos de esta música, como lo es el corno alpino (alpenhorn), el acordeón y el “yodel”, el estilo de canto tan particular de los Alpes, que aquí la cantante maneja con facilidad y maestría. Marie-Claude no se aleja de su estilo de interpretación de la música antigua, o de su afinidad por el lied y la canción francesa, lo que le da a cada una de sus interpretaciones un toque de profundidad y misterio, que se percibe con sutileza en la música que la acompaña. La emoción, la alegría y melancolía con la que canta cada pieza es contagiosa, al punto que entusiasma a quien lo escucha, y es lo que al final es la música, un viaje imaginario.  Es difícil elegir cual sería la pieza favorita del disco, pero debo reconocer que las que más me han conmovido son: Lueget, vo Berg und Tal (Miren como en la montaña), Les chèvres de Gruyères o Le baiser de ma mère  Describir el disco a quien no lo ha escuchado seria como adelantarle el final de una película aún no vista; lo que si es un hecho, es que es que se trata de un CD muy bonito y de buena calidad. 

domingo, 26 de mayo de 2019

Don Giovanni en Houston


Foto: Lynn Lane

Lorena J. Rosas

Houston es otra de las importantes compañías estadounidenses que está dejando atrás las producciones escénicas tradicionales para introducir paulatinamente otras más modernas y atrevidas.  Es sabido que el público de Houston es conservador en cuanto a sus preferencias operísticas, y algunos montajes que se han visto en este teatro en tiempos recientes, como los cuatro títulos del Anillo de los Nibelungos de Wagner, por mencionar algunos, han excedido ciertos limites del gusto y la tolerancia del público local, sin que el teatro obtenga una recompensa palpable, mas allá de ahuyentar a muchos, que optan por no regresar a su butaca después de los intervalos. El concepto escénico del director danés Kasper Holten, coproducción con diversos teatros europeos como el Covent Garden de Londres, es precisamente uno de esos que no dejan un buen sabor de boca al final. Tiene pocos momentos vistosos, ya que todo se desarrolla en un ambiente oscuro, lúgubre y con proyecciones de video sobre el escenario. La acción ocurre en una especie de cubo de dos pisos que gira en cada escena, ideado por Es Devlin.  El problema parece estar en la dirección escénica, por el exagerado libido sexual de Don Giovanni, y la manera como se aborda el humor, con actuación muy cargada, cuyo objetivo parece ser el de provocar o incomodar al espectador. Holten estira demasiado la liga, al punto que ciertos gags, sobre todo en actitudes que hacia las interpretes femeninas pasan de ser divertidas a ofensivas.  El bajo-barítono Ryan McKinny debutó a Don Giovanni, papel para el cual no me parece que sea un convincente o ideal interprete, ni por físico, y menos por voz, que por momentos palidecía en la masa orquestal, y por sus constantes y desenfrenados movimientos escénicos.  El barítono italiano Paolo Bordogna derrochó en escena las tablas que posee para interpretar a este tipo de personajes con comicidad natural.  Su Leporello fue cantado con firmeza y actuado con gracia. Melody Moore mostró un consistente desempeño escénico como Donna Elvira, pero a su canto le faltó mayor sutileza y distinción. Ailyn Pérez fue una apasionada Donna Anna de buena presencia que encantó con el manejo virtuoso y musical de su voz. El resto del elenco cumplió correctamente en sus intervenciones: Ben Bliss como un endeble Don Ottavio, Daniel Noyola y Dorothy Gal como la juvenil y jovial pareja de Masseto y Zerlina; y el bajo-barítono Kristinn Sigmundsson como el Comendador.  Al frente de la orquesta estuvo el maestro Cristian Măcelaru, al que se le escaparon muchas sutilezas de la música de Mozart, su lectura fue por momentos apresurada, pero en términos generales fue adecuado su cometido. Una mención para el buen trabajo del coro que respondió cada vez que fue requerido.



sábado, 25 de mayo de 2019

Juditha triumphans de Vivaldi en Ámsterdam


Foto: Marco Borggreve 

Ramón Jacques

Juditha triumphans devicta Holofernis barbarie el ‘oratorio sagrado militar’ estrenado en Venecia en 1716 y titulado así por Antonio Vivaldi, en la actualidad la única de sus obras de este género cuyo manuscrito siempre permaneció completo, tuvo su estrenó en la Ópera Nacional de Ámsterdam. Escenificar oratorios no es tarea fácil, ya que sus historias sueles ser abstractas, repletas de alegorías y metáforas que complican establecer el lugar y tiempo en el que se sitúan; pero este es algo que este teatro ha hecho con éxito en el pasado con títulos como Hércules, Gurre-Lieder, Jephtha y Das Floß der Medusa. Del montaje se encargó el joven director neerlandés Floris Visser, quien, inspirado en el carácter militarista y disuasivo del coro inicial, plasmó su idea en un montaje interesante y atractivo, situándolo en un pueblo italiano durante la Segunda Guerra mundial. La escenografía consistió en una plataforma giratoria, donde se ubicaba la cúpula destruida y bombardeada de una iglesia. La intención de Visser fue la de mostrar el horror de la guerra, el robo de obras de arte; y cuadros de pintores como: Giorgione, Caravaggio y Gentileschi, quienes se inspiraron en la historia de Juditha que sedujo y decapitó al general asirio Holofernes, quien aquí representaba la figura de Rommel. El trabajo escénico fue realizado con cuidada y detallada sutileza, evitando la violencia y la exageración, nunca invasiva de la parte musical sino complementaria de la misma. Fue un lujo contar en el foso con Andrea Marcon, considerado un especialista en Vivaldi, quien dirigió a su propia orquesta La Cetra Barockorchester Basel, agrupación musical de instrumentos antiguos, cuya sede es la ópera de Basilea en Suiza; que aquí brindó una ejecución superlativa resaltando la variedad tímbrica de la partitura, con ligereza y dinámica, gracias a la riqueza y homogeneidad de instrumentos, particularmente de sus cuerdas. El coro de la ópera neerlandesa, tan fundamental en esta obra, mostró un buen nivel. La mezzosoprano francesa Gaëlle Arquez, se distinguió por el porte escénico y la elegancia vocal con la que interpretó al papel de Juditha. Su canto fue conmovedor, comunicativo, y pleno de intención.  A su ‘Quanto magis generosa’ lo ubicaría como uno de los pasajes más memorables que recuerdo haber escuchado yo en mucho tiempo. Teresa Iervolino, contralto de canto oscuro y consistente recreó un autoritario Holofornes. Por su parte, la contralto Francesca Ascioti, fascinó por la agilidad y la elasticidad pirotécnica con la que manejó la voz dando vida al personaje de Ozias, y la mezzosoprano rusa Vasilisa Berzhanskaya fue un convincente y provocador Vagaus de precisa coloratura y abrillantado timbre. Correctos estuvieron los demás cantantes del elenco.



viernes, 24 de mayo de 2019

The Phoenix en Houston


Foto: Lynn Lane

Lorena J. Rosas

Con el estreno mundial de la ópera The Phoenix o (Las aventuras operáticas de Lorenzo Daponte en dos continentes, en dos actos) del compositor ingles Tarik O’Regan y libreto del director de escena John Caird, la Gran ópera de Houston contabiliza ya 66 estrenos absolutos en su escenario, lo que quizás sea ya un récord inigualable entre los teatros de ópera. La historia describe pasajes de la vida de Lorenzo Daponte y su escandalosa vida que lo llevó a participar en la trilogía de operas de Mozart.  Se trata de una secuencia de escenas, con poca profundidad y que de manera escueta, abordan aspectos poco conocidos de este personaje: a quien después de ordenarse como sacerdote y de ser poeta en Venecia, se le descubrieron nexos con burdeles, y tener dos hijos ilegítimos. Al conocer a Mozart en Viena se desarrolló como un exitoso libretista codeándose con la alta sociedad europea, pero cuando el éxito se esfumó, emigró a los Estados Unidos donde fundó la primera compañía de ópera de la ciudad. En escena se recurrió al recurso del teatro dentro del teatro, y todo comenzó en la parte trasera del ensayo de una obra; posteriormente en el frente del escenario de ese teatro se desarrolló prácticamente toda la acción, y donde el propio Da Ponte se observaba a sí mismo, y a los personajes que a su vez interpretan a otros personajes dentro un marco poco lucidor del diseñador David Farley. Actoralmente la escena lucía estática, lenta, pesada y poco estimulante por momentos. Orquestalmente la partitura es moderna, por llamarla así, atonal, y carente de interesantes pasajes melódicos, y sin lucimiento vocal ni arias, más allá de extensos diálogos y recitativos en italiano e inglés, poco entendibles en ocasiones, y alguno que otro momento de lucimiento del coro.  El teatro puso todos los recursos necesarios a disposición de este proyecto, que pienso no dio los resultados esperados, ya que contó con el barítono Thomas Hampson, quien dejó constancia de su larga experiencia y convicción, como el viejo Da Ponte; y del bajo-barítono Luca Pisaroni, como el joven Da Ponte, con correcto desempeño vocal y actoral.  La mezzosoprano Rihab Chaieb, que encarnó a los personajes de Maria Malibran y Mozart, actuó con gracia y exhibió admirables cualidades vocales. A Patrick Summers, director musical del teatro, se le notó comprometido con el proyecto y dirigió con intensidad y entusiasmo.  



jueves, 23 de mayo de 2019

Ariodante de Handel - Lyric Opera de Chicago


Fotos: Cory Weaver

Ramón Jacques  

Esta fue la primera representación de Ariodante de Handel en la Ópera Lírica de Chicago. Por un lado, es encomiable que los teatros busquen ampliar su repertorio incorporando obras desconocidas por su público, pero, por otro lado, es cuestionable que la programación este dictada por las producciones escénicas disponibles, que por el valor musical y vocal de la obra misma. Con el montaje del director escénico Richard Jones con escenografías del diseñador ULTZ, una coproducción realizada entre Chicago y el festival francés de Aix-en-Provence, parece que este teatro busca subirse inecesariamente al tren de las producciones de ‘vanguardia’ o ‘populares’ en Europa, en contra de su esencia de ofrecer producciones opulentas y tradicionales.  Aquí la obra se situó en Escocia en los años 60, y toda la acción se desarrolló dentro de una cabaña con varias habitaciones, vestuarios poco atractivos y burdos en su diseño, personajes representados también por marionetas, o por citar un ejemplo; ver a Polinesio como un pervertido cura con tatuajes y jeans bajo la sotana, forma parte de en una innumerable lista de situaciones sin coherencia, invasivas, y provocativas en las que era difícil establecer un vínculo con la historia. Francamente una puesta escénica para el olvido. Afortunadamente, Handel sobresale ante todo por la vivacidad de su música y sus arias, y esa es la impronta que permaneció en la memoria del que asistió al espectáculo. Una baja sensible fue la cancelación por enfermedad de la mezzosoprano Alice Coote en el papel estelar, y aunque su remplazante Julie Miller sacó adelante la función, su desempeño actoral y vocal estuvo en línea con la palidez y la frialdad del escenario. La soprano Brenda Rae se ganó la función regalando una sensible Ginevra de encomiable agilidad vocal, segura en los agudos y la proyección, y por su grata musicalidad. El contratenor Iestyn Davies, sobreactuó a Polinessio, porque la dirección así lo requería, y aunque no posee un color agraciado en su timbre, su rodaje en este repertorio fue evidente. Heidi Stober fue una correcta Dalinda, cantada de manera ligera y sutil, pero por momentos carente de proyección. Sorprendió el tenor, Eric Ferring como Lucarnio, por la osadía y la soltura con la que cantó, poco común  en un artista del estudio, y en un personaje secundario. Kyle Ketelsen, normalmente una figura descollante cada vez que canta, aquí como el Rey de Escocia  se notó disminuido en apariencia y en canto.Lo mejor se originó en foso, de la mano de Harry Bicket que dirigió con claridad y brío, a una orquesta reforzada con: clavecín, tiorba; que emitió un sonido sonido limpio firme y vertiginoso.



La Pasión Según San Mateo en el Palacio de Bellas Artes de México


Fotos cortesía del Festival del Centro Histórico

Ramón Jacques  

Uno de los eventos musicales más relevantes de la 35 edición del Festival del Centro Histórico fue la ejecución de La Pasión según San Mateo, BWV 244 (o Passio Domini Nostri J.C. Secundurm Evangelistam Matthaeum su título original en latín) de Bach en el Palacio de Bellas Artes. A pesar de la gran cantidad de agrupaciones que existen en la actualidad dedicadas a la ejecución de obras antiguas y que aún no han visitado nuestro país, el festival optó por invitar a las orquestas Orchester Wiener Akademie de Viena y a Música Angelica Baroque Orchestra de Los Ángeles, quienes, en el año 2007, ofrecieron una memorable versión de la misma obra maestra en la Sala Nezahualcóyotl de esta ciudad. Cabe recordar también la visita en el año 2014 de Música Angelica al Palacio de Bellas Artes, donde acompañó desde el foso la puesta en escena de la ópera Radamisto de Handel. La dirección nuevamente fue del maestro austriaco Martín Haselböck, titular de ambas orquestas y conocedor de este repertorio, quien ofreció una conducción íntima, detallada, solemne, pero dinámica y rica en matices, que fue cincelando desde sus entrañas más profundas hasta ofrecer conmovedores pasajes musicales, en una unión entre músicos de dos diferentes agrupaciones y latitudes que entienden su estilo e intención.  El elenco de solistas, en mi opinión más sólido y experimentado en el concierto del 2007, que sin embargo no defraudó, fue encabezado por el tenor Zachary Wilder quien interpretó al Evangelista con vehemencia y pasión, con una coloración tersa y sutil pero adecuada para este repertorio del cual es un reconocido exponente.  El bajo John Taylor Ward dio al papel de Jesús seguridad con su oscura voz; y el bajo Christopher Filler se mostró un poco titubeante en su emisión como Judas. Dos puntos sobresalientes del concierto fue escuchar las conocidas arias, Erbarme dich, mein Gott y Können Tränen meiner Wangen esta última cargada de sentimiento, por cuenta de los contratenores Reginald Mobley y Alois Mühlbacher.  Buen desempeño, tuvieron las sopranos Teresa Wakim y Theodora Raftis; así como el tenor argentino Pablo Corá, un refinado intérprete de música sacra afincado en Los Ángeles. El coro Música Angelica Consort, aportó lo suyo al concierto, así como los organistas Jeremy Joseph y Davide Mariano.



miércoles, 22 de mayo de 2019

Concierto de la soprano Sunhae Im en el Teatro del Bicentenario de León, México

Fotógrafo: Naza PF 

Alberto Rosas.  
La temporada de conciertos de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato que ofrece algunos conciertos en el Teatro del Bicentenario de León, conformó un interesante programa de obras de Mozart y de Haydn, teniendo como solista a la excepcional soprano surcoreana Sunhae Im, quien ha forjado su carrera principalmente en el mundo de la música antigua donde ha trabajado con importantes directores de ese género, aunque su carrera ha estado estrechamente vinculada al trabajo con el director belga René Jacobs, con quien trabaja y realiza grabaciones con mucha frecuencia. La versatilidad de esta artista la ha llevado a ampliar su repertorio a la opera italiana y francesa, en el que no puede faltar Mozart. Sunhae inició el concierto cantando dos arias de concierto de Mozart como: "Schon lacht der holde Frühling"; KV 580 en el que la soprano desplegó elegante fraseo, musicalidad y nitidez con un cautivador color, en una aria de bravura que supo rebosar con agilidad y coloratura; también cantó “Voi avete un cor fedele”; KV217, en la que mostró gracia, y a pesar de algunas imperfecciones en la dicción, su dulzura y ritmo no cesaron.  Agradó su “Giunse al fin il momento …Deh vieni non tardar; KV 492” de Las Bodas de Fígaro, y su vena cómica y gracia quedaron plasmadas en “Crudel Perché finora” de Las Bodas de Fígaro; así como en Là ci darem la mano de Don Giovanni, donde alternó con el joven bajo-barítono mexicano Rodrigo Urrutia, quien desplegó una voz oscura y profunda que se complementó con la de la Sunhae Im.  Como bis se ofreció el dueto de Papageno y Papagena de la Flauta Mágica, que coronó la primera presentación en nuestro país de esta sobresaliente artista. El programa se repetiría tan solo unos días después en el Teatro Juárez de Guanajuato. Por su parte, la orquesta tejió un marco adecuado, con calidez mozartiana tanto en su ejecución como acompañamiento para la solista.  En solitario ofreció las oberturas de Don Giovanni y de Las Bodas de Fígaro, así como una alegre y vivaz ejecución de la Sinfonía 104 en Re mayor de Haydn.  La orquesta fue dirigida por su titular Roberto Beltrán-Zavala quien mostró seguridad y dinámica en su conducción, muy preciso en sus entradas y amplia consideración por las voces.  Un maestro a quien será interesante verlo en un foso dirigiendo ópera. Mención para la orquesta y a sus directivos por traer una cantante de este nivel, esperando que se ofrezcan mas conciertos como este.



jueves, 16 de mayo de 2019

El sueño de una noche de verano en el Teatro de la Zarzuela de Madrid


Fotos: Javier del Real

Ramón Jacques

La labor de recuperación de obras olvidadas continua en el Teatro de la Zarzuela, y en esta ocasión se trató del sueño de una noche de verano, ópera cómica en tres actos de Joaquín Gaztambide, que fuera estrenada hace más de 166 años. Aunque Gatzambide fue un prominente compositor de zarzuelas de la mitad del siglo 19 y su contribución al género fue significante, sus composiciones han sido injustamente olvidadas, por suerte este coliseo madrileño se ha dado a la tarea de irlas recuperando de manera gradual.  Personalmente recuerdo haber presenciado aquí mismo en diciembre del 2012, una función de El Juramento con una grata puesta en escena de Emilio Sagi.  Una característica de los montajes que aquí se ven es el buen gusto en su diseño y su confección, sean modernos, tradicionales o polémicos, y esta no ha sido la excepción.  La trama de esta nueva producción, una adaptación, narra las peripecias en torno al rodaje para cine de una zarzuela homónima de la obra Shakespeare, financiada por una aristócrata italiana. La novedosa y enmarañada propuesta juega con el concepto del teatro dentro del teatro, y tanto el creador de la escena Nicolas Boni, como el director de escena Marco Carniti sitúaron la acción en la Roma de los 50, la de la ‘Dolce Vita’ donde aparecen diversos personajes de Shakespeare, así como el propio literato, Orson Wells, Guillermo del Toro (aquí Guillermo del Mono), Falstaff o la Reina Isabel que es en realidad la aristócrata italiana y productora del espectáculo. 
Los artistas interpretan personajes que viven entre el sueño y la realidad, entre lo absurdo y lo cómico, pero en divertidas situaciones, que Carniti supo incorporar en la justa medida.  Los elegantes vestuarios de Jesús Ruiz y la iluminación de Albert Faura redondearon la parte visual del espectáculo.  En el podio, el experimentado Miguel Ángel Gómez Martínez mostró pericia y conocimiento para resaltar la jovialidad y la delicadeza melódica de la orquestación que mezcla algunas cualidades italianas con ritmos españoles. La Orquesta de la Comunidad de Madrid mostró oficio, así como el coro del teatro y los artistas en escena.  La soprano María Rey-Joly, con amplia experiencia en este escenario, personificó una sensual y refinada Reina Isabel/Tortellini cantando con claridad vocal; y el tenor Santiago Ballerini, mostró su grata timbre belcantista en sus intervenciones como Guillermo del Moro/ Shakespeare. Divertido y jocoso estuvo el Falstaff del barítono Valeriano Lanchas, quien cantó con profundidad y potente emisión. y Sandra Ferrández actuó y cantó bien a una veleidosa Olivia de Plantagenet, cómplice de la princesa Tortellini.





miércoles, 15 de mayo de 2019

Concierto de la Sinfónica de Düsseldorf,- Düsseldorf, Alemania


Fotos: Werner Kmettisch Lyniv; Susanne Diesner

Ramón Jacques 

La Düsseldorfer Symphoniker o Sinfónica de Düsseldorf, es una sobresaliente agrupacion musical de la región de Renania del Norte-Westfalia, en el noroeste de Alemania, ya que es la orquesta estable de una de las compañías de ópera más importantes de ese país como lo es la Deutsche Opera am Rhein. De manera paralela a su labor en las funciones de opera y ballet que se ofrecen en la casa de ópera de Düsseldorf, así como en la de la cercana ciudad de Duisburg, sede alterna de la compañía; la orquesta lleva a cabo su temporada de música sinfónica, en la peculiar sala Tonhalle Düsseldorf, un planetario construido en 1926 y convertido en sala de conciertos en los años 70. En la actualidad son pocas las orquestas de foso que tienen la posibilidad de interpretar obras sinfónicas, pero se trata de una práctica interesante, que personalmente al presenciarlo con la orquesta de la ópera de San Francisco (a pesar de que lamentablemente el proyecto solo duró un par años), se notaba en sus ejecuciones operísticas una mayor soltura expresiva, precisión y matices que adquiridos de las obras sinfónicas. La Sinfónica de Düsseldorf fue dirigida en este concierto por la joven ucraniana Oksana Lyniv, actual directora musical de la ópera de Graz Austria quien ha recorrido ya importantes teatros europeos (Berlín, Múnich, Barcelona).  En el concierto se escucharon las danzas de la ópera “La Corona de Oro” del poco conocido compositor ucraniano Boris Lyatoshynsky, que ofrecen una grata fusión de sonidos orientales con profusas percusiones y metales. De Ralph Vaughn Williams se eligió su Concierto en la menor para oboe y cuerdas, teniendo como solista a Ramón Ortega Quero, músico español y actual oboísta principal de la Filarmónica de Los Ángeles, quien aportó la sensualidad y energía de su maestría del instrumento. El programa incluyó el Concierto para orquesta de Béla Bartók donde se apreció de manera individual el virtuosismo y la uniformidad que poseen los músicos de esta orquesta. Por su parte, Oksana Lyniv, agradó por admirable elegancia, y la elocuencia y el desparpajo que imprime a su conducción.





I Pagliacci en el Teatro Regional de Rancagua, Chile

Fotos: Teatro Regional de Rancagua 

Joel Poblete 

Inaugurado en 2013, en poco tiempo el Teatro Regional de Rancagua se convirtió en uno de los escenarios más pujantes en el auge que la ópera ha empezado a tener en Chile en los últimos años fuera de la capital de ese país, Santiago. Iniciando este desafío en 2015 con El barbero de Sevilla rossiniano, ese mismo año se anotaron un hito: el memorable y muy elogiado estreno en Sudamérica del Platée de Rameau, continuando al año siguiente con Don Giovanni, el debut en Chile de Las Indias galantes y el Orfeo de Monteverdi. Pero desde entonces el género lírico estuvo ausente de ese escenario, y a excepción de una multitudinaria Carmen al aire libre a fines de 2017, esta ciudad, ubicada a 85 kilómetros al sur de Santiago, no había retomado las producciones de ópera.  Por eso, es sin duda una excelente noticia que este año al fin se haya recuperado este impulso en el Teatro Regional rancagüino, con una breve pero atractiva temporada de ópera y ballet que incluirá en agosto La cenerentola de Rossini y en diciembre el popular Cascanueces, y acaba de inaugurarse con uno de los títulos líricos más reconocidos del repertorio: Pagliacci, de Leoncavallo, que se presentó en dos funciones, el 10 y 11 de mayo, en co-producción con el Municipal de Santiago. Y lo positivo se dio además porque los resultados de este montaje, creado especialmente para la ocasión, estuvieron en un muy buen nivel y el espectáculo fue recibido con entusiasmo por el público. 

Aunque por su brevedad es habitual que Pagliacci se ofrezca junto a otra partitura de duración reducida, en este caso se dio sola y además de corrido, sin el habitual intermedio que divide sus dos actos. Y además con una propuesta que buscaba una cercanía e identificación con la audiencia local en la puesta en escena ideada por Rodrigo Navarrete, al ambientar la historia en el Chile de los años 50, más específicamente en un sitio que es un icono para los habitantes de la región: Sewell, emblemática ciudad minera cordillerana construida a principios del siglo XX y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2006. Este lugar se caracteriza por sus coloridas edificaciones en medio de la montaña, las mismas que reprodujo la bonita escenografía de Marianela Camaño que aprovechó bastante bien las dimensiones del escenario, apoyada por la iluminación de Ricardo Castro (aunque hubo algunos cambios de luces de un momento a otro que parecieron algo bruscos y curiosos). El vestuario de Loreto Monsalve destacó especialmente en los atuendos de los lugareños. 

Además de su destacada carrera como cantante lírico que se inició hace ya 30 años, Navarrete ha estado incursionando con éxito en el último tiempo en la dirección de escena en distintos escenarios del país; de hecho, estuvo a cargo de la ya mencionada Carmen rancagüina de 2017, y en octubre desempeñará esta responsabilidad en la nueva producción de La italiana en Argel rossiniana en el Municipal de Santiago. Para este Pagliacci desarrolló un montaje atractivo, ágil, dinámico y muy efectivo, donde tuvieron relevancia no sólo los desplazamientos de los solistas, sino además los movimientos de los integrantes del coro, interactuando con actores y acróbatas. Fue intensa y llena de detalles (por ejemplo, el uso de las ventanas en los pisos superiores de los edificios), además de aspectos sorprendentes y nunca vistos en otras producciones de esta obra en Chile, desde los elementos eróticos de la infidelidad que incluyeron puntuales "destapes" de un par de solistas -los que probablemente incomodaron a más de algún espectador más tradicional, pero no cayeron en la vulgaridad ni pueden ser tan fácilmente calificados de gratuitos o injustificados- hasta el impactante y casi cinematográfico desenlace. En lo musical, el director cubano radicado en Chile Eduardo Díaz guió a la Orquesta Sinfónica Juvenil del Teatro Regional de Rancagua en una lectura atenta y matizada, tan intensa y apasionada como la puesta en escena. Se agradece que el maestro haya ofrecido una versión muy completa, evitando algunos de los cortes tradicionales de la pieza, aunque hay detalles que aún se pueden pulir, como por ejemplo el balance entre el volumen orquestal y las voces de los cantantes.

El plano vocal estuvo muy bien resuelto, gracias a un elenco casi totalmente chileno que unió acertadamente a una de las más reconocidas figuras de la lírica en ese país con algunos de los talentos jóvenes que más han destacado en los últimos años. Demostrando desde el inicio la veteranía de sus tres décadas en el escenario, el tenor José Azócar fue una vez más un Canio muy idóneo y creíble en lo físico y vocal, y como era de esperar se lució tanto en una sentida versión de "Vesti la giubba" como en "No, Pagliaccio non son". A su lado, la soprano Marcela González fue su esposa infiel, Nedda, en un enfoque mucho más sensual y desinhibido que lo habitual, faceta que la cantante ya resaltara en ese mismo escenario en 2016 con su Zerlina en la ópera Don Giovanni; segura y desenvuelta en lo teatral, vocalmente destacó en la interpretación de su "Stridono lassù". 

Por otro lado, en principio, tal vez era demasiado pronto para que Matías Moncada abordara al jorobado payaso Tonio y además su voz no era la más adecuada para este personaje que habitualmente es interpretado por barítonos, mientras hasta ahora este joven y ascendente cantante siempre aparecía presentado como bajo-barítono, e incluso en el programa de sala para estas funciones figuró como bajo. Efectivamente, su timbre y color más oscuro y los tonos graves se adaptan mejor a algunos momentos del rol, e incluso se prescindió de algunas notas agudas a la que los operáticos se han acostumbrado por tradición, pero finalmente en conjunto Moncada cantó con efusión, supo manejar con inteligencia su material vocal al servicio del papel y se convirtió en uno de los elementos fundamentales en los buenos logros teatrales de esta producción: desde el inicio, cuando comenzó a cantar el "Prólogo" entre el público desde una de las butacas para luego desplazarse hasta el escenario, a las últimas escenas, cuando hasta se lució haciendo malabarismo, fue un muy humano Tonio, tan despechado, humillado y vengativo como se puede esperar.  

El tenor David Rojas fue un adecuado y simpático Beppe, que aprovechó muy bien su encantadora "O Colombina, il tenero fido Arlecchin". Por su parte, el barítono cubano Eleomar Cuello, también radicado en Chile y quien ha estado realizando una interesante carrera en los últimos años en distintos escenarios locales (no sólo en Rancagua, también en ciudades como Talca y en el Municipal de Santiago), tuvo un excelente desempeño por partida doble, sólido en el rol de Silvio y además como director del estupendo Coro Polifónico de Rancagua, entusiasta y de muy buen desempeño no sólo en lo vocal sino también en lo escénico, como requería este montaje. Mención especial además para el aporte del Coro Infantil de Rancagua dirigido por Geraldine Palma. En conjunto, un muy bienvenido y meritorio regreso a la ópera para el Teatro Regional de esa ciudad. 

Werther en Miami Florida


Fotos: Daniel Azoulay.

Elvira Cuevas

Cierre magistral de la temporada 2019 de la Florida Grand Opera con Werther, obra maestra de Jules Massenet, que, aunque fue estrenada en Viena en 1892 en Viena, y tras el largo paso del tiempo, hasta el día de hoy no pierde su fascinación y seducción.  Un lujo a cuentagotas que pocos teatros nos dan de vez en cuando.  Desde el inicio de la función y su entrada al escenario el tenor Dimiti Pittas mostró su gran porte como Werther y conquisto al publico en su debut local.  Su hermosa voz es singularmente lírica, redonda, dramáticamente fuerte, se trata de un artista sensible, expresivo y totalmente atractivo en escena.  Como Charlotte, la mezzosoprano Daniela Mack, exhibió una voz de considerable expansión, y la cualidad oscura de su voz fue grata, y bien proyecta, incluso cuando yacía en el suelo. El resto de los papeles secundarios fueron generosamente interpretados como la soprano Eva Kardon quien prestó un timbre dulce y convenció con su juvenil personalidad como Sophie.  El barítono de voz resonante Benjamin Dickerson fue un sólido Alberto.  Correctos el bajo-barítono Jake Gardner como Le Bailli, padre de Charlotte; y sus dos amigos Schmidt y Johann, aquí interpretados por Dominick Corbacio y Rafael Porto, respectivamente, quienes cantaron con vigor y su escena de ebriedad en la apertura del acto II fue muy divertida.  Mención para las voces del sexteto del coro infantil, y para los elegantes vestuarios.  La detalla elaboración y diseño propio de la época del montaje de Howard Tsvi Kaplan y Michael Baumgarten fue adecuada. La dirección escénica corrió a cargo de Lawrence Edelsen fue buena acorde al marco escénico y el desenvolvimiento en escena de los artistas.  Finalmente, Joseph Mechavich se encargó de la conducción musical que definió con pasión e ímpetu.

Messa di Gloria de Puccini - San Diego Symphony


Foto: David Harting

Ramón Jacques

La Messa di Gloria o Messa a quattro voci de Giacomo Puccini es la obra menos conocida de uno de los compositores musicales más famosos. La pieza ha sido relegada a salas de conciertos y cuando es interpretada, en las pocas ocasiones que se hace, son las orquestas sinfónicas las que se encargan de ello. Un recuento rápido de presentaciones en el periodo desde mitad del 2018 a la fecha muestra que la obra se escuchó el verano pasado en el Festival Pucciniano de Torre del Lago, Italia; a inicios de este año en Londres con la London Symphony Orchestra dirigida por Antonio Pappano; y ahora por la Sinfónica de San Diego, que, a pesar de ser una agrupación de más de cien años de existencia, apenas la estrenó en esta ocasión, lo que debe considerarse como un loable acierto.  Varias son las versiones del porque no es una obra popular; algunas indican que fue una obra escrita por un joven y poco experimentado Puccini; que la partitura permaneció perdida por más de 70 años hasta que su manuscrito fue descubierto por casualidad en Lucca en 1951. Lo cierto es que escucharla en vivo, enfrenta a uno a una verdadera joya, con música de una frescura inesperada, ya que se trata de una obra sacra alejada de la solemnidad habitual, y en cambio ofrece una luminosidad casi solar y buenos ánimos que alzan el espíritu y agradan. En sus movimientos se reconocen pinceladas y esbozos de la música que el compositor plasmó en sus obras posteriores.  Las partes corales, así como los solos para los cantantes poseen una indudable cualidad y similitud a la ópera. El concierto hubiera servido para introducir localmente a uno de los nombres mas ascendentes en la actualidad lírica, la directora italiana Speranza Scapucci, quien debió cancelar días antes. Su reemplazo fue el director irlandés Courtney Lewis, titular de la Sinfónica de Jacksonville, quien demostró ser un sobrio, mecánico, pero eficaz conductor que sacó adelante la velada. El coro San Diego Master Chorale, mostro cohesión y fervor en sus intervenciones como en el Kyrie inicial, acompañando a los solistas, y en el Agnus deis final, que, para sorpresa propia, el compositor concibió de manera corta y suave, que dejó una sensación admirablemente conmovedora. La orquesta mostró su fortaleza y seguridad con la atmosfera que crearon las trompetas y las cuerdas.  El elenco, que en la partitura excluye a la voz femenina, fue encabezados por el tenor Leonardo Capalbo, quien canto con calidez, grata tonalidad y un lirismo digno de Rodolfo, como en su solo en Gratias. El barítono Daniel Okulitch y el bajo Michael Sumuel estuvieron correctos. El programa lo redondeó la agradable ejecución de la Sinfonía 88 en sol mayor de Haydn, ausente de este escenario desde 1980. Finalmente, y después de dos años de búsqueda, la orquesta designó como nuevo director titular al joven venezolano Rafael Payare quien asumirá sus funciones a partir de la próxima temporada.