sábado, 25 de abril de 2015

Entrevista con la soprano Amarilli Nizza

Fotos: Amarilli Nizza

Poseedora de un canto solido y refinado, innegable talento dramático y una radiante presencia escénica han hecho que Amarilli Nizza, originaria de Milán, Italia, se haya convertido en una de las sopranos más sobresalientes de la actualidad. Su repertorio comprende la interpretación de los papeles más importantes de las óperas de Verdi y Puccini, y de otros compositores, sin dejar de mencionar  el papel más emblemático de su carrera, el de Cio Cio San en Madama Butterfly. Se ha presentado en escenarios como el Covent Garden de Londres, Ópera de Viena, Arena de Verona, Liceu de Barcelona, Deutsche Oper Berlín, Maggio Musicale Fiorentino, Teatro Colón de Buenos Aires, Opernhaus de Dresden, Leipzig Opernhaus, San Carlo de Nápoles, Ópera de Roma, Carlo Felice de Génova, Regio de Parma, Regio de Turín, Opera de Monte Carlo, New National Theatre de Tokio, entre otros. Donde ha sido dirigida por Myung-Whun Chung, Zubin Mehta, Bruno Bartoletti, Renato Palumbo, Stefano Ranzani y Paolo Arrivabeni, y escénicamente por Franco Zefirelli, Peter Konvitchny, Graham Vick, Paul Curran, Pier Luigi Pizzi, Hugo de Ana, Nicolas Joel y Renata Scotto, por mencionar algunos. Amarilli nos habla sobre su carrera desde un punto de vista muy personal e intimo.

Ramón Jacques
Amarilli ¿Cuándo nació en ti la pasión por la lirica?

Crecí con mi abuela Claudia Bardi, una famosa soprano ligera, pianista y compositora, quien fuera nieta de Medea Mei Fighner la musa de Tchaikovski.  Escuchaba cantar en casa todos los días, y mi abuela me enseñó a cantar como también el piano. Fue todo muy natural para mí y yo adoraba la música y solo quería cantar. Comencé muy pequeña con el estudio del piano y a los catorce años de edad comencé con el canto, que era mi verdadera pasión.

¿Podrías resumirnos brevemente los inicios de tu carrera profesional?

A los diecisiete años participé en el concurso Cilea y fui una de las finalistas, después, a los diecinueve llegué a la final del concurso de Spoleto, y a los veinte gané el concurso Mattia Battistini con el papel de Cio Cio San de Madama Butterfly. Fue así como pude debutar esta maravillosa ópera que me ha dado siempre tanta suerte.

Háblanos de tu repertorio ¿Cuántos papeles has cantado y cuales tienes en programa debutar?

He debutado alrededor de cuarenta papeles. He cantado papeles importantes de operas de Verdi como: Aida, Un Ballo in Maschera, La Traviata, Il Trovatore, Simon Boccanegra, Othello, La Forza del Destino, I Masnadieri, I Due Foscari, Nabucco, Macbeth, Requiem, Luisa Miller, I Vespri Siciliani, Attila y Ernani!  Además he cantado papeles de Puccini como Mimi y Musetta en La Boheme, Madama Butterfly, Tosca, Manon Lescaut, Il Trittico, Edgar y Liú en Turandot; así como operas de Leoncavallo, Mascagni, Massenet, Cilea, Zandonai, Mozart, Bizet y Rossini.  Actualmente estoy preparando mi debut en el papel de Maddalena di Cogny de Andrea Chenier y para más adelante, el de Minnie en La Fanciulla del West.

¿Cuáles son los papeles que prefieres interpretar y que mejor se adaptan a tu personalidad?
Adoro los personajes de carácter pasional y fuerte. Me gusta mucho el dramatismo y en los que puedo expresar mi temperamento y mi máxima diversión en papeles como Lady Macbeth y como Tosca, Manon Lescaut, Madama Butterfly y  personajes de Il Trittico. Pero ha sido para mi también muy hermoso poder interpretar Adriana Lecouvreur, Francesca da Rimini, Odabella en Attila, Abigaille en Nabucco y Lucrezia en I due Foscari.  En suma, tengo la necesidad de interpretar mujeres de carácter fuerte.

¿Existe algún personaje u opera que aun te falté por interpretar, y tengas deseo por hacer?

Sería el papel de Minnie en La Fanciulla del West de Puccini, que debutaré en más o menos dos años, y también el de Giovanna D’Arco de Verdi. Fuera de estos dos creo haber interpretado ya todos los que más amo.

En base a tus gustos y preferencias. ¿Has tenido dificultades para interpretar algún papel que no te gustara?

Si. Me sucedió con la Condesa de Le Nozze di Fígaro, que fue una tortura para mí por tratarse de un papel muy distante a mi carácter y personalidad.

¿Cómo consideras que debe ser la relación entre un cantante y su propia voz?

Pienso que debemos amar y respetar mucho a nuestra propia voz, ya que es un instrumento delicado y precioso que nos permite dar vida a personajes maravillosos.  Es un gran privilegio y honor interpretar las operas que mas amamos y eso solo lo podemos hacer gracias a nuestra voz. Por tanto, considero que la relación debe ser de máximo respeto y atención hacia ella.

Posees belleza, fascinación e innegable talento ¿Consideras que para la carrera de una mujer cantante son ventajas u obstáculos?

¡Son grandes ventajas! Yo quise cantar desde niña y gracias a estas cualidades he podido hacerlo sin buscar otros caminos más cortos. He estudiado, y estudiado mucho, y he dedicado mi vida a la música, que me ha dado lo más importante para mí que es la autoestima. También me ha dado el afecto del público al cual he buscado darle siempre todas las emociones que llevo dentro.

¿Hay alguna figura que te inspire?

No ninguna. Cada uno de nosotros es único y lo bello de esto es que justamente no debe de existir la comparación con algún otro. Cada uno de nosotros expresa lo que tiene dentro de su  alma esperando que el público así lo acepte.

En cuanto a otros cantantes ¿Cuál consideras tu preferido?

Amo mucho a Renata Scotto por su eclecticismo y por su gran temperamento. 

Acostumbrada a pisar importantes escenarios, cuéntanos ¿Qué significa ser protagonista en los más grandes teatros internacionales?

Es un gran honor, que sin embargo conlleva mucha responsabilidad ya que las expectativas del público que asiste a esos teatros son siempre muy altas.

En la escena, ¿Qué hay de cierto que los directores de escena frecuentemente no ponen atención a las exigencias del canto?

Por suerte no es algo tan frecuente, pero sucede algunas veces y para ellos debemos hacernos valer y hablar para dar a entender que antes que otra cosa existen ciertas exigencias musicales. Pero de cualquier manera se busca siempre lo mejor para el espectáculo.
La vida de artista requiere cambiar frecuentemente de ciudades, teatros y  de alternar con diferentes colegas de trabajo ¿Cómo vives este continuo cambio?
Al inicio de mi carrera fue muy pesado y agotador.  Soy una persona tímida en el fondo y cada vez debía darme ánimos para enfrentarme a una nueva ciudad y a una nueva experiencia. Madurando, todo se ha vuelto más normal y me he acostumbrado a los cambios continuos.  Aunque en ocasiones es verdaderamente cansado seguir viajando y dormir en camas diferentes a la propia.

En tu opinión ¿Por qué piensas que la música lirica parecer ser solo para unos cuantos?

Desafortunadamente los medios no ayudan en este sentido porque a cambio prefieren transmitir principalmente música pop, telenovelas, talk shows, además de futbol.

¿Qué piensas que se podría hacer para que los jóvenes se acercaran a la lirica?

Haciéndoles entender que este es un lenguaje universal que se percibe con todos los sentidos.  Deben dejarse llevar y abrumarse por las vibraciones que emite. Después, sería bueno que entendieran mejor la trama y así ir al teatro preparados sobre lo que van a presenciar.

Para concluir. ¿Podrías contarnos alguna anécdota o episodio simpático que te haya ocurrido en tu carrera?

Cuando debuté como Madama Butterfly con tan solo veinte años de edad me dio fiebre por el estrés. Mi cara se llenó de ampollas por una alergia que me dio por el maquillaje de geisha, y no pude dormir durante toda la noche previa al estreno por la enorme emoción. ¡Al final fue un enorme triunfo! Padecí estos mismos problemas durante los primeros diez años de mi carrera, sin poder dormir y sin poder comer por la emoción. Desde hace pocos años he comenzado a controlar esta situación y aunque amo interpretar a mujeres de carácter fuerte probablemente yo soy débil en mi emotividad, pero cuando comienza la música y salgo al escenario todo pasa y se olvida. ¡Esa es precisamente la magia del teatro!


“He construido mi carrera en el escenario” - Entrevista con Virginia Tola

Nos encontramos con Virginia Tola por la tarde, cerca de un bar en la plaza Verdi, frente al Teatro Comunale de Bolonia. Estamos en el centro histórico de la ciudad y en el corazón de la zona universitaria, llena de jóvenes, de confusión y de ruido. Virginia parece sentirse a gusto en este lugar, tanto que podría confundirse con los estudiantes que se encuentran en la plaza. Nuestra charla empieza con gran naturalidad antes que entremos en el bar y sigue acompañada por cappuccino e brioche, el típico desayuno de Italia aplazado unas diez horas. Vida de artista. 

Anna Galletti 

Virginia ¿Cómo te acercaste al canto?

Decidí que quería ser cantante a los cuatro años, pero por supuesto que a esa edad no sabía qué tipo de cantante quería ser. Mi familia no pertenece al mundo de la ópera. Además en mi ciudad, Santo Tomé, en la provincia de Santa Fe, tenemos un teatro hermoso, construido por emigrantes italianos, cómo todos los teatros de Argentina. Sin embargo, no hay una temporada lírica. Cuando era niña estudiaba piano, flauta, y ballet, pero cuando por primera vez escuché un coro, me enamoré de eso, dejé todos los otros estudios y le dije a mi mamá que quería cantar. Así inicié a cantar en un coro a los ocho años y hasta casi diecinueve. Primero era contralto, ya que tenía lindas notas graves. Después, a los doce  años, llegué a ser la solista del coro y a cantar cómo soprano. Cuando tenía dieciséis años, mi maestra me sugirió que hiciera una audición para interpretar a una de las hadas en la ópera Hansel y Gretel, un proyecto en el que estaba involucrado el coro y que se iba a realizar con la compañía del Teatro Colón. Para nosotros obviamente era un evento muy importante y para mí el proyecto de mi vida. Cuando hice la audición, me aceptaron enseguida y fue así que hice mi debut como solista en una ópera. Mientras tanto, también había empezado a tomar clases de canto con una maestra de mi ciudad y ya tenía claro que esa sería mi vida.

Entonces ya habías tomado esa decisión antes de cantar en Hansel y Gretel. ¿Cómo llegaste a conocer la ópera antes de ese momento, ya que como comentaste, en tu ciudad no había una temporada?

Me enamoré de la ópera al ver un video de Carmen con Placido Domingo y al entender que la ópera es teatro cantado. En ese momento comprendí qué tipo de cantante quería ser, es decir una cantante que cuenta una historia, que transmite un personaje. Me fue claro que no quería ser una cantante popular y no porque pensaba que fuera menos importante, sino porque lo que me interesaba era ponerme en un rol, identificarme con un personaje y ser otra persona por la duración de la ópera. Eso se hizo la pasión de mi vida y desde ese momento nunca paré. A los diecinueve años empecé asistir a clases del Teatro Colón. Era la más joven, ya que los otros antes de ir a esa escuela habían asistido al conservatorio y yo no. Estuve en la escuela del Colón cuatro años. El último año, la Embajada de Argentina en Noruega, que era muy activa y que ya conocía mi actividad en la escuela, me propuso participar en el concurso de la Regina Sonja. Tenía miedo, y solamente veintitrés años, y hasta ese momento nunca había salido de Argentina. Además, el programa era extenso y difícil, con algunas elecciones obligatorias; por ejemplo cantar algo de Grieg. Me resolví a intentar, porqué el jurado era impresionante  y quería que los artistas que lo formaban me dijeran lo que pensaban de mi voz. Era muy importante para mí, ya que estaba convencida que tenía que hacer esta carrera y que había nacido por eso. Y al final ¡gané el concurso! En esa ocasión también conocí a Frederica Von Stade, quién me presentó a Placido Domingo y me invitó a participar a Operalia, su concurso, que también gané. Era el año 2000. Hice todo eso siendo todavía una niña, ya que a esa edad no se sabe nada. No tenía experiencia, no hablaba inglés ni italiano y no conocía una ópera  completa, solo quizás Bohéme.

Es fácil pensar que, no obstante tu juventud, ganar esos concursos le dio una vuelta a tu carrera. ¿Qué pasó después que ganaras el “Regina Sonjia” y “Operalia”?

Después de ganar esos concursos me llegaron muchas propuestas interesantes cómo cantar en Washington, Los Ángeles, Madrid, Roma, y yo aceptaba siempre. En los primeros años también cantaba a menudo en Noruega. En conclusión, dejé que las cosas pasaran. Mi maestra de canto me ayudaba mucho, pero puedo decir que mi carrera la construí en el escenario, de vez en cuando cometiendo errores o haciendo cosas que no tenía tan seguras. Hoy en cambio, me siento en mi momento más maduro, ya que al estoy haciendo el repertorio que siempre pensé que es el mío. Por supuesto no lo podía hacer a los veintitrés años, porqué no tenía la madurez para interpretar roles dramáticos. Por eso, durante diez años hice solamente roles líricos, cantando Mozart y Puccini, también con coloratura. Ahora, desde que me sigue Raina Kabaivanska, con quién trabajo desde hace dos años y medio, interpreto también este nuevo repertorio y siento que me encuentro en el lugar en el que puedo expresarme mejor.

Se puede decir que tu “gran debut” fue en el Teatro Colón, es decir en uno de los templos de la lírica y en tu País. ¿Qué recuerdos tienes de esa experiencia?

Mis recuerdos del Teatro Colón en realidad datan del tiempo de la escuela, que estaba dentro del teatro, donde no está más. Era una escuela muy buena cuyo fin era capacitar solamente cantantes y no, por ejemplo, profesores de canto. Había que cantar en cuatro o cinco idiomas, se tomaban clase de expresión corporal, de repertorio, de canto en ensamble. Los alumnos podíamos ver lo que pasaba en el escenario, aunque había que hacerlo a escondidas porqué en realidad no estaba permitido asistir a los ensayos. Eso sin dudas era para nosotros un gran estímulo para estudiar y prepararnos para estar nosotros también un día, en ese escenario. Y el día que esa oportunidad llega es especial y bellísima.  Además, el Colón es maravilloso, enorme, y al nacer artísticamente en un teatro tan grande se quita el miedo de cantar en Europa, donde los teatros son mucho más chicos. El Colón también tiene una acústica increíble y una energía especial. La edad de oro de la ópera coincidió con la del Colón. Allí pasaron todos los cantantes más afamados. A ese tiempo en América del Sur había riqueza, mientras que Europa atravesaba los años de la posguerra. Es mi opinión que el teatro sin artistas, sin historia, no existe. Creo en la energía de la gente y del arte queda en los lugares en lo que se expresa. Está bien que se construyan teatros, pero después tienen que llenarse de arte, de funciones, de público. Cualquier persona deja su propia huella y eso en el Colón es algo que se siente muy fuerte.

Demos un paso adelante y lleguemos al presente, para hablar de tu rol protagónico en Bolonia. Recién cantaste el rol de Amelia en la Arena de Verona, pero con un montaje muy diferente al de  “Un ballo in maschera” que se presentó en Bolonia. ¿Cómo repercute la diferencia de dirección en tu interpretación?

Lo que se presentó en la Arena de Verona fue un montaje tradicional. De todas formas, esta es la quinta vez que participo de “Un ballo in maschera” y la segunda en clave moderna; la primera fue el año pasado, en el Teatro Colón, donde interpreté Amelia en un montaje de La Fura dels Baus. Me encanta cambiar y creo que eso es importante para los cantantes. En general, no tengo nada en contra de los montajes modernos, pero no me gustan las incongruencias, es decir aspectos que no tengan que que ver con lo que quiso decir el compositor. Es mi opinión que este montaje es muy inteligente. Bajo el perfil estético, no me parece ni bueno ni malo: es simplemente lo que es. Es un hecho artístico que considero muy interesante y muy bien meditado, y que me hizo reflexionar mucho sobre mi interpretación. Yo intento mejorar cada vez que interpreto un rol, así que mi manera de cantar también se modifica. Sigo estudiando y escucho a mi maestra, Raina Kabaivanska, que me ayuda en mi crecimiento. Nuestra carrera para mí es parecida a la de un deportista, un tenista por ejemplo, que tiene un coach, que lo sigue, le pone límites y  la da sugerencias algo fundamentales para no perderse. Nosotros los artistas, al ser tan receptivos, podemos recibir muchas sugerencias que nos parecen útiles y nos pueden gustar muchas cosas diferentes, pero al fin tenemos que entender lo que es adecuado, o no lo es, para nuestra voz. Por eso es necesario que nos cuide alguien que nos conozca y conozca nuestra voz muy bien. Yo tengo mucha suerte en tener a Raina Kabaivanska.

Volvemos a tu rol protagonista en estos días ¿Crees que Amelia sea un personaje actual?

Estoy convencida que sí. Ella es una mujer, y una esposa, que se puede ver bajo muchos aspectos. Quizás vive encerrada en su casa y se enamora del jefe de su marido, que es un seductor, un narciso, pero también un sueño que no habría tenido al no encontrarlo. Por otro lado, es verdad que en el presente, una mujer no aceptaría ser asesinada, pero el “morrò” (morir) de Amelia se puede entender en un sentido espiritual. Lo que ella acepta es su muerte en cuanto mujer, el fin de sus deseos, de su vida interior y eso sí, creo que aún podría pasar.

¿Hay alguna heroína de Verdi que te gusta más o que te gustaría interpretar?

En realidad, yo me identifico mucho con el personaje que estoy interpretando y lo sostengo tanto que no pienso en otros. Igual puedo decir que en general me gustan las mujeres fuertes y no tanto las que lloran desde el principio hasta el final, cómo Mimí. Las heroínas de Verdi sin dudas tienen más personalidad y más fuerza. Amelia, por ejemplo, acepta su destino, pero es ella quien lo avisa a Riccardo de la conspiración, lo va a buscar e insiste en que se ponga a salvo. De todas formas, yo no juzgo a ningún personaje. Cada uno tiene una razón para ser lo que es.  Por ejemplo me gustó mucho interpretar Abigaile de Nabucco, que lucha todo el tiempo, aunque que al fin se redima. Lo que es increíble en ella es el furor que su amor le ocasiona. Para prepararme para el rol de Abigaile, me fijé en los roles que había interpretado antes. Ya había hecho las tres óperas de Mozart con libretto de Da Ponte y se me ocurrió que el rol más parecido bajo el perfil vocal era el de Fiordiligi, debido a su determinación y a la coloratura vocal, dos características que me encantan.

A parte la ópera te dedicas mucho a la difusión de la zarzuela ¿Quieres hablar de eso?

Con gusto, porqué hace tiempo que tengo el deseo de cantar una zarzuela entera, pero hasta hoy no lo logré. Soy argentina, pero mi corazón está en España (a parte por mi compañero, que es italiano) y mi mente en Italia. Sea como sea, me siento española, quizás aún porque mi bisabuela era asturiana. Placido Domingo me hizo conocer la zarzuela. Ya canté muchas arias, que siento muy cercanas a mi alma y porqué me permiten cantar en mi lengua. Espero que surja pronto algún proyecto de realizar una zarzuela entera, aunque entiendo que, al tener una parte hablada tan amplia, se prefieren cantantes de España, por lo menos por un tema de acento.

La zarzuela no es tan conocida fuera de España ¿Crees que tenga un futuro y que le pueda interesar a las nuevas generaciones?

Creo que sí. Sin embargo, hay un problema muy grande, es decir encontrar partituras fuera de España. Hice conciertos de zarzuela en Argentina,  y tuve que llevar conmigo las partituras,  además que me encargué de que fueran transcritas para cada instrumento. Es verdad que es un género típicamente español y con muchos diálogos, más que en la operetta. Igual con Placido Domingo hacemos conciertos desde hace catorce años, y en la primera parte presentamos arias de óperas, mientras que en la segunda proponemos otro tipo de música, zarzuela incluida, y a la gente le gusta muchísimo.

¿Qué te ha dado en especial esta colaboración con Placido Domingo?

Gracias a Domingo aprendí a cantar géneros diferentes de la ópera. Por ejemplo canto piezas de musicales, ya que cómo comentaba en la segunda parte de nuestros conciertos y en los bis presentamos un repertorio – musical, tango y otras canciones - que le pueden gustar también a quienes no sean aficionados a la ópera. Así aprendí a ser muy versátil  y a poner algo más en mis interpretaciones de ópera. Creo que todo lo que uno hace y vive agrega algo a su trabajo, si se sabe cómo dirigirlo. Te pongo un ejemplo. En los conciertos con Domingo se usa el micrófono y por lo tanto tuve que aprender a cantar así y a hacer “pianos” que propongo también en teatro. Todo sirve y, ante todo, no considero que haya géneros menores. Pero lo más importante es que me divierto, mucho. Para quien no se divierta, esta carrera puede ser un suplicio, porque los sacrificios que hay que hacer son muchos. Un cantante lírico no se queda nunca en el mismo lugar y no puede tener un ritmo de vida regular. No quiero decir que esta vida sea mejor o peor que otras, solamente que es diferente. La pasión y la diversión son fundamentales. Para mí la pasión se concreta en lograr decir algo que toca a la gente en su alma, en comunicar un sentimiento que suscita una emoción.

En Argentina hay muchos cantantes líricos jóvenes de muy buen nivel. Ya siendo un punto de referencia, qué piensas haya acercado tantos jóvenes a la ópera?

 Cuando el Teatro Colón estuvo cerrado por obras de refacción, (ndr: de 2006 a 2010), en Buenos Aires surgieron compañías que presentaban sus propios montajes, más económicos, en el Teatro Avenida, en los que participaban cantantes argentinos jóvenes. Yo también inicié allí. Con Ana D’Anna hemos realizado la primera ópera con estas características, “Il Barbiere di Siviglia”, haciendo largos ensayos en su casa. Al principio no era diferente a frecuentar una clase, pero luego este fenómeno explotó. Aparecieron propuestas muy interesantes e inteligentes, porque las compañías tenían que realizar óperas con presupuestos mínimos y por eso lo más importante era la idea que se mostraba y no la magnificencia de la escenografía, que era imposible. Asimismo en el trabajo del cantante contaba mucho su preparación en actuación, su capacidad de crear el personaje. Todo eso ha producido un movimiento muy interesante y ha atraído un público distinto y más joven el del Colón. De aquí nació la ola de los nuevos cantantes que hoy se encuentran en Argentina. Después que el Colón reabrió, estas compañías siguen haciendo producciones con su propia marca y estilo, y presentan cada temporada cuatro o cinco óperas a las que asisten también muchos críticos.

Para concluir esta charla. ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Después de Bolonia, voy a seguir con “Un ballo in maschera” en Palermo, luego en febrero estaré cantando “Ernani” en Florencia por las celebraciones de la transferencia de la capital de Italia de Torino a esa ciudad. Sucesivamente, en julio, estaré debutando en el “Don Carlo” en Madrid, en el Escorial, y después en I Due Foscari” en Marsella,  con Leo Nucci. Continuaré con este repertorio en Sao Pablo y en Lieja, también con “Nabucco”, así que estaré interpretando roles a los que creo que puedo dar tanto todavía. Sigue también mi colaboración con Placido Domingo, que es siempre muy  activa.


Gracias a Virginia Tola. 

“La mia carriera l’ho costruita sul palcoscenico” - Intervista a Virginia Tola


Ci incontriamo con Virginia Tola nel pomeriggio, vicino a un bar in piazza Verdi, di fronte al Teatro Comunale di Bologna. Ci troviamo nel centro storico della città e nel cuore della zona universitaria, piena di giovani, di confusione e di rumori. Virginia sembra trovarsi a suo agio in questo luogo, tanto che potrebbe confondersi con gli studenti che si ritrovano nella piazza. La nostra chiacchierata inizia con grande naturalezza ancor prima di entrare nel bar e prosegue accompagnata da cappuccino e brioche, la tipica prima colazione italiana, posticipata di circa dieci ore. Vita da artista.

Anna Galletti 

Virginia, come ti sei avvicinata al canto?

Ho deciso che volevo essere una cantante quando avevo quattro anni, ma naturalmente a quell’età non sapevo che genere di cantante. La mia famiglia non viene dal mondo dell’opera. Inoltre, nella mia città, Santo Tomé, nella provincia argentina di Santa Fe, c’è un teatro bellissimo, costruito, come tutti i teatri dell’Argentina, dagli italiani emigrati, ma che non ha una stagione d’opera. Da piccola ho studiato pianoforte, flauto, danza classica. Poi un giorno ho avuto l’occasione di sentire un coro, me ne sono innamorata, ho lasciato tutte le altre attività e ho detto a mia madre che volevo cantare. Così ho iniziato a cantare in un coro a otto anni e sono rimasta fino a quando ne avevo quasi diciannove. All’inizio cantavo come contralto, perché avevo delle belle note gravi. A dodici anni sono diventata la solista del coro e cantavo anche come soprano. Quando avevo 16 anni, la mia maestra mi propose di fare un’audizione per interpretare una delle fate nell’Opera Hansel e Gretel, un progetto in cui era coinvolto il coro e che si doveva realizzare con la compagnia del Teatro Colón. Per tutti noi era, naturalmente, un evento molto importante, e per me il progetto della mia vita. Quando ho fatto l’audizione mi hanno presa subito ed è stato così che ho debuttato come solista in una opera. Nel frattempo avevo iniziato a prendere anche lezioni di canto con una maestra della mia città e avevo già deciso che questa sarebbe stata la mia vita.

Quindi avevi già preso questa decisione ancora prima di essere coinvolta in Hansel e Gretel. Come eri venuta a contatto con l’opera prima di quel momento, considerato che nella tua città, come dicevi, non c’era una stagione operistica?

VT. - Mi sono innamorata dell’opera quando ho visto un video di Carmen Placido Domingo e ho capito che l’opera era teatro cantato. In quel momento ho deciso che tipo di cantante volevo essere, ovvero una cantante che racconta una storia, che trasmette un personaggio. Ho capito che non volevo essere una cantante popolare, non perché sia meno importante, ma perché ciò che mi interessava davvero era interpretare un ruolo, immedesimarmi nel personaggio ed essere un’altra persona per la durata dell’opera. Questa è diventata la passione della mia vita e da quel momento non mi sono più fermata. A diciannove anni ho iniziato a frequentare la scuola del Teatro Colón. Ero la più giovane, perché tutti prima facevano il Conservatorio e poi iniziavano la scuola, mentre io non avevo fatto questo percorso. Ho frequentato la scuola del teatro per quattro anni. L’ultimo anno l’Ambasciata argentina in Norvegia, che era molto attiva e che conosceva già la mia attività presso la scuola, venne a propormi di partecipare al concorso della Regina Sonja. Io avevo molta paura perché avevo solo 23 anni e fino a quel momento non ero mai uscita dall’Argentina. Inoltre il programma era molto ampio e difficile, con alcune scelte obbligatorie; ad esempio, si doveva cantare qualcosa di Grieg. Ho deciso di tentare, perché c’era una giuria davvero impressionante e volevo che gli artisti che ne erano parte mi dicessero cosa pensavano della mia voce, perché ero convinta di voler fare questa carriera e di essere nata per questo. E poi ho vinto il concorso! In occasione di questo concorso ho conosciuto Frederica Von Stade, la quale mi ha presentato a Placido Domingo, che a sua volta mi ha invitata a partecipare a Operalia, il suo concorso, che ho vinto. Era l’anno 2000. Tutto questo mi successe quando ero ancora una bambina, perché a ventitre-ventiquattro anni uno non sa ancora niente. Non avevo esperienza, non sapevo parlare né italiano né inglese e non conoscevo nemmeno un’opera completa, a parte forse Bohéme.

E’ facile pensare che, nonostante fossi ancora così giovane, vincere questi importanti concorsi abbia dato una svolta alla tua carriera. Che cosa è avvenuto dopo le tue vittorie al concorso “Regina Sonjia e a “Operalia”?

VT. - Dopo che ho vinto questi concorsi mi sono arrivate molte proposte interessanti, come cantare a Washington, Los Angeles, Madrid, Roma, che accettavo sempre. Nei primi anni, inoltre, ero molto spesso in Norvegia. Insomma, ho lasciato che le cose avvenissero. La mia maestra di canto mi seguiva molto, però posso dire che la mia carriera l’ho costruita sul palcoscenico, a volte sbagliando, o facendo cose per le quali non mi sentivo del tutto sicura. Oggi, invece, mi sento nel mio momento più maturo, perché finalmente sto facendo anche il repertorio che ho sempre sentito come mio. Certamente non potevo farlo a ventitre anni, perché non avevo la maturità per interpretare ruoli drammatici. Per questo per dieci anni ho fatto soltanto  ruoli lirici, anche con coloritura, cantando Mozart e Puccini. Adesso, da quando mi segue Raina Kabaivanska, con la quale lavoro da due anni e mezzo, sto affrontando anche questo diverso repertorio, e finalmente sento che sono nel posto in cui posso esprimermi meglio.

Si può dire che il tuo “grande debutto” sia avvenuto al Teatro Colón, quindi in uno dei templi della lirica e nel tuo Paese. Che ricordi hai di quella esperienza?

VT. – I miei ricordi del teatro Colón in realtà risalgono a quando ho iniziato a frequentare la sua scuola, che oggi è esterna al teatro, mentre ai miei tempi era all’interno. Era un’ottima scuola ed aveva lo scopo diretto di formare un cantante e non, ad esempio, un professore di canto. Si doveva cantare in quattro o cinque lingue, si prendevano lezioni di espressione corporale, di repertorio, di canto in ensemble. Noi allievi potevamo vedere cosa succedeva sul palcoscenico, anche se lo facevamo di nascosto perché in realtà non ci era permesso assistere alle prove. Indubbiamente questo era un grande stimolo a studiare, a prepararci per trovarci anche noi un giorno su quel palcoscenico. E il giorno in cui questa opportunità arriva è un momento speciale e bellissimo. Inoltre quel teatro è meraviglioso, è grandissimo e nascere artisticamente in un teatro di quelle dimensioni fa sì che non si abbia paura di cantare in Europa, dove i teatri sono molto più piccoli. Il Colón ha anche un’acustica bellissima e un’energia molto particolare. Gli anni d’oro dell’opera sono stati anche gli anni d’oro del Colón. Tutti i cantanti più famosi sono stati lì, anche perché in quel periodo in Sud America c’era ricchezza, visto che non ha vissuto il dopoguerra. Ritengo che il teatro senza gli artisti, senza una storia, non esista. Credo nell’energia delle persone e del fatto artistico, che rimane nei luoghi in cui si esprime. Va benissimo che si costruiscano teatri, ma poi si devono riempire di arte, di recite, di pubblico. Tutti lasciano la propria traccia e nel Colón si sente in maniera particolare.

Facciamo un salto in avanti e veniamo al presente, per parlare del personaggio che ti vede protagonista qui a Bologna. Di recente hai cantato Amelia all’Arena di Verona, ma in un allestimento molto diverso da quello in cui “Un ballo in maschera” viene presentato qui. Come incide la differenza di regia sulla tua interpretazione?

Quello dell’Arena di Verona era un allestimento tradizionale. In ogni caso, questa è la mia quinta produzione di “Un ballo in maschera” e la seconda in chiave moderna; infatti anche l’anno scorso, al Colón, ho interpretato Amelia in una produzione de La Fura dels Baus. Mi piace molto cambiare e credo che per un cantante sia importante. Non sono contro le produzioni moderne, ma non mi piacciono le incongruenze, ovvero la presenza di aspetti che non si sposino con quanto ha scritto il compositore. A mio parere questa produzione è molto intelligente. Sul piano estetico, non la trovo né bella né brutta: è semplicemente ciò che è. E’ un fatto artistico che trovo molto interessante e molto ben pensato e che mi ha fatto pensare molto alla mia interpretazione. Io cerco di crescere ogni volta che interpeto un ruolo e anche il mio modo di cantare cambia. Continuo a studiare e ascolto la mia maestra, Raina Kabaivanska, che mi aiuta in questo percorso. Credo che la nostra carriera sia simile a quella di uno sportivo, ad esempio di un tennista. Avere un coach, che ti segue, ti pone dei limiti e ti dà indicazioni, è fondamentale per non perdersi. Noi artisti siamo molto ricettivi e possiamo trovare utili molti suggerimenti, o possono piacerci molte cose, però poi dobbiamo essere in grado di capire quali sono quelle adatte, oppure no, alla nostra voce. Per questo è necessario essere seguiti da una persona che ci conosce bene e che conosca la nostra voce. Per me essere seguita da Raina Kabaivanska è una grandissima fortuna.

Tornando al ruolo di cui se protagonista in questi giorni, pensi che esisterebbe una Amelia al giorno d’oggi?

Sono convinta di sì. Lei è una moglie che si può vedere in mille modi. Forse vive chiusa in casa e si innamora del capo del marito, che è un seduttore, un narciso, e vede in lui un sogno che forse non avrebbe nemmeno potuto immaginare se non incontrando un uomo così.  D’altro canto, è vero che oggi nessuna donna accetterebbe di essere uccisa, però il “morrò” di Amelia si può interpretare in un senso spirituale. Ciò che lei accetta può essere la sua morte come donna, la fine dei suoi desideri, della sua vita interiore. E questo sì, credo che possa ancora  succedere.

C’è una protagonista di Verdi che ti piace più di altre che ti piace più di altre o che ti piace di più interpretare?

In realtà, io mi identifico molto con il personaggio che sto interpretando e lo difendo così tanto che non penso ad altri. Comunque posso dire che, in generale, mi piacciono di più le donne che hanno forza, mentre non amo le donne che piangono dall’inizio alla fine, come Mimì. Le eroine verdiane senz’altro hanno più personalità e più forza. Amelia, per esempio, accetta il suo destino, ma poi è lei che avvisa Riccardo del complotto, lo cerca e insiste affinché si salvi. In ogni caso, non giudico nessun personaggio, perché ognuno ha una sua ragione per essere come è. Ad esempio mi è piaciuto molto fare Abigaile del Nabucco, che lotta fino alla fine, anche se poi si redime. Ciò che è incredibile in lei è la furia che il suo amore le provoca. Per prepararmi al ruolo di Abigaile ho pensato quale fosse il ruolo che avevo già interpretato che le fosse più vicino localmente. Avevo già cantato nelle tre opere di Mozart su libretto di Da Ponte e mi sono resa conto che era quello di Fiordiligi, per la grinta e per la coloritura vocale, due caratteristiche che mi piacciono molto.

Al di fuori dell’opera lirica, sei molto attiva nella diffusione della zarzuela. Me ne vuoi parlare?

Ne parlo volentieri, anche perché tra i miei desideri c’è quello di riuscire a cantare una zarzuela intera, cosa che finora non sono mai riuscita a fare. Io sono Argentina, ma ho il cuore in Spagna (e un po’ in Italia, per via del mio compagno) e la mente in Italia. Comunque mi sento spagnola forse anche perché la mia bisnonna era asturiana. Ho conosciuto la zarzuela grazie a Placido Domingo; sino ad ora ho cantato tante arie e le sento molto vicine, anche perché mi danno la possibilità di cantare nella mia lingua. Spero che nasca presto il progetto di fare un’intera zarzuela, però capisco che, avendo nella sua struttura una parte molto ampia di parlato, è più accessibile ai cantanti spagnoli che non a un cantante straniero che, anche se madrelingua, ha un accento diverso.

La zarzuela al di fuori della Spagna non è tanto conosciuta. A tuo parere è un genere che ha un futuro, che può interessare ai giovani?

Sono convinta di sì, anche se c’è un grosso problema ed è che al di fuori della Spagna difficilmente si trovano spartiti. Ho fatto dei concerti di zarzuela in Argentina, ma ho dovuto portare io gli spartiti, così come ho dovuto farli trascrivere per ogni strumento. In ogni caso è vero che è un genere prettamente spagnolo e con molto parlato, molto più che nell’operetta. Con Placido Domingo, tuttavia, faccio concerti da quattordici anni. Nella prima parte presentiamo brani operistici, poi nella seconda proponiamo un altro tipo di musica, compresa la zarzuela, e ti assicuro cha alla gente piace tantissimo.

Cosa ti ha dato in particolare questa collaborazione con Placido Domingo?

Grazie a Domingo ho imparato a cantare anche generi musicali diversi dall’opera. Ad esempio, canto brani dei musicals, perché come ti dicevo nella seconda parte seconda parte e nei bis dei concerti presentiamo un repertorio che può piacere anche a chi non è amante dell’opera, come musical, tango e altre canzoni. Questo mi ha dato la possibilità di essere molto versatile e mi ha dato un plus anche nelle interpretazioni operistiche. Penso, infatti, che tutto quello che una persona fa e vive aggiunga sempre qualcosa al suo lavoro, se sa come direzionarlo. Faccio un esempio. Nei concerti con Domingo si usa il microfono e quindi ho dovuto imparare a cantare anche così. Questo mi ha insegnato a fare dei piani che ripropongo anche in teatro. Tutto serve e, soprattutto, non ci sono generi minori. E poi la cosa principale è che mi diverto, tantissimo! Se non ti diverti questa carriera può essere una tortura, perché i sacrifici sono tanti. Un cantante lirico non è mai fermo nello stesso posto e non può avere ritmi di vita regolari. Non voglio dire che questa vita sia migliore o peggiore di altre, è semplicemente diversa. La passione e il divertimento sono fondamentali. Per me la passione si concretizza nel riuscire a dire qualcosa che tocca le persone nel profondo, nel comunicare un sentimento che suscita emozione.

In Argentina in questo momento ci sono tanti giovani cantanti lirici di alto livello. Tu ormai sei un punto di riferimento, ma cosa ritieni che abbia avvicinato tanti giovani alla lirica?

Quando il Colon è stato chiuso per lavori di ristrutturazione (ndr: dal 2006 al 2010), a Buenos Aires  sono nate delle compagnie che presentavano le proprie produzioni, di minor costo, nel teatro Avenida, con cantanti argentini giovani. Anch’io ho incominciato lì. Con Ana D’Anna abbiamo presentato la prima opera con queste caratteristiche, “Il Barbiere di Siviglia”, con lunghe prove a casa sua. All’inizio era come frequentare un corso, ma poi questo fenomeno è esploso. C’erano proposte molto importanti e intelligenti, perché le compagnie realizzavano opere con budget ridotti, dove importava di più, ad esempio, l’idea che c’era alla base di una regia piuttosto che la grandiosità di una scenografia, che non poteva esserci. Analogamente nel lavoro del cantante contava molto anche la sua interpretazione come attore, la sua preparazione artistica nel creare il personaggio. Questo ha creato un movimento molto bello e ha attratto un pubblico diverso da quello del Colón, molto più giovane. Da qui l’onda dei nuovi cantanti che sono oggi presenti nel panorama operistico argentino. Adesso che il Colón ha riaperto,  queste compagnie continuano a fare produzioni con il proprio marchio, con il proprio stile, presentando stagioni di 4-5 opere alle quali assistono anche molti critici.

Per finire, ci parli dei tuoi progetti futuri?

Dopo Bologna, continuerò con “Un ballo in maschera” a Palermo, poi il 3 febbraio canterò “Ernani” a Firenze, in occasione dell’anniversario del trasferimento della capitale di Italia da Torino a Firenze. Successivamente, il luglio, debutterò nel “Don Carlo” all’Escorial di Madrid, e poi ancora nei “Due Foscari” a Marsiglia con Leo Nucci. Continuerò poi con questo repertorio a San Paolo e a Liegi, dove porterò anche il “Nabucco”. Continuo insomma ad interpretare ruoli a cui credo di poter dare ancora tanto. Proseguirà anche la mia collaborazione con Placido Domingo, sempre molto intensa.

Grazie a Virginia Tola.


Entrevista con la soprano mexicana María Katzarava

En el Teatro Manzoni de Bolonia el 29 de marzo se ha presentado el concierto, dirigido por Michele Mariotti, que ha incluido música de Brahams, de Schubert, y los “Vier letzte lieder” (Cuatro últimas canciones) de Richard Strauss por soprano y orquesta. Con la ocasión hemos podido dialogar con María Katzarava, que ha ofrecido al público presente una soberbia interpretación del los lieder de Strauss. Joven soprano de México, ya ganadora de dos premios en Operalia 2008 y luego inmediatamente proyectada en los más importantes teatros del mundo, María se revela no solamente una cantante de indubitable talento, pero también una persona de gran sensibilidad y empatía. 

Anna Galletti


María, tu perteneces al mundo de la ópera a nivel internacional desde hace pocos años, pero la música y el canto hacen parte de tu vida desde siempre. Se puede decir que naciste por eso?

Yo vengo de una familia de profesión musical desde hace cinco generaciones, por lo cual me heredaron la música por naturaleza y comencé mis estudios serios de violín a la edad de tres años y en conjunto con el piano. Durante quince años el violín fue mi carrera hasta que descubrí el canto a la edad de doce años y como a mí me gustaba mucho cantar, decidí hacer un cambio total de instrumento y comencé mis estudios vocales a los quince años en México.

La carrera de un artista se construye básicamente sobre su talento, pero además hay otros factores imprescindibles, por ejemplo los encuentros que se hacen. Hay una o más personas que ha o han sido de particular relevancia en tu camino profesional?

Sin duda en el paso de mi carrera he encontrado a personas imprescindibles, desde la primera persona- además de mis padres de quienes tuve el apoyo incondicional- que creyó en mí y apostó por mi carrera no habiendo yo hecho nada aún pues era muy joven. Se trata primeramente de María Luisa Chávez, y posteriormente tuve encuentros profesionales claves que me fueron cambiando el concepto del canto y de la vida. Me refiero, por ejemplo, al maestro Plácido Domingo, quien apoyó mis inicios de carrera, y hoy en día la legendaria soprano Mirella Freni con quien perfecciono mi canto y mi repertorio. Ella es, asimismo, la cantante que más admiro y me siento profundamente afortunada de poder tener este encuentro con dicha leyenda de la ópera.

Tu le das mucha importancia a las personas también bajo otro perfil. Estás muy comprometida con temas sociales, apoyando la Fundación de Andrea Bocelli y además armando proyectos para ayudar a los más desafortunados. Quieres hablar de este tema?

Para mí es indispensable ayudar a las personas más necesitadas en diferentes sectores través de mi voz y de lo que yo sé hacer. Me interesa mucho apoyar a niños y niñas que no cuentan con los medios para tener acceso a la educación musical y a fundaciones que buscan apoyar a personas con capacidades diferentes. Suelo hacer muchos conciertos de beneficencia para poder contribuir a estas causas sociales. Es muy importante dar y ser generosa con la vida que me ha dado tanto y es imprescindible para mí regresarlo de esta manera. El gran tenor Andrea Bocelli me ha dado el espacio de acercarme a su fundación (N.d.R.: ABF – Andrea Bocelli Foundation) de apoyo a personas invidentes. Me siento honrada de poder ser parte de su causa social aunque sea poniendo mi pequeño grano de arena. En otro aspecto, me encuentro buscando apoyo junto con un grupo de amistades amantes de la ópera que quieren relanzar el turismo en Baja California Sur, después del devastamiento causado por el Huracán Odile hace unos meses. En fin, cualquier tema de ayuda social, en México o en donde se requiera, es siempre bienvenido y buscado por mí y el gran equipo que me apoya.

Se que también tienes otra misión social, es decir impulsar a las y los jóvenes talentos que cultivan el sueño de hacer parte del mundo de la ópera. Cuáles son tus proyectos en este ámbito?

Estoy comprometida con los y las jóvenes mexicanas para poder ayudarles a completar sus estudios de canto y ser una guía en esta carrera que es sumamente difícil. En ocasiones me he topado con adolescentes soñadores que no cuentan con el apoyo de sus propias familias, en muchas otras me he encontrado con jóvenes que no cuentan con apoyos económicos y temo que en general existe un alto grado de desinterés hacia la cultura y hacia la creación y explotación del enorme talento que existe tanto en Latinoamérica como en muchos países en vías de desarrollo. Es por todo esto que he visto y por mi afortunada vida que me siento comprometida a ayudar a todas estas personas que no cuentan con recursos humanos y económicos desde mi trinchera. Siempre que hay un espacio o invitación disfruto dar clases magistrales en universidades o escuelas de música. Me gusta particulamente cuando las y los jóvenes se acercan a mí a pedirme ayuda, consejos, clases, en fin, cualquier pequeña aportación que yo pueda darles - por supuesto sin remuneración alguna- me enaltece el alma y me retribuye además de otras maneras.

Cuál es tu agenda en 2015? Es verdad que este año te veremos protagonista de dos grabaciones de muy alto nivel?

Este año, además de haber debutado con el gran director Michele Mariotti, debutaré en el Teatro Carlo Felice di Genova con la Ópera de Carmen, posteriormente debutaré en la Ópera de Roma con la Liù en Turandot, en la Ópera de Oviedo con Il duca d'Alba, volveré a Bologna para un título más, y haré mi primer grabación bajo la dirección de Zubin Mehta y alternando con Andrea Bocelli. Asimismo, este año tengo el sueño de grabar mi primer disco como solista con la Orquesta de Kaunas -la cual ha sido nominada al Grammy- proyecto que será elaborado bajo la dirección musical de Constantin Orbelian.

El público en general y tus fans, que son cada vez más, de qué manera podrán estar al tanto de tus proyectos y de tu agenda? 

En realidad hoy en día es muy fácil acompañarme en mis presentaciones y planes futuros. Tengo una cuenta de fans en la muy conocida red social 'facebook', también tengo una cuenta en 'twitter', y en un par de semanas estaremos lanzando mi nueva página oficial bajo mi nombre en la que podrán conocer mi calendario, escuchar fragmentos de mis presentaciones, y leer un poco acerca del desarrollo de mi carrera profesional y algo más.Todo esto es gracias al trabajo de meses de mi agencia de publicidad en México y a la red de personas que han creído y creen en mi trabajo y que se han dado a la tarea de impulsarme y ayudarme a hacer mis sueños realidad. Aprovecho este espacio también para agradecer a personas que trabajan en la labor de la crítica y reseña de mis actividades, ya que son éstas las que asimismo me apoyan en alto grado para difundir mi arte.

Muchas gracias a María Katzarava 

El Barbero de Sevilla en Toronto

Fotos crédito: Michael Cooper

Giuliana Dal Piaz
Está caracterizada por el humorismo y una decoración minimalista la producción de Il Barbiere di Siviglia (El Barbero de Sevilla) de Rossini que presenta la Canadian Opera Company con el colectivo teatral catalán Els Comediants, en coproducción con Houston Grand Opera, la Opéra National de Bordeaux yOpera Australia. Giovanni Paisiello ya había estrenado en San Petroburgo (1782) la ópera Il Barbiere di Siviglia ovvero La precauzione inutile, basada en la homónima comedia de Pierre Beaumarchais, y la había sucesivamente llevado con gran éxito en los teatros de varias ciudades europeas. Para su propia versión de la misma obra teatral, Gioacchino Rossini encargó un nuevo libreto a Cesare Sterbini y la estrenó en Roma en 1816 con el título Almaviva. El estreno fue sumamente desafortunado, tanto por una serie de inconvenientes técnicos como por la protesta de los seguidores de Paisiello. En pocos días, sin embargo, la ópera registró un éxito tan grande que Rossini se animó a cambiarle el título a Il Barbiere di Siviglia, y con el tiempo la homónima ópera de Paisiello dejó de ser representada. Alardeaba el compositor de haber musicado la obra en menos de dos semanas. Lo hizo seguramente en un tiempo muy corto porque Rossini acostumbraba componer con pasión y rapidez. Es por cierto la ‘ópera bufa’ más representada en los teatros del mundo entero. Como menciona el director de escena Joan Font en sus notas de presentación, es reconocible en la pieza la influencia de la Comedia del Arte que en el siglo XVIII era casi sinónimo de teatro italiano. Los personajes recuerdan efectivamente las máscaras de la Comedia: Fígaro es casi un Arlequín, ingenioso y sin escrúpulos, que por amor al dinero confabula con el Conde de Almaviva, pretendiente en incógnito a la mano de Rosina, y lo ayuda a burlarse del viejo Doctor Bártolo, un Pantalón andaluz avaro y tiránico. Éste quiere casarse con su ahijada Rosina para apoderarse de su dote, pero ella se ha enamorado del joven y apuesto Conde y por él está dispuesta a utilizar todo su ingenio femenino y su capacidad de decepción. Completan el panorama de la comedia Don Basilio, maestro de música –entre otros oficios, no todos honorables–, los sirvientes Berta y Ambrosio y el oficial de la guarnición, que dos veces interviene para arrestar al Conde por turbación del orden público y luego renuncia descubriendo tratarse de un noble. La coreografía de Xevi Dorca devuelve al Barbiere el elemento de farsa descuidado en la gran mayoría de las puestas en escena tradicionales: Almaviva no es simplemente el galán lánguido que gorjea y suspira sus arias de amor, sino un personaje con bastante fuerza cómica; el mezquino Bártolo se presta al ridículo implícito en su papel; los sirvientes atienden a sus faenas; músicos y artesanos pueblan las calles de Sevilla; una anónima dama española, de negro con mantilla, se mueve subrepticiamente por el escenario, ahora se sienta en una esquina a bordar, ahora se levanta para acercarse al piano o a los demás personajes, y le da sorbos contínuos a una licorera. Los actores se mueven por el escenario como los integrantes de una obra coral, en la atmósfera de un fresco popular de Goya. En medio de una escenografía integrada por estructuras geométricas esenciales y juegos de siluetas negras en transparencia, se mueven tanto los cantantes como los figurantes, con trajes y tocados que son, en cambio, de lo más colorido y estravagante (escenas y vestuario de Joan Guillén). 
Resulta muy original y divertido el uso de algunos elementos de escenografía de inspiración casi cubista: la guitarra gigante sobre la que se trepa Almaviva para su serenata y el enorme piano rosa que domina la escena en la casa de Bártolo, volviéndose por momentos mesa, aparador y hasta cama, mientras que el gran candelabro que baja y permanece precariamente suspendido sobre el escenario sirve de insólito trapecio para uno de los actores.La iluminación de Albert Faura enfatiza los cambios de escena y de tiempo, tanto horario como metereológico: el árbol detrás del ventanal y el ventanal mismo cambian de color con el día y la noche, con el sol o con los relámpagos de la tormenta que dificulta la fuga nocturna de los jóvenes enamorados. En comparación con la belleza y la innovación de la puesta en escena, la prestación de los cantantes no es extraordinaria. La voz de la mezzo-soprano Serena Malfi tiene una excelente coloritura, dándole a Rosina toda la gracia, la fuerza y la malicia necesarias al papel. El Conde de Almaviva, Alek Shrader, tiene muy buena voz, agilidad de movimientos en tono con la atmósfera general del montaje y una capacidad de actor cómico muy apreciable. En cambio a Fígaro, interpretado por el tenor Joshua Hopkins, le falta voz y una fuerte presencia escénica así como resulta débil la voz del Doctor Bártolo, el barítono Renato Girolami. El bajo Robert Gleadow es un Don Basilio adecuado pero no excepcional. La orquestación es excelente, con la orquesta de la Canadian Opera Company dirigida por el escocés Rory MacDonald, uno de los extraordinarios jóvenes directores que se vienen asomando al escenario sinfónico contemporáneo. Especialmente eficaces los vientos, oboes y clarinetes, que destacan en la famosa ouverture. En conjunto un espectáculo de alto nivel y gran atractivo. Las funciones de Il Barbiere previstas en el mes de Mayo (del 9 al 21) verán los intérpretes de Almaviva, Rosina, Doctor Bártolo y Don Basilio reemplazados por otros cantantes internacionales, Bogdan Mihai, Cecelia Hall, Nikolay Didenko y Burak Bilgili respectivamente.