lunes, 7 de julio de 2014

Plácido Domingo ofrece una noche triunfal junto a Verónica Villarroel en el Movistar Arena de Chile

Santiago. Johnny Teperman A. 

El famoso tenor español Plácido Domingo, una figura sobresaliente de la lírica mundial, ofreció un triunfal concierto gratuito ante 12 mil personas en el Movistar Arena de Santiago, en el cual tuvo como acompañante a la gran soprano nacional Verónica Villarroel, quien también cumplió una esplendorosa presentación. En la oportunidad, el popular cantante de reconocida fama mundial contó con la participación de la Orquesta Filarmónica de Santiago conducida por el maestro estadounidense Eugene Kohn y, junto a sus acompañantes, brindaron una seleccionada programación compuesta por arias líricas, temas de zarzuelas y clásicos de la música popular latinoamericana. En la parte culminante de la presentación, Plácido Domingo ofreció varias sorpresas que aportaron positivamente al total éxito de la programación de una noche espectacular, como fueron la presencia de la bailarina española Nuria Pomares y la cantante lírica rusa Julia Novikova. El gran cantante también mostró, por primera vez en Chile, su faceta de director orquestal, conduciendo a la Filarmónica de Santiago en un trozo de la zarzuela "El tambor de granaderos" y completó su actuación cantando al más puro estilo de charro mexicano,  junto a un grupo de mariachis el tema "Sigo siendo el rey", que fue coreado por todos los asistentes. Como despedida Plácido Domingo cantó "Granada", el inmortal tema de Agustín Lara y recibió, junto a sus acompañantes, una cerrada ovación final de los asistentes.

jueves, 3 de julio de 2014

Tosca de Puccini de presentará en el Teatro del Bicentenario de León, México


Domingo 10 de agosto / 18:00 horas

Miércoles 13 de agosto / 20:00 horas

Sábado 16 de agosto / 19:00 horas

http://teatrodelbicentenario.com 

Opera en tres actos con música de Giacomo Puccini (1858-1924) y libre de Luigi Illica (1857 -1919) y Giuseppe Giacosa (1847-1906) basado en el drama La Tosca, de Victorien Sardou. Estreno en el Teatro Costanzi de Roma el 14 de enero de 1900.

El idilio de los amantes Floria Tosca y Mario Cavaradossi pervive en medio de la opresión y la agitación política de la Italia de Moussolini. Estos intentan ayudar a Angelotti, preso político que se ha fugado de la prisión pero todos son descubiertos por el oscuro jefe de la policía el Barón Scarpia, dando pie a un dramático desenlace.

Tosca es considerada una de las  ooperas mas celebres de todos los tiempos por su intensidad dramática y  por la belleza de su música. En ella se entremezclan intensos momentos de amor, pasión y poder. Junto a Madama Butterfly y La Boheme, integra el trio de operas mas conocidas de Puccini.

Nueva producción del Teatro del Bicentenario

Violeta Davalos  Floria Tosca
Andeka Gorrotxategui Mario Cavaradossi
Ruben Amoretti Barón Scarpia
Enrique Órnelas Cesare Angelotti
Orlando Pineda Spoletta
Charles Oppenheim Sacristán
Jehu Sánchez Sciarrone
Jonathan Martínez Carcelero

Carolina Torres Pastorcillo

Orquesta y Coro del Teatro del Bicentenario
Coros del Valle de Señora

Marco Boemi dirección musical
Enrique Singer dirección de escena
Philippe Amand diseño de escenografía  
Víctor Zapatero diseño de iluminación
Carlo Demichelis diseño de vestuario

150 minutos con dos intermedios
*Cantada en italiano, con supertitulaje en español.

$150, $180, $350, $400, $650, $670, $700

Boletos a la venta en taquillas y por el sistema ticketmaster




miércoles, 2 de julio de 2014

La Philharmonia Orchestra de Londres ofrecerá gran concierto en el Auditorio Nacional de México

Fotos: Esther Yoo (Marco Borggrove) Vladimir Ashkenazy (Keith Saunders)

La Philharmonia Orchestra de Londres, una de las más prestigiadas en el mundo, viene a México para ofrecer un par de conciertos, uno de ellos en el Auditorio Nacional. En esta ocasión, la participación del músico ruso Vladimir Ashkenazy será al frente de la orquesta británica como director invitado y no como pianista. La orquesta, que cuenta con más de 70 años de trayectoria, ofrecerá en el Coloso de Reforma un programa con obras de Mijaíl Glinka y Piotr Ilyich Tchaikovsky en el Auditorio Nacional el martes 9 de septiembre, en el que además de la presencia de Ashkenazy destaca también la participación de la violinista norteamericana Esther YooCon este concierto, el Auditorio Nacional mantiene su línea de presentar a connotadas orquestas para hacer llegar a un público más amplio la experiencia sinfónica. Antes de la Philharmonia Orchestra de Londres, este recinto ha contado con la presencia de afamados conjuntos y directores, como: La Orquesta de Philadelphia, dirigida por Eugene Ormandy (1966); la Orquesta Filarmónica de Londres, bajo la batuta de Franz Welser-Möst (1992); la Orquesta Filarmónica de Israel, con Zubin Metha (1993); la Academy of Saint Martin in the Fields, dirigida por Sir Neville Marriner (1994), así como la Royal Philharmonic Orchestra, con Enrique Bátiz (2003) y la Orquesta Filarmónica de Viena, con Riccardo Muti en el podio (2006), por mencionar algunos. Este 2014 toca turno a uno de los conjuntos de mayor calidad y presencia en el Reino Unido, con una discografía que supera los mil títulos y una historia distinguida por la presencia de directores como Arturo Toscanini, Herbert von Karajan y Lorin Maazel, la Philharmonia Orchestra de Londres, que es una organización que alienta a jóvenes valores y echa mano de la tecnología para llegar a un mayor y joven público. Ashkenazy, galardonado pianista desde los años 50 y connotado director desde hace más de dos décadas, es uno de los artistas más prolíficos en la escena contemporánea; con la Philharmonia Orchestra de Londres ha grabado 13álbumes y con otros solistas y orquestas ha conquistado siete premios Grammy entre 1973 y 2009. Por su parte, la violinista Esther Yoo, quien ha tocado con prestigiosas orquestas, es un extraordinario ejemplo de talento artístico. Hace apenas cuatro años, ganó el afamado Concurso Internacional de Violín Jean Sibelius, aunque ha obtenido otros galardones. Siempre abierta a la experiencia musical, Yoo ha declarado: “Me enamoro de cualquier pieza que interprete. Creo que cada obra tiene su propia belleza y desafíos”. Como pianista y como director de orquesta Ashkenazy es reconocido como gran promotor de la obra de autores rusos. De ahí que el programa que trae la Philharmonia Orchestra de Londres al Auditorio Nacional esté integrado por las siguientes obras: Pasajes de Ruslán y Liudmila, de Mijaíl Glinka (1804–1857), compuesta entre 1837 y 1842, basada en el poema del mismo nombre de Alexander Pushkin, y la Sinfonía No. 5 de Tchaikovsky (1840–1893), en cuatro movimientos, escrita en 1888. Un día antes de su concierto en el máximo foro de espectáculos de Reforma, la Philharmonia Orchestra de Londres ofrecerá una presentación en el auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de Las Artes, con un programa distinto, que incluye obras de Ralph Vaughan Williams, Ludwig van Beethoven y Johannes Brahms.
Philharmonia Orchestra de Londres

Considerada como la orquesta nacional del Reino Unido por la gran demanda de presentaciones que tiene, la Philharmonia Orchestra de Londres se distingue desde hace 70 años por sus altos estándares de calidad. Fundada en 1945 por Walter Legge, ha tenido en su podio a los más grandes directores clásicos del siglo XX: Wilhelm Furtwängler, Richard Strauss, Arturo Toscanini, Guido Cantelli, Herbert von Karajan y Carlo Maria Giulini. Otto Klemperer fue el primero de sus conductores titulares; a él le siguieron, por sólo citar a algunos, Lorin Maazel, Sir Charles Mackerras, Riccardo Muti, Kurt Sanderling, Giuseppe Sinopoli, Esa-Pekka Salonen y Vladimir Ashkenazy. Con una agenda de más de 80 conciertos anuales y la participación constante en soundtracks para filmes y videojuegos, la Philharmonia Orchestra de Londres es una institución cuyo impacto va más allá de los escenariosLa orquesta también es reconocida por su política de programación, atenta a dar promoción al quehacer de compositores vivos. Desde 1945 ha encargado más de 100 nuevas obras a autores como Sir Harrison Birtwistle, Sir Peter Maxwell Davies, Mark-Anthony Turnage y James MacMillan. A lo largo de su historia, la Philharmonia Orchestra de Londres ha estado comprometida en atraer a nuevos espectadores y ha recurrido a la tecnología para lograrlo. De 1945 a la fecha, millones de personas han disfrutado de su primera experiencia con la música clásica a través de una grabación de esta orquesta, que suma más de mil títulos, registrados en los sellos EMI, CBS, Deutsche Grammophone y Naxos. Por internet, los usuarios pueden interactuar con la orquesta a través de videojuegos y por sus canales de YouTube y Vimeo, en los que ofrecen documentales y videos pedagógicos que han sido vistos por más de dos millones de personas.
 
Vladimir Ashkenazy (Rusia, 1937)

Es un músico que ha combinado una exitosa carrera como pianista y director orquestal. Ashkenazy ganó prestigio mundial al conquistar el Concurso Chopin 1955 en Varsovia, al año siguiente el Reina Elisabeth en Bruselas y en 1962 el Concurso Internacional Tchaikovsky. La dirección orquestal ha sido su mayor ocupación en los 20 años más recientes; es director principal y asesor artístico de la Orquesta Sinfónica de Sidney, y la relación con la Philharmonia Orchestra de Londres ha sido tan extensa y fructífera que en el año 2000 fue nombrado Director Laureado de la institución. Nacionalizado islandés (su esposa nació ahí) y suizo, Ashkenazy mantiene aún su amor por el piano y se explaya sobre todo en el estudio de grabación. Sus 50 años de fidelidad con el sello Decca constituyen un hito en la historia de la música y ha recibido siete galardones Grammy. “El placer que me proporciona la dirección es el mismo que el piano. La música es indivisible”, ha dicho Vladimir Ashkenazy.
Esther Yoo

Nacida en Estados Unidos en 1994, Esther Yoo se volvió célebre en 2010 al convertirse en la ganadora más joven —con 16 años— del Concurso Internacional de Violín Jean Sibelius. En 2012 volvió a ser calificada como un prodigio al ganar la septuagésima quinta edición del concurso Reina Elisabeth en Bruselas. Antes de estos logros, y sin cumplir aún los 10 años, fue galardonada con el Primer Premio en el Certamen Internacional de Violín Wieniawski para jóvenes violinistas (sección juvenil), el Premio de la Unión Europea para el Arte Música para la Juventud y el Primer Premio en el Concurso de Música de Nueva York. Con la Philharmonia Orchestra de Londres, dirigida por Lorin Maazel, comenzó a colaborar en 2012 durante una gira por China y Corea. Actualmente, la joven y portentosa violinista estadounidense toca un violín “Prince Obolensky” Stradivarius (1704), que le fue cedido por un coleccionista privado. La Philharmonia Orchestra de Londres, dirigida por Vladimir Ashkenazy y con la violinista Esther Yoo se presenta en el Auditorio Nacional (Reforma 50, Bosque de Chapultepec), el martes 9 de septiembre, a las 20:30 horas.  

Tredici concerti, da Haydn all’Antico Egitto Stagione 2014 – 2015 - Accademia Colare Stefano Tempia

Innovazione e tradizione, classico e contemporaneo, giovani talenti e musicisti di fama:  ecco gli ingredienti per la Stagione 2014 – 2015 dell’Accademia Corale Stefano Tempia  che, con i suoi tredici appuntamenti (tra il 9 novembre 2014 e il 15 giugno 2015), si  conferma centrale nel panorama musicale cittadino.  In cartellone sei concerti con coro e orchestra, due concerti vocali, di cui uno a cappella,  quattro concerti strumentali e tre serate dedicate ai giovani talenti. Tra le novità tre premi  destinati a giovani musicisti, di cui due di nuova acquisizione, e un’attenzione crescente a  progetti di collaborazione con altri enti e associazioni musicali.  Come da tradizione recente l’inaugurazione sarà imponente con il Coro e l’Orchestra  della Tempia diretti dal direttore artistico Guido Maria Guida in un doppio  appuntamento novembrino il 9 (anteprima, aperta al pubblico, alle 18) e il 10 (concerto, alle  21) negli spazi del Conservatorio “G. Verdi”. In programma la Missa in tempore belli di F.J.  Haydn, la sinfonia Le Matin e la Scena e aria di Berenice (su testo di P. Metastasio) che  costituisce una prima assoluta a Torino e verrà interpretata dalla spagnola Eugenia Burgoyne, specialista di fama internazionale del Barocco e del ‘700.  Il concerto natalizio, nella sala del Tempio Valdese il 22 dicembre, segnerà poi un  punto di arrivo e contemporaneamente una nuova partenza per il nostro Coro. Gli  Accademici, grazie alla guida del Maestro Dario Tabbia, saranno infatti chiamati a  confrontarsi per la prima volta con le musiche di Bach. Al procedere della stagione ecco quindi alcune importanti coproduzioni, come quella con l’Orchestra De Sono all’interno  del Progetto “Schubert” (il 30 marzo al Conservatorio) concepito congiuntamente da  De Sono, Antidogma e Tempia per eseguire opere del compositore viennese e stimolare la scrittura di nuove musiche a lui ispirate. Di grande interesse anche il ritorno de I solisti del  madrigale (il 20 aprile al Tempio Valdese) diretti da Giovanni Acciai, che eseguiranno  brani di Gesualdo e autori coevi, e la considerevole presenza in cartellone della musica da camera eseguita da strumentisti di chiara fama.  Culmine della stagione sarà il concerto del 15 giugno 2015 (preceduto dall’anteprima,  aperta al pubblico, il 14) che, in omaggio alla tematica Torino/Berlino interna ai vari  progetti proposti per l’EXPO, vedrà il ritorno a Torino di Daniele Damiano, primo  fagotto dei Berliner Philharmoniker. Mozart sarà il filo conduttore di questa lieta occasione concepita, per celebrare la riapertura del Museo Egizio dopo i restauri, con un programma  a tema che spazierà da Thamos, Re degli Egizi fino ad alcuni brani tratti da Il Flauto magico.  Ma le collaborazioni sono numerose. Un altro elemento di spicco della Stagione 2014 – 2015, infatti, sarà la presenza dell’Accademia Stefano Tempia nel board del Concorso  Pianistico Internazionale “Casagrande” e, il vincitore del prestigioso titolo 2014, sarà  ospite del cartellone con un concerto solistico previsto per il 9 marzo al Teatro Vittoria.  Una novità importante che conferma l’attenzione dell’Accademia Corale cittadina alla  valorizzazione dei giovani. Una prassi che, comunque, è evidente grazie agli appuntamenti  ormai classici della rassegna Giovani Talenti (nella nuova stagione saranno due date) e del  Premio Tempia che, realizzato in collaborazione con il Conservatorio di Torino, arriverà nel  2014 alla sua terza edizione. Prima edizione, invece, per un nuovo premio destinato ad un  allievo del Conservatorio di Torino dal Maestro Damiano che, dopo una selezione  mediante audizione, devolverà il suo cachet al vincitore. 

INFO  Accademia Corale Stefano Tempia, Via Giolitti 21/A  - 10123 Torino Tel. 0115539358 - Fax 0115539330, ufficiostampa@stefanotempia.it,    www.stefanotempia.it



BELLE o BRUTTE, COSI’ FAN TUTTE (…e belli o brutti ci cascan tutti) - Teatro Comunale di Bologna

Foto: Rocco Casaluci

Renzo Bellardone.

Nel 1770  Mozart soggiornò a Bologna, dove ospite del Conte Gian Luca Pallavicini, conobbe addirittura Farinelli ed ebbe anche l’occasione di prendere lezioni di contrappunto da Padre Martini. Venti anni dopo al Burgtheater di Vienna, la prima di “Così fan tutte, ossia la scuola degli amanti” ed ora  con  spirito omaggiante al grande compositore si è ascoltata e vista la messa in scena dell’allestimento del Lirico di Cagliari con coro e orchestra del  Comunale di Bologna. La lettura registica di Daniele Abbado ormai ha una ventina d’anni, ma i molti inserimenti di azione scenica in platea sia con i solisti che con il coro e gli allievi attori della Scuola di Teatro Alessandra Galante Garrone ed alcune ‘pensate’, hanno decisamente ravvivato e coinvolto il pubblico. La scena pressoché fissa è un susseguirsi di boccascena con effetto profondità; Luigi Perego oltre alle scene ha disegnato i  costumi con classicità pertinente all’idea di allestimento, ma con la  brillante intuizione di un semplice camicione da giardiniere per Despina –dottore. Le luci disegnate da Coloretti e riprese da Daniele Naldi sono risultate  interessanti, salvo qualche proiezione di non immediata efficacia. I cantanti sono stati tutti bravi ed insieme hanno realizzato un cast di ottimo livello. Yolanda Ayuanet è una deliziosa Fiordiligi dalla voce cristallina e poeticamente armoniosa che si  muovei frizzantemente  sul palco con la tranquillità della protagonista. Anna Goryachova è  il buon mezzosoprano dalle tinte ambrate  che interpreta Dorabella, ammiccante e tentatrice; nei duetti le due interpreti hanno reso con partecipata consapevolezza, offrendo un piacevole ascolto. Simpatico l’aver essenzializzato le scene, lasciando alle interpreti il compito di visualizzare e far visualizzare. Il mezzosoprano Giuseppina Bridelli, con voce ferma e ben articolata ha reso con vivacità Despina strappando ben più di una risata, interpretando un giardiniere con pompa per il verderame  spruzzato nell’aria, piuttosto che il solito dottore che estrae boccettine di sali ed essenze miracolose. Dmitry Korchak  agilmente è Ferrando; con chiaro fraseggio ed accenti di tenorile duttilità è stato simpaticamente innamorato prima, deluso poi, riacciuffato al finale.. Il bass-bariton Simone Alberghini crea un Guglielmo ammiccante,  astuto ma prudente,  con la ben nota voce scura, ma fresca, agile e convincente. Il basso Nicola Ulivieri  per accattivarsi Despina le passerà lo smalto sulle unghie dei piedi tanto che questa sta seduta sul palchetto vicino alla barcaccia, mentre alla conclamata vittoria della scommessa si mangerà una mela rossa a fondo palco, mentre osserva gli accapigliamenti degli amanti. Dal punto di vista vocale non è una sorpresa essere subito coinvolti dal timbro caldo e passionale; L’età del suo personaggio – Don Alfonso-,  certifica la conoscenza del mondo e con ironia Ulivieri diventa irriverente e saggiamente presuntuoso. Interessanti gli interventi del coro diretto da Andrea Faidutti e degli attori che rappresentano giusta integrazione ai canti d’insieme  (fino a sei voci) ed ai recitativi di qualità. L’orchestra del Comunale è stata in simbiosi diretta dal giovane talentuoso e sensibile Michele Mariotti, attento spasmodicamente ai due punti di produzione musicale, gestendo con raffinatezza ed ottime scelte l’orchestra con  perseverante attenzione ai cantanti che lo hanno seguito d’intesa. La Musica vince sempre.




martes, 1 de julio de 2014

Orfeo y Eurídice en Florencia - 77° Maggio Musicale Fiorentino

© Pietro Paolini / TerraProject / Contrasto

Leonardo Monteverdi


En un día de calor insoportable en el Teatro della Pergola de Florencia se estrenó la puesta en escena de “Orfeo ed Euridice” de Gluck, por el factótum Denis Krief autor de la dirección, diseño de escenas, vestuario e iluminación. Es difícil creer que a pocos días se vieran dos puestas de operas con un resultado tan opuesto: el superlativo “L’amour des trois oranges” y este pésimo “Orfeo” sin explicación. La dramaturgia de Ranieri de’ Calzabigi fue totalmente desordenada por Krief que la situó en espacios definidos e indefinidos entre paneles corredizos, céntricos o descompuestos, blancos y donde caminan hombres y almas con pocas decoraciones. Un pequeño sofá o una fábrica de muebles fue mucho,  y ahí transcurrió buena parte de la acción. El coro con trajes modernos y por minutos en trajes del siglo XVIII pelucas blancas, proyecciones inútiles de un túnel, con bailes de discotecas que fue el infierno de Krief. Aquí Orfeo fue un cantante vestido con cuero sin su instrumento la lira. No fueron buenos los movimientos de Anna Bonitatibus, inciertos y exagerados, imputables a la dirección escénica, la artista italiana no estuvo en uno de sus mejores papeles ya que siendo mezzosoprano, su registro grave se not cansado por estar a los límites de una tesitura pensada para una genuina contralto. La artista articulo admirablemente las frases con sentido dramático aunque su canto no voló con libertad. Sin embargo, tuvo mucho éxito con el aria “Che pur ciel” La petulante y colérica Euridice de Hélène Guilmette sobresalió por su brillante voz y elegante, sobre todo en su aria, donde logró buenas frases y gracia escénica.  Amore, vestido como un pilluelo lo cantó Silvia Frigato, sin infamia ni laude homeopática. Las coreografías de Cristina Rizzo estuvieron en sintonía con la pobreza de la producción y desconectada con la dramaturgia. El maestro Federico Maria Sardelli ofreció elegantes sonoridades de la orquesta del Maggio con tiempos bien elegidos, además de un rico y decorativo bajo continuo, donde emergía por su creatividad y suavidad el arpa de Ann Fierens. El coro bien preparado por Lorenzo Fratini tuvo éxito.

77° Maggio Musicale Fiorentino: C.W. Gluck – Orfeo ed Euridice.

© Pietro Paolini / TerraProject / Contrasto


Leonardo Monteverdi

In un giorno caldissimo di giugno abbiamo assistito al Teatro della Pergola di Firenze al nuovo allestimento dell’ “Orfeo” gluckiano, firmato da Denis Krief, factotum, come spesso accade, delle sue messe in scena: regia, scene, costumi e luci. Almeno si sa subito che la responsabilità è tutta sua. È difficile credere che a pochi giorni di distanza si siano potuti accostare due allestimenti operistici di così opposto segno: il superlativo “L’amour des trois oranges” e questo pessimo “Orfeo ed Euridice”. Non si capisce il filo conduttore né il perché di quest’abisso evidentissimo e inspiegabile. La drammaturgia di Ranieri de’ Calzabigi (s)vista da Krief è completamente stravolta e obbligata in spazi definiti o indefiniti da pannelli scorrevoli o concentrici o decomposti, bianchi, dove si muovono uomini e anime (compresi i macchinisti per i cambi a vista… mah!), con pochissimi attrezzi e arredi scenici, anzi meglio parlare al singolare: un unico divanetto di uno stile da trovarobato che avrebbe potuto provenire da un mobilificio in disarmo, da un rigattiere, dall’eredità della zia che lo aveva sempre tenuto caro perché era il corredo di nozze, o riciclato dalle scenografie di “Vogue” di Madonna, e su cui si svolge un po’ tutto: il pianto di Orfeo, o almeno una parte di lacrime; la querelle di Orfeo con Euridice, sposa capricciosissima; il ringraziamento finale, dopo l’happy end, in posa da foto di famiglia in un interno, circondati da un coro inspiegabilmente vestito in costumi settecenteschi (per soli quattro minuti) e orrende parrucche, forse di carta. Un orrore kitsch che però qui era fuori tema: la parodia dell’intoccabile e indissacrabile opera gluckiana l’aveva già fatta Offenbach un secolo e mezzo fa. Molto meglio riuscita, va detto. Proiezioni inutili di un tunnel percorso in auto a folle velocità e di balli discotecari (è questo l’Inferno di Krief, la discoteca? Suvvia, SIAMO NEL 2014!) su veli altrettanto inutili, sui quali in forma di graffito su un muro, forse quello del cimitero dove giaceva la salma di Euridice, campeggiava un verso “chiave” (?): “Ho con me l’Inferno mio”. Grandi trovate, complimenti. Orfeo qui è forse un cantante dal gusto leather, almeno per come è abbigliato, colla coquetterie del foulard di seta, ma sfornito dello strumento con cui ammansisce le belve e addirittura fa smuovere i sassi: nulla, manco un basso elettrico. Eppure la lira, che fu poi traslata nella volta celeste a risplendere come costellazione estiva, gli fu donata dal padre Apollo, e le Muse gli insegnarono come usarla. In tutta l’iconografia relativa al mito, nonché all’opera gluckiana, Orfeo stringe sempre forte la sua lira (peraltro nelle sue arie c’è, appunto, l’arpa), perché forma il tappeto sonoro al suo canto ipnotico e la brandisce, oggetto divino, quasi perché possa essere riconosciuto tale dalle divinità infernali a cui va incontro. È quasi un lasciapassare, una lanterna per l’oscurità… Nulla. Probabilmente quest’Orfeo, secondo Krief, la lira l’ha appesa al chiodo e canta su base registrata. Ma non è niente al confronto di come viene scelto di far muovere la povera Anna Bonitatibus, Orfeo: come un camionista ubriaco, che si trascina da un banco di un bar all’altro, colle braccia penzoloni, con passi incerti e con una gestualità che la fa assomigliare più allo stereotipo della lesbica butch. Effettivamente un camionista sempre colla cetra in mano sarebbe poco credibile. Per di più la Bonitatibus, purtroppo, qui non era a suo agio neanche vocalmente, in quanto mezzosoprano: il registro grave affaticato mostrava i limiti di una tessitura pensata per un vero contralto, e sebbene l’artista resti comunque una fine dicitrice, dall’impeccabile pronuncia e senso drammatico, il canto non era mai veramente libero e non prendeva il volo, con tempi musicali in cui forse, di tanto in tanto, un maggiore respiro sarebbe stato più idoneo. Bella esecuzione, comunque, di “Che puro ciel”. Al contrario, la petulante e bizzosa Euridice di Hélène Guilmette si faceva notare per voce squillante ed elegante, con bei fraseggi, soprattutto nella sua aria, e una qual certa grazia scenica. Amore, vestito come un monello, e ci può pure stare, era cantato da Silvia Frigato, senza infamia e senza lode, omeopatica. Coreografie di Cristina Rizzo in armonia con la povertà dell’allestimento e in (apparente?) scollamento colla drammaturgia, una sorta di “vorrei fare Pina Bausch ma non posso”. Un gioco tra i danzatori con degli occhiali da sole non ci era del tutto chiaro: forse gli spiriti dell’oltretomba non volevano restare abbacinati dalla luce del giorno terrestre o temevano le luci della discoteca delle proiezioni precedenti? Si può dire un solenne “basta!” a tutti questi cascami degli anni Ottanta? Il coro di pastori, che si presentano in abiti da lutto borghesissimi, con una rosa rossa in mano al funerale di Euridice, sembra non cambiar d’abito quando si tratta di diventare spiriti infernali (sembravano dire: ci abbiamo provato ma i camerini erano occupati dai coristi di un’altra opera), salvo vestire, in seguito, delle palandrane bianche per simulare i beati abitatori dei Campi Elisi. Movimenti d’uscita dei coristi dai Campi Elisi: intruppati come nella ricreazione scolastica, non essendoci quinte ma solo pannelli mobili… ma insomma! Tutto sembrava casuale, come se su quel palcoscenico si stessero facendo le prove di più opere contemporaneamente e la compagnia dell’una passeggiava sullo scenario dell’altra rendendosi conto troppo tardi che c’era stato un errore (i coristi di prima…). E le luci? Casual style, come sopra… Unica nota elegante era un tendaggio sullo sfondo, dai lucori cangianti, mosso dal vento. Bello, sì, delle nuance di grigio con qualche pennellata di luminosità… bello. L’azione del ritorno verso il mondo dei vivi era risolta in una claustrofobica stanzetta bianca con uscita, sul famigerato divanetto dove, a un certo punto, Euridice decide di sdraiarsi, esausta probabilmente per la testardaggine di Orfeo a non volerle raccontare il perché e il percome di tutto quello svolgersi di eventi straordinari. Orfeo, che, nella lettura classica, dovrebbe trascinare Euridice in un oscuro tunnel, tirandosela dietro senza mai guardarla, nella lettura krieffiana la abbraccia, sebbene da dietro, e poi si butta disperato sulle pareti, sul divanetto, sempre dinoccolandosi, rendendo assolutamente noioso e incomprensibile il tutto: ma come? Se l’ha vista ripetutamente, l’ha pure abbracciata, e ci si è pure messo a discutere sul sofà, non avrebbe dovuto perderla assai prima? Mah… i misteri orfici secondo il sommo sacerdote Denis Krief. Dal punto di vista musicale, il maestro Federico Maria Sardelli ha trovato belle sonorità orchestrali e ha scelto tempi convincenti, oltre a un elaborato e decorativo basso continuo su cui spiccava per creatività ed eleganza l’arpa di Ann Fierens. Anche il coro, sempre preparato da Lorenzo Fratini, ha dato buona prova di sé. I momenti sinfonici, come l’ouverture e le danze, erano ben risolti e il rapporto tra direttore e palcoscenico era sempre attento e accurato, per quanto possibile, con una simile messa in scena. Dispiace assai che il valente maestro Sardelli sia sempre messo in situazioni difficili (“Il Farnace” dell’anno scorso, registicamente forse anche peggio di quest’ “Orfeo”) da allestimenti assai discutibili che finiscono per far passare in secondo piano la pur pregevole esecuzione musicale. E dategli una messa in scena vera! Si riguardano, con nostalgia, in un catalogo su “I Grandi Spettacoli del Maggio Musicale Fiorentino”, gli allestimenti precedenti dell’ “Orfeo” gluckiano, quello di Luca Ronconi con costumi di Pier Luigi Pizzi, e ci si chiede se ciò a cui abbiamo assistito sia veramente una “modernità” ma passata attraverso un manicomio e che in realtà Euridice sia stata davvero uccisa da Orfeo che mette in atto tutta una pantomima per non perdere la buona reputazione di cantante melodico presso il suo pubblico.



77° Maggio Musicale Fiorentino. Orchestra Filarmonica di San Pietroburgo.

 © Copyright Michele Borzoni / TerraProject / Contrasto

Massimo Crispi

Ci sono alcuni concerti nella vita che restano impressi nella memoria, già mentre si stanno svolgendo si ha la certezza che resteranno un punto di riferimento per l’avvenire. È stato il caso di questa esibizione spettacolare dell’Orchestra Filarmonica di San Pietroburgo, diretta da Yuri Temirkanov, con la partecipazione della violinista spagnola Leticia MorenoIl programma aveva la struttura di un classico concerto sinfonico: una fantasia sinfonica, un concerto per strumento solista nella prima parte e un’opera sinfonica nella seconda, in questo caso un balletto. Ha aperto la serata la splendida “Francesca da Rimini” di Piotr Ilic Ciaikovskij, dove Temirkanov ha accentuato il carattere spesso lugubre e amaro, predestinato agli amori danteschi di Paolo e Francesca, con colori oscuri degli archi e di certi fiati. Il canto del clarinetto solista, accompagnato da pizzicati impalpabili dell’intera compagine di archi, emergeva dolente e commovente, e infatti l’artista ha ricevuto, alla fine, la sua dose di ovazioni. Ciò che ha caratterizzato quest’esecuzione è stata la nitidezza dei fraseggi di ogni sezione, che entravano l’uno nell’altro, nel vortice sonoro e quasi onomatopeico che avvolgeva i due amanti infelici. Magistrale. Leticia Moreno, violinista giovane e già assai carismatica, si impone fin dall’ingresso: allure aristocratica e sicura unita all’esilità della figura, quasi una modella prestata alla musica. Questa violinista di nuova generazione ma al tempo stesso creatura di un tempo indefinito, elegante e sensuale, ha la fortuna di suonare su un violino Nicola Gagliano del 1762, il cui suono vellutato rispecchia perfettamente l’immagine che l’artista dà di sé. I suoni che la Moreno ha cavato da questo strumento assai pregevole, anche se leggermente flebili rispetto a uno strumento più moderno, erano caldissimi, avvolgenti, e il suo virtuosismo evidente ma non ostentato, al contrario, era assolutamente comunicativo, come se non potesse essere che così, naturale. Era insomma, questo strumento, quasi una voce umana. L’organico ridotto dell’orchestra, sotto la leggera ed elegantissima direzione di Temirkanov, nel concerto di Felix Mendelssohn, ha consentito alla sensazionale musicalità della Moreno di emergere al suo meglio, senza sosta, alternando una mirabile propensione all’elegia nei momenti lirici e una virtuosità consumata nei travolgenti “allegro”. Bis splendido con pianoforte: “Nana” di Manuel de Falla, che si accordava perfettamente al tono elegiaco della serata. Pubblico adorante, giustamente. La seconda parte del concerto era interamente occupata dal balletto “Petroushka” di Igor Stravinskij, nella versione nel 1947. Non ci sono parole per la perfezione raggiunta da questo ensemble sinfonico nella difficilissima partitura stravinskiana, soprattutto per la ritmica, dove si fondono molti brani con melodie e tempi completamente diversi, creando quel senso di disorientamento che si prova nei luna park, dove ogni rumore si confonde con quello delle giostre e dei fenomeni vicini. Temirkanov ha diretto con un chiarissimo gesto e pochi cenni un’immenso affresco popolare, dominato da burattini e dalle loro immaginate passioni. Pensato per Diaghilev e i suoi Ballets Russes fu danzato da Nijinskij, la Karsavina e Orlov… ma sono certo che i loro fantasmi erano lì presenti, e quasi si vedevano danzare in mezzo a quella perfezione musicale: un’esecuzione come questa risveglia gli spiriti di tutti i danzatori del passato. Le melodie popolari intonate dagli strumenti che caratterizzano i personaggi, eseguite dalle bravissime prime parti dell’orchestra, dalla boite-à-musique alla tromba, ai flauti, agli oboi, al pianoforte, alle percussioni, eccetera, erano tanto espressive che il carattere drammatico e narrativo della partitura veniva fuori spontaneamente raccontandoci la storia senza le parole e senza l’azione coreografica. Applausi sonori per tutti e due preziosi bis: Momento musicale n 3 di Franz Schubert, in un’insolita versione per archi, dalla leggerezza di un velo di seta, e il sontuoso “Pas de deux” dallo Schiaccianoci, in una travolgente interpretazione di Temirkanov: Russians do it better, non c’è nulla da fare. 

lunes, 30 de junio de 2014

Ópera Nacional de Paris: Temporada 2014-2015

Gustavo Gabriel Otero

La Ópera Nacional de París anunció su próxima temporada 2014-2015, que está marcada por la transición entre el director saliente Nicolas Joel y el próximo, Stéphane Lissner, quien asumirá formalmente en agosto de 2014. Dos títulos del repertorio francés, protagonizados por el tenor Roberto Alagna, se destacan dentro de la programación por ser poco frecuentados: Le Cid de Massenet y Le Roi Arthus de Chausson.

El curso incluirá dieciséis Óperas; de las cuales seis serán nuevas producciones a cargo de Damiano Michieletto (Barbero de Sevilla de Rossini, en una producción original del Gran Teatro de Ginebra), Pierre Audi (Tosca de Puccini), Zabou Breitman (El rapto en el Serrallo de Mozart), Charles Roubaud (Le Cid de Massenet, en una producción de la Ópera de Marsella), Grahan Vick (Le Roi Arthus de Chausson), y David McVicar, en una coproducción del Covent Graden, el Liceu de Barcelona, la Ópera de Viena y la Ópera de San Francisco para Adriana Lecouvreur de Cilea. Además quince espectáculos de Ballet; conciertos sinfónicos y de cámara, espectáculos en otras sedes, para jóvenes, de la Escuela de Danzas y del Centro de Formación Lírica, además de recitales y la exposición Rameau y la escena, motivada por el 250º aniversario de la muerte del compositor que se desarrollará en el Palacio Garnier entre noviembre de 2014 y febrero de 2015.

Ballet, Conciertos, Otros:

La Temporada se iniciará el primero de septiembre de 2014 con la presencia de la compañía de ballet Tanztheater Wuppertal y concluirá el 16 de julio de 2015 con las últimas representaciones del Ballet L’anatomie de la sensation con coreografía de Wayne McGregor y música de Mark Anthony Turnage.

Se incluyen los tradicionales Cascanueces (noviembre y diciembre de 2014), El lago de los Cisnes (marzo-abril de 2015), Paquita (mayo de 2015) y La fille mal gardée (junio y julio de 2015), la visita del Ballet Real de Suecia, las reposiciones de Rain con música de Steve Reich y coreografía de Anne Teresa de Keermaeker (octubre y noviembre de 2014), L’historire de Manon con música de Massenet y coreografía de Kenneth Macmillan (abril y mayo de 2015), Les enfants du paradis con coreografía de José Martínez y música creada por Marc-Olivier Dupin (mayo y junio de 2015), y de L’anatomie de la sensation con coreografía de Wayne McGregor y música de Mark Anthony Turnage (Blood onthe Floor) interpretada por el Ensamble Intercontemporain, programas mixtos, nuevas coreografías, espectáculos de la Escuela de Danza, y el estreno, el 24 de febrero de 2015, de la versión coreografiada por John Neumeier de La canción de la tierra de Mahler. La mayoría de los programas de danza se desarrollarán en el Palacio Garnier, salvo El cascanueces, El lago de los cisnes y el cierre de la temporada con L’anatomie de la sensation (julio de 2015) que serán en La Bastilla.

Están programados cinco conciertos sinfónicos con el ciclo de las nueve sinfonías de Ludwig van Beethoven con la dirección de Philippe Jordan (10 de septiembre, 7 de noviembre y 14 de diciembre de 2014 y 18 de mayo y 17 de junio de 2015). El último de los programas con la Novena Sinfonía y la Fantasía para piano, coro y orquesta, con la presencia de Ricarda Merbeth, Daniela Sindran, Robert Dean Smith y Günther Groissbück se repondrá, también, el 13 de julio de 2015.

También habrá conciertos de cámara, tanto vocales como instrumentales, espectáculos dentro del festival de otoño de la ciudad de París en el Anfiteatro de la Opéra Bastille, recitales y el ciclo ‘Jeune Public’ para iniciar a jóvenes en las distintas facetas de la música y la danza.
Por su parte el Atelier Lyrique que reúne a jóvenes cantantes de diversas nacionalidades ofrecerá siete presentaciones incluyendo conciertos, recitales y la puesta de las óperas Ifigenia en Tauride de Gluck y Così fan tutte de Mozart.

Temporada Lírica
A la reposición, en La Bastilla, de la puesta de Benoît Jacquot de La Traviata con Ermonela Jaho y Venera Gimadieva, que iniciará la temporada lírica el 8 de septiembre de 2014, le seguirá una nueva producción de El barbero de Sevilla de Rossini -septiembre y octubre de 2014- con René Barbera, Edgardo Rocha, Carlo Lepore, Paolo Bordogna, Karine Deshayes, Marina Comparato, Dalibor Jenis, Florian Sempey, Orlin Anastassov y Carlo Cigni dirigidos por Carlo Montanaro. En la misma sala se podrá ver Tosca de Puccini, también en nueva producción, con la batuta de Daniel Oren y Evelino Pidò. Varios elencos se alternarán en las veinte funciones previstas, así Martina Serafin, Oksana Dyka y Béatrice Uria-Monzon serán Floria Tosca, Marcelo Alvarez, Marco Berti y Massimo Giordano, pondrán cuerpo y voz a Mario Cavaradossi, mientras que los barítonos Ludovic Tézier, George Gagnidze, Sebastian Catana y Sergey Murzaev personificarán al temible Scarpia. También del compositor de Lucca se repondrá la clásica puesta de Jonathan Miller de La Bohème con dirección musical de Mark Elder (noviembre y diciembre de 2014) y los cantantes Ana Maria Martinez, Nicole Cabell, Mariangela Sicilia, Khachatur Badalyan, Dimitri Pittas y Tassis Christoyannis.
Cierra la nómina italiana una nueva producción de Adriana Lecouvreur de Cilea (desde el 23 de junio de 2015 en La Bastilla) con Daniel Oren en el podio y Angela Gheorghiu, Svetla Vassileva, Marcelo Alvarez, Alessandro Corbelli y Luciana D’intino en los roles principales, acompañados por Wojtek Smilek, Raúl Giménez, Alexandre Duhamel, Carlo Bosi, Mariangela Sicilia y Carol Garcia.
La ópera francesa estará representada por Pelléas et Mélisande de Debussy con Stéphane Degout y Elena Tsallagova en los roles principales, la reposición de la puesta de Robert Wilson y la dirección musical de Philippe Jordan (ocho representaciones entre el 7 y el 28 de febrero de 2015, en la Ópera de La Bastilla), Fausto de Gounod con la batuta de Michel Plasson, la puesta de Jean-Louis Martinoty y un elenco encabezado por Piotr Beczala, Michael Fabiano, Ildar Abdrazakov y Krassimira Stoyanova (marzo de 2015), Le Cid de Jules Massenet, también con la batuta de Plasson y el concurso de Roberto Alagna (Rodrigue) y Anna Caterina Antonacci (Chimène), serán nueve funciones en el Palacio Garnier a partir del 27 de marzo de 2015, en las que también intervendrán Annick Massis, Paul Gay, Nicolas Cavallier, Franck Ferrari, Francis Dudziak, Jean-Gabriel Saint-Martin, Luca Lombardo y Ugo Rabec.
Le Roi Artus de Ernest Chausson ocupará el escenario de la Ópera de La Bastilla a partir del 16 de mayo de 2015, con dirección musical de Philippe Jordan y un elenco encabezado por Sophie Koch, Thomas Hampson y Roberto Alagna. Finaliza la cartelera francesa la reposición  de la puesta de Olivier Py de Alceste de Gluck (16 de junio al 15 de julio de 2015) en el Palacio Garnier con Stanislas de Barbeyrac y Véronique Gens con la batuta de Marc Minkowski alternándose con Sébastien Rouland.
La temporada lírica incluye, también, la reposición de Haensel y Gretel de Humperdinck en el Palacio Garnier (20 de noviembre al 18 de diciembre de 2014) con Andrea Hill como Haensel y Bernarda Bobro como Gretel y la batuta de Yves Abel, Ariadna en Naxos de Richard Strauss en la Ópera de La Bastilla, del 22 de enero de 2015 al 17 de febrero en siete representaciones, con la dirección de Michael Schønwandty, la puesta de Laurent Pelly y el concurso de Sophie Koch, Klaus Florian Vogt, Daniela Fally y Karita Mattila; y ocho funciones de Rusalka de Antonin Dvorak en el mes de abril de 2015 con Olga Guryakova (Rusalka), Khachatur Badalyan (el Príncipe), Larissa Diadkova (Ježibaba), Dimitri Ivashenko (el gnomo del agua), Alisa Kolosova (Princesa extranjera), la batuta de Jakub Hrůša y la puesta de Robert Carsen.
Mozart estará presente con tres producciones. El rapto en el Serrallo (diecinueve funciones en el Palacio Garnier desde el 16 de octubre de 2014), con Jürgen Maurer, Erin Morley, Albina Shagimuratova, Anna Prohaska, Sofia Fomina, Bernard Richter, Frédéric Antoun, Paul Schweinester, Michael Laurenz, Lars Woldt y Maurizio Muraro. Don Giovanni (enero y febrero de 2015) con el protagónico de Erwin Schrott, la batuta de Alain Altinoglu, y la reposición de la puesta de Michael Haneke. Y por último La flauta mágica en la puesta de Robert Carsen (del 17 de abril al 28 de junio de 2015 con veinte representaciones) con Mauro Peter y Julien Behr (Tamino), Jacquelyn Wagner y Camilla Tilling (Pamina), Edwin Crossley-Mercer y Bjorn Bürger (Papageno), Ante Jerkunica y Dimitry Ivashchenko (Sarastro), Jane Archibald y Olga Pudova (Reina de la noche), en los roles principales.

Mayor información en: www.operadeparis.fr

martes, 24 de junio de 2014

Thaïs de Massenet en la Ópera de Los Ángeles

Fotos: Robert Millard

De no ser por el interés que tiene Placido Domingo por incorporar nuevos personajes a su extenso repertorio obras como Thaïs difícilmente se habrían escenificado en este teatro, ya que si bien la obra contiene algunos interesantes pasajes vocales y musicales, como la conocida meditación, no contiene una trama solida o convincente ni un desarrollo dramático en sus personajes que la hacen ser una ópera poco representada. Sobre el escenario se vio la producción de Johan Engeles, proveniente de la Ópera de Finlandia, que es confusa porque mezcla el realismo con surrealismo, al más puro estilo del Regietheater, ya que la acción se situó dentro de un teatro en el que los monjes vestidos de frac y corbatas negras, que no son religiosos sino pervertidos voyeristas, observan la acción desde los palcos; el segundo acto se realiza en la opulenta y pequeña habitación de Thais, y el tercero en un destruido teatro sobre una plataforma circular en el centro del escenario con los rodeado de ruinas y dunas del desierto que representaban los senos de mujer. Lo que se vio en escena estrictamente desde el punto de vista visual fue atractivo, pero en términos teatrales aporta poco en lo teatral o a la historia misma.  Los vestuarios bien elaborados y modernos, como el vestido con alas de Thais,  sugerían que la acción se situaba en una época actual, contrastaban con la vestimenta de mendigo del personaje de Athanaël, en el que  al final fue el centro de la atención durante la obra donde todo giro en torno a él, en una dirección escénica poco convincente de Nicola Raab, quien no supo resolver lo poco que ofrecen los personajes, y que a su vez cargo la escena con muchos movimientos sin sentido  y exagerado dramatismo. 
Domingo, personificó de manera correcta el personaje 139 de su carrera, que como es habitual vivió y se metió en la piel del atormentado y afligido Athanaël, aunque tanto sufrimiento y obsesión de su parte, imputables a la dirección escénica, llegaron a ser francamente monótonos y fastidiosos. Vocalmente sacó provecho a las posibilidades vocales que le ofrece la partitura y lo hizo con intensidad y buen fraseo, pero la emisión de su voz, ligera por momentos, se diluía frente a la masa orquestal.  Nino Machaidze tuvo un correcto desempeño como Thais, desplegando fuerza en su emisión, buen color y facilidad para emitir notas agudas, pero poca claridad debido a una cuestionable dicción francesa.  El tenor Paul Groves asumió de manera notable el breve papel de Nicias con un timbre grato y cálido, aunque un artista de su nivel merecería un papel que francamente no sea un desperdicio de su talento. Del resto de los papeles menores, que cumplieron satisfactoriamente como también lo hizo el coro, agradó la sensualidad y el canto oscuro de la mezzosoprano Milena Kitic en el breve papel de Albine.  El maestro francés Patrick Fournillier, quien mostro afinidad con este repertorio, que dirige frecuentemente, guió con seguridad y buen pulso a una orquesta que le respondió en todo momento con cohesión y delineando los ritmos más exóticos y musicales de la partitura. Una mención merece el concertino de la orquesta Roberto Cani, por su conmovedora ejecución de la “meditación”  RJ

miércoles, 18 de junio de 2014

Réquiem de Oscar Strasnoy estreno mundial en el Teatro Colon de Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Dr. Alberto Leal 

Ópera en un prólogo y dos actos de Oscar Strasnoy, encargada por el Teatro Colón Libreto: Matthew Jocelyn, basado en la novela de William Faulkner. Produccion del Teatro Colón.

A partir de la atrapante novela de William Faulkner, hábilmente adaptada por Matthew Jocelyn, conocida en inglés como Requiem for a nun" y traducida al español como "Réquiem para una monja" o "Réquiem para una mujer" Oscar Strasnoy logró un notable trabajo. Una historia que aunque lejana físicamente tiene momentos, desgraciadamente, totalmente vigentes en nuestro país, parece que nada escatima Faulkner, prostitución, trata, homicidio, venganzas, odio, pasiones todo. En lo personal comenzó atrapándome a partir del texto, pero luego el trabajo de Strasnoy, con cabal entendimiento del mundo operístico, generando una orquestación que sigue claramente los climas planteados en la historia, basándose en una refinada orquestación, terminaron por subyugarme. Es una versión donde Faulkner nunca es traicionado, donde la historia respira su clima, cosa que no se logró con la versión teatral adaptada por Camus. En una puesta del mismo Jocelyn, absolutamente brillante, con precisas marcaciones, nunca cayendo en golpes bajos, generó un trabajo modelo. Fue acompañado por la excelente escenografía de Anick La Bissonière y Eric Oliver Lacroix y el preciso y elegante vestuario de Aníbal Lápiz. Sin olvidar la notable iluminación de Enrique Bordolini. El joven Director Christian Baldini realizó otro brillante trabajo, minucioso, detallista, logrando en todo momento el clima exacto, engarzando a la perfección con lo que ocurría en escena. Fue excelente el desempeño de la orquesta estable, generando notable transparencia y sonoridad. 
De excelencia el trabajo del Coro Estable, sin participación escénica, ubicado en forma de coro griego, cantando en gran nivel una parte sumamente compleja musicalmente. Inteligentemente incluido el texto del oficio de difuntos en latín, que acompaña a la perfección lo que sucede en escena.  Para esta obra es necesario contar con verdaderos cantantes/actores y aquí se vieron notables trabajos. La mezzo Jennifer Holloway logra conmover con su atribulada Temple Drake. Gran actriz y cantante con un auténtico talento dramático. Fue la figura del elenco. Siphiwe McKenzie, como la criada, brindó una prestación sobria pero contundente, mostrando además un notable nivel vocal. Excelentes en sus partes James Johnson, y Brett Polegato, lo mismo que el resto del elenco. Todo funciona con la precisión de un reloj, sin dudas una gran puesta para una obra valiosa. Considero que es el trabajo más completo y notable de lo visto este año en nuestro país. Entiendo que el público que no se abre a trabajos contemporáneos y prefiere los títulos tradicionales, abandonara la sala luego del primer acto. Una verdadera lástima. Cuando lo contemporáneo se brinda con esta calidad, en todo sentido, debe ser visto y valorado.

La Traviata en el Teatro del Bicentenario de León, México

© Teatro del Bicentenario - Fotografía: Arturo Lavín.

Con un escenario abierto y una Violetta desolada que caminaba lentamente en la oscuridad sobre una plataforma cubierta de flores, en los momentos previos a su muerte, en una estampa visualmente muy estética, fue con lo que se encontró el publico al ingresar al patio de butacas del Teatro del Bicentenario, para presenciar La Traviata, primera producción de la temporada 2014 en este recinto. El moderno y funcional  teatro que fue inaugurado apenas el 7 de diciembre del 2010 en la ciudad de León - ubicada a 400kms al noroeste de la Ciudad de México- ha podido consolidar en tan poco tiempo, una atractiva temporada de ópera comenzando con los títulos más representativos del repertorio, incluso aventurándose a ofrecer otros no tan conocidos como Orfeo y Eurídice de Gluck, que será escenificado hacia finales de este año con una orquesta de instrumentos antiguos como conmemoración del 300 aniversario de nacimiento del compositor alemán.  La nueva producción escénica concebida para esta ocasión por Fernando Feres fue minimalista, utilizando elementos esenciales sobre la escena, y sobre plataformas movibles que permitían pasar de una escena a otra sin romper la continuidad en la escena y con paneles que reducían la escena a pequeños cuadros dentro de los cuales se desarrollaba la escena y que hacían resaltar el dramatismo de algunas escenas, un cierto toque filmográfico de acercamientos. Pero en términos generales la obra transcurrió en espacios abiertos que permitían el libre movimiento de los artistas, coro, danzantes, gitanas, matadores en escena.  Este marco se combinó con la dirección escénica de Marco Antonio Solís, a su vez el encargado de iluminación, quien por su origen de bailarín y coreógrafo apostó por una escena dinámica, gestualidad, dramatismo y movimientos y coreografías, en el primero y el tercer acto donde coincidían todos los artistas y bailarines sobre el escenario.  Los vestuarios concebidos por Adriana Ruiz, causaron un poco de confusión respecto al tiempo en el que se ubicaba la trama en esta producción, quizás podría entenderse que su idea de mezclar vestuarios modernos con vestuarios antiguos y el uso de mascaras, sería la de mostrar que una ópera como esta no está limitada a un tiempo o lugar especifico. 
Enfocándonos en los puntos vocales de la producción, el papel principal se benefició de la presencia de la soprano georgiana Sophie Gordelazde, joven y radiante Violetta quien fue desarrollando el personaje con convicción hasta llegar a convertirse en una sufrida y enferma mujer. Su desempeño vocal fue meritorio ya que mostró claridad, agilidad y particularmente una grata musicalidad en su timbre.  El tenor Jesús León fue un satisfactorio Alfredo, seguro en su actuación y de buenas cualidades en su canto, exhibiendo un timbre cálido y una emisión uniforme. Notables fueron los duetos con la soprano como en “Parigi, O cara” donde se notó sintonía y acoplamiento entre ambas voces. El bajo Guillermo Ruiz aportó una voz profunda y potente al papel de Giorgio Germont, sus arias fueron bien cantadas, pero actoralmente se notó pasivo y un poco distanciado de los otros protagonistas. Correctos estuvieron el resto de los solistas en sus intervenciones, con mención para el bajo Charles Oppenheim y para las sopranos Alejandra Sandoval y Gabriela Morales Escalante por dar notoriedad a los papeles del Marqués de Obigny, Flora y Annina respectivamente. Buen trabajo el realizado por el coro del teatro, conformado en su mayoría por cantantes locales y que bajo la dirección de José Antonio Espinal va adquiriendo su propia identidad. El maestro Arthur Fagen dirigió con su experiencia aportando emoción e intensidad la Orquesta del Teatro de Bicentenario que le respondió con óptimos resultados. El siguiente titulo en la agenda será Tosca el próximo mes de agosto, con un buen elenco que será dirigido por el maestro italiano Marco Boemi.   RJ

lunes, 16 de junio de 2014

I Puritani de Bellini en el Teatro Municipal de Santiago

Foto: Patricio Melo / Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete 

Desde su estreno y a lo largo del paso del tiempo, hay consenso entre los expertos y el público en que la trama y la historia de I puritani son muy débiles e incongruentes, pero se redimen gracias a la belleza de la música de Vincenzo Bellini. Sus exigencias vocales no son menores, pero si se cuidan todos los aspectos, puede deparar momentos inolvidables a los espectadores, y afortunadamente así fue en las funciones que el Teatro Municipal de Santiago ofreció entre el 30 de mayo y el 11 de junio, que trajeron de regreso la obra a Chile luego de 21 años de ausencia. Y en su conjunto, podemos decir que fue una versión mucho más satisfactoria y memorable que la que pudimos apreciar en 1993.

El mérito fue la conjunción entre una sólida y lograda producción escénica y destacados intérpretes. Considerando que el montaje teatral estaba encabezado por el cotizado régisseur español Emilio Sagi, quien ya ha cautivado en sus seis anteriores puestas en escena en Chile -la más reciente, en 2012 inaugurando la temporada lírica del Municipal con Carmen-, no es de extrañar que funcionara tan bien y que a pesar del endeble argumento, consiguiera brillar y emocionar con buenos elementos visuales. 

Una vez más, el talento teatral de Sagi se vio amplificado gracias al aporte fundamental de sus colaboradores habituales: tanto el estupendo marco de la escenografía de Daniel Bianco como el vestuario de Pepa Ojanguren y la atmosférica y sutil iluminación de Eduardo Bravo, supieron reflejar los sentimientos y situaciones que llevó a la música Bellini. La producción recordó en más de un aspecto a la de otro emblemático título belcantista abordado por Sagi en el Municipal, su elogiada Lucia di Lammermoor de 2005, pero de todos modos se lució de manera autónoma; la predominancia del blanco y el negro la hizo aún más sugerente y permitió destacar los momentos en que la luz se hacía presente e imponía en medio de la oscuridad cromática, así como logró ser aún más inspirada y efectiva en el uso de los elementos escénicos y del espacio, como la arena que cubría el suelo, o las 28 lámparas que permitieron momentos de gran belleza e impacto visual, en especial cuando se multiplicaban gracias al reflejo de la escenografía. En una ópera que suele ser muy estática e incluso monótona, Sagi se preocupó además de acentuar oportunamente los movimientos de los solistas y el coro, lo que ayudó a hacer mucho más fluida la producción a nivel escénico. 

En lo musical, en su debut en Chile el director de orquesta español José Miguel Pérez-Sierra demostró al frente de la Filarmónica de Santiago una gran afinidad con el estilo belcantista, así como sensibilidad y atención a los detalles, y un factor indispensable en una obra como Puritani: preocupación por los cantantes, por apoyarlos en todo momento desde el foso de la orquesta; Pérez-Sierra destacó tanto en los momentos más líricos y emotivos como en los excitantes sones marciales de números como el vibrante dúo "Suoni la tromba". 

La figura más aplaudida y elogiada de estas funciones fue la soprano bielorrusa Nadine Koutcher, quien en su debut en Chile fue superando progresivamente y con sorprendente habilidad todos los escollos del difícil personaje de Elvira, que une a las exigencias vocales de una típica heroína belcantista (agudos, sobreagudos, coloratura), la complicación teatral de tener que emocionar y convencer al público con sus caídas y recaídas en la locura; la cantante logró conmover con su canto y su despliegue escénico, que hizo creíble tanto el candor y ternura de la joven novia, como el dolor y tristeza que la sumergen en la locura al final del primer acto, así como la evocadora melancolía de su escena en el segundo acto. Una excelente cantante que brindó momentos memorables, y quien además supo complementarse muy bien con el tenor, algo fundamental en una ópera como esta, en especial en el peliagudo dúo del último acto, "Vieni fra queste braccia". 

Aunque sólo aparece en dos de las cinco escenas que comprenden los tres actos de la obra, el rol de Arturo Talbo es indudablemente uno de los más demandantes del repertorio de tenor, tanto por los arduos agudos que incluye desde el inicio hasta el fin, como por el estilo mismo de canto, que deja muy expuesta la voz y hace que cualquier problema o detalle resalte aún más en una función en vivo, lo que a menudo hace que su interpretación se traduzca en una permanente tensión, tanto para el intérprete como para el público. Afortunadamente, en el Municipal se contó con el debut en Latinoamérica del georgiano Shalva Mukeria, poseedor de una voz cuyo timbre y color puede no gustar a todos por igual  -aunque nos pareció que por momentos recuerda a grandes colegas belcantistas del pasado, como Tito Schipa-, pero exhibió un canto aguerrido, sensible y resuelto, y supo abordar las notas altas con eficacia e inteligencia, sin denotar un esfuerzo excesivo, además de conformar en lo teatral un personaje romántico y decidido. 

Por su parte, el bajo ruso Sergey Artamonov, quien ya había cantado antes en el Municipal en Aida (2011) y Don Giovanni (2012), realizó la que sin duda ha sido hasta ahora su mejor actuación en ese escenario, como un estupendo Sir Giorgio Valton, muy bien cantado con una potente voz que se notó cómoda en todo el registro, y una actuación sobria que ayudó a reflejar la calidez casi paternal que marca su relación con su sobrina Elvira, aunque se lo veía demasiado juvenil y pudo haber sido caracterizado más maduro. 

Lástima que completando el cuarteto protagónico, el joven barítono chino ZhengZhong Zhou no estuvo al mismo nivel de sus tres colegas y no pudo sacar todo el partido esperable de uno de los roles más hermosos escritos para su cuerda en el repertorio belcantista, Sir Riccardo Forth; el cantante asiático tiene un material vocal interesante y bien timbrado, pero de reducido volumen e insuficiente proyección, por lo que su bella escena solista en el primer acto no tuvo el impacto requerido, aunque en lo escénico al menos reflejó la melancolía del personaje. 

La mezzosoprano chilena Evelyn Ramírez supo aprovechar bien las oportunidades teatrales que tiene el breve rol de la reina Enriqueta de Francia, quien en esta oportunidad, en vez de pasar desapercibida como una prisionera secreta, estaba llamativamente vestida con un traje y una peluca colorina que la hacían más parecida a la legendaria Isabel I de Inglaterra. El barítono chileno Pablo Castillo estuvo correcto en su breve participación como el padre de la protagonista, Lord Gualtiero Valton, mientras el tenor chileno Exequiel Sánchez fue un Sir Bruno Robertson bien cantado, pero algo sobreactuado y exagerado en sus gestos y movimientos. 

Además de las representaciones del Elenco Internacional, también se ofrecieron dos funciones de esta ópera con el llamado Elenco Estelar, con la Filarmónica de Santiago dirigida por el maestro chileno Pedro-Pablo Prudencio, quien logró muy buenos resultados musicales gracias a una lectura clara y precisa y al igual que su colega del elenco internacional, siempre fue un gran apoyo para los cantantes. También hay que destacar que como de costumbre ambos repartos contaron con una acertada labor del Coro del Teatro Municipal, que dirige Jorge Klastornik.  

Los aplausos más entusiastas del segundo elenco también fueron para la protagonista, en este caso la soprano argentina Natalia Lemercier, quien ya se había presentado por partida doble en el Teatro Municipal en 2012, protagonizando la ópera Lucrezia Borgia, de Donizetti, y como Doña Ana en Don Giovanni, de Mozart, en los elencos estelares de ambos títulos. Era la primera vez en su carrera que interpretaba el rol de Elvira, y su desempeño fue muy sólido; un par de ocasionales desajustes en algunas notas no empañaron un trabajo muy atractivo y lleno de sensibilidad tanto en lo vocal como en lo actoral, en el que abordó con entrega las notas más agudas y las agilidades e incluyó oportunamente algunas variaciones en ciertos fragmentos, pero también supo conmover con la tristeza y locura del personaje. 

Por su parte, encarnando a Arturo, regresó al Municipal el tenor ruso Anton Rositskiy, quien el año pasado dejara una buena impresión como Nemorino en el elenco estelar de El elixir de amor, de Donizetti. Rositskiy tiene un material vocal que puede adaptarse muy bien a esta obra, y mostró un indudable arrojo al abordar los agudos más temibles (algunos mejor resueltos que otros), incluso permitiéndose incorporar aquellas notas altas que no todos sus colegas intentan. Un par de pequeños percances vocales en el estreno no fueron obstáculo para completar una buena entrega por parte del tenor, a lo que se puede agregar una creíble presencia física y que se complementó muy bien con Lemercier (juntos, ambos se lucieron particularmente en un estupendo "Vieni fra queste braccia").

Desplegando su habitual solidez vocal y desplante escénico, el bajo-barítono cubano-chileno Homero Pérez-Miranda fue un noble y cálido Sir Giorgio Valton, mientras el experimentado barítono argentino Luis Gaeta debió adaptar al personaje de Sir Riccardo Forth sus actuales medios vocales, más adecuados para roles maduros de Verdi que para un personaje belcantista más juvenil y romántico; Gaeta tiene indudable oficio y es un cantante inteligente, además de una voz con mayor volumen y proyección que el intérprete de este papel en el elenco internacional, pero de todos modos no pudo lucirse por completo.  La mezzosoprano argentina Miriam Caparotta interpretó a la reina Enriqueta, el mismo rol que cantara en el elenco principal la última vez que se dio esta ópera en el Teatro Municipal, en 1993, por lo que no deja de ser meritorio que más de dos décadas después, tuviera un buen desempeño en este personaje. Muy bien también el barítono Carlos Guzmán y el tenor Rony Ancavil como Lord Gualtiero Valton y Sir Burno Robertson, respectivamente.