miércoles, 29 de julio de 2015

The Rake’s Progress en el Teatro Municipal de Santiago

Foto crédito es de Patricio Melo

Joel Poblete

Un nuevo hito para agregar al listado de óperas del siglo XX que en las últimas décadas ha estado incorporando a su repertorio el Teatro Municipal de Santiago fue La carrera de un libertino (The Rake's Progress), de Igor Stravinsky, que más de seis décadas después de su debut mundial tuvo al fin su debut en Chile como tercer título de su temporada lírica, en seis funciones con dos repartos, entre el 20 y 28 de julio. 

La obra se sintió muy viva y vigente aún en la actualidad gracias a su sentido teatral, que tan bien supo reflejar la atractiva y lograda puesta en escena de un equipo argentino comandado por el director teatral Marcelo Lombardero, e integrado por Diego Siliano a cargo de la escenografía, Luciana Gutman en vestuario y José Luis Fiorruccio en iluminación. Los mismos responsables de Rusalka, el otro estreno en Chile que en mayo inauguró la temporada lírica del Municipal. Pero a diferencia de ese montaje, que incluía distintos elementos mezclando aciertos con algunas ideas que no convencían por completo, en La carrera de un libertino el resultado fue muy estimulante y positivo. 

Como director de escena, Lombardero ha estado desarrollando un valioso aporte en el Municipal, desde su primer montaje en ese escenario, La vuelta de tuerca de Britten, en 2006. Ha sido el responsable de otros memorables estrenos del siglo XX en Chile, como El castillo de Barba Azul (2008), Lady Macbeth de Mtsensk (2009), Ariadna en Naxos (2011), y en 2013 el notable estreno latinoamericano de Billy Budd. Su versión de La carrera de un libertino sigue ambientándose en Londres pero ya no transcurre en el siglo XVIII sino en algún momento del siglo XX, o hasta se la podría ubicar en la actualidad; pero en este caso la modificación funciona a la perfección, porque en esta historia hay muchos elementos que se pueden hacer reconocibles en la realidad cotidiana incluso hoy, en 2015, una época de innegable y desatado hedonismo y consumismo. 

Así, en la propuesta de Lombardero -quien ya había abordado esta obra en 2009 en el Teatro Avenida de Buenos Aires- en algunos momentos se usan teléfonos móviles y entre otras ideas ya no vemos en la primera escena la casa de los Trulove, sino un campo de golf; el burdel de la segunda escena ya es derechamente un sensual lupanar donde jóvenes ensayan eróticos movimientos (la coreografía es de la chilena Edymar Acevedo), bailan en el caño y hasta una de ellas hace un topless; en otros momentos, una joven consume cocaína mientras el protagonista ve la revista Playboy o en otro instante lee el Daily Mirror, y llega a un exclusivo lugar en un lujoso automóvil mientras se ven manifestantes que protestan por la crisis económica. Incluso hay guiños a los grabados homónimos del británico William Hogarth que inspiraron a Stravinsky para crear esta pieza, que acá aparecen junto a carteles de información del metro londinense, como anuncio publicitario de una exposición en la prestigiosa Tate Modern. El lúdico espectáculo entretiene, es fluido y dinámico, hace reír pero también conmueve cuando es necesario, y a pesar de los cambios, es coherente con los temas que desarrolla la obra original y lo que indica su moraleja en el final. Otro gran mérito para la trayectoria en Chile de Lombardero y su equipo.

Y en el apartado musical los logros también fueron contundentes en ambos repartos. Hace dos años en el ya mencionado estreno local de Billy Budd fue uno de los pilares del notable resultado, y en su regreso a Chile volvió a ser fundamental el maestro británico David Syrus, quien desde hace cuatro décadas es Head of Music de la Royal Opera House de Londres: al frente de la Filarmónica de Santiago, dirigió una lectura matizada y atenta a todos los detalles, juegos estilísticos y contrastes rítmicos y sonoros que desarrolla Stravinsky en su partitura; además de funcionar muy bien como complemento de la propuesta teatral, nunca descuidó a las voces. Excelente y oportuna fue además la contribución desde el clavecín del pianista chileno Jorge Hevia.

Por su parte, los integrantes del Coro del Teatro Municipal dirigido por el maestro uruguayo Jorge Klastornik, que suelen destacar especialmente no sólo en lo musical, sino además en aquellas oportunidades en que también pueden desarrollar habilidades escénicas, se lucieron de manera notoria como actores y cantantes, particularmente en la divertida escena de la subasta y en el conmovedor desenlace en el manicomio, donde interpretan a unos expresivos orates. 


El elenco internacional demostró un excelente nivel general, destacando especialmente la pareja encarnada por el protagonista, el licencioso Tom Rakewell, y su fiel y sufrida amada Anne Trulove, interpretados por dos artistas que cantaban por primera vez en Chile. Como el primero, el histriónico tenor estadounidense Jonathan Boyd exhibió un sólido dominio como cantante y actor, siendo tan pronto simpático e ingenuo como despreciable, oportunista y conmovedor; seguro en sus notas agudas como en el resto del registro, su voz es dúctil, posee buena técnica y tiene un buen manejo del volumen, así como de los adornos y agilidades que en algunos momentos tiene su parte. Debutando en el rol, Anne fue la soprano australiana Anita Watson, quien fue muy creíble como la virtuosa e inocente joven, y lució una bella voz, cantando con seguridad, sensibilidad y delicadeza, conmoviendo en el final con la dulzura de su tierna canción de cuna "Gently, little boat", y sobre todo resolviendo muy bien uno de los momentos más hermosos y atractivos de la partitura, pero también uno de los más exigentes: su gran escena solista en el primer acto, "No Word from Tom", incluyendo la luminosa sección rápida con que finaliza, "I Go to Him".

Encarnando al mefistofélico Nick Shadow, otro debutante en Chile, el bajo-barítono estadounidense Wayne Tigges, convenció más como actor que como cantante, ya que su voz, no particularmente atractiva, es demasiado clara para el rol, aunque el artista se adapta bien a sus requerimientos estilísticos y fue adecuadamente sarcástico en sus intervenciones, y preciso en sus desplazamientos al entrar y salir a escena. La mezzosoprano británica Emma Carrington también actuó por primera vez en el Municipal, encarnando al que quizás es el rol más llamativo de la obra: Baba la Turca, una excéntrica mujer barbuda. En la versión de Lombardero, se prescindió de la barba pero de todos modos el look del personaje siguió siendo muy especial, ya que parecía un travesti al que la artista interpretó con desbordado y divertido desplante escénico, a lo que contribuyó su esbelta y alta figura, mientras en lo vocal mostró buenas notas graves pero un volumen irregular. 

Otra mezzosoprano, la chilena Evelyn Ramírez (quien en el segundo reparto, el llamado elenco estelar, fue también una destacada Baba la Turca con diversos detalles de acertada comicidad), cantó bien y fue muy convincente y sensual como Mother Goose, quien en este montaje pareció ser una verdadera dominatrix. En otros roles también contribuyeron el bajo-barítono argentino Hernán Iturralde, de sonoro y cálido canto como Trulove, el padre de Anne; el tenor chileno Pedro Espinoza, en un jocoso y bien cantado Sellem, encargado de la subasta; y en su breve intervención en la última escena como guardián del manicomio, el barítono chileno Pablo Oyanedel. 

El elenco estelar también se mostró a la altura de las circunstancias. El director residente de la Filarmónica de Santiago, el chileno José Luis Domínguez, ofreció una lectura vivaz y sensible, siempre atento tanto al foso orquestal y los numerosos detalles de la partitura de Stravinsky, como además plegándose a lo escénico y a los cantantes. Y aquí también destacó especialmente la pareja protagónica. Como Tom Rakewell, el tenor argentino Santiago Bürgi mostró una voz lírica muy adecuada a este rol, y en lo actoral convenció plenamente en el proceso de su personaje; y la soprano chilena Catalina Bertucci, quien ya demostró excelentes condiciones como cantante mozartiana en el Municipal -en Don Giovanni en 2012 y el año pasado en La flauta mágica-, fue una notable Anne, reflejando muy bien su candor y virginal pureza en escena y luciendo su hermosa voz, cantando con sutileza y dulzura, sorteando sin mayores apremios su bella y exigente escena solista del primer acto. Por su parte, con su habitual desplante y seguridad escénica y un canto seguro y potente, el bajo-barítono cubano-chileno Homero Pérez-Miranda se mostró divertido y adecuadamente sarcástico en el personaje de Nick Shadow. 



lunes, 27 de julio de 2015

Il Barbiere di Siviglia - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone 
‘Uno più bravo dell’altro’: è questo il commento che spontaneo sorge dopo aver assistito con vivace interesse, seppur per l’ennesima volta a questa messa in scena  di Barbiere. Vogliamo provare a considerare uno ad uno gli artefici di un successo conclamato? Partiamo dal fatto che applausi a scena aperta e lunghissimi al finale hanno veramente decretato l’ottima riuscita dello spettacolo, per conto mio ‘Barbiere’ di riferimento! Il primo ‘bravo’ va a Gioacchino Rossini che ha composto un’opera che a tutt’oggi risulta la più proposta nel mondo e che certamente è una delle più amate ed a buona ragione! La regia frizzante di Vittorio Borrelli non accusa assolutamente ‘gli anni’ anche per le continue innovazioni e gags introdotte; le scene di Claudia Boasso sono classiche ed efficaci e semplici da gestire. I costumi di Luisa Spinatelli e le luci di Andrea Anfossi completano armoniosamente l’allestimento. L’ottimo  coro diretto da Claudio Fenoglio è composto da elementi di comprovata bravura, al top nel panorama italiano. La scena si apre con l’entrata a piglio deciso di Fiorello, interpretato dall’ accattivante baritono  Lorenzo Battagion con sicura  prestazione attoriale e calda voce dal timbro scuro ben modulato e ricco di cromatismi. Il Conte d’Almaviva (un uomo dai mille travestimenti) è qui Antonino Siragusa che ad ogni ascolto offre una interpretazione sempre migliore e seducente; voce sicura ed omogenea nella linea di canto, facile negli acuti rallegrati da spiritose movenze ed ammiccamenti.  La sua innamorata Rosina è Chiara Amarù, già apprezzata nel ruolo nella originale edizione pesarese del 2014; voce interessante dai bei colori con riflessi ramati e sicurezza vocale ed attoriale nell’affrontare il ruolo. Don Basilio trova in Nicola Ulivieri il valido interprete che con voce possente e buona pratica di palcoscenico delinea il personaggio con tratti definiti. Marco Filippo Romano interpreta simpaticamente  il brontolone Don Bartolo con la vis comica appropriata per coinvolgere il pubblico cui offre possente vocalità brunita  e ben timbrata,  con la semplicità del ‘sicuro’. Lavinia Bini interpreta il ruolo di Berta avvalorando il personaggio: bella voce e grande carica umoristica  ottiene il meritato riconoscimento del pubblico come Antonio Sarasso il mimo che con lentezze ed irrigidimenti assonnati tratteggia in modo impareggiabile il ruolo di Ambrogio. Interessante Franco Rizzo, un uffiziale. Figaro il barbiere trova in Roberto De Candia un interprete d’eccezione sia per caratura vocale che per abilità interpretativa; risulta  coinvolgente in ogni momento della narrazione che  conduce con sicurezza vocale e divertita quanto divertente  interpretazione. La direzione merita un plauso particolare in quanto il giovane e brillante Gianpaolo Bisanti ha saputo cogliere le sfumature intrinseche della partitura ed attraverso queste vivere in amalgama con l’ottima orchestra ed il palco. Vivace, ma attendo ha offerto una pregevolmente accurata, quindi apprezzata,  versione di Barbiere. Un plauso complessivo ancora, a questa spumeggiante realizzazione. La Musica vince sempre.

sábado, 25 de julio de 2015

Quid pro quo: Las caras ocultas de Ramón Vargas

Quid pro quoLas caras ocultas de Ramón Vargas
El responsable de las actividades operísticas del país, el tenor Ramón Vargas, prefirió aclarar su situación con las figuras mediáticas que con la gente que sí sabe del tema…

Por José Noé Mercado

La digna metáfora, periodismo cultural
Número 13, 20 de julio de 2015

La mañana del sábado 30 de mayo de 2015 topé con un encabezado que me hizo despertar por completo: “Tenor Ramón Vargas gana más que el presidente”.

El escrito, firmado por Alida Piñón, se publicó en la versión electrónica de El Universal e informó que durante 2015 Vargas obtendría un pago de 850 mil dólares —que con un tipo de cambio fijado a 17 pesos daba un total de 14 millones 450 mil pesos— por la dirección artística de la Ópera de Bellas Artes —OBA—. Esa cifra, explicaba la nota, representaría un incremento del 2 mil 178 por ciento respecto de lo que había cobrado en 2014.

En el contexto de OBA, esos números eran escandalosos. Increíbles. Pero la utilizada por Piñón era una fuente oficial que podía constatarse online: el Portal de Obligaciones de Transparencia del Instituto Nacional de Bellas Artes —INBA.

Antes de concluida la mañana, la información se esparció en redes sociales con variaciones de la frase “Funcionarios millonarios en instituciones empobrecidas”.

¿Podía resumirse la situación de otra manera si días antes se conoció la afectación de la de por sí raquítica temporada de la OBA a causa de los recortes presupuestales? ¿Podía un nota así no despertar indignación si Juliana Faesler, directora de escena de La traviata, producción que se ensayaba en ese entonces en Bellas Artes, había declarado que el proyecto sobrevivió a tres cancelaciones y que echaría mano del reciclaje?

Esa pepena daría por resultado “una de las puestas en escena más horrorosas que me ha tocado presenciar en los 50 años que llevo viendo funciones de ópera”, consignaría el crítico Manuel Yrízar.

Para el mediodía, las reacciones en redes sociales sobre el sueldo de Ramón Vargas podían contarse en centenas. La irritación y el descrédito que produjo la nota aumentó.

La reacción oficial no tardó en llegar. O sí: la imagen de OBA y del tenor que la dirige estaba manchada en la opinión pública. Había anochecido cuando Roberto Perea, director de Difusión y Relaciones Públicas del INBA, se comunicó con Alida Piñón. Le dijo que la información del Portal de Transparencia era incorrecta debido a “un error humano” que puso en dólares una cifra que iba en pesos y que Ramón Vargas recibía un pago de 5 mil dólares mensuales como director artístico de OBA.

La periodista publicó la aclaración al día siguiente. Pero dudas y suspicacias crecieron entre la comunidad operística porque las cuentas no cuadraban. ¿Un error de dedo puede alterar de forma tan contrastada el tipo de cambio de referencia para el dólar, la moneda en que se realizará el pago, y la suma total que bajó de 14 millones 450 mil pesos a 700 mil con un tipo de cambio de 14 pesos por dólar y luego, con al menos cuatro modificaciones del Portal de Transparencia, subió a 749 mil, con un tipo de cambio de referencia de 14.98 por dólar?

Ese manoseo del Portal y la carencia de candados para modificar su información a conveniencia fue documentado en diversas capturas de pantalla. El alboroto podía maquillarse, pero no se borró. Las contrarréplicas tampoco lo harán a estas alturas ni siquiera si muestran el contrato íntegro celebrado por Vargas y la Subdirección General del INBA, puesto de Sergio Ramírez Cárdenas. Quizás sólo el Órgano de Control Interno de la dependencia podría aclarar el affaire. O instancias como la Función Pública. El crítico Luis Gutiérrez fue lapidario: “Supongamos que la información fuente no es correcta. Eso sí es un escándalo pues pulveriza cualquier rastro de confianza que aún nos quedase a los mexicanos en lo referente al manejo de los egresos del gobierno”.

La cara oculta de Ramón Vargas para enfrentar ésta y otras crisis en OBA no fue menos discreta o indignante.

Fue hasta junio que Vargas apareció en un reducido número de medios de comunicación. Sobre sus próximos compromisos como cantante; con la consigna de que Papá Gobierno —él, en otra de sus caras ocultas— no está en condición de ofrecer la ópera que se quisiera por lo que la sociedad debe apoyar con recursos de sus bolsillos, y con risitas y tímidos sarcasmos sobre ganar más que el presidente o sus motivaciones para seguir en OBA, conversó ante los micrófonos con Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, Brozo o Maxine Woodside, entre otro selecto grupo de comunicadores.

Como Vargas no habló de temas sustantivos de OBA ni de la problemática en su sistema de producción que mantiene bajo tierra la calidad artística, el 22 de junio le solicité por escrito una entrevista que abordara las inquietudes centrales que mantiene el sector operístico mexicano.

La respuesta del tenor a mi petición fue negativa. Dos días después, me escribió: “Efectivamente, como usted lo menciona, en las últimas semanas he brindado numerosas entrevistas a comunicadores de la prensa, radio, televisión y otros medios electrónicos. Pienso con ello haber ofrecido amplia información sobre las actividades desarrolladas en la Ópera de Bellas Artes desde el inicio de mi gestión como director artístico de la misma; información que debe de haber llegado a la opinión pública en general, así como a las personas más especialmente interesadas en las actividades líricas que se presentan en nuestro país”.

Agradecí su pronta respuesta, aunque repliqué: “Lamento, desde luego, que no se haya podido construir el camino de la comunicación para entablar un diálogo transparente como en otras ocasiones, al considerar que diversas temáticas estructurales de tu gestión se quedan sin ser abordadas en esta entrevista que no fue, ni en otras que sí fueron”.

Sí me envió, en cambio, un artículo en el que enumera los que considera principales logros de su gestión, comenzando por la labor formativa de jóvenes talentos, a través del Estudio de la OBA. El texto —publicado con anterioridad, el 5 de junio, en El Universal, como una colaboración que lleva su firma aunque las Propiedades del archivo que lo contiene delatan que en realidad fue autoría de un tal Urbano y luego manipulado por el subdirector del INBA, Sergio Ramírez Cárdenas— concluye:

“Ópera de Bellas Artes ha logrado mantener una presencia constante de la ópera, tanto en el Palacio de Bellas Artes como en otros foros del país, con muy buena asistencia de público (…) Por nuestra parte, seguiremos construyendo una oferta operística de excelencia, como corresponde a un teatro del prestigio e importancia como es la Ópera de Bellas Artes”.


Sin oportunidad para plantear preguntas, concluyo con una paráfrasis sobre una anécdota de sastres que solía contar el periodista, recientemente fallecido, Jacobo Zabludovsky: Ramón Vargas optó por hablar con los comunicadores más famosos. Con las estrellas del rating de los medios nacionales. Pero no tuvo cara para conversar para las figuras de su misma calle. Para las celebridades del barrio en el que ronda. Quid pro quo. Pues no es ante la audiencia de La reina de la radio o El payaso tenebroso el desgaste de su imagen, su descrédito. Sin duda, se equivocó de target.

martes, 21 de julio de 2015

Cavalleria Rusticana y Pagliacci en el Teatro Colon de Buenos Aires

Foto: Prensa Teatro Colón/Máximo Parpagnoli 

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 17/07/2015. Teatro Colón. Cavalleria Rusticana y Pagliacci en Caminito (Homenaje a la inmigración italiana del 900). Espectáculo ideado por José Cura. Integrado por el tango-canción ‘Caminito’ de Juan de Dios Filiberto (música) y Gabino Coria Peñaloza (letra) y las óperas Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni y Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo. Dirección escénica, diseño de escenografía y diseño de iluminación: José Cura. Vestuario: Fernando Ruiz. Producción Original de la Ópera Real de Valonia, Lieja. Pietro Mascagni: Cavalleria Rusticana, ópera en un acto con libreto de Giovanni Targioni-Tozetti y Guido Menasci basado en la obra homónima de Giovanni Verga. Guadalupe Barrientos (Santuzza), Enrique Folger (Turiddu), Leonardo Estévez (Alfio), Mariana Rewerski (Lola) y Laura Dominguez(Lucia). Ruggero Leoncavallo, Pagliacci, drama en un acto con libreto del propio Leoncavallo. José Cura (Canio/Pagliaccio), Mónica Ferracani (Nedda/Colombina), Fabián Veloz (Prólogo/Tonio/Taddeo), Gustavo Ahualli (Silvio), Sergio Spina (Beppe/Arlecchino), Reinaldo Samaniego y Grabriel Vacas (Paisanos). Juan Kujta, bandoneón. Orquesta, Coro de Niños y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Fabián Martínez. Director del Coro de Niños: César Bustamante. Dirección Musical: Roberto Paternostro.

El Teatro Colón presentó un espectáculo ideado por el polifacético José Cura denominado ‘Cavalleria Rusticana y Pagliacci en Caminito (Homenaje a la inmigración italiana del 900)’.
Todo comienza con la grabación del tango ‘Caminito’ -compuesto en 1926- con la extraordinaria voz de Carlos Gardel y acción escénica que muestra al menos dos encuentros amorosos: el de Turiddu y Santuzza y el de Nedda y Silvio. No estamos ni en Sicilia ni en Calabria sino en una esquina del porteño barrio de La Boca en el Buenos Aires de inicio del siglo XX, aunque la ambientación for-export de la calle Caminito sea mucho más actual, con un bar que se denomina ‘Caminito Tango’ y las casas de altos ocupadas por Lola y Santuzza, un iglesia de madera en el fondo y a la derecha una plaza con un mural que se denomina ‘La Murga’ y que se encuentra a unos tres kilómetros de Caminito y que se construyó en 1988-1999. Un figurante disfrazado de Pietro Mascagni merodea la acción y toma notas y finalmente comienza la música de Cavalleria Rusticana. En el intermezzo el órgano es suplantado por el bandoneón y el grito que indica el asesinato de Turiddu es dicho primero por el figurante que hace de Mascagni y luego susurrado por Santuzza. Al concluir Cavalleria no se baja el telón ni salen los artistas a saludar. Se suben apenas las luces de la sala y se indica en la pantalla del sobre-titulado que comienza el intervalo. Durante el mismo un bandoneonista desgrana tangos sentado en la plaza de la escenografía junto al figurante vestido de Mascagni. Parte del público se queda disfrutando del concierto de tango y otros salen como de costumbre. Al llamado para la segunda parte y el reingreso del público sigue Pagliacci. En el inicio de la partitura se escenifica el cortejo fúnebre de Turiddu, luego entra Ruggero Leoncavallo, se abraza con Mascagni, canta el Prólogo y se va de la escena junto al otro compositor. Finalizado el prólogo un cartel indica que han pasado cinco meses desde la acción de la primera parte. Se ve a Santuzza con un embarazo avanzado, Lola y Alfio pasan por la calle y posteriormente se develará que Silvio es el camarero en la Taberna de Mamma Lucia. Llegan los payasos y la acción y la música se corresponden a la ópera de Leoncavallo. La frase final no la dice Tonio, como en la partitura, ni Canio, como se hace tradicionalmente, sino Mamma Lucia. Irreverente concepción algunos, extraordinaria para pocos, decididamente mala para una minoría o trivial para algunos, las ideas de José Cura nunca dejan al espectador indiferente. El vestuario de Fernando Ruiz es correcto sin un anclaje temporal definido pero se estima entre los últimos diez años del siglo XIX y los primeros treinta del siglo XX. La iluminación ideada por José Cura es sencilla con momentos decididamente pobres y la escenografía, también firmada por el tenor, de milimétrica precisión dentro de un contexto de postal turística, pero deja poco espacio para los coros. 

El cambio de época, lugar y acción no molesta y no aporta demasiado. Quizás sea muy interesante para público del exterior por la potencia que tiene el tango en diversos países de Europa y del extremo oriente. El problema de José Cura director escénico es que sobrecarga las tintas de la violencia. Ya el verismo abusa del realismo y si al verismo se lo exagera queda ridículo. Valga como ejemplo que Santuzza se pasa la obra tocándose el vientre para que nos demos cuenta que está embarazada, o cuando Santuzza en un ataque de ira al finalizar el dúo con Turiddu se golpea repetidamente el abdomen intentando, quizás, un aborto natural, o la impactante cicatriz en el rostro de Canio que deja ver cuando se quita su máscara de payaso. Todo parece sobreactuado, con algunos detalles no tenidos en cuenta como que Lola y Alfio viven arriba de la taberna de Mama Lucia y Santuzza a su lado en una cercanía que mota en increíble los triángulos amorosos, o tener casi todo el tiempo a un policía en el escenario y que no pueda frenar la violencia que sucede casi en sus narices. Es ridículo que Alfio, luego de matar a Turiddu, se pasee por el pueblo durante la acción de Pagliacci cuando debería estar en la cárcel, o que la compañía ambulante se presente al aire libre en el mes de agosto en la mitad del invierno porteño. Con todo la puesta no molestaría como tampoco los parlamentos castellanos añadidos, los sobretitulados con giros lunfardos o con texto que no se canta, el cambio de palabras o rimas, o la modificación en la atribución de frases si la versión musical y vocal fuera de primer orden. Al ser sólo una correcta interpretación musical el foco se puso en la escena. No esta mal pero tampoco tiene el vuelo y la excelencia de otras puestas con cambios de época vistas en el Colón, en otros escenarios de la Argentina o en el mundo. Sólo es una más, con buen trabajo de marcación en las acciones paralelas, exageración en los protagónicos y descuido en las masas. Roberto Paternostro concertó una rutinaria versión musical y es el responsable de permitir cambios y alteraciones en la partitura. No es menor el agregado de un bandoneón en el célebre Intermezzo de Cavalleria que reemplazó al órgano pero que sonó con distinta afinación a la de la orquesta y con notorios desajustes respecto a la misma. Ambos coros efectuaron una faena correcta pero con algunos desajustes, seguramente fruto de la batuta del maestro Paternostro. El tenor Enrique Folger fue un Turiddu de emisión vehemente y algo forzada. Leonardo Estevez como Alfio tuvo un desempeño correcto, mientras que Laura Dominguez (en reemplazo de Anabella Carnevalli) como Mamma Lucia no estuvo a la altura del rol. Se anunció que Guadalupe Barrientos (Santuzza) tenía faringitis y no corresponde, por respeto a la persona, hacer un comentario disvalioso a su labor teniendo en cuenta su enfermedad. Sólo podremos expresar que su labor fue razonable y que permitió llevar la función a buen puerto. Mariana Rewerski fue una Lola perfecta, por sensualidad, línea de canto y belleza vocal. José Cura brindó un Canio arrogante y potente. Con su ya conocida forma personal de emisión, frases recitadas más que cantadas y con agudos retaceados. Fabián Veloz fue un Tonio de excelente emisión, se destacó en el prólogo caracterizado como el compositor de la obra, y fue sin lugar a dudas de lo mejor de la noche. Mónica Ferracani cumplió con creces con los requerimientos de Nedda y Gustavo Ahualli (Silvio) y Sergio Spina (Beppe/Arlecchino) no pasaron de la corrección.

Festival Barenboim: el acontecimiento musical más esperado de la Temporada 2015 en el Teatro Colón de Buenos Aires

Junto a la participación de Martha Argerich y la Orquesta West Eastern Divan.
El maestro Daniel Barenboim y la Orquesta West – Eastern Divan regresan a nuestro primer coliseo el próximo viernes 24 de julio a las 20:00 horas, sellando el inicio de este verdadero festival de cultura que fusiona una serie de eventos musicales inspiradores. El programa musical incluye Idilio de Sigfrido de Richard Wagner, Sinfonía de cámara No. 1, Op. 9 de Arnold Schönberg y el estreno argentino de Sur Incises bajo la composición de Pierre Boulez.
El sábado 25 de julio a las 20:00 horas, Daniel Barenboim y la Orquesta West – Eastern Divan recibirán a Martha Argerich como solista invitada. Se escuchará Sinfonía de cámara No. 1, Op. 9 de Arnold Schönberg, Sur Incises de Pierre Boulez, Seis estudios canónicos, Op. 56 de Robert Schumann y En blanco y negro de Claude Debussy.
El domingo 26 de julio a las 17:00 horas, la excelencia del dúo pianístico conformado por Martha Argerich y Daniel Barenboim, se presentará con un programa musical seleccionado por ambos artistas que incluirá: Seis estudios canónicos, Op. 56 de Robert Schumann, En blanco y negro de Claude Debussy ySonata para dos pianos y percusión de Béla Bártok.

El miércoles 29 de julio a las 20:00 horas y el jueves 30 de julio a las 20:00 horas la batuta de Daniel Barenboim y su Orquesta West – Eastern Divan, fundada en 1999 por el Maestro junto al teórico literario y musical palestino Edward Saidconvocan en carácter de solista a Martha Argerich conformando dos veladas que prometen ser inolvidables.

El programa musical para ambas presentaciones incluye el Concierto para piano y orquesta No. 2 en Mi bemol mayor, Op. 19 de Ludwig van Beethoven y Sinfonía No. 4 en Fa menor, Op. 36 de Piotr Ilich Chaikovski. El sábado 1 de agosto a las 18:00 horas, reiterando la experiencia de diálogo y pensamiento realizada el año pasado en la sala principal de nuestro primer coliseo, el maestro Daniel Barenboim dialogará en un simposio que integrarán el ex premier español Felipe González, el rabino Daniel Goldman, el dirigente islámico Omar Abboud y el padre Guillermo Marco bajo la moderación de Hugo Sigman. La entrada será gratuita, y se especificará a la brevedad fecha y horario en que se podrán retirar por la boletería del Teatro Colón.

El martes 4 de agosto a las 20:00 horas, solistas de la Orquesta West – Eastern Divan presentarán un concierto de música iraní y árabe proponiendo nuevas sonoridades que tienden puentes entre ambas culturas y tradiciones.
El viernes 7 de agosto a las 20:00 horasDaniel Barenboim y la Orquesta West – \
Cronograma Conciertos por la Convivencia 
Centro Islámico República Argentina / Avenida San Juan 3053.
Domingo 2 de agosto a las 20:30 horas.
Concierto de cámara. Duración aproximada 45’. 
Templo Libertad / Libertad 769.
Miércoles 5 de agosto a las 19:30 horas.
Concierto de cámara. Duración aproximada 45’.
Catedral Metropolitana / Avenida Rivadavia y San Martín.
Jueves 6 de agosto a las 19:30 horas.
Concierto de cámara. Duración aproximada 45’.
Las tres presentaciones tendrán entrada gratuita.
Cada sede, acorde a su capacidad, entregará localidades individuales  para su posterior canje en la boletería del teatro.
Se especificará a la brevedad fecha y horario en que se podrán canjear en la boletería del Teatro Colón.
Programa Musical Conciertos por la Convivencia 
Mini Overture, de W. Lutoslawski
Contrapunctus I., de J.S Bach
Locus Iste, de A. Bruckner
Rondo for brass quintet, de Lior Shambadal
Tesserae for brass quintet, de Kareem Roustom
Monunmental Etude, de Steven Verhelst
Kleiner Zirkusmarsch, de Jan Koetsier
Suite Americana, de Enrique Crespo
Estampas de Palermo, de José Carli
 
Cronograma Festival Barenboim

Viernes 24 de Julio, 20:00 horas.
Orquesta West – Eastern Divan
Director: Daniel Barenboim
Programa Musical:
Richard Wagner: Idilio de Sigfrido
Arnold Schönberg: Sinfonía de cámara No. 1, Op. 9
Pierre Boulez: Sur Incises (Estreno argentino)

Sábado 25 de Julio, 20:00 horas.
Orquesta West – Eastern Divan
Director: Daniel Barenboim
Solista: Martha Argerich, piano
Programa Musical:
Arnold Schönberg: Sinfonía de cámara No. 1, Op. 9
Pierre Boulez: Sur Incises (Estreno argentino)
Robert Schumann: Seis estudios canónicos, Op. 56
Claude Debussy: En blanco y negro

Domingo 26 de Julio, 17:00 horas.
Dúo de Pianos
Martha Argerich y Daniel Barenboim
Programa Musical:
Robert Schumann: Seis estudios canónicos, Op. 56
Claude Debussy: En blanco y negro
Béla Bártok: Sonata para dos pianos y percusión

Miércoles 29 de Julio, 20:00 horas.
Orquesta West – Eastern Divan
Director: Daniel Barenboim
Solista: Martha Argerich, piano
Programa Musical:
Ludwig van Beethoven: Concierto para piano y orquesta No. 2 en Mi bemol mayor, Op. 19
Piotr Ilich Chaikovski: Sinfonía No. 4 en Fa menor, Op. 36

Jueves 30 de Julio, 20:00 horas.
Orquesta West – Eastern Divan
Director: Daniel Barenboim
Solista: Martha Argerich, piano
Programa Musical:
Ludwig van Beethoven: Concierto para piano y orquesta No. 2 en Mi bemol mayor, Op. 19
Piotr Ilich Chaikovski: Sinfonía No. 4 en Fa menor, Op. 36

Sábado 1 de Agosto, 18:00 horas.
Diálogo de Música y Reflexión – Sala Principal
Daniel Barenboim, Felipe González, Daniel Goldman, Omar Abboud y
Guillermo Marco bajo la moderación de Hugo Sigman.

Conciertos por la Convivencia:\\\\\\\\\\\\\\\
Domingo 2 de Agosto, 20:30 horas.
Centro Islámico República Argentina / Avenida San Juan 3053.
Concierto de cámara. Duración aproximada 45’.
Martes 4 de Agosto, 20:00 horas.
Solistas Orquesta West – Eastern Divan
Música Iraní y Árabe – Concierto de cámara. 
Conciertos por la Convivencia:

Miércoles 5 de Agosto, 19:30 horas.
Templo Libertad / Libertad 769.
Concierto de cámara. Duración aproximada 45’. 
Conciertos por la Convivencia:
Jueves 6 de Agosto, 19:30 horas.
Catedral Metropolitana / Avenida Rivadavia y San Martín.
Concierto de cámara. Duración aproximada 45’.

Viernes 7 de Agosto, 20:00 horas.
Orquesta West – Eastern Divan
Director: Daniel Barenboim
Programa Musical:
Ludwig van Beethoven: Triple concierto para violín, violonchelo y piano en Do mayor, Op. 56
Arnold Schönberg: Pelleas und Melisande, Op 5

Sábado 8 de Agosto, 12:00 horas.
Función exclusiva y gratuita para estudiantes.
Orquesta West – Eastern Divan
Director: Daniel Barenboim
Programa Musical:
Ludwig van Beethoven: Triple concierto para violín, violonchelo y piano en Do mayor, Op. 56
Arnold Schönberg: Pelleas und Melisande, Op 5

Sábado 8 de Agosto, 20:00 horas.
Orquesta West – Eastern Divan
Director: Daniel Barenboim
Programa Musical:
Ludwig van Beethoven: Triple concierto para violín, violonchelo y piano en Do mayor, Op. 56
Arnold Schönberg: Pelleas und Melisande, Op 5