lunes, 29 de junio de 2015

Salome de Strauss con la Orquesta Sinfónica Nacional, México D.F.

Fotos: Ana Lourdes Herrera 

Ramón Jacques

La Orquesta Sinfónica Nacional de México concluyó con éxito su temporada 2014-2015 con la ejecución de la ópera Salome de Richard Strauss (1864-1949).  Dos conciertos parecieron pocos ante el entusiasmo y el interés que generó esta propuesta entre el público local,  que abarrotó el Palacio de Bellas Artes ávido de saborear esta obra maestra en un acto, con libreto en alemán del propio compositor, que como se sabe está basado en el traducción al alemán que hiciera Hedwig Lachmann de la obra en francés Salomé de Oscar Wilde. Originalmente se pensó que las funciones debían realizarse con un montaje escénico, pero por situaciones de carácter técnico se optó por una versión en concierto, aunque finalmente lo que se vio en escena fue un montaje cantado y actuado por los solistas. Muy pocos elementos bastaron para realzar la trama y el dramatismo que contiene la partitura, que consistieron en un enorme telón blanco al fondo del escenario, detrás de la orquesta, donde se observaba una intensa y fulgurante luna roja,  solistas ataviados con elegantes vestuarios negros, y la acción, con apenas dos sillas ocupó una esquina del escenario, mientras que la extensa orquesta ocupó el resto. Ello bastó para dar vida con fluidez e intensidad a este conocido pasaje bíblico. Afortunadamente, el elenco contó con buenos intérpretes, entre los que descolló la presencia del legendario tenor estadounidense Chris Merritt, quien demostró una admirable compenetración vocal y escénica como Herodes. Su presencia en este escenario fue un lujo, ya que vocalmente exhibió una voz firme, sonora y cargada de expresividad e intención con la que cautivó. Histriónicamente regaló un personaje, irónico, perverso, degenerado y neurasténico.  Las  noches de éxito a lo largo de la carrera de Merritt serán seguramente innumerables, pero las estruendosas ovaciones que recibió en ambas presentaciones en este teatro, que tanto lo conmovieron, quedaran grabadas en su memoria. Como Salomé, la soprano Elizabeth Blancke-Biggs, exhibió una voz robusta, capaz de atravesar la masa orquestal, de brillante y colorida tonalidad metálica e intensidad. Su actuación fue convincente, seductora, incluida la danza de los siete velos.  El barítono Peter Castaldi cantó el papel de Jokanaan de manera enérgica y buen temple, y Nieves Navarro prestó su voz oscura y profunda de mezzosoprano a Herodías. Agradó la joven contralto mexicana Dolores Menéndez, como el paje de Herodías, por su timbre joven, fresco y de grata coloración. El desempeño del tenor Cameron Schutza como Narraboth, no paso de ser discreto, e incluso podría calificarse de intrascendente. Correctos estuvieron los cantantes que dieron vida a los judíos y nazarenos, todos miembros del coro del Teatro de Bellas Artes, que demostraron ser artistas muy solventes y profesionales en sus intervenciones. La orquesta bajo la entusiasta dirección de su titular Carlos Miguel Prieto fue moldeando un buen marco  musical para las voces y el desarrollo de la obra, manteniendo la tensión que requiere la partitura, así como el colorido y la emoción, incluso conmoción, que emana de la propia partitura, con una sección compacta y homogénea de cuerdas.  Algunos mínimos desfases o fuerza de más que por momentos cubrió a las voces no son motivos suficientes para restarle merito o desvalorizar una satisfactoria velada como lo fue esta. Auguramos que los administradores de la orquesta contemplen programar en futuras temporadas más proyectos de este calibre. 

Opera Tango – Teatro Pietro d’Abano – Abano terme

Foto: Giacomo De Checchi

Renzo Bellardone

OPERA TANGO Presentato da I MUSICI PATAVINI Rodrigo Trosino – tenore, Mirko Satto – bandoneon, Matteo Mignolli – flauto traverso, Maddalena Murari – pianoforte, Claudio Gasparoni – contrabbasso

Il concerto del 18 giugno 2015 al Teatro Pietro d’Abano di Abano terme è stato un rincorrersi di note che come nel gioco infantile del ‘nascondino’ si nascondono e  si rincorrono,  per ritrovarsi poi in un’ esaltazione sempre nuova, fatta di sorrisi e luccichii negli occhi senza rimpianti per la lacrima scesa poco fa. La ben nota malinconica passionalità delle musiche  di Astor Piazzolla, di Carlos Gardel o Gerardo Matos ha aleggiato tra gli spettatori sopraffatti dall’inquietante attesa liberatoria che certamente arriverà, ma che da sempre tiene gli animi in sospeso alla ricerca di una impalpabile fatalità. I solisti di provata bravura hanno saputo ricreare le atmosfere del sogno argentino e dei ricordi di un tempo che fu, di locali fumosi e di danzatori posseduti dal ritmo incalzante del tango. Mirko Satto al badoneon  si è visibilmente divertito, ammaliando il pubblico con le variazioni ed i tecnicismi virtuosistici che partendo da pennellate dai colori quasi organistici, giunge poi ad espressioni composite intrise di dolce malinconia o prorompente vivacità alla ricerca di vibrazioni emozionali. Al pianoforte la brava Maddalena Murari che dà voce e ritmo arrivando ad usare il legno del pianoforte quale percussione a ritmare una milonga languida, ma passionale. Claudio Gasparoni in ensemble con il contrabbasso ha segnato il ritmo con la sobria eleganza dei professionisti. Al flauto traverso Matteo Mignolli ha ingentilito la forza del tango senza ridurne l’efficacia, esaltandone invece la voce interiore con sfumature di passione riflessiva e vissuta intimamente. La voce solista che ha interpretato alcuni celebri brani quali “El dia que me quieras” o “solamente una vez”è stata quella del tenore italo messicano Rodrigo Trosino: timbro particolare e forza espressiva hanno spaziato sul rigo dalle tonalità quasi baritonali ai ben noti acuti richiesti ad esempio da ‘O sole mio’ cantato al finale quale bis; buona presenza scenica e vocalità interessante utilizza un chiaro fraseggio e dei gradevoli arrotondamenti che arrivano piacevolmente al pubblico. Ha interpretato i brani con il calore e la signorilità tipici delle ambientazioni oniriche di riferimento. Il viaggio si è svolto tra mondi conosciuti soltanto attraverso una letteratura musicale, ma pressoché inesplorati nella ‘vecchia Europa’!  A suggellare degnamente il finale di ‘Opera Tango’ l’eclettico ensemble ha proposto la colonna sonora –composta da Astor Piazzolla- dal film di Bellocchio “Enrico IV”. La Musica vince sempre.

Temporada 2015/2016 de la Ópera de París‏

Gustavo Gabriel Otero

La Ópera Nacional de París ha presentado su próxima temporada 2015-2016, que incluirá veinte Óperas y quince espectáculos de Ballet a desarrollarse en sus dos sedes del Palacio Garnier y de la Ópera de La Bastilla.

Nueve de los espectáculos líricos serán nuevas producciones a cargo de Romeo Castellucci (Moïse et Aaron de Schöenberg), Krzysztof Warlikowski (el doble programa formado por El Castillo de Barbazul de Bartók y La voix humaine de Poulenc), Katie Mitchel (The way back home de Joanna Lee), Alvis Hermanis (La damnation de Faust de Berlioz), Alex Ollé (Il Trovatore de Verdi), Stefan Herheim (Maestros Cantores de Wagner), Dmitri Tcherniakov (doble programa mixto Chaicosqui compuesto por la ópera Yolanta y el ballet El cascanueces), Claus Guth (Rigoletto con Michael Fabiano, Francesco Demuro, Quinn Kelsey, Franco Vassallo, Olga Peretyatko, Irina Lungu, Rafal Siwek, Andrea Mastroni y Vesselina Kasarova) y el polémico Calixto Bieito que pondrá en escena Lear de Aribert Reimann.

Están previstos, también, conciertos sinfónicos y de cámara, recitales, espectáculos en otras sedes, para jóvenes, de la Escuela de Danzas y del Centro de Formación Lírica.

La Temporada se iniciará el sábado cinco de septiembre con la reposición de Madama Butterfly de Giacomo Puccini y concluirá el 16 de julio de 2016 con las últimas representaciones de Aida de Verdi en la Bastilla y el programa mixto de Ballet con coreografías de William Forsythe en el Palacio Garnier. Como novedades de la gestión de Stéphane Lissner encontramos el sobre-titulado ofrecido en francés y en inglés y las nuevas Avant-première de trece de los espectáculos programados, con 800 localidades por función a precios reducidos a diez Euros, para jóvenes entre 14 y 28 años. Estos espectáculos serán 20 danseurs pour le XXème siècle y el espectáculo de danza Robbins / Millepied / Balanchine (22/9/2015), Moses und Aron (17/10/2015), las coreografías de Anne Teresa de Keersmaeker (21/10/2015), el doble programa Le Château de Barbe-Bleue / La Voix humaine (20/11/2015), el espectáculo coreográfico con ideas de Wheeldon / Mc Gregor / Bausch (01/12/2015), La Damnation de Faust (05/12/2015), Il Trovatore (28/01/2016), el doble programa Iolanta / Cascanueces (07/03/2016), las coreografías de Ratmansky / Balanchine / Robbins / Peck (22/03/2016, Rigoletto (06/04/ 2016), Lear (20/05/2016) y el ballet Giselle (27/05/2016).

Danza:

La Temporada de Ballet se iniciará con una Gala de Danza el 24 de septiembre de 2015 en el Palacio Garnier; se incluyen los tradicionales La bayadera, El Cascanueces, Romeo y Julieta y Giselle, la visita del English Nacional Ballet que presentará El Corsario y de la Batsheva Dance Company, un espectáculo en homenaje a Pierre Boulez formado por tres coreografías, programas mixtos, nuevas coreografías, espectáculos de la Escuela de Danza, y un programa pensado para representar en los espacios públicos del Palacio Garnier creado por Boris Charmatz.

La mayoría de los programas de danza se desarrollarán en el Palacio Garnier, salvo La Bayadère (noviembre y diciembre de 2015), Romeo y Julieta (marzo y abril de 2016) y el programa mixto de Ballet con coreografías de Justin Peck y George Balanchine que se ofrecerán en la Bastilla y la presencia de la Compañía invitada denominada Rosas con dirección y coreografías de Anne Teresa De Keersmaeker que se presentará en el Centro Pompidou.

Temporada Lírica:

A la reposición, en la Bastilla, de la puesta de Robert Wilson de Madama Butterfly con Oksana Dyka y Ermonela Jaho, que iniciará la temporada lírica, le seguirá en septiembre y octubre de 2015, la reposición de la puesta de Michael Haneke de Don Giovanni de Mozart con el protagónico de Arthur Ruciñski. En noviembre será el turno de L’Elisir d’amore de Donizetti con Aleksandra Kursak, Roberto Alagna, Mario Cassi y Ambrogio Maestri, que recrearán la brillante puesta de Laurent Pelly bajo la batuta de Donato Renzetti. Finalmente se repondrá el Barbero de Sevilla de Rossini, en una producción original del Gran Teatro de Ginebra firmada por Damiano Michieletto, y la actuación de Lawrence Brownlee, Nicola Alaimo, Pretty Yende, Alessio Arduini e Ildar Abdrazakov con la batuta de Giacomo Sagripanti.

La Temporada incluirá cuatro títulos de Verdi. Se podrán ver en nuevas producciones Il Trovatore (con la batuta de Daniele Callegari y el concurso de Marcelo Álvarez, Fabio Sartori, Anna Netrebko, Ludovic Tézier, Vitaliy Bilyy, y dos Ekaterinas como Azucena: Semenchuk y Gubanova) y Rigoletto (con Michael Fabiano, Francesco Demuro, Quinn Kelsey, Franco Vassallo, Olga Peretyatko, Irina Lungu, Rafal Siwek, Andrea Mastroni y Vesselina Kasarova,en los roles principales). Mientras que se repondrán las puestas de Benoît Jacquot y Olivier Pyde La Traviata y Aida respectivamente. Sonya Yoncheva y María Agresta darán voz y cuerpo a Violetta Valery, mientras que Bryan Hymel y Abdellah Lastri serán Alfredo y Zeljko Lucic, Simone Piazzola y el mítico Plácido Domingo (sólo los días 17 y 20 de junio de 2016) serán Giorgio Germont. Todos bajo la batuta de Michele Mariotti. Mientras que la Aida que cerrará la Temporada Lírica en junio y julio de 2016 contará con el protagónico alternado de Sondra Radvanovsky y Liudmyla Monastyrska, el enamorado Radamés estará a cargo de Aleksandrs Antonenko y Fabio Sartori, interpretarán a la princesa Amneris Anita Rachvelishvili y Daniela Barcelona, en el podio Daniel Oren.

La cuota francesa estará representada por la reposición de Platée de Rameau en el Palacio Garnier con la puesta de Laurent Pelly y la conducción de Marc Minkowski; una nueva producción de La damnation de Faust de Hector Berlioz con la batuta del titular musical de la Ópera Nacional de París: Philippe Jordan. Las diez funciones programadas entre el 5 y el 15 de diciembre de 2015 tendrán un elenco estelar con Jonas Kaufmann y Bryan Hymel como Fausto, Sophie Koch en el papel de Margarita y el Mefistófeles de Bryn Terfel.

También se repone la puesta de Benoît Jacquot del Werther de Massenet con el protagónico de Piotr Beczala y Elina Garança como Charlotte acompañados por Stèphane Degout como Albert y Elena Tsallagova como Sophie y la batuta de Alain Lombrad (enero y febrero de 2016 en la Bastilla). Cierra el capítulo francés La voix humaine de Poulenc que compartirá cartel con El castillo de Barbazul de Béla Bartók cantado en su original húngaro, en doble programa dirigido por Esa-Pekka Salomen.

El repertorio alemán estará representado Moïse et Aaron de Schöenberg -octubre de 2015- con Thomas Johannes Mayer y John Graham-Hall y la batuta de Philippe Jordan, la reposición de Capriccio de Richard Strauss en el Palacio Garnier con el protagónico de Adrianne Pieczonka, la puesta de Robert Carsen y la batuta de Ingo Metsmacher, en enero de 2016; la vuelta de Der Rosenkavalier en mayo de 2016, y las nuevas producciones de Die Meistersinger von Nürenberg de Wagner en marzo de 2016 -en coproducción con el Festival de Salzburgo, la Scala de Milán y el Metropolitan de Nueva York- y Lear, ópera estrenada en 1978 de Aribert Reimann (1936), con Bo Skvhus como el Rey Lear y la batuta de Fabio Luisi.

La temporada lírica incluye, además, el estreno de la versión francesa de The way back home (Vol retour) de Joanna Lee en el Anfiteatro de La Bastilla (diciembre de 2015) y el doble programa Chaicosqui formado por Iolanta con Sonya Yoncheva y el ballet El Cascanueces, en marzo y abril de 2016.

Otras actividades

Están programados cuatro conciertos sinfónicos centrados en la obra de Arnold Schönberg, en los cuales se destaca la presencia de Pierrot lunaire y de los Gurre-Lieder.

Cinco serán los recitales al piano de cantantes solistas en el Palacio Garnier, con la presencia de Matalie Dessay (11 de octubre de 2015), Elina Garança (20 de diciembre), René Pape (7 de febrero de 2016), Diana Damrau (8 de marzo) y Renée Fleming (27 de marzo de 2016). También habrá conciertos de cámara, tanto vocales como instrumentales, y los ciclos ‘Jeune Public, ‘Dix mois d’École et d’Opéra’ y ‘Opèra-Université’ para iniciar a niños, jóvenes y universitarios en las distintas facetas de la música y la danza.

Por su parte los proyectos para artistas en residencia incluyen coreógrafos, directores escénicos y músicos, además del Atelier Lyrique que reúne a jóvenes cantantes de diversas nacionalidades que ofrecerán diversas presentaciones incluyendo conciertos, recitales y la puesta de las óperas Vol retour de Katie Mitchel y L’Orfeo de Monteverdi.

Se pueden comprar billetes en forma de abono o individuales por la web, telefónicamente al +33-1-71-25-24-23 o en las boleterías, los precios van desde los cinco a los doscientos treinta y un Euros por representación.


Mayor información en: www.operadeparis.fr

domingo, 28 de junio de 2015

La noche del tetrarca Salomé con la OSN México D.F.

Fotos: Ana Lourdes Herrera

José Noé Mercado

La Orquesta Sinfónica Nacional, como programa 15 de su Temporada de Conciertos 2015, ofreció un par de funciones de Salomé (1905) ópera en un acto, Op. 54 del compositor germano Richard Strauss (1864-1949), que utiliza como texto la traducción alemana que hiciera Hedwig Lachmann de la versión inglesa del drama poético homónimo de Oscar Wilde escrito originalmente en francés. Salomé es una obra escénicamente poderosa que, si bien recrea un célebre pasaje bíblico, en el contexto del mundo actual cobra una extraordinaria vigencia por su espíritu gore; por el sangriento perfume de la pasión humana; por lo mórbido del deseo más hondo; por lo insano y estridente de la voluntad impuesta a como dé lugar. Por ello, en el papel, la versión en concierto que presentaría la OSN parecía apetecer y reclamar una puesta en escena que contara la truculenta historia de la princesa capaz de bailar con desbordada sensualidad ante su padrastro, no para complacer su lujuria incestuosa, sino para obtener la cabeza del hombre deseado renuente al amor o al sexualidad por las buenas, mientras tiene la desfachatez de enfatizar las perversiones del entorno que lo retiene cautivo. Sin embargo, y para afortunada sorpresa de los asistentes, el formato de la presentación resultó semi-escenificado en el ala derecha del palcoscenico, mientras la orquesta ocupó el resto de ese espacio y al fondo lucía la luna en una panalla. Y ese bienhadado recibimiento del espectador, se sumó al agradecimiento mismo de su programación por el operófilo de la ciudad de México, toda vez que la Ópera de Bellas Artes parece atravesar desde hace algún tiempo por un letargo causado por títulos elementales y de no muy presumible factura. Salomé, en ese sentido, vino a remediar un poco el tedio y a elevar la vara de la calidad interpretativa ofrecida al público capitalino. De hecho, la función del viernes 26 bien pudo titularse La noche del tetrarca, pues el Herodes del tenor Chris Merritt fue imponente. En medio de un destacado elenco encabezado por la soprano Elizabeth Blancke-Biggs, Merritt, a sus 62 años de edad, mostró enorme personalidad vocal —una emisión firme, opulenta, de gran volumen y diestra para mantener soterrado un vibrato que podría ancharse de no manejarse con maestría como es el caso—. Pero al hablar del tenor originario de Oklahoma, no es sólo su voz lo que sobresale. Es su distinción musical, la entrega interpretativa, el dominio de la escena y de cada movimiento al que le da una significación precisa. 
Un grande, un mítico sin duda. Blancke-Biggs entregó una princesa que vocal e histriónicamente trenza la sensualidad superficial, visible, con una concepción profunda del deseo, dando como resultado una deliciosa versión que va sumergiendo al espectador en sus filias más íntimas que le llevan a perder la cabeza. Mucho le habría ayudado a la soprano estadounidense un mayor control de la OSN, por parte de su director titular, Carlos Miguel Prieto. La agrupación tuvo altibajos en la función. Y si bien en algunos pasajes logró aproximarse al colorido tímbrico de la partitura y a la neurosis sonora que sirve como contexto de la historia, también abundaron los momentos de desequilibrio en tiempos para la respiración del canto y descuidos en el balance mínimo para no apelmazar el sonido de una orquestación rica y abundante, que se desenfrenó varias veces en cuanto al volumen. El barítono parisino Peter Castaldi ofreció un Jokanaán con buena presencia en su emisión, probada incluso en los momentos de canto fuera de escena. La mezzosoprano Nieves Navarro, como Herodías, y el tenor Cameron Schutza, como Narraboth, cumplieron también con destacadas participaciones, a las que se sumó la de la joven contralto Dolores Menéndez —Paje— con un bello color y timbrado de su voz, que a la vez mostró su frescura. Como judíos y nazarenos, soldados, Capadocio y un esclavo, Francisco Martínez, Luis Alberto Sánchez, Gilberto Amaro, Hugo Colín, Isaac Pérez, Arturo López Castillo, José Luis Reynoso, Édgar Gutiérrez, Octavio Pérez, David Echeverría y Juan Pablo Sandoval, varios de ellos integrantes del Coro del Teatro de Bellas Artes, dejaron en claro que se puede confiar en ellos para interpretar los papeles pequeños de las temporadas operísticas con solvencia y profesionalismo. Las ovaciones fueron, desde luego, para Merritt y Blancke-Biggs. El público los arropó con varios minutos de aplauso. Pero fue una Salomé en general con tan buenos intérpretes que los primeros en ser aplaudidos, quizás, debieran ser los programadores y luego los asistentes por su decisión de no perdérsela.

En Boloña el estreno de “El sonido amarillo” de Alessandro Solbiati

Foto: Rocco Casaluci

Anna Galletti

“Cada obra nace en el inconsciente... Con paciencia y verdadero amor suavemente o hirviendo la fuerza interior, fluye del alma, conduce la mano... y se encarna en la obra” (Vassilij Kandinskij). “El sonido amarillo” fue comisionado por el Teatro Comunale de Bolonia y estrenado el 13 de junio de 2015. Se trata de una ópera contemporánea, que el compositor italiano Alessandro Solbiati realizó inspirándose libremente en el homónimo “Der Gelbe Klang” di Vasily  Kandinsky. Kandinsky fue un gran pintor conocido cómo padre del arte abstracto, y como un teórico del arte total, refiriéndose a una arte que involucre totalmente al destinatario, y que lo atraiga dentro de la obra, echa de sonido, movimiento y color. Sus composiciones escénicas son textos destinados a ser representados en los teatros. El teatro para Kandinsky es el lugar donde se puede realizar la liberación del alma a través de la unión de los tres elementos mencionados. Solbiati recorrió hábil e intensamente el camino trazado por Kandinsky y creo ochenta minutos de verdadera emoción, por la belleza de la música y el uso del sonido (instrumentos acústicos y voces). En su búsqueda de un resultado de sinestesia – también se podría decir de alquimia – fue perfectamente acompañado por la batuta de Marco Angius, quien tiene gran experiencia en dirigir música contemporánea. Angius llevó la orquesta a una interpretación de gran respeto del lirismo intrínseco de la opera. Compañeros de viaje bien integrados en el proyecto fueron el director Franco Ripa di Meana y el diseñador del vestuario y escenógrafo Gianni Dessì. La contribución de ellos, ambos autores del proyecto escénico, a esta creación tan compleja resultó positivo y coherente.  Al éxito de este estreno cintribuyeron igualmente los cantantes, los que no tuvieron una tarea fácil, al interpretar música atonal y textos descarnados y abstractos. La apreciación va en primer lugar a los solistas, en el rol de los cinco gigantes, figuras que, así cómo lo explica el mismo Solbiati, evolucionan de un estado casi vegetal a un estado cada vez más vivo, “hasta sublimar el estado individual en una unidad ideal superior”:  Alda Caiello (soprano), Laura Catrani (mezzosoprano), Paolo Antognetti (tenor), Maurizio Leoni (barítono), Nicholas Isherwood (bajo). La misma evaluación positiva hay que darla al Coro del Teatro. Distribuido en “coro chico” y “coro grande”, que fue también un óptimo protagonista de esta composición en la que no hay partes secundarias y todos los elementos, vocales, instrumentales y escénicos tienen la misma importancia.  Los alumnos de la Escuela de Teatro de Boloña de Alessandra Galante Garrone llevaron la escena con seguridad y eficacia, asi como la corporeidad necesaria para dar vida y substancia a esta nueva creación. Queda preguntarse si la obra puede considerarse una ópera lírica en su sentido tradicional. Quizás esta pregunta no tenga respuesta hoy en día y solamente con el tiempo se sabrá. Lo que le falta es una verdadera narración, con inicio, final y conexiones internas, y la posibilidad de atribuir a la música y a los escasos textos de Kandinsky significados y representaciones totalmente diferentes que no impidan percibir la unidad de la composición. Es probable que la definición genérica de teatro musical sea más coherente con esta propuesta. O bien se trata solamente de desprenderse de las definiciones y etiquetas, conformándose con apreciar a los autores y realizadores de este interesante experimento, por lo que es, a pesar del nombre que se le quiera dar. 

A Bologna la prima assoluta di “Il suono giallo” di Alessandro Solbiati

Foto: Rocco Casaluci

Anna Galletti

“Ogni opera nasce nell’inconscio … Con pazienza e vero amore dolcemente o ribollendo la forza interiore fluisce dall’anima, guida la mano … e si incarna nell’opera” (Vassilij Kandinskij). “Il suono giallo”, realizzato su specifica commissione del Teatro Comunale di Bologna, è stato presentato in prima assoluta il 13 giugno scorso. Si tratta di un’opera contemporanea, che il compositore italiano Alessandro Solbiati ha realizzato ispirandosi liberamente all’omonimo “Der Gelbe Klang” di Vassilij Kandinskij. Kandinskij, oltre al grande pittore che tutti conoscono come padre dell’astrattismo, è stato anche un teorico dell’arte totale, intesa come arte che coinvolga completamente il fruitore, che lo attiri dentro l’opera, fatta di suono, movimento e colore. Le sue composizioni sceniche sono testi destinati al teatro quale luogo in cui può avvenire la liberazione dell’anima tramite l’unione di questi tre elementi. Solbiati percorre con abilità e intensità la strada indicata da Kandinskij, creando ottanta minuti di vera emozione, per la bellezza della musica e l’uso del suono, creato sia dagli strumenti (solo acustici) sia dalla voce. Nella sua ricerca di raggiungere un risultato sinestetico – e si potrebbe dire anche alchemico – è stato perfettamente accompagnato dalla bacchetta di Marco Angius, che vanta grande esperienza nella direzione della musica contemporanea e che qui guida l’orchestra ad un’interpretazione di grande rispetto del lirismo intrinseco all’opera. Compagni di viaggio ben integrati al progetto sono il regista Franco Ripa di Meana e il costumista e scenografo Gianni Dessì. L’apporto di entrambi, autori congiuntamente del progetto scenico, ad una creazione così complessa risulta positivo e coerente.   Al buon successo di questa prima hanno contribuito in misura non minore i cantanti, chiamati ad un compito tutt’altro che facile, dovendo interpretare una musica atonale e testi scarni e astratti. L’apprezzamento va in primo luogo ai solisti, nel ruolo dei cinque giganti, figure che, come spiega lo stesso Solbiati, evolvono da uno stato quasi vegetale a uno stato sempre più vivente, “fino a sublimare lo stato individuale in una superiore unità ideale”: Alda Caiello (soprano), Laura Catrani (mezzosoprano), Paolo Antognetti (tenore), Maurizio Leoni (baritono), Nicholas Isherwood (basso). La stessa valutazione positiva deve essere riservata al Coro del Teatro Comunale, che – ripartito in “piccolo coro” e “grande coro” –, è stato ugualmente ottimo protagonista di questo componimento in cui non ci sono parti minori o prevalenti e dove tutti gli elementi, vocali, strumentali e scenici sono da considerare parimenti importanti.  Gli allievi della Scuola di Teatro di Bologna di Alessandra Galante Garrone hanno portato con sicurezza ed efficacia sulla scena la corporeità necessaria a dare vita e sostanza a questa nuova creazione.  Resta, tuttavia, da chiedersi se “Il suono giallo” possa essere considerato un’opera lirica, nel significato tradizionale dell’espressione. Forse a questa domanda non si può rispondere oggi, ma solo con il tempo. La mancanza di una vera narrazione, con un inizio, una fine e le sue connessioni interne, e la possibilità, in fondo, di dare alla musica e agli scarni testi di Kandinskij significati e rappresentazioni completamente diversi, impediscono di percepire il senso di unità proprio dell’opera. Probabilmente, la definizione generica di teatro musicale è più coerente rispetto al tipo di proposta presentata. Oppure si tratta soltanto di staccarsi dalle definizioni e dalle etichette, limitandosi ad apprezzare autori e realizzatori di questo interessante esperimento per ciò che è, comunque lo si voglia definire. 

jueves, 18 de junio de 2015

The French Premiere of Pascal Dusapin’s “Disputatio” with RIAS Kammerchor and the Münchener Rundfunkorchester at the Philharmonie de Paris


Photo Stella Doufexis

Suzanne Daumann

For the Biennale of Vocal Arts, the Philharmonie has invited the best vocal artists of our time in a series of most interesting programs. Tonight, the RIAS Kammerchor and the Münchener Rundfunkorchester, conducted by Alexander Liebreich, will give a concert with spirited spiritual music. They introduce themselves with Johannes Brahms’ “Geistliches Lied”, where the choir shows already the breadth of its qualities and which introduces a spiritual atmosphere. Pascal Dusapin’s « Disputatio », that is heard for the first time tonight in France, is an original and gripping work. Written in 2014, a command of the Münchener Kammerchor and the RIAS Kammerchor, it is based on an 8th century Latin manuscript. The text is a dialogue between teacher and student, a game of questions and answers, full of riddles, mystical allusions, fables… A children’s choir takes up the pupil’s texts and the choir answers at the teacher’s place. Tonight, a small ensemble of women sings instead of the children. High sopranos, precise and agile, they have the crystalline candour of the children’s voices. The choir is equally wonderful to hear. Beautiful voices, precise, deep, they give life and dynamics to the dialogue. Pascal Dusapin’s instrumentation, especially the sound of the glass harmonica, gives, like a stained glass window, a mystical light to the piece. A dynamic composition it is, full of life, and we wish it lots of success and performances as beautiful as this. The evening closes with Maurice Duruflé’s Requiem. In spite of two rather dramatic parts, this requiem brings calm and peace. The choir and orchestra, and the excellent soloists, Stella Doufexis, mezzo-soprano, with her rich warm voice, and Stephan Genz, baritone, decided and powerful in his short interventions, bring this piece to vibrant, stirring life. The public, in a meditative mood, hold their breath. Thundering applause greets the artists at the end, impressive especially in a far from sold-out hall, and the apparition of Pascal Dusapin with his young son, to whom “Dispuatio” is dedicated, ends the evening in style.



La création française de « Disputatio » de Pascal Dusapin et le Requiem de Duruflé à la Philharmonie de Paris

Foto: Pascal Dusapin

Suzanne Daumann

Dans le cadre de la Biennale de l’Art Vocal à la Philharmonie de Paris, le Münchener Kammerorchester avec le RIAS Kammerchor, sous la baguette d’Alexander Liebreich, proposent un programme fort intéressant. En ouverture, il y a « Geistliches Lied » de Johannes Brahms, dans lequel le chœur donne déjà la mesure de ses qualités et qui instaure doucement une ambiance spirituelle. « Disputatio » de Pascal Dusapin, dont nous assistons ce soir à la création française, est une œuvre tout à fait originale et saisissante. Écrit en 2014 sur la commande du Münchener Kammerorchester et RIAS Kammerchor, elle se base sur un texte latin du 8ème siècle. C’est un dialogue entre maître et élève, un jeu de question-réponse, plein de rébus, allusions mystiques, fables… Un chœur d’enfants prend la partie de l’élève et le chœur lui donne la réplique à la place du maître. Ici, le chœur d’enfants est remplacé par un petit chœur de femmes. Sopranos aigus, précises et souples, elles ont la candeur cristalline des voix d’enfants. Et le chœur n’est pas en reste. Un ensemble de belles voix, précis, profond, donne une belle dynamique à ce dialogue. L’instrumentation de Pascal Dusapin, surtout le son de la glassharmonica, baigne tel un vitrail d’église, la pièce entière dans une lumière un peu mystique. Une composition bien vivante, à qui nous souhaitons beaucoup de succès et d’aussi belles reprises. Pour finir, les artistes proposent le Requiem de Maurice Duruflé. Requiem apaisant, malgré les passages dramatiques, dépourvu du « Dies Irae » - chœur et orchestre, soutenus par Stella Doufexis, mezzo-soprano, à la voix chaude et ample et Stephan Genz, baryton, décidé et plein de puissance retenue, donnent toute la mesure de cette œuvre emblématique. Un public recueilli suit attentivement, le souffle retenu. Un tonnerre d’applaudissements, d’autant plus impressionnant que la salle est peu fournie, remercie les artistes, et l’apparition de Pascal Dusapin avec son fils à qui la « Disputatio » est dédiée clôt un concert extraordinaire. 

„Mon but principal est de servir l’auteur et le compositeur. » - Un entretien avec le ténor Werner Güra

Suzanne Daumann

Avant de chanter « Winterreise », Werner Güra m’a accordé une demi-heure pour un entretien. Il m’accueille dans le foyer de son hôtel parisien. Nous allons juste nous installer pour l’interview qu’une voix d’homme appelle M Güra : Johannes Weisser traverse le foyer à grands pas. Les deux hommes s’embrassent et Johannes Weisser de nous raconter la tournée qu’il vient de faire avec la troupe de Don Giovanni et René Jacobs. C’est la Biennale d’Art Vocal à la Philharmonie de Paris, et l’hôtel est plein de musiciens. Voilà une entrée en matière :

SD : Monsieur Güra, allez-vous avoir le temps de voir certains de vos collègues ? Tout le monde est ici en ce moment…

WG : Non. En fait, je ne savais rien sur le contexte de ce concert.

SD : Vous abordez vos concerts un peu avec des œillères ?

WG : Non, ce n’est pas cela. L’organisateur a demandé Winterreise, j’étais libre, j’avais envie de la chanter, voilà tout. Ce n’est pas des œillères, c’est juste que le centre de mon attention dans ces moments-là, c’est le concert.

SD : Justement, comment vous sentez-vous en ce moment ? Un peu de trac ? Ou est-ce que cela viendra plus tard ou pas du tout ?

WG : Vous savez, au fil des ans, j’ai appris comment me préparer pour un concert. Je fais surtout attention à ma voix, un peu d’échauffement. Pour un concert comme celui-ci, c’est Christoph (Berner, le pianiste), qui a le plus de travail. Il doit prendre la mesure d’un nouvel instrument à chaque fois.

SD : Un peu comme quand on change de voiture ? En principe c’est la même chose, mais tout est un peu différent ?

WG : Exactement, c’est tout à fait cela. Donc, un peu de répétitions, puis je sais que je dois faire attention à me garder mon espace pour moi. C’est cela qui est le plus important.

SD : Est-ce que cela fait une différence de chanter « Winterreise » en plein été, comme maintenant ?

WG : Pas du tout. Nous avons répété à Zurich avant-hier, il faisait une chaleur torride, et c’était à la rigueur rafraîchissant, (rires), mais, non, cela ne fait aucune différence.

SD : Quel genre de musique écoutez-vous à la maison ?
W
G : Aucun, je n’écoute pas du tout de musique chez moi.

SD (incrédule) : Pas de musique du tout ? Silence total ?

WG : Silence total, non. Parfois, si j’ai du monde, je vais mettre un peu de musique pour l’ambiance. Mais autrement, non. C’est un peu comme beaucoup de musiciens professionnels qui écoutent quelque chose de tout à fait différent chez eux.. Le silence total, c’est quelque chose qui n’existe pratiquement plus de nos jours, non ? Pour cela il faudrait aller vraiment loin de tout pour vivre le vrai silence. Une certaine pression, et puis on entend un seul son, et tout change. Je veux dire, j’écoute de la musique plusieurs heures par jour au conservatoire, alors je n’ai pas besoin de rentrer chez moi pour en entendre encore.

SD : Le silence est un critère du coup pour le choix du lieu des vacances ?

WG : Oui… oui en fait.  À la fin du mois, nous allons en Italie pour deux semaines ; nous avons loué une petite maison à dix kilomètre de la mer, et c’est un endroit vraiment calme en effet.

SD : Quel est le rôle du public dans votre travail ?

WG : C’est différent pour chacun. Il y a des gens qui ont besoin d’un public pour donner le meilleur d’eux-mêmes, d’autres moins. Personnellement, je suis plutôt quelqu’un qui n’aime pas spécialement chanter devant un public. Ou disons que je n’en ai pas besoin. Disons que, le compositeur, le poète et le compositeur, surtout quand il s’agit de Schubert, ce sont des artistes qui sont à un niveau tellement au-dessus de nous tous – de rapprocher le public de leur travail, c’est cela, le challenge pour moi. C’est plus cela qui m’importe, pas tellement d’impressionner les gens. Le récital, c’est un format tellement minimaliste, un piano, un chanteur, on n’a pas tellement d’effets spéciaux à disposition dans ce cadre. Un peu de jeu de scène, oui, mais c’est assez réduit. Donc, si la musique passe bien, c’est là le lien pour que l’auditeur saisisse vraiment la puissance. Un beau son, ce n’est pas un but en soi, c’est le moyen de faire passer le message, de faire passer le poète, le compositeur.

SD : Vous êtes aussi enseignant – trouvez-vous que la jeune génération est plus superficielle ?

WG : Non, les étudiants ne le sont pas du tout. Par contre, nous avons affaire aujourd’hui à un monde où l’effet visuel est primordial partout. On voit cela vraiment partout, que la priorité n’est plus donnée à la qualité du chant mais à des critères purement superficiels. La superficialité est en train de devenir général, et puis il y a cette folie de la minceur. N’importe quoi, vraiment.

SD : Vous dites à vos étudiants de s’y préparer ?

WG : Je n’en ai pas besoin, dans ma classe, il n’y a que des belles femmes. (Rires)  Au conservatoire, il est arrivé une fois que nous étions obligés de dire à quelqu’un ‘tu dois perdre du poids, sinon tu n’as aucune chance’. 

SD : En dehors du chant, pratiquez-vous une activité créative, peinture, écriture… ?

WG : Non, je n’ai pas le temps pour une telle activité. Pour me ressourcer, je vais dans la nature, autour de Zurich il y a la montagne, en hiver je fais du ski, puis vous avez toutes les merveilleuses piscines… Ce n’est pas que cela ne m’intéresse pas. Plus tard, quand ce sera fini avec le chant, il se pourrait que je me mette à la peinture.

SD : Que lisez-vous en ce moment ?

WG : (Rires) Franchement, je ne saurais pas vous le dire ! Avant-hier, avant de partir, j’ai pris un livre au hasard dans l’étagère, pour le train, mais au final, je ne l’ai pas ouvert, et je ne saurai même pas vous dire ce que c’est.

SD : Et est-ce que vous suivez les actualités ?

WG : Bien sûr, je me tiens au courant dans les grandes lignes. En revanche, je trouve qu’il y a un trop-plein d’informations aujourd’hui, on est soumis à un déluge d’informations qui ne servent à personne. Que je sache ce qui s’est passé à des milliers de kilomètres, cela ne profite pas aux personnes concernées ni à moi. J’essaie de me protéger de ce genre de réactions inutiles.

SD : Dernière question. Est-ce qu’il y a un nouveau CD qui attend sa sortie chez Harmonia Mundi ?

WG : Oui ! C’est enregistré, mixé et monté et doit sortir à l’automne. Il s’agit d’un CD Beethoven.

SD : Beethoven ?

WG : Oui, Beethoven ! Ce sont des lieder et Christoph joue aussi du piano solo, des bagatelles.

SD : Comme sur le CD de Mozart alors ?

WG : Exactement, comme le CD Mozart.

SD : Merveilleux, de quoi attendre l’automne. Merci pour l’entretien !

WG : Merci à vous. J’espère que le récital vous plaira. 

lunes, 15 de junio de 2015

La Traviata en el Palacio de Bellas Artes de México D.F.

Foto:  Arturo Chacón y la soprano María Katzarava/ Notimex

Iván Martínez / Confabulario – El Universal 

Pocos nombres en el medio musical mexicano generan tanto interés como el de la soprano María Katzarava. Desde su época de estudiante, fuera vista como ejemplo a seguir por sus contemporáneos o como revelación entre los viejos conocedores, su paso por los concursos nacionales y la fama del Operalia que ganó en 2008, ha generado siempre gran fascinación. Las expectativas siempre han quedado demasiado altas y los estruendosos éxitos se han visto opacados por la exageración con que tomamos los pequeños incidentes, como la breve época de cancelaciones de compromisos en México de hace tres años. Por ese tiempo no pudo debutarse como Violeta Valéry en una errada producción de La Traviata encargada a David Attié, de la que todo el mundo salió lastimado. Habiéndolo debutado luego en 2013 en Ginebra y habiendo participado aquí en un par de producciones que se salvaron por su presencia, María está nuevamente en México para La Traviata, de Giuseppe Verdi, que se estrenó en el Palacio de Bellas Artes el pasado domingo 7 de junio. Sigue destacando por méritos propios y desméritos ajenos. Cuando está en sus mejores momentos, Katzarava es una gran artista vocal y de la escena. Los mínimos detalles técnicos escuchados ahora (la impureza, si se quiere, de algunos sobreagudos, la falta de cuerpo en algunos graves), no ensucian su actuación y mucho menos la sutileza con que hace música en cada frase; las emociones que quiere transmitir siguen entendiéndose con un canto expresivo y lleno de matices. Cada línea está espléndida, sea el devastador “Addio, del pasato” del final, un simple diálogo del segundo acto, sublime en la musicalidad de cada palabra, o con su sola presencia en el tercero. La belleza de su timbre no cambia, solo madura, y lo aprovecha. El desarrollo de su personaje está leído de principio a fin, como pocas Traviatas. La acompañaron Arturo Chacón-Cruz como Alfredo Germont y Jesús Suaste como Giorgio Germont. El primero brindó osadía y vigor a su actuación, pero su canto fue más bien plano, en general y con excepción del conmovedor dueto final con Violeta. El segundo, por su parte, fue menos que gris: extraño que alguien con su experiencia no hubiese aportado nada, más allá de pequeños desplantes vocales o actorales que por exagerados caen en lo inverosímil, a un rol tan rico como éste, del que se pueden desprender tantas capas. Los secundarios, todos, son prueba del fracaso del Estudio de Ópera de Bellas Artes, de donde son becarios. Tras ver un desempeño que cuando no es torpe en movimiento pasa desapercibido, no termina de entenderse el nivel y los objetivos de su escuela, ¿son jóvenes profesionales que se perfeccionan o estudiantes con medianas cualidades vocales a quienes –abaratando costos– se les dan pequeñas oportunidades en el que debiera ser el escaparate más exigente de la ópera nacional? No hay uno solo con presencia, vocal o escénica, suficiente para alternar con figurones como Katzarava, Chacón o Suaste. Desigual también el desempeño de los ensambles. El Coro del Teatro pecó de diferentes maneras y no por ellos: su director huésped, Jorge Alejandro Suárez, los hizo gritar –no en un sentido de volumen, sino en la manera en que se emite el sonido– y esto perjudicó la dicción, su cuerpo y su color, mientras que el descontrol escénico resulta inenarrable. Por su lado, Srba Dinic llevó a cabo con solvencia su empresa como concertador desde el foso. No ha hecho lucir a la Orquesta del Teatro de Bellas Artes como venía acostumbrando, pero no es ésta la partitura de Verdi que ofrezca las más vastas posibilidades para hacerlo. Los tempi elegidos –expandidos sin llegar al rubato– y algunas inflexiones podrían parecer exageradas para algunos puristas de la ópera italiana del siglo XIX, pero no han entorpecido el fraseo de los solistas y, de hecho, en momentos lo han ayudado. No haría falta mencionar el control sobre el volumen, que en producciones recientes ha pecado de excesivo: con cantantes como con los que contó en esta ocasión, supo extender sus matices sin temor a tapar a ninguno de ellos y cuando hubo de ir a los pianissimo lo hizo con sutileza admirable. La escena, firmada por Juliana Faesler acompañada por Clarissa Malheiros es un desastre lleno de incoherencias, de ideas no desarrolladas que no llegan siquiera a un nivel posible de discusión. Ella misma ha realizado el diseño escenográfico y de iluminación (que no existe) junto a Érika Gómez, reutilizando cachivaches de las bodegas de Palacio y amontonándolo todo en espacios donde nadie puede moverse, donde todo estorba –incluso las personas– y de manufactura que ya no es aceptable ni en producciones escolares de academias como Artestudio o el Tec de Monterrey. Igual de deplorable el “diseño” de vestuario de Mario Marín del Río, quien igual utiliza ropajes decimonónicos que actuales.Al caer el telón de la segunda función, ni Juliana Faesler ni quienes la acompañan como co-creativos salieron a dar la cara. Nos quedamos esperando mientras escuché a mi acompañante sentenciar: “es lo peor que hemos visto en Bellas Artes”, lo que, por repetitivo, representa el verdadero escándalo: más temprano que tarde, como sucede con Piña, Lombana o Espinosa, veremos nuevamente a este equipo ejecutar otro título bajo el amparo institucional. Habremos olvidado. Y nos volveremos a sorprender.



Christian Gerhaher sings Mahler at the Philharmonie de Paris

Christian Gerhaher
Suzanne Daumann

For the Lieder week-end during the  Biennale of Vocal Arts, the Philharmonie de Paris has invited the best singers of our time. Tonight, baritone Christian Gerhaher, with pianist Gerold Huber au piano, will offer a judicious choice of Mahler lieder. They are beginning with “Lieder eines fahrenden Gesellen”, come then to a choice of “Des Knaben Wunderhorn”, and end the recital with “Kindertotenlieder”. The songs of “Lieder eines fahrenden Gesellen” are about a rejected lover and his wanderings. The first text is from “Des Knaben Wunderhorn”, the other three are written by Mahler. With his clear and resonant voice, which has acquired over the last years a more expressive warmth and depths, Christian Gerhaher catches every shade, every contrast, of which these lieder are especially rich. Mahler oftentimes puts side by side the serene beauty of nature, bird songs, flowers and colours, and the emotions of the disillusioned young man – and Gerhaher follows him, supple and expressive. “Des Knaben Wunderhorn” is a collection of folkloristic texts from the Middle Ages to the early nineteenth century, an exquisite mixture of naivety and subtlety. The are telling stories that range from the smiling “Rheinlegendchen” or the ironic “Um schlimme Kinder artig zu machen” to the deepest sadness, especially when they are about soldiers’ fates. Gerhaher keeps the perfect balance here between beauty of tone and expressiveness; he expresses discreetly the characters’ feelings, making us laugh, smile, sigh…The last lied in this part of the recital, “Wo die schönen Trompeten blasen”, introduces the subject of the last part – death.  “Kindertotenlieder” are a collection of poems by Friedrich Rückert, in which he expresses the pain of having lost two of his own children. Mahler’s composition is one of the most poignant works in the repertoire. Again, Gerhaher’s interpretation is just discreet enough to allow the music and texts to speak for themselves, with being overly scholarly. His lovely voice does the rest. In the last lied, “Bei diesem Wetter, bei diesem Braus”, the storm of the grieving father’s feeling is giving way to a more peaceful ambiance of acceptation. Thunderous applause for the artists and an encore: “Urlicht” will be the perfect ending for this memorable evening.




Christian Gerhaher chante Mahler à la Philharmonie de Paris

Christian Gerhaher
Suzanne Daumann

Pour le week-end Lieder dans le cadre de sa Biennale d’Art Vocal, la Philharmonie de Paris a invité les meilleurs interprètes de notre temps : Ce soir, le baryton Christian Gerhaher, accompagné par Gerold Huber au piano, propose un choix judicieux de lieder de Gustav Mahler :Cela commence par les « Lieder eines fahrenden Gesellen » (« Chants d’un compagnon errant »), continue avec un choix de « Des Knaben Wunderhorn », pour finir avec les « Kindertotenlieder ». Les chants du compagnon errant mettent en scène un amant trahi. Le texte du premier lied est tiré du « Wunderhorn », les autres sont de la plume de Mahler. Avec sa voix au timbre clair et résonnant, qui a acquis ces dernières années une chaleur et profondeur plus expressive, Christian Gerhaher sait saisir chaque nuance, chaque contraste dont ces lieder sont particulièrement riches. Mahler juxtapose souvent la beauté sereine de la nature, chants d’oiseaux, fleurs et couleurs, aux sentiments du jeune homme désillusionné, et Gerhaher le suit, souple et expressif. Les lieder tirés de « Des Knaben Wunderhorn », un recueil de textes folkloriques, datant du Moyen Age jusqu’au 19ème siècle, sont un mélange exquis de naïveté et subtilité. Ils racontent des histoires tantôt souriantes, comme la « Légende Rhénane », ou « Pour rendre sage les enfants méchants », tantôt très sombres, souvent illustrations de la vie de soldat. Gerhaher tient parfaitement sur la corde raide entre beauté du son et expressivité ; il exprime discrètement l’émotion des personnages, sans jamais en faire trop. Il nous fait sourire, soupirer, réfléchir Le dernier lied dans cette partie « Wo die schönen Trompeten blasen », « Là, où sonnent les belles trompettes », introduit déjà le thème de la dernière  – la mort. Les  « Kindertotenlieder », « Chant des Enfants Morts », composés sur des textes de Friedrich Rückert, dans lesquels il exprime sa douleur face au décès de deux de ses enfants, est une des œuvres les plus poignantes dans le répertoire. Gerhaher les interprète avec suffisamment de retenue pour que leur contenu se révèle pleinement, avec assez d’intensité pour que l’on soit saisi par la profondeur des émotions exprimées. Dans le dernier lied, « Bei diesem Wetter, bei diesem Braus », la tempête des émotions du père éploré cède finalement à l’apaisement de l’acceptation. Le public, conquis, acclame les artistes et obtient un bis – « Urlicht » clôturera ainsi cette soirée mémorable.


Fifty Shades of Winter: Werner Güra sings Schubert at the Philharmonie de Paris

Suzanne Daumann

For the lieder week-end during its Biennale of Vocal Arts in June 2015, the Philharmonie de Paris has invited the best interpreters of our time, among them the tenor Werner Güra, an exemplary Schubert singer. With Christoph Berner at the piano, as usual, he sings today this emblematic work, « Winterreise », the Winter Journey. Composed over a collection of poems by Wilhelm Müller, this song cycle stages this character so dear to Schubert, the Wanderer. A young man has been rejected by his lover, and now leaves the town to wander the winter country, bitter, angry, regretful, nostalgic... Müller had found captivating images for the whole range of human emotions, and Schubert has congenially translated them into music. Tender memories, wild despair, exhaustion, courage, they all keep following each other and clashing together in this cycle. Almost every lied has one or several brusque changes of emotions. Werner Güra gives as much importance to the words as to the notes he sings. Thus, he takes us on a real inner journey. His warm voice, with its baritonal depths, has acquired over time a less silvery, more amber timbre. With total command, he abandons himself effortlessly to Schubert’s winter world.  Like a storyteller, he describes the world, interpreting at the same time the characters that live in it. Christoph Berner and Werner Güra are well used to each other, they seem to understand each other telepathically. The pianist supports and underlines sometimes discreetly, evoking the sound of hooves of post horses, or the flutter of a crow’s wings. From the very beginning, this goodbye full of regret, tenderness and sarcasm, followed by anger in the second lied, until the final encounter with the strange hurdy-gurdy-man, Werner Güra grips his public. He whispers and thunders, he sketches landscapes and conjures up every shade of human emotion. Pianissimo, fortissimo, the notes follow each other, with the perfection of a soap bubble chain, each one fugitive thing of beauty, and each lied in its turn is an entity of its own. The two musicians are not afraid neither of silence nor of slow tempi. “Der Lindenbaum” comes with almost stationary slowness, and sometimes they allow moments of silence to enhance the power of the notes we just heard, or of those to come. Well might we know the work by heart, we wonder nevertheless how it will all end. It ends with a enigmatic character, a hurdy-gurdy-man on a frozen lake, whom the protagonist offers to accompany from now on, and with a little tear. It ends with a moment of meditative silence before the applause. Thunderous applause that finally buys an encore: the artists interpret once more “Frühlingstraum”, this bittersweet thing, where a tender dream contrasts with a harsh reality. We emerge into the Paris sunshine, a bit astonished, after this experience, to see the world go quietly about its business.



50 Nuances d’Hiver : Werner Güra chante Schubert à la Philharmonie de Paris

Werner Gura
Suzanne Daumann

Pour le week-end Lieder dans le cadre de sa Biennale d’Art Vocal, la Philharmonie de Paris a invité les meilleurs interprètes de notre temps, dont le ténor Werner Güra, interprète de Schubert par excellence. Accompagné par Christoph Berner au piano, comme d’habitude, il chante ce soir cette œuvre emblématique, « Winterreise », le Voyage d’Hiver. Composé sur un recueil de poèmes de Wilhelm Müller, ce cycle met en scène le personnage si cher à Schubert, le Wanderer, l’Errant. Un jeune homme a été refusé par sa bien-aimée, et plein d’amertume et de colère, il quitte la ville et s’en va par la campagne hivernale. Müller avait trouvé pour toute la palette des émotions humaines des images frappantes, et Schubert les a mis en musique de façon congéniale. Tendres souvenirs, désespoir sauvage, fatigue, courage, cela s’enchaîne et s’entrechoque dans ce cycle. Presque chaque lied est sujet à un ou plusieurs brusques changements d’ambiance. Werner Güra accorde autant d’importance aux mots qu’aux notes qu’il chante. Ainsi, il nous emmène à un véritable voyage intérieur. Sa voix chaude, aux inflexions barytonales, a acquis au fil des ans un timbre moins argenté, plus ambré. En maître absolu, il s’abandonne avec aisance au monde hivernal de Schubert. Tel un conteur, il décrit le monde tout en interprétant les personnages qui l’habitent. Avec Christoph Berner, le duo est rodé, ils s’entendent quasi télépathiquement. Le pianiste soutient et souligne parfois discrètement, illustrant au piano la froideur des paysages où erre le chanteur, évoquant le son des sabots des chevaux de poste, ou le battement d’ailes d’une corneille. Dès le départ, cet adieu empreint de nostalgie, tendresse et sarcasme puis de colère dans le deuxième lied, jusqu’à la rencontre finale avec l’étrange tourneur de vielle, Werner Güra tient son public. Il chuchote, tonne, dessine des paysages et évoque tous les nuances de l’émotion humaine. Pianissimo, fortissimo, les notes s’égrènent avec la perfection d’une suite de bulles de savon, chaque note est une éphémère chose de beauté, et chaque lied est à son tour une entité à part entière. Le duo n’a peur ni du silence ni de la lenteur. Pour « Der Lindenbaum » ils ont choisi un tempo quasi stationnaire qui permet de souffler un peu, et parfois ils permettent à des moments de silence de renforcer les notes juste entendues et celles à venir. L’on a beau connaître l’œuvre par cœur, l’on se demande tout de même comment cela va finir. Cela finit avec un personnage énigmatique, un joueur de vielle sur un lac gelé à qui le protagoniste propose de l’accompagner, et une petite larme. Cela  finit avec un moment de silence recueilli avant les applaudissements. Un tonnerre d’applaudissements qui se solde par un bis : les artistes reprennent « Frühlingstraum », cette chose douce-amère où un tendre rêve est juxtaposé à l’âpre réalité.  L’on sort dans le soleil d’un après-midi parisien, un peu incrédule, après cette expérience, de voir le monde suivre son cours tranquillement.  

domingo, 14 de junio de 2015

El Ruiseñor de Stravinsky y L’Heure Spagnole de Ravel en Ámsterdam

Foto: Jurjen Stekelenburg

Ramón Jacques

“Historias exóticas” es el título de esta doble cartelera conformada por El Ruiseñor de Stravinsky y L’Heure Spagnole de Ravel ofrecida por la Radio Filharmonisch Orkest – la orquesta de la radio neerlandesa – en la sala de conciertos Concertgebouw, en su habitual matiné de los sábados al mediodía y que es transmitida siempre por radio. Como es costumbre, la orquesta convoco a un destacado grupo de intérpretes para la ejecución en concierto de dos grandes obras de teatro musical, en un acto cada una, y que continúan siendo poco representadas.  Sobresalió la presencia en el podio del célebre director Charles Dutoit, dirigiendo dos partituras que conoce y domina, y de las cuales extrajo la amplia gama de colores, posibilidades y libertades, que en especial la partitura de Ravel permite, con sus exóticas tonalidades de música popular española como el flamenco y las jotas, de  la cual se desprende una cierta ironía y picardía también contenida en el libreto.  En Stravinsky encontró una precisión musical  que extrajo de la sección de vientos, de las flautas y de la compacta y homogénea sección de cuerdas de la orquesta, y recreó coloridos sonidos de la naturaleza y temas orientales.  Vocalmente destacó la soprano rusa Julia Novikova, como el Ruiseñor, por la nitidez de su timbre y su ágil y virtuoso manejo de la voz.  La obra permitió también el lucimiento de la soprano Lisette Bolle como la cocinera, muy segura en sus intervenciones con voz robusta y de grato timbre. El tenor ruso Anton Rositskiy hizo su aporte como el pescador,  y el barítono David Wilson-Johnson derrochó experiencia como el emperador.  Sobresaliente fue la intervención del coro Groot Omroepkoor, sin duda uno de los mejores de su género.  L’Heure Spagnole se beneficio de la afinidades y cercanía que Dutoit parece tener con la música de Ravel, y con la oscura tonalidad, profundidad y expresividad que dio a su canto la mezzosoprano Julie Boulianne como el personaje de Concepción. El tenor Frédéric Antoun cantó con calidez y elegancia, buen fraseo y clara pronunciación francesa el papel de Gonzalve. Solido y convincente sonó el barítono neerlandés Thomas Oliemans en el papel de Ramiro.