domingo, 30 de julio de 2017

Alessandra Volpe (mezzosoprano) como Carmen en el Teatro del Bicentenario de León Gto, México

Alessandra Volpe (mezzosoprano) como Carmen
en el Teatro del Bicentenario de León Gto, México
Carmen, la voz de la libertad.

Erika P. Bucio / Reforma.com 

La mezzo italiana Alessandra Volpe destaca la exigencia del rol principal

El aria de las cartas (La mort! En vain, pour eviter) en que Carmen lee su destino es para la mezzosoprano italiana Alessandra Volpe uno de los momentos más emocionantes de la ópera de Bizet. “Siempre (con el aria de las cartas) puedo hacer más cosas diferentes por la sonoridad. Cada palabra es un sentido diferente y es una música emocionante”, responde la cantante vía  telefónica. Un rol que debutó en la Ópera de Ottawa en 2013 y que desde entonces ha cantado en siete producciones y, ahora, en el Teatro del Bicentenario de León, Guanajuato, con el tenor mexicano José Manuel Chú como Don José, el barítono Armando Piña como Escamillo y la soprano Marcela Chacón  como Micaela. “He descubierto un papel genial para mí. Me gusta mucho como mujer y personaje. La música de Bizet es fantástica y la idea de la mujer que sigue buscando la libertad. Todo cuanto le pasa es por la libertad”, explica la cantante, madre de dos hijos. Una libertad que, dice, Carmen paga con su muerte, como sucede en el dueto final del cuarto acto con Don José. Es un papel muy exigente: hay que cantar, bailar y actuar escenas de pasión. “No es un papel estático, como puede ser para una soprano la Mimí de La bohème”, compara. Pero es un rol que puede cantar con comodidad. 
Foto: Opera Tampa
Volpe ha interpretado Carmen en siete producciones;
el 13 de agosto sube al escenario de León
Después de tres semanas de trabajo en la Ciudad de México, hoy inician los ensayos de los solistas en el  teatro de León. La nueva producción se estrena el domingo 13 de agosto con la batuta de José Areán, la dirección escénica de Mauricio García Lozano y escenografía de Jorge Ballina. Volpe empezó a cantar a los 6 años. Era una niña tímida. Su madre le propuso cantar en un festival de Bari. Cuando el presentador le preguntó su nombre, Alessandra respondió: “Yo no”. Pero en cuanto escuchó la música comenzó a cantar sin miedo. Su madre se convenció de la vena artística de su hija. Llego al conservatorio para estudiar piano. Con aquella voz potente, le propusieron probar con el canto. Ella quería ser pianista. “Después entendí que era mejor cantar: tendría más trabajo que como pianista”, explica. Empezó en el coro del Teatro de Bari y después decidió intentar una carrera como solista. Un trabajo que no ha sido fácil. “Pero estoy feliz porque puedo expresar mi arte en el canto”, dice la italiana, quien en septiembre debutará el papel de Amneris en Aída. De la nueva producción de Carmen harán cuatro fechas. 





András Schiff regresará al Palacio de Bellas Artes

El pianista húngaro András Schiff ofrecerá dos recitales: el jueves 10 de agosto a las 20:00 y el sábado 12 a las 19:00 en la Sala Principal del recinto de mármol (Palacio de Bellas Artes de México) donde interpretará obras de Bach, Bartók, Schumann y Janáček

Como “programas difíciles con una luminosidad reverencial” ha calificado la prensa internacional los conciertos de András Schiff, quien deleitará a los melómanos el jueves 10 de agosto a las 20:00 y el sábado 12 a las 19:00 en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. El 18 de octubre de 2013 fue la última vez que el pianista húngaro se presentó en el recinto de mármol, en el marco del Festival Internacional Cervantino.

Schiff es considerado uno de los intérpretes más destacados de la música para teclado de Johann Sebastian Bach. También ha tocado las 32 sonatas para piano de Ludwig van Beethoven en orden cronológico por 20 ciudades del mundo y grabado todos los conciertos de Wolfgang Amadeus Mozart para este instrumento. Su repertorio incluye las obras para teclado más importantes de Robert Schumann, Joseph Haydn, Franz Schubert, Frédéric Chopin, Béla Bartók y los compositores ya mencionados.

El programa que ofrecerá el 10 de agosto está integrado por las Invenciones a tres partes (sinfonías 1-15) BWV 787-801 de Bach, la Suite para piano op. 14 y Al aire libre (1-5) de Bartók, la Sonata para piano 1.X.1905, Desde las calles de Leoš Janáček y la Sonata núm. 1 en fa sostenido menor op. 11 de Schumann. El sábado 12 interpretará El clave bien temperado Libro I (preludios y fugas 1-24) BWV 846-869 de Bach. Su disco más reciente, lanzado en abril de 2015, incluye las últimas obras para piano de Schubert grabadas en un fortepiano vienés de 1820 construido por Franz Brodmann.

Schiff nació en Budapest en el seno de una familia judía. Inició sus estudios de piano a los cinco años de edad. Posteriormente ingresó a la Academia de Música Ferenc Liszt de Budapest. Emigró a Inglaterra en 1979 para continuar sus estudios en Londres. Ha trabajado con las orquestas y directores más importantes a nivel mundial. De 1989 a 1998 fue director artístico del Musiktage Mondsee, festival de música de cámara que se realiza en Salzburgo.

 En 1999 creó su propia orquesta de cámara, la Cappella Andrea Barca (la traducción de su nombre al italiano), formada por solistas internacionales y músicos de cámara con el que se presenta en reconocidos teatros de Europa y América. Al año siguiente, con ocasión del 250 aniversario de la muerte de Bach, ofreció numerosos recitales con obras del músico barroco y dirigió La Pasión según San Mateo. Schiff ha manifestado que prefiere los repertorios intimistas que exigen reflexión y consagrarse a los autores que adora, como Mozart, Schubert, Schumann, Bartók o Bach, “el más genial de todos los compositores. Bach es el padre, Mozart el hijo y Schubert el espíritu santo. Puedo vivir sin escuchar a Rajmaninov, pero no sin Bach”

Ha sido galardonado con numerosos premios internacionales. En 2006 se convirtió en miembro honorario de la Casa Beethoven de Bonn en reconocimiento a sus interpretaciones de las obras del músico alemán. En 2008 recibió la medalla de la Wigmore Hall por sus 30 años de actividad musical en la prestigiosa sala londinense. En 2011 obtuvo el Premio Schumann de la ciudad alemana de Zwickau.


En 2012 fue nombrado miembro honorario de la Konzerthaus de Viena y recibió la Medalla de Oro Mozart de la Fundación Mozarteum Internacional, y en 2013, la Medalla de Oro de la Royal Philharmonic Society. En 2014 obtuvo el doctorado honoris causa por la Universidad de Leeds, y la reina de Inglaterra le otorgó el título de caballero por sus servicios a la música.

sábado, 29 de julio de 2017

El Caballero de la Rosa en el Teatro Colón de Buenos Aires

Manuela Uhl - Mariscala
Fotos: Teatro Colón / A. Colombaroli 

Dr. Alberto Leal 

Luego de componer óperas como Salomé (1905) y Elektra (1909), con una notable impronta de atonalidad, Strauss decidió escribir una comedia al estilo de Mozart, tal vez inspirado en “Las bodas de Fígaro” y ambientada en el siglo XVIII, basado en un argumento creado por Hugo Von Hofmannsthal, el logro final fue mucho más que una comedia simplista. El fin de una era y el tema del paso de los años convierten a esta comedia en una comedia con fuerte esencia sentimental. Ausente de nuestro primer Coliseo en los últimos 19 años, siempre fue una favorita de nuestro público y sobre todo cuando se da en una versión de excelencia como la presentada. Desde el punto de vista visual, no parece ser una puesta sumamente cara como para ser compartida por varios teatros. Luego de un deslumbrante y rococó primer acto, el segundo minimalista y con detalle de dudoso gusto, como el cañón, a un tercero ambientado en el siglo XIX, totalmente fuera de lo que pide Strauss, quitan coherencia a la obra como un todo. Tal vez Robert Carsen jugó un poco con el mismo anacronismo que realizó Strauss al ambientar una historia del siglo XVII, pero estrenada en 1911… Excelente la iluminación del mismo Carsen. La excelencia brilló desde el punto de visto musical y vocal.  El Maestro Alejo Pérez dirigió en estilo y cuidando la relación foso y escenario, teniendo siempre presente la capacidad vocal de los cantantes. La orquesta tuvo algunos momentos no muy felices, pero la versión musical en si fue muy buena.  Muy buen trabajo de ambos coros. El elenco nunca bajó de un nivel de excelencia.  Kurt Rydl con 69 años y más de 230 presentaciones en el rol brindó un magnífico Barón Ochs. Con una voz que mantiene un interesante timbre, importante volumen y grandes condiciones de actor, fue el centro de atracción en cada una de las escenas en las que participó. 
Gran trabajo. Manuela Uhl, soprano que en principio no parece la voz más adecuada para la Mariscala, ya que frecuenta Wagner y los Strauss dramáticos, fue una espléndida Mariscala. Redujo su volumen hasta hacerlo perfecto para el rol, cantó con gran línea y hermosos pianísimos. Su monólogo del final del primer acto fue absolutamente conmovedor. Ella tiene la edad, el físico y las condiciones vocales y actorales que la hacen perfecta para el rol. Jennifer Holloway como Octavian, con una voz que fluctúa entre soprano y mezzo, realizó un fantástico trabajo. Perfecta en lo vocal, con un importante caudal de voz y un físico más que adecuado para la parte, brindó con gran habilidad la masculinidad que el rol exige. Excelente trabajo. Oriana Favaro como Sophie, aquí en un rol mucho más adecuado a sus medios que su reciente Lucia en el Teatro Argentino, lució su grata presencia, muy desenvuelta como actriz y lució su hermoso timbre, pero por momentos fue tapada por la orquesta, sobre todo en el sector central y grave. John Hancock fue un correcto Faninal. Darío Schmunck brindo una brillante prestación como el Tenor italiano, con notable línea de canto, refinamiento y la arrogancia necesaria para el personaje. El resto del amplio elenco cumplió en forma satisfactoria. Para destacar, el dúo de intrigantes de Sergio Spina y María Luisa Merino, y la notable caracterización de Fernando Chalabe. Luego de esta función, con el nivel que merece el Teatro Colón, ¿seguirá igual….de todas formas disfrutemos de este “Caballero” de lo mejor de la temporada y algo más...

Stresa Festival 2017- Meditazione in Musica

Renzo Bellardone 
A volte per godere di una situazione che si ama, si affronta anche qualche difficoltà: magari si percorrono parecchi chilometri, oppure si arriva stanchi dopo una giornata impegnativa! Così è successo giovedì 27 luglio 2017, ma il panorama di cui si gode dalla Chiesa Vecchia di Belgirate, val bene la fatica e se poi si aggiunge ottima musica…il gioco è fatto.
STRESA FESTIVAL 2017 – MEDITAZIONI IN MUSICA Giovedì 27 luglio, ore 20.00  Belgirate, Chiesa Vecchia   SCHERZI E SORPRESE    Van Kuijk Quartet Nicolas Van Kuijk, primo violino Sylvain Favre-Bulle, secondo violino Emmanuel Francois, viola François Robin, violoncello Vincitore del Concorso Wigmore Hall 2015 F.J. HAYDN, Quartetto op. 33 n. 2 “Lo scherzo” L. JANÁČEK, Quartetto n. 1 “Sonata a Kreutzer” M. RAVEL, Quartetto in fa magg. Giovani musicisti che ‘sanno il fatto loro’ e che con rapidi sguardi d’intesa si accordano e poi con un sorriso esprimono la giusta soddisfazione dopo un passaggio arduo! Le loro interpretazioni offrono allo stesso tempo freschezza e spontaneità, accomunate da evidente forte impegno e rigorosa disciplina ! Haydn in particolare è offerto con una ventata di fresca gioiosità, mentre  Janáček diventa quasi scontroso in un accalcarsi di dissonanze, culminanti in aspre sonorità che esaltano la ‘Sonata a Kreutzer’; la terza ardua partitura in programma è di Ravel vissuto con estrema partecipazione e trasferito sensibilmente in ogni sfumatura. Ad ultimare il concerto il bis è stato ‘Le chemin de l’amour di F. Poulenc che ha lasciato il ricordo delle note di un dolce valzer. Nicolas Van Kuijk, primo violino e titolare del quartetto dimostra sicurezza e rigore e Sylvain Favre-Bulle, è ottimo secondo violino. Alla viola  Emmanuel Francois attentissimo ad ogni indicazione del primo violino, mentre decisamente coinvolgente è François Robin, violoncello. La Musica vince sempre.



viernes, 28 de julio de 2017

El debut de Javier Camarena en el Colón de Buenos Aires

Fotos crédito: Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 27 de julio de 2017: Teatro Colón. Concierto Lírico. Obras de Charles Gounod, Georges Bizet, Gioacchino Rossini, Gaetano Donizetti y Giuseppe Verdi. Solista: Javier Camarena, tenor. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Director: Enrique Arturo Diemecke. Segundo Concierto del Abono Verde.

No es la primera vez que se vuelve a confirmar que el público del Teatro Colón está ávido de figuras internacionales por eso las ovaciones -totalmente merecidas- que recibió Javier Camarena en su debut local. La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires –un organismo con repertorio mayoritariamente sinfónico- fue buen soporte para los momentos solistas del tenor y resultó irregular y de trazo grueso cuando acometió fragmentos puramente sinfónicos: las Oberturas de Romeo y Julieta de Gounod, la de El Barbero de Sevilla de Rossini y la de La forza del destino de Verdi. No obstante los profesores de la orquesta están acostumbrados a la mano de su director titular el maestro Enrique Arturo Diemecke y responden con eficacia a sus indicaciones dinámicas. Luego de la obertura de Romeo y Julieta, a la que se le amputó el coro. Camarena entró y fue ovacionado antes de emitir nota alguna, el tenor mexicano respondió expresando su alegría y emoción por presentarse por primera vez en el Colón. Casi sin solución de continuidad cantó “Ah! lève-toi, soleil!” de Romeo y Julieta de Gounod y “Je crois entendre encore” de Los pescadores de perlas de Bizet. Con estos dos fragmentos demostró sobradamente su bien ganado lugar en el mundo de la lírica actual. Luego del otro fragmento musical por la Orquesta, la Obertura del Barbero, volvió Camarena para ofrecer otras dos arias seguidas: “Sì, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola de Rossini y “Ah! mes amis!... Pour mon âme” de La hija del regimiento de Donizetti. 
El tenor mostró expresividad en cada frase, agudos de acero, potencia vocal y manejo admirable del fraseo. Luego de la pausa, Camarena cantó dos arias de Donizetti: “Tombe degli avi miei… Fra poco a me ricovero” de Lucia di Lammermoor y “Povero Ernesto…  Cercherò lontana terra” de Don Pasquale. Su calidad vocal fue asombrosa y mostró que no hace música en forma mecánica sino que es expresivo y compenetrado. La obertura de La forza del destino sirvió de entretiempo antes del final dando lugar al momento verdiano de la noche: así pasaron “Lunge da lei…  De’ miei bollenti spiriti” de La Traviata y “La donna è mobile” de Rigoletto. Quizás no sean estos fragmentos los que mejor se avienen a la actualidad del tenor sino que preanuncian el repertorio que abordará en el futuro. No obstante mostró que no es una máquina de cantar como algunos lírico-ligeros sino un artista consumado con bello color vocal y técnica impecable. Ante la ovación del público Javier Camarena ofreció tres bises o propinas seleccionadas con el mayor gusto y sensibilidad, si en el programa del concierto cantó en francés e italiano en los encores se prodigó en su castellano natal y con visos populares: así interpretó personales versiones de ‘Alma mía’ de María Grevor, ‘Granada’ de Agustín Lara y como regalo al público local ‘El día que me quieras’ de Gardel y Lepera. Una verdadera noche de triunfo inolvidable para el tenor mexicano.

Carmen en la Ópera de París vista por Bieito

Fotos: Gentileza: Prensa Ópera Nacional de París / Vincent Pontet

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

París (Francia), 13/07/2017. Ópera Nacional de París Bastille. Georges Bizet: Carmen. Ópera en cuatro actos, libreto de Henri Meilac y Ludovic Halévy, inspirado en la novela de Prosper Merimée. Calixto Bieito, dirección escénica. Alfons Flores, escenografía. Mercè Paloma, vestuario. Alberto Rodríguez Vega, iluminación. Anita Rachvelishvili (Carmen), Bryan Hymel (Don José), Marina Costa-Jackson (Micaela), Ildar Abdrazakov (Escamillo), Vannina Santoni (Frasquita), Antoinette Dennefeld (Mercedes), Boris Grappe (Dancairo), François Rougier (Remendado), Jean-Luc Ballestra (Morales), François Lis (Zúñiga), Alain Azérot (Lillas Pastia). Orquesta y Coro Estable de la Opéra National de París. Director del Coro: Jo Luis Basso. Dirección Musical: Mark Elder.

La nueva puesta en escena ofrecida por la Ópera Nacional de París fue originalmente estrenada por Calixto Bieito en el Festival Castell de Peralada en agosto de 1999. El paso del tiempo desgastó probablemente las clásicas provocaciones de Bieito en su concepción y hoy la puesta luce razonable con un interesante movimiento escénico de cantantes y coro. La ubicación temporal en torno a los años del final del Franquismo permite explorar una España de postal ya antigua con sus corridas de toros, mujeres que van a la playa, militares autoritarios y proxenetas varios. El planteo dramático es austero, con algunos elementos caprichosos o completamente innecesarios para la acción pero que en definitiva no molestan ni distraen. Con todo lo mejor es el cuarto acto con la marcación del coro y el dúo final que asemeja una corrida de toros. La escenografía de Alfons Flores es simple: en el primer acto un mástil con la bandera española junto a una cabina telefónica, en el segundo un automóvil, en el tercero se ve el Toro que usa como símbolo la marca Osborne junto a no menos de diez automóviles (siempre Mercedes Benz la marca que siempre utiliza Bieito en sus puestas); mientras que en el cuarto se ve simplemente el ciclorama y se marca un ruedo taurino en el suelo. Muy apropiada al concepto de la puesta la iluminación de Xavi Clot y en perfecto estilo y época el vestuario de Mercè Paloma
En cuanto a la versión musical se optó con la que contiene diálogos pero extremadamente amputados, con algunos cortes en la música y resabios de recitativos. O sea la versión musical que convenía a Bieito para su puesta en escena sin respetar en nada al compositor. La Orquesta de la Ópera Nacional de París dirigida por Mark Elder mostró un sonido brillante, con adecuado lirismo sin descuidar la fuerza cuando el momento lo requería. El equilibro entre el foso y la escena se mantuvo en todo momento. Los Coros se escucharon sin fisuras y con notable prestación, un nuevo triunfo para sus miembros y su director el argentino José Luis BassoAnita Rachvelishvili es una Carmen antológica. Puede dotar a cada frase de la intencionalidad necesaria y justa y a la vez hacerla personal e inolvidable. Agudos de acero, graves profundos, línea de canto inobjetable y compenetración escénica fueron constantes en toda la velada. Bryan Hymel resulta un correcto Don José y no puede luchar contra la arrolladora vocalidad de Rachvelishvili. Sin dudas mejoró en los dos últimos actos pero nunca pasó de una interpretación mediana. De primera línea la Micaela de Marina Costa-Jackson quien dota a su personaje de todas la inflexiones necesarias con agudo potente e intencionalidad sin mácula. Ildar Abdrazakov es un Escamillo con todas las notas de la partitura y que genera placer en la escucha. Vannina Santoni y Antoinette Dennefeld como Mercedes y Frasquita fueron impecables tanto en lo vocal como en lo interpretativo. Muy convincente tanto el Zuñiga de François Lis como el Morales de Jean-Luc Ballestra. Los dos contrabandistas (Boris Grappe y François Rougier) fueron correctos a pesar de una marcación actoral que tiende al descontrol violento. Sobreactuado el rol mudo de Lillas Pastia de Alain Azérot que en esta puesta adquiere protagonismo a la largo de todos

Madama Butterfly en la Arena de Verona

Foto: Ennevi

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Verona (Italia), 22/07/2017. Festival de la Arena de Verona. Giacomo Puccini: Madama Butterfly. Ópera en tres actos. Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa Franco Zeffirelli, dirección escénica y escenografía. Emi Wada, vestuario. Maria Grazia Garofoli, movimientos coreográficos. Oksana Dyka (Madama Butterfly), Marcello Giordani (Pinkerton), Silvia Beltrami (Suzuki), Stefano Antonucci (Sharpless), Francesco Pittari (Goro), Deyan Vatchkov (Tío Bonzo), Nicolò Ceriani (Príncipe Yamadori), Alice Marini (Kate Pinkerton), Marco Camastra (Comisario Imperial), Dario Giorgelè (Oficial del Registro). Orquesta y Coro de la Arena de Verona. Director del Coro: Vito Lombardi. Dirección Musical: Jader Bignamini.

La sola posibilidad de concurrir a un espectáculo en el tercer anfiteatro romano más grande que se conserva representa una experiencia única. La Arena de Verona ocupa una enorme elipse de unos 110 x 150 metros con capacidad total para unas 22.000 personas, construida a partir de 72 arcos alrededor del año 30 del siglo I de nuestra era y, a diferencia de otros grandes anfiteatros contemporáneos como el Coliseo de Roma, aún está en funcionamiento. Desde 1913 ofrece ópera entre junio y agosto habiendo alcanzado en sus 95 ediciones 59 óperas distintas ofrecidas en su escenario. La más representada es Aida a la que le siguen Carmen, Nabucco, Turandot, La Traviata y ToscaEn principio una obra intimista como Madama Butterfly no parece la mejor opción para este Festival al aire libre de proporciones grandilocuentes. No obstante es la décima temporada en el historial de la Arena que se ve la obra de Puccini y la quinta que se repone la puesta de Franco Zeffirelli original de 2004. Las dimensiones de la escena permiten al mítico puestista mostrar al inicio del primer acto la colina de Nagasaki poblada por todo tipo de personajes. La escenografía se abre en dos con la entrada de Cio Cio-San mostrando la casa. En el inicio del tercero se ve la colina al amanecer con el gentío que desfila para dar paso luego, nuevamente, a la casa de Butterfly-Pinkerton. 
Como es habitual en la producción de Zefirelli la puesta es suntuosa, tradicional y plena de marcaciones y detalles. De excelente calidad el vestuario de Emi Wada tanto por diseño como por confección y razonables los movimientos coreográficos trazados por Maria Grazia GarofoliDesde lo musical lo más interesante fue la calidad de la Orquesta y el convincente trabajo de dirección de Jader Bignamini quien eligió tiempos vivaces, adecuada dinámica y preciosismo en los detalles de orquestación permitiendo apreciar de manera amplia el excelente trabajo Pucciniano. El elenco vocal fue de adecuado nivel sin puntos descollantes. Oksana Dyka, cantante de sólidos medios vocales e interesante carrera internacional, no logró -a pesar de su profesionalismo- dar todo el realce que merece el rol de Cio-Cio San. Irregular en le primer acto fue afianzándose en el curso de la representación con mejor rendimiento en el segundo acto -especialmente en el aria ‘Un bel di vedremo’- y un tercero de adecuada expresividad. La sutileza no parece ser una de las cualidades del tenor Marcello Giordani que fue un Pinkerton cantado a plena voz, sin demasiados matices y con algún problema en el agudo. Stefano Antonucci no defraudó como Sharpless mientras Silvia Beltrami fue convincente como Suzuki. Francesco Pittari resultó un muy solvente Goro así como fue adecuado el resto del elenco y el Coro que dirige Vito Lombardi.

Rigoletto en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Fotos: Patricio Melo

Joel Poblete

Tras siete años de ausencia, Rigoletto regresó a mediados de julio al Municipal de Santiago de Chile, con dos repartos que debutaron en días consecutivos; en lo musical, en ambos hubo evidentes logros dignos de destacar y se contó con dos equipos de artistas muy competentes, mientras lo escénico generó notorias divisiones. Ya a estas alturas, en las últimas décadas el tema de las puestas en escena que cambian de época y lugar las historias originales de las óperas es habitual e ineludible en casi todo el mundo, y si bien en algunos casos hay montajes fallidos o que dan vergüenza ajena, en muchos otros hay aciertos, en particular cuando a pesar de las modificaciones, se conserva la esencia y espíritu de la obra. Sin ir más lejos, si bien en las temporadas del Municipal no todos estos intentos han funcionado -por ejemplo, en 2010 con el estreno en Chile de la Alcina de Handel a cargo del argentino Marcelo Lombardero, o el Macbeth de Verdi que planteó su compatriota Hugo de Ana-, hay varios casos en que los resultados han sido muy valiosos, como ha ocurrido con la versión del propio Lombardero para Ariadna en Naxos en 2011, o las hermosas propuestas del español Emilio Sagi para dos obras de Rossini como El turco en Italia y Tancredi, en 2015 y 2016, respectivamente.

Pero el público del Municipal no siempre es totalmente receptivo con estas ideas, y cuando algo no le ha gustado lo ha manifestado notoriamente, en especial cuando la obra abordada es un clásico indiscutible, como ocurrió con el recordado y sonoro abucheo en la inauguración de la temporada 2009 con otra inmortal y querida obra de Verdi, La traviata. La última vez que se representó en ese escenario Rigoletto, en 2010, la propuesta del francés Jean-Louis Pichon había trasladado la acción desde el siglo XVI a la época en que fue estrenada la obra, mediados del siglo XIX, culminando en un final de tintes revolucionarios que no convenció. Considerando esto, quizás muchos esperaban que en esta ocasión este clásico volviera en su versión más "tradicional".

Sin embargo, en su debut en Chile, Walter Sutcliffe -con buena experiencia en escenarios como la Opera de Frankfurt, el Teatro Regio de Turín y el Capitole de Toulouse y además actual director artístico de la Northern Ireland Opera- optó por una vía distinta. Una visión más contemporánea, de marcados acentos psicológicos, como explicó él mismo en la entrevista que incluye el programa de sala de estas funciones. Ambientada en la época actual, tuvo momentos buenos, como el segundo acto, de lograda teatralidad, mientras otros no funcionaron tan bien, como la primera escena que fue algo confusa y desangelada, o el último acto donde no terminó de cuajar la idea de que Rigoletto y Gilda, que se supone están escondidos, estaban al mismo nivel escénico que los otros personajes, o que el intercambio seductor entre el Duque y Magdalena durante el célebre cuarteto "Bella figlia dell'amore" fuera a la distancia, o que la furiosa tormenta aparezca apenas sugerida. También aparecieron muy difusas las diferencias de clase y las barreras entre el séquito del Duque y el protagonista, y no pareció muy acertada la forma en que se perfilaron algunos personajes, en especial el enfoque tan infantil para Gilda.

De todos modos, a dirección teatral de Sutcliffe distó de ser completamente fallida; quizás su pretendida profundidad psicológica no fue demasiado lejos y todo se quedó en la superficie, pero igual no traicionó por completo las ideas de la obra ni redujo del todo sus alcances emotivos. Por lo mismo, no me parece que se mereciera de manera tan manifiesta el notorio abucheo de buena parte del público al final del estreno del elenco internacional; en especial porque no sólo fue protestado Sutcliffe, sino además dos talentosos colaboradores en su puesta en escena que sí estuvieron muy bien: el diseñador de origen suizo Kaspar Glarner (quien venía directamente de realizar el vestuario para el Otello en el Covent Garden de Londres que marcó el esperado debut de Jonas Kaufmann en el rol titular), quien quizás propuso un vestuario vistoso pero que puede ser bastante discutible, pero al mismo tiempo con elementos sencillos pero muy efectivos diseñó una buena escenografía que ayudó enormemente a la fluidez y dinamismo de la acción teatral, muy bien acentuada por la excelente iluminación del chileno Ricardo Castro, sugerente y atmosférica en lo dramático. 

Al menos mucho más efectivo y menos divisivo fue el aspecto musical, partiendo por la dirección orquestal, que en ambos elencos estuvo a cargo del maestro chileno Maximiano Valdés, guiando a la Filarmónica de Santiago en una lectura de ajustado acento dramático, que se mantuvo muy atenta al equilibrio entre la orquesta y los cantantes. Y como es habitual, el coro del teatro, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornik, se plegó tan bien tanto a lo musical como a los requerimientos actorales.

En el elenco internacional, tras protagonizar en 2015 I due Foscari regresó al Municipal en el rol titular el barítono rumano Sebastian Catana, quien tiene una probada trayectoria como intérprete verdiano, pero en esa ocasión ofreció un regular desempeño, aparentemente aquejado por problemas de salud, y de hecho aún recordamos cómo en el estreno tosió indisimuladamente durante buena parte de la función. Aunque resulte curioso, parece que algo le pasa siempre al artista cuando canta en este escenario, pero en el estreno de este Rigoletto al inicio del espectáculo se anunció que estaba enfermo y cantaría por respeto al público; lo bueno es que pese a este pronóstico, Catana nuevamente ofreció buen volumen y sólo se oyeron ocasionales y muy puntuales problemas vocales, y si bien el canto es adecuado a Verdi y en lo actoral es imponente por su altura, a su encarnación le faltó dramatismo y emoción. Y precisamente en eso acertó en el segundo reparto -el llamado elenco estelar- el argentino Fabián Veloz, quien tras sus dos anteriores visitas a Chile -en 2014 para Otello y en 2015 en el programa doble Cavalleria rusticana y Pagliacci- ya dejó una excelente impresión en lo musical y escénico; actor comprometido y efectivo, su Rigoletto fue una figura sufrida e intensa, casi como un animal acorralado, pero denotando un fuerte lazo con su hija, lo que hizo todavía más dolorosa y conmovedora la tragedia. En lo vocal, salvo un par de ocasionales detalles en el estreno, se mostró contundente y sólido como en sus anteriores visitas al Municipal.

Como ya pasara en sus dos previas actuaciones en Chile -en 2012 en Lucrezia Borgia y el año pasado con su espectacular interpretación de Argirio en Tancredi-, el espléndido tenor chino Yijie Shi volvió a ofrecer el canto más memorable de estas funciones: tomando en cuenta que no todos los tenores especializados en Rossini que han abordado el rol del Duque de Mantua (Juan Diego Flórez, por ejemplo) han conseguido cumplir por completo con las demandas musicales del personaje, el artista asiático adaptó muy bien su hermosa voz a la entrega, brillando especialmente en las muy seguras notas agudas. Si sólo se pudiera hacer un reparo en su desempeño, podría ser que en lo escénico su personaje pareció más amable, incluso ingenuo y bonachón que lo habitual, mientras en el elenco estelar el tenor chileno Juan Pablo Dupré sí acertó en hacerlo más cínico y aprovechador; tras sus inicios como barítono en diversos roles en el Municipal, el artista nacional, actualmente radicado en Italia, ha estado desarrollando una ascendente carrera como tenor, y este Duque fue su primer gran personaje solista en ese escenario. Aún debe trabajar más la zona alta de su voz y hay otros detalles que puede seguir perfeccionando, pero se lo ve desenvuelto en lo teatral y tiene su mejor momento en la escena que incluye el recitativo "Ella mi fu rapita" y el aria "Parmi veder le lagrime".

Gilda estuvo muy adecuadamente abordada en ambos repartos, por la soprano española Sabina Puértolas en el elenco internacional y la argentina Jaquelina Livieri en el estelar. La primera supo brillar con una hermosa entrega de "Caro nome", destacando en su fluidez y flexibilidad sonora y en la emisión y seguridad de las notas agudas; la segunda, quien debutara el año pasado en el Municipal protagonizando La traviata, nuevamente ofreció una expresiva entrega actoral que convence y emociona, mientras en lo vocal aunque las notas más altas no parecen ser su fuerte, sabe manejar y adecuar sensiblemente su material al personaje de manera atractiva, además de complementarse muy bien con su padre en escena, lo que hizo aún más conmovedora su interpretación.

El bajo ruso Alexey Tikhomirov ya es bastante conocido en el Municipal: desde su revelador debut en 2011 en el elenco estelar de Boris Godunov, ha regresado en distintas obras -en 2012 para Don Giovanni, en 2014 para Otello y Turandot y el año pasado en la temporada de conciertos en el Réquiem de Verdi; en el elenco internacional de este Rigoletto, encarnando a Sparafucile, su voz rotunda y segura, de buenas notas graves, fue nuevamente muy adecuada. En el elenco estelar regresó el bajo uruguayo Marcelo Otegui, quien ya lo interpretara en ese escenario en la versión de 2010, y nuevamente lució un material sonoro, de generoso volumen y bien proyectado. Maddalena estuvo bien representada en esta versión, que en lo escénico resaltó de manera muy obvia pero efectiva el erotismo femenino, en particular en la sensualidad de la contralto chilena Francisca Muñoz en el elenco estelar, quien la cantó con seguridad y desplante, mientras en el elenco internacional sorprendió gratamente la contundente y voluminosa voz de la mezzosoprano rumana Judit Kutasi, de atractivo y cálido timbre, muy adecuada a los grandes personajes que Verdi escribió para su cuerda. Los roles secundarios de ambos repartos estuvieron muy bien cubiertos por intérpretes chilenos, destacando especialmente el excelente y vigoroso Monterone del bajo barítono chileno Ricardo Seguel en el elenco internacional, papel que este artista ya cantara en el Municipal en el Rigoletto de 2010.

Stresa Festival - Jazz

Renzo Bellardone
Il Maggiore, nuovo complesso architettonico sulla sponda del Lago maggiore a Verbania, ospita un’arena all’aperto con sedie blu sistemate nella naturale gradinata della collina che scende alla riva ed all’interno ospita una sala da concerti e spettacoli scelta anche dallo Stresa Festival per le sue proposte musicali. 
Sabato 22 luglio -  Enrico Pieranunzi & the Brussels Jazz Orchestra feat. Bert Joris Enrico Pieranunzi, pianoforte Bert Joris, tromba The Brussels Jazz Orchestra Frank Vaganée, Dieter Limbourg, Kurt Van Herck, Bart Defoort, Bo Van Der Werf, sassofoni Serge Plume, Carlo Nardozza, Pierre Drevet, Jeroen Van Malderen, trombe Marc Godfroid, Lode Mertens, Ben Fleerakkers, Laurent Hendrick, tromboni Jos Machtel, contrabbasso Toni Vitacolonna, batteria. The music of Enrico Pieranunzi Una quindicina di musicisti, tra sax, trombe, tromboni contrabbasso e batteria formano  the Brussels Jazz Orchestra, una delle migliori jazz band al mondo. Le musiche suonate sono quasi tutte  di Enrico Pieranunzi al pianoforte su arrangiamento di diversi brani a cura di Bert Joris, presente a tromba solista. Sia Pieranunzi che Joris, hanno collaborato con i più grandi musicisti jazz al mondo e collaborato con le più prestigiose case; nell’offerta al Maggiore, hanno suonato con il cuore e molta generosità creando belle atmosfere ad esempio con il ricordo di Fellini e le musiche trascritte di Nino Rota, piuttosto che con i brani dal ‘sapore tutto americano’ con rimandi e sonorità gershwiniane. Il concerto dona spazio a tutti i musicisti di esibirsi in assoli o in coppia con altro strumento e questa democraticità (oltre che essere esigenza di partitura) rende onore ai titolari della serata, dei quali si comprende la profonda ricerca e lo studio accurato della scrittura e delle trascrizioni.
Domenica 23 agosto -  Il nostro canto libero, omaggio a Lucio Battisti Peppe Servillo, voce Javier Girotto, sax Fabrizio Bosso, tromba Furio Di Castri, contrabbasso Rita Marcotulli, pianoforte Mattia Barbieri, batteria Pensieri e parole. Omaggio a Lucio Battisti Il mito di Battisti dura e si ingrandisce nel tempo, ma anche per le sue canzoni è giunto il tempo delle reinterpretazioni e della divulgazione attraverso nuovi tempi e ritmi, pur lasciando intatto il fascino del ricordo delle versioni originali. La formazione orchestrale è di tutto rispetto: Fabrizio Bosso che suona dall’età di 5 anni ed a 15 si è diplomato al Conservatorio di Torino, si conferma il grande trombettista che è, stagliandosi sulle vette migliori. Xavier Girotto, già ascoltato in altre edizioni del festival è sax di tutto rispetto, come Furio di Castri ha forte padronanza del contrabbasso. Rita Marculli, sicura pianista, talvolta sottolinea il canto anche con la sua voce ed alla batteria un bravissimo Mattia Barbieri che affascina per classe e ispirata esecuzione. Voce solista, Peppe Servillo, è fratello del noto Toni Servillo e   fondatore degli Avion Travel con cui vinse l’edizione 2000 del Festival di Sanremo. Qui è attore, cantante, interprete di trascrizioni emozionali delle celebri canzoni di Battisti che porge in modo molto attoriale, ma convincente, inserendo un po’ di napolitanità che colora la presentazione. Il pubblico entusiasta si è scatenato alle arie più celebri fino a ‘Il mio canto libero’. La Musica vince sempre.

La Scala di Seta - Buenos Aires Lirica

Foto: Liliana Morsia

Luis G. Baietti

Como parte de una temporada muy atípica, y presumiblemente muy influida por la escasez de recursos financieros, Buenos Aires Lirica exhumó esta raramente representada obra temprana del maestro de Pesaro, escrita cuando tenía apenas 20 años (es su quinta Opera) pero ya en plena posesión de los recursos técnicos que lo llevarían meses más tarde a producir operas de la enjundia de Tancredi o Aureliano en Palmira. Es una obra agradable de ver, con un argumento muy endeble, y una música de no demasiado vuelo, pero muy simpática al oído, especialmente en su parte orquestal a la cual se reservan las mejores melodías. La versión es de calidad, con una excelente dirección musical que valoriza el trabajo de un muy buen conjunto orquestal, apoyado ( aquí los cantantes más bien acompañan a la orquesta, que al revés como es lo habitual en el género ) por un sólido trabajo de equipo de un elenco sin fisuras en el que se lucen las dos sopranos Costanza Diaz Falu en el papel más exigido de la obra, ya que canta casi todo el tiempo y Guadalupe Maiorino , el tenor Sebastián Russo que se muestra muy a sus anchas cantando este papel de tenor ligero que parece mucho más adecuado a su voz que el repertorio que por fuerza de la circunstancias ha venido cultivando recientemente, los barítonos Luis Loaiza Isler en una muy logrado composición cómica y sobre todo Sergio Carlevaris en una excelente creación y un correcto pero algo sobreactuado Patricio Olivera, todos ellos bajo la dirección escénica muy inspirada y de buen gusto de Cecilia Elías. La sala del Teatro Picadero, felizmente recuperada de las ruinas a las que la redujo un famoso atentado, tiene una muy activa programación que deja disponibles sólo las noches de los lunes para este espectáculo, del cual se celebrarán varias funciones más. Parecería ser a priori por sus dimensiones el ámbito ideal para una obra menor como esta, pero tiene el problema insoluble de la falta de foso orquestal, que aquí llevó a la solución heroica de sacrificar más de la mitad del escenario para ubicar a la reducida orquesta, reservando para los cantantes sólo uno de los extremos del mismo. Esto que fue soslayado con gran habilidad por la regie, tuvo la desfavorable consecuencia de hace que más o menos un 25% de las localidades, ubicadas en el costado derecho de la sala, tengan una muy limitada visión y audición de la obra, que hubieran justificado una advertencia previa a quienes adquiriesen tales localidades y hasta un precio sustancialmente menor.

Stresa Festival 2017 - Midsummer Jazz Concerts

Renzo Bellardone 
Certo è che il diavolo fa le pentole, ma non i coperchi e certo è che la pioggia arriva incurante del ‘tutto pronto’ nel giardino della Palazzola a Stresa!  Dopo i primi due concerti cui non ho potuto assistere, gli altri previsti all’aperto nella sempre incantevole suggestione del lago Maggiore, per evitare l’infradiciamento han dovuto trovare ospitalità presso l’elegante cornice del Regina Palace Hotel.
STRESA FESTIVAL 2017 – MIDSUMMER JAZZ CONCERTS Giovedi 20 luglio:   Dino Saluzzi Group Dino Saluzzi, fisarmonica José María Saluzzi, chitarra Félix “Cuchara” Saluzzi, sax tenore e clarinetto Matías Saluzzi basso elettrico e contrabbasso U.T. Gandhi, batteria e percussioni El valle de la infancia. La formazione è di stampo familiare, infatti alla chitarra c’è José Maria, figlio del capo band Dino, al sax e clarino Félix.  il fratello di questi ed il nipote Matias al basso elettrico e contrabbasso. Unico elemento che non porta il cognome Saluzzi è il batterista U.T. Gandhi. Il titolo dato alla performance ‘El valle de la infancia’ preannuncia  immediatamente il tema ed infatti sono i ricordi del tempo andato che emergono ad ogni brano proposto: il padre, la madre, la casa e tutti i teneri ricordi dell’infanzia. La musica proposta è gradevole, ma secondo me non rappresenta appieno il jazz; le arie sono melodiche e pervase da un vago senso di malinconia -malinconia che sovente  affiora con i ricordi-, ma che  ho sentito come una piacevole narrazione di terre lontane, ma non come proposta jazz.I musicisti ben affiatati sono interessanti ed offrono interpretazione di qualità quasi intima e soft ed addirittura anche la batteria ha il sapore del ‘riservato’, del non prorompente. Serata armoniosa in un volo fantasioso fino all’Argentina.
Venerdì 21 luglio:  Enrico Rava – Tomasz Stańko Quintet Enrico Rava, Tomasz Stańko, trombe Giovanni Guidi, pianoforte Dezron Douglas, contrabbasso Gerald Cleaver, batteria. Le attese per questa serata sono alte: Rava è ormai un mito del jazz e Stańko è ritenuto una delle migliori trombe d’Europa (ed entrando in sala con un’amica polacca queste certezze sono state confermate e rafforzate). L’altro giovane elemento che già si era notato nel tempo per bravura è il pianista Guidi. Con Enrico Rava e  Tomasz Stańko è davvero una scalata alla ricerca della perfezione; Rava rappresenta il conosciuto, mentre  Stańko è stato per me la scoperta e l’apprezzamento della purezza del suono che a dispetto della non più tenera età, riesce ancora a modulare con raffinata e studiata precisione. Al contrabbasso Dezron Douglas è ‘il tempo’ del concerto, il metronomo suggestivo della situazione; alla batteria siede Gerald Cleaver che non prorompente sa creare la giusta ritmicità. Giovanni Guidi,  rocambolesco e quasi acrobatico pianista di ecletticità non comune ‘vola sulla tastiera con bravura ed agilità’ così come ebbi a scrivere nel maggio 2011 per un concerto con Rava a Villa Pallavicino di Stresa: conferma e rivelazione per i nuovi vertici raggiunti e per la partecipazione ginnica all’interpretazione di livello. La Musica vince sempre.


domingo, 23 de julio de 2017

Concierto Wagner con la orquesta LA Philharmonic, Los Ángeles .

Foto: Iréne Theorin / ©.Brian van der Brug / Los Angeles Times y © Phillippe Jordan

Ramón Jacques

La Filarmónica de Los Ángeles (LA Philharmonic) ofreció un interesante concierto de partes orquestales del Anillo de los Nibelungos de Wagner. Históricamente, esta orquesta ha incluido títulos operísticos en sus temporadas, y de la extensa lista de obras interpretadas en tiempos recientes se podrían citar algunas como: las tres óperas Mozart-Da Ponte (en versión escenifica); y en concierto, Pelléas et Mélisande, Nixon in China, Carmen, La Traviata, Tosca e incluso Tristán e Isolda, entre tantas otras. En el podio estuvo el maestro suizo Philippe Jordan, actual director musical de la Ópera de Paris, y gran conocedor de este repertorio, ya que ha dirigido el ciclo en diversas ocasiones, en Paris en el 2015, y próximamente en su reposición en el Metropolitan en la temporada 2019. Casi dos horas de exuberante orquestación bastaron para recordarnos lo maravillosa e introspectiva que esta música puede ser. Jordan dirigió con seguridad, buena mano y atención a cada detalle. En escena se presentó una orquesta completa, reforzada de una amplia sección de metales, un cuarteto de tubas wagnerianas y cinco harpas. Para el programa se eligieron conocidos y fuertes pasajes del Anillo, y otros no tanto. 
De Das Rheingold, de la que es difícil extraer partes, se optó por ejecutar una suite continua hasta la entrada a Valhalla; de Die Walküre no podrían faltar la Cabalgata de las ValquiriasMúsica del fuego mágico, ni que decir de los estruendosos martillos golpeando los yunques cuando Wotan y Loge se dirigen a la tierra de los Nibelungos;y se tocó también Murmullos del bosque de Siegfried. De Götterdämmerung, obra a la que más se le dedicó tiempo, se ejecutó El Viaje de Siegfried por el Rin seguida a continuación por la Marcha fúnebre de Siegfried, sobrecogedora ejecución en la que se palpaba la angustia y el desconsuelo.  En la Inmolación de Brünnhilde se contó con la participación de la soprano sueca Iréne Theorin, una experimentada y convincente interprete del papel que cantó con pasión y visión dramática. Su voz es potente, amplía y su timbre penetrante, aunque, por momentos batalló para poder atravesar la extensa masa musical. Llamó la atención un detalle curioso al concluir el concierto, cuando en medio de los aplausos, un grupo de personas localizadas en las butacas detrás de la orquesta ondearon diversas banderas de Suecia, nacionalidad de la soprano, vitoreando a su artista, una práctica vista con frecuencia en eventos deportivos. Fue entonces un triunfo para Theorin, aunque en realidad para todos los presentes.