viernes, 28 de julio de 2017

El debut de Javier Camarena en el Colón de Buenos Aires

Fotos crédito: Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 27 de julio de 2017: Teatro Colón. Concierto Lírico. Obras de Charles Gounod, Georges Bizet, Gioacchino Rossini, Gaetano Donizetti y Giuseppe Verdi. Solista: Javier Camarena, tenor. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Director: Enrique Arturo Diemecke. Segundo Concierto del Abono Verde.

No es la primera vez que se vuelve a confirmar que el público del Teatro Colón está ávido de figuras internacionales por eso las ovaciones -totalmente merecidas- que recibió Javier Camarena en su debut local. La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires –un organismo con repertorio mayoritariamente sinfónico- fue buen soporte para los momentos solistas del tenor y resultó irregular y de trazo grueso cuando acometió fragmentos puramente sinfónicos: las Oberturas de Romeo y Julieta de Gounod, la de El Barbero de Sevilla de Rossini y la de La forza del destino de Verdi. No obstante los profesores de la orquesta están acostumbrados a la mano de su director titular el maestro Enrique Arturo Diemecke y responden con eficacia a sus indicaciones dinámicas. Luego de la obertura de Romeo y Julieta, a la que se le amputó el coro. Camarena entró y fue ovacionado antes de emitir nota alguna, el tenor mexicano respondió expresando su alegría y emoción por presentarse por primera vez en el Colón. Casi sin solución de continuidad cantó “Ah! lève-toi, soleil!” de Romeo y Julieta de Gounod y “Je crois entendre encore” de Los pescadores de perlas de Bizet. Con estos dos fragmentos demostró sobradamente su bien ganado lugar en el mundo de la lírica actual. Luego del otro fragmento musical por la Orquesta, la Obertura del Barbero, volvió Camarena para ofrecer otras dos arias seguidas: “Sì, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola de Rossini y “Ah! mes amis!... Pour mon âme” de La hija del regimiento de Donizetti. 
El tenor mostró expresividad en cada frase, agudos de acero, potencia vocal y manejo admirable del fraseo. Luego de la pausa, Camarena cantó dos arias de Donizetti: “Tombe degli avi miei… Fra poco a me ricovero” de Lucia di Lammermoor y “Povero Ernesto…  Cercherò lontana terra” de Don Pasquale. Su calidad vocal fue asombrosa y mostró que no hace música en forma mecánica sino que es expresivo y compenetrado. La obertura de La forza del destino sirvió de entretiempo antes del final dando lugar al momento verdiano de la noche: así pasaron “Lunge da lei…  De’ miei bollenti spiriti” de La Traviata y “La donna è mobile” de Rigoletto. Quizás no sean estos fragmentos los que mejor se avienen a la actualidad del tenor sino que preanuncian el repertorio que abordará en el futuro. No obstante mostró que no es una máquina de cantar como algunos lírico-ligeros sino un artista consumado con bello color vocal y técnica impecable. Ante la ovación del público Javier Camarena ofreció tres bises o propinas seleccionadas con el mayor gusto y sensibilidad, si en el programa del concierto cantó en francés e italiano en los encores se prodigó en su castellano natal y con visos populares: así interpretó personales versiones de ‘Alma mía’ de María Grevor, ‘Granada’ de Agustín Lara y como regalo al público local ‘El día que me quieras’ de Gardel y Lepera. Una verdadera noche de triunfo inolvidable para el tenor mexicano.

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