martes, 11 de julio de 2017

Nabucco en Como, Italia

Foto: Alessia Santambrogio

Massimo Viazzo

En el ámbito del proyecto 200.Com, ya en su quinto año, que involucra a una gran parte de la ciudad de Como para el montaje de una ópera al inicio del verano en la Arena (espacio al aire libre en la parte trasera del Teatro Sociale y normalmente utilizado como estacionamiento), se escenificó, en tres funciones, el primer gran éxito verdiano, Nabucco. Sobre todo, fue el coro quien se benefició de la mayor contribución por parte de los ciudadanos de esta ciudad.  De hecho, junto al Coro Città di Como, un nutrido grupo de apasionados, llamados Coro 200.Com, cada uno con algunos conocimientos musicales se pusieron a prueba con la partitura haciéndolo con gran entusiasmo, y durante meses profundizaron la obra maestra verdiana viviéndola prácticamente en la cotidianidad de sus vidas diarias.  Por ello, un aplauso es para los directores del coro Giuseppe Califano, Giorgio Martano, Mariagrazia Mercaldo, Mario Moretti y Lidia Basterrechea, esta última guía del coro infantil del Teatro Sociale de Como.  Dirigir a esta enorme masa de coristas, más de doscientas personas, la mitad de ellos amateurs fue una gran empresa. Creíble estuvo el elenco, guiado por el experto Nabucco de Alberto Gazale, un barítono que sabe conjugar el canto suave y legato con la arrogancia y la altivez de un papel verdiano tan maduro.  A su lado, Elena Lo Forte interpretó una Abigaille de voz muy sólida, con agudos punzantes y una impactante presencia escénica. Muy bien también estuvo Abramo Rosalen, cuyo Zacarias fue cantado con firme emisión, timbre redondo y carisma. Con grato color, sobre todo en el centro, ofreció el tenor Manuel Pieratelli, un Ismael musical, siempre bien fraseado; como también lo fue la Fenena de Irene Molinari.  Estuvieron seguros también los comprimarios: Shi Song (Gran Sacerdote de Belo), Claudio Grasso (Abdallo) y Tiberia Monica Naghi (Anna). El joven Jacopo Rivani dirigió a la Orquesta 1813 con habilidad y pericia, concertando la partitura con gran seguridad, dando así tranquilidad al elenco completo, colocado, como se ha señalado, en un espacio abierto y por tanto no tan manejable como en un teatro. El director de escena Jacopo Spirei llevó el libreto de Temistocle Solera al mundo contemporáneo. Nada de judíos, nada de levitados, ni babilonios, sino pueblos que se cruzan con su propia historia, su cultura, su religión en el fondo de la tolerancia y de la intolerancia, con un tema de fuerte actualidad en el mundo actual. Aun así, el texto y la música fueron respetados y al final del espectáculo, ciertos versos que podían ser sorprendentes, gustaron al numeroso público. 

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