domingo, 12 de julio de 2009

Ronald Zollman dirigió a la OFUNAM, México

Foto: Ronald Zollman

Ramón Jacques

El distinguido director belga Ronald Zollman (1950- Amberes, Bélgica) volvió como invitado a la ciudad de México para hacerse cargo del programa 6 de la OFUNAM (Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México) agrupación musical de la fue director titular entre los años 1993 al 2002, y que se recuerda como un periodo musical y artístico muy prolífico en la vida de la orquesta. El concierto comenzó con el Postludio del compositor mexicano Joaquín Gutiérrez Heras (1927), obra que por cierto fue grabada en CD por la Filarmónica de la UNAM bajo la batuta del propio Zollman. Pero ¿por qué se llama Postludio, si no fue escrita para ser tocada al final de una mayor, a manera de epilogo? pregunta el investigador musical mexicano Juan Arturo Brennan, y la respuesta de acuerdo al compositor es porque tratándose de una obra que existe en el tiempo actual, se refiere a ideas y estilos de otro tiempo, y debido a esta particular concepción, Gutiérrez Heras ha señalado que la obra bien podría titularse In memoriam. La pieza, de aproximadamente 11 minutos de duración, se compone a partir de una serie de temas existentes en la mente musical del compositor que son desarrollados en forma unitaria.

La obra escrita para cuerdas solas, y primera de este genero del compositor, fue compuesta entre 1986 y 1987 y fue estrenada el 27 de marzo de 1987 por la Orquesta de Cámara de Bellas Artes en el marco del Tercer Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México. Postludio consta de tres secciones, y la primera es básicamente estática, y basada en largas notas tenidas y en movimientos con intervalos. La segunda sección es un allegro que contiene alusiones temáticas a la primera sección, y destacan algunos pasajes solistas para violín y violonchelo. La sección final es la que da al Postludio su sentido real, escrita en forma fugada, a cuatro voces que por momentos son cinco y con claras referencias a la polifonía renacentista. La obra esta cargada de cierta musicalidad que exalta los sentimientos con un tono de melancolía, que logró extraer Zollman con su batuta segura y conocimiento de la breve y valiosa obra.

Como anécdota incluida en el programa de mano del concierto, señala nuevamente Brennan, que en el año de 1995, la obra fue interpretada por esta misma orquesta unas semanas después de la trágica muerte del director mexicano Eduardo Mata (1942-1995), con quien Gutiérrez Heras mantuvo una larga relación profesional y personal, y fue durante esa función que el carácter que se le había asignado a la partitura, el In memoriam de un importante músico mexicano a otro. Y cierra el comentario Brennan señalando que aquella noche un conmovido Gutiérrez Heras comentó “...y yo que creía que algún día Eduardo iba a dirigir esta pieza en mi memoria...” El compositor, presente en el concierto que aquí se reseña, recibió un reconocimiento de parte de Zollman, la orquesta y el público asistente.

La segunda obra interpretada fue el conocido Concierto para piano y orquesta no.1 en si bemol menor, op 23 de Piot I. Chaikovsky, del cual se considera a la pianista argentina Martha Argerich como su interprete idóneo, porque va acorde a su temperamento. La interpretación y demostración de la orquesta, fue brillante, lucida y emocionante bajo la guía entusiasta y enaltecida que emanó de la segura batuta de Zollman, durante los tres movimientos de la obra, y particularmente en el tercero el ‘Allegro con fuoco’. Su conocido primer movimiento y su introducción que es briosa es lo que quizás hace a este concierto como uno los más populares del repertorio. La interpretación solista al piano, correspondió a la pianista ucraniana de 19 años, Anna Fedorova, quien exhibió un manejo virtuoso y ágil en su interpretación, y gusto por la pieza que cargó de brío y pasión y efecto. Bien, sincronizada con la orquesta, en las entradas y la dinámica impuesta por Ronald Zollman. Ante la entusiasta reacción del público, la pianista ofreció como propina un delicioso vals de Chopin.

Finalmente, para concluir el concierto, se interpretó la conocida Sinfonía no. 8 en sol mayor, op 88 del compositor checó Antonín Leopold Dvořák, repertorio apto y de afinidad con el gusto particular de Zollman, quien personalmente conformó el programa y lo dirige con autoridad. La obra es alegra y fresca, muy musical, y con cierta nostalgia bohemia, con potente y brillante uso de los timbales, cellos, trompetas y de alegre naturaleza en sus cuatro movimientos. El concierto dejo satisfecho a todos los presentes y fue un éxito para la orquesta y para Ronald Zollman.

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