viernes, 20 de enero de 2017

Concierto de Elīna Garanča en México

Fotos: Lourdes Herrera  / Pro- Ópera

Iván Martínez  - El Universal / Confabulario

Con el debut mexicano el pasado miércoles 11 de enero de la mezzosoprano Elīna Garanča, llevado a cabo en la Sala Nezahualcóyotl acompañada por la Orquesta Sinfónica de Minería con el maestro Constantine Orbelian al frente, dio inicio al año musical capitalino, así como la gira que la llevó a la ciudad de León este mismo viernes 14, con la misma orquesta, y que culminará esta semana en Torreón el martes 17, ahí con la Camerata de Coahuila, y en Álamos el viernes 20, ahí dentro del marco del Festival Alfonso Ortiz Tirado. La Garanča ofreció un valioso programa clásico de hits de su tesitura y de incisos de un repertorio que ha convertido en su firma artística. Éste fue presentado, la mayoría de las veces, con un cobijo adecuado, incluso por momentos superior al esperado, de Orbelain, quien comenzó el concierto con la obertura de Ruslan y Ludmila, de Mijail Glinka. La mezzosoprano de Letonia apareció en escena para cantar primero la “Da, chas nastal!”, de la ópera La doncella de Orléans de Tchaikovsky, seguida por el “Voi lo sapete” de la Cavalleria Rusticana de Mascagni. De indiscutible interpretación, su voz se sintió todavía fría y la respuesta del público más natural a la presencia de la artista, quizá la mezzosoprano más relevante del panorama operístico actual, que a una ejecución que hubiese resultado exhaustiva o sublime. En seguida la orquesta ejecutó la “Bacanal” de la ópera Sansón y Dalila de Saint-Saëns. Si la de Glinka había sonado un tanto rutinaria, de poco colorido, este inciso orquestal sonó con más matices y texturas. Más rico. En ambos sobresalió la uniformidad de la cuerda, dejando el segundo el plato puesto para el lucimiento consecuente de la cantante en el apartado francés de la noche. Con “Mon coeur s’ouvre à ta voix”, de la misma Sansón y Dalila, la Garanča mostró plenitud de dotes: a los obvios que se repiten en cada programa de mano donde se presente, “una voz oscura y sensual, con calidez”, se suma esa capacidad artística suya de sutilezas técnicas de fiato que pueden extender sus líneas con una energía y una emoción contenidas a un nivel, ahora sí, sublime. Con fraseo más que con volumen. El otro inciso francés, el aria “O mon Fernand… Mon ârret”, de la ópera La Favorita de Donizetti, le sirvió, es una obviedad, para mostrar que también tiene la potencia y agilidad de la voz para hacer un canto más extrovertido, concluyendo una primera parte tradicional en la que con diversidad de estilos, hubo para todos. No es sorpresa que esta sala, y por lo que entiendo, todas las siguientes sedes de su gira mexicana, haya estado abarrotada, con localidades agotadas. Y tampoco, que el público fuera tan diverso. 
Es una mezzosoprano, como lo demostró en la primera selección, en el más amplio sentido, completa. Mientras algunos prefieran otras características a su elegancia escénica o a la sutileza artística de su musicalidad y así no para todos sea la mejor mezzosoprano actual, lo que la hace diferente y lo que ella ha adoptado como su firma, es el repertorio español. Hay razones técnicas para ello. La segunda parte comenzó con la primera de las danzas españolas de La vida breve de Manuel de Falla. Aunque hubiera preferido un poco más de velocidad, me emocionó escuchar el estilo impregnado en cada figura rítmica, sus articulaciones tan atinadas en ese fraseo tan andaluz. Mismo porte con el que la mezzosoprano acudió a sus tres incisos dedicados a la zarzuela: la “Canción de la Paloma”, de El barberillo de Lavapiés de Barbieri, “Cuando está tan hondo”, de El barquillero de Chapí, y “De España vengo”, de El niño judío de Luna Carné. Puede no siempre tener la mejor dicción, pero conoce plenamente las convenciones estilísticas del género; además del ritmo y el fraseo, es detallista con sutilezas como la pronunciación de los trecillos; amén de la emisión clara y elegante que posee y que es requerida para la articulación musical de este repertorio. Otra vez, en la de Chapí, fue extrema con la extensión de su fraseo, gracias al manejo de su fiato, pudiendo regalar una interpretación íntima y suficientemente sentida, quizá la más del programa; mientras la de Luna Carné puso el prietito al arroz con detalles orquestales de precisión y ritmo. La plenitud y exuberancia vocales se escucharon en el apartado final dedicado a la ópera Carmen de Bizet; tras el preciso Preludio orquestal, ella ofreció su Habanera y la Chanson bohèmePara concluir éste que, al menos para el público de la ópera y sabiendo cómo estará el resto del año, será ya lo mejor del 2017, Elīna Garanča regaló tres encores para asegurar el alma del público que ya se había ganado antes: las “Carceleras” de la zarzuela Las hijas del Zebedeo de Chapí, una delicada “Granada” de Agustín Lara, y una emotiva “O mio babbino caro”, de la ópera Gianni Schichi de Puccini.



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