sábado, 15 de abril de 2017

Adriana Lecouvreur en Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Dr. Alberto Leal

Estrenada en el Teatro Lírico de Milán, el 6 de noviembre de 1902 con la participación de Enrico Caruso, fue siempre un vehículo para las más grandes sopranos de cada época. Desde Claudia Muzio, pasando por  Leyla Gencer, Virginia Zeani, Montserrat Caballé, Renata Tebaldi , Renata Scotto, Raina Kabaivanska, Mirella Freni y Joan Sutherland. En la actualidad Angela Gheorghiu (cuya cancelación en la actual producción era, en lo personal, algo sabido de antemano. Sus medios actuales no se adaptan para una obra que requiere medios importantes, potencia dramática para las partes recitadas y facilidad para apianar, sumado a un teatro de las dimensiones del Colón). Adrienne Lecouvreur fue en realidad una famosa actriz francesa y tuvo amoríos con Mauricio, Conde de Sajonia. Pero el argumento mezcla realidad y fantasía, logrando una interesante trama. A través de los años la partidura original sufrió cortes importantes, pero la obra mantiene su encanto a pesar de algunas incoherencias argumentales. O acaso Il Trovatore tiene alguna coherencia argumental? Las obras se deben analizar como un todo y allí Adriana sale airosa con espléndidos momentos musicales y vocales. Aunque, como hemos dicho, es un vehículo para grandes divos y en especial para notables divas, la versión presentada por el Colón – en este reparto alternativo – no los tuvo, pero si excelentes cantantes que lograron una versión de notable interés. Sabrina Cirera, finalmente en el lugar que le corresponde debido a sus condiciones, cantó una notable Adriana. No es naturalmente una diva, pero si una buena actriz que supo dar una muy buena resolución a cada una de sus escenas. Con una voz de buen volumen, notable línea de canto y gran facilidad para emitir impecables y hermosos pianísimos (absolutamente imprescindibles para esta obra), su Adriana conmovió y no dudo que debe abrir una nueva etapa para su carrera.  Guadalupe Barrientos como la Princesa de Bouillon, fue un volcán en erupción en escena. Desde el comienzo mostró un temperamento ideal para el rol, notable dotes de actriz y gran volumen. Debido a la falta de equilibrio entre foso y escenario, fue muy difícil escuchar sus graves en su aria inicial, perjudicada además por la serie de cortinados que bajaban en ese momento. Y es curioso de entender como el Maestro Lápiz, con su gran experiencia, no logró notar que distraían el momento más importante de la mezzo .De todas formas su trabajo fue notable, bordeando la excelencia y que solo necesita trabajar algo más en su registro grave. Bravo! Gustavo López Manzitti es un tenor todo terreno. Siempre musical, con prefecta afinación y excelente línea de canto. Trazó un Mauricio absolutamente creíble, moviéndose libremente en escena. Su timbre sigue sonando algo velado, como si su colocación se emita desde atrás. Creo que ya es su técnica y no admite a esta altura modificaciones. Pero es siempre infalible técnicamente.. Sin dudas con un timbre más presente y con más armónicos tendría una gran carrera internacional. De todas formas siempre es un gusto verlo y oírlo por la seguridad de su canto y el hecho de no producir el menor stress en la audiencia debido su seguridad musical. 
Omar Carrión generó un Michonnet totalmente creíble, con momentos absolutamente conmovedores. Por momentos fue también perjudicado por el volumen de la orquesta. Lucas Debevec Mayer lució presencia escénica y una voz acorde. Iván Maier, tal vez el trabajo más impecable del elenco, contó y actuó con total seguridad. Muy suelto como actor y siempre preciso vocalmente. Aunque puede abarcar un repertorio más amplio, es como volver a ver a un grande como Nino Falzetti. Gran trabajo. Correcto el resto del elenco. El Maestro Mario Perusso a quien siempre admiré en sus versiones del verismo y especialmente en Puccini, logró que la orquesta le respondiera con total corrección, pero pocas veces se logró balancear el foso con el escenario, tapando frecuentemente las voces de los cantantes.  El Maestro Aníbal Lápiz es sin dudas el mejor vestuarista de nuestro medio. Su dupla con el maestro Oswald lograron puestas inolvidables. Aquí, desempeñando ambos roles mostró lujo y una puesta totalmente en época, que el título no admite otra forma. De todas maneras con una puesta más aliviada, con menos tules y telas todo el tiempo invadiendo el escenario, el drama hubiera ganad en intensidad. Generalmente menos es más. Valoro su trabajo como el de Christian Prego (habitual asistente del Maestro Oswald), pero no dudo que un menor detallismo y un escenario más despejado hubiera favorecido a esta esperada Adriana. Seguramente muchos de los habitúes estarán muy contentos con esta puesta, a la que llaman “una puesta a nivel del Colón”, pero las épocas van generando cambios en todos los teatros del mundo y aquí poco se vio. Buena versión de una hermosa ópera.

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