lunes, 27 de noviembre de 2017

Concierto Sinfónica de Houston con Mojca Erdmann como solista

Foto: Mojca Erdmann

Ramón Jacques  

Varios conciertos del inicio de la temporada de la Sinfónica de Houston fueron cancelados debido a que su sala de conciertos, Jones Hall, quedó inhabilitada por las inundaciones que sufrió la zona de teatros de la ciudad con el paso del huracán Harvey. Una gala de la orquesta con la mezzosoprano Susan Graham fue uno de los conciertos que no se pudieron realizar, y finalmente unas semanas después, y teniendo como sede alterna, la sala de conciertos Stude Concert Hall de la universidad de Rice, comenzó la temporada con un programa sinfónico vocal muy satisfactorio. El programa inició con el Te deum de Dvořák con la destacada participación del Coro de la Sinfónica de Houston, una pieza que en la que curiosamente el compositor alababa la naturaleza, evocando el sonido de los pájaros y mezclándolo con música popular checa, que situando al espectador en un amplio espacio al aire libre. Quizás una muestra de que la naturaleza y sus fuerzas pueden ser antagónicas despertando admiración o miedo por sus efectos. La sala de conciertos, más pequeña que la sala habitual de la orquesta, creó un efecto de intimidad y cercanía con la música, y un coro en contrastante comunicación con los solistas. Profusas percusiones, unas cuerdas vibrantes pero uniformes en su sonido, y que con un gradual crescendo al final de la obra regaló un electrizante final.  El bajo Nicholas Brownlee, asumió su parte con rigidez, dando un carácter paternal a su interpretación a la que aportó profundidad y firmeza.  Por su parte, la soprano alemana Mojca Erdmann cantó con timbre penetrante y buena proyección sus expresivas y sublimes líneas. En la segunda parte, el público pudo saborear los apasionantes giros en la Sinfonía 4 de Mahler, cargados de suave lirismo, ironía, gracia e ímpetu en sus oleadas de pasión. Las cuerdas y los cornos franceses flotaban en su ejecución. La calidez y tranquilidad en el movimiento más lento pareció ser una entrada a la visión final del cielo. Aquí, Mojca Erdmann mostró un vibrante tono, fresco, flexible y vivaz. La conducción de Andrés Orozco-Estrada, fue entusiasta y puntual, salvo alguna falta de sincronización al principio de la segunda pieza, su lectura fue segura y elocuente. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario