viernes, 3 de noviembre de 2017

Recital de Stanislas de Barbeyrac en Guanajuato, México

Stanislas de Barbeyrac
Foto: FIC

Luis Alberto Lerma – Periódico AM, Guanajuato 

Considerado uno de los cantantes de ópera más brillantes en los últimos años, el joven tenor francés Stanislas de Barbeyrac deslumbró con su voz prodigiosa en la edición 45 del Festival Internacional Cervantino. Después de su reciente debut en la Ópera de San Francisco, Satinslas de Barbeyrac se presentó por primera vez en nuestro País, en el Templo de la Compañía, en Guanajuato, la tarde del viernes, durante el FIC. La expectativa del público era alta, pues el tenor lírico ligero ha actuado con éxito en escenarios europeos como el Royal Opera House, Ópera Nacional de París, Ópera Estatal de Berlín y Múnich, entre otros. Además, ha destacado en el repertorio barroco francés y clásico austriaco; sus papeles más reconocidos son Renaud en "Armida", de Gluck; Tamino en "La flauta mágica", y Don Octavio en "Don Giovanni", de Mozart. Como invitados de honor del FIC, Stanislas de Barbeyrac y el joven pianista Alphonse Cemin ofrecieron una selección de canciones y arias francesas de Duparc, Ravel, Berlioz, Gluck y Bizet. El programa abrió con cinco piezas de Henri Duparc, quien es recordado como un excelente melodista francés de la segunda mitad del siglo XIX, a pesar de su pequeña producción. Desde el inicio, el tenor destacó por su timbre, dicción, emisión, fraseo, afinación, potencia y agudos. Sin embargo, le faltaron la sensibilidad, introspección y refinamiento que demanda este género. "Serenata" y "La invitación al viaje" se escucharon aceleradas y poco matizadas. En "Éxtasis", la estrella francesa suavizó algunas frases, pero terminó por desbordar su pasión, por lo que no logró transmitir la paz del "corazón que duerme un sueño tan dulce como la muerte", según dice la letra de la canción. Como indica la partitura, "Phidylé" debe interpretarse lentamente, pero el cantante y el pianista volvieron a correr, sin detenerse en las pausas que expresan tanto o más que las palabras. El recital continuó con las cinco "Melodías populares griegas", de Maurice Ravel. "En el despertar de la novia", el tenor cantó con ligereza sobre el amor juvenil, mientras que en "Allá hacia la iglesia", exhibió un firme legato. Delicada y preciosa resultó la "Canción de los recolectores de masilla". "Las noches de verano", de Hector Berlioz, fue el ciclo más reconocido por los asistentes. Stanislas de Barbeyrac abordó la "Canción campesina" con fluidez y alegría, aunque se hubiera esperado una mayor variedad de acentos. Gracias a un exquisito uso de los matices, "El espectro de la rosa" emocionó a la audiencia, sobre todo en la frase: "Este perfume ligero es mi alma y yo vengo del paraíso". En el lamento "Sobre las lagunas", el galardonado cantante mostró un excelente control de la respiración y graves seguros, a pesar de su tesitura ligera. Dramática fue su exclamación "¡Ah, sin amor irse al mar!". En "Ausencia" y "En el cementerio", el tenor conmovió con sus medias voces y canto expresivo, en perfecta fusión con el pianista. Emociona el ‘Aria de la flor’ Después de un breve intermedio, Stanislas de Barbeyrac brindó tres arias en las que demostró su especialidad en este género: "Unidos en la más tierna infancia", de la ópera "Ifigenia en Táuride", de Christoph Willibald Gluck; "Ah, la voy a amar", de "Beatriz y Benedicto", de Berlioz; y "La flor que me arrojaste", de "Carmen", de Georges Bizet. La interpretación que ofreció el tenor francés del "Aria de la flor", fue la más aplaudida de la segunda parte del programa, no sólo por su potencia y si bemol final brillante, sino por su abrumadora pasión, que hizo que el público se levantara y aplaudiera con la misma entrega. En agradecimiento, Stanislas de Barbeyrac y Alphonse Cemin regalaron dos arias de operetas: la famosa entrada de Danilo de "La viuda alegre", de Franz Lehár; y "Di la vuelta al mundo tres veces", de "Las campanas de Corneville", de Robert Planquette.

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