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Wednesday, April 20, 2011

Concerto per percussioni e orchestra - John Corigliano - San Diego Symphony, California

Foto: Dame Evelyn Glennie - copyright Steve Salnikowski)

RJ- La San Diego Symphony di California è una delle orchestre statunitensi che possiede, senza ostentare grande notorietà a livello nazionale ed internazionale, la maggior storia e tradizione del paese, dato che nella stagione presente sta celebrando il suo primo secolo di vita (il primo concerto si tenne il 6 dicembre del 1910). Sotto la direzione del giovane direttore americano Thomas Wilkins, titolare attualmente della Hollywood Bowl Orchestra,  si è offerto al pubblico un programma eclettico e contrastante che è iniziato con la prima esecuzione locale di Conjurer: il concerto per percussioni e orchestra  del prolífico compositore newyorkese John Corigliano (1938), più conosciuto per aver composto l’opera The Ghosts of Versailles che fu commissionata per il centenario del Metropolitan Opera House. Il Concerto per percussioni composto da Corigliano su incarico della percussionista inglese Dame Evelyn Glennie, la solista di questo concerto e della première del febbraio de 2008 con la Pittsburgh Symphony Orchestra, è un lavoro densissimo diviso in tre parti: I) Wood per xilofono e marimba; II) Metal per campane tubolari, piatti e cimbali; III) Skin per batteria e tamburi jazz. L’opera, carente di omogeneità o unità musicale, per l’evidente impossibilità di sincronizzare il solista con l’orchestra, si riduceva ad un esecuzione abile, agile e rumorosa di ciascuna percussione, che introduceva passaggi più armoniosi, sereni e tranquilli, degli archi, evocanti quasi le Gimnopedies di Satie Consapevole della difficoltà di creare un concerto di questa natura, Corigliano considerava il solista come un mago, da qui il titolo Conjurer (Prestigiatore), che è in grado di creare suoni che in orchestra possono poi essere condivisi e sviluppati. Chiara, ritmica e audace può essere descritta in questa occasione, l’esecuzione della Sinfonia n. 2 in re maggiore, Op. 36, di Beethoven (in particolare lo Scherzo: Allegro, il terzo movimento) che  Wilkins ha restituito con mobilità dinamica ed energia. Alla fine Les Préludes S. 97 di Franz Liszt  il terzo poema sinfonico e il più popolare del ciclo, in una performance irregolare, che è stata soddisfacente nelle parti più liriche, per merito della sezione d’archi compatta ed omogenea, ma che è stata troppo violento nei momenti più drammatici, nei quali Wilkins ha cercato di equilibrare la discordante sezione degli ottoni.

http://www.cbc.ca/radio2/cod/codPlayer.html?http://www.cbc.ca/radio2/media/20110131nmf3/06.asx


Tuesday, April 19, 2011

La Sinfónica de San Diego interpretó Conjurer el concierto de percusiones y orquesta de John Corigliano

Foto: Dame Evelyn Glennie - Credito: James Callaghan

RJ- La  Sinfónica de San Diego (San Diego Symphony) de California, es una de las orquestas estadounidenses que sin ostentar una gran notoriedad a nivel nacional o internacional es una de las que mayor tradición e historia poseen en este país, ya que durante la presente temporada está celebrando su primer siglo de existencia (su primer concierto se realizó el 6 de diciembre de 1910).  Bajo la conducción del joven director americano Thomas Wilkins, titular en la actualidad de la Hollywood Bowl Orchestra, se ofreció un contrastante y ecléctico programa que inició con el estreno local de Conjurer: el concierto para percusiones y orquesta del prolífico compositor neoyorquino John Corigliano (1938),  más conocido por haber compuesto la opera The Ghosts of Versailles que le fue comisionada con motivo del centenario del Metropolitan Opera House.  El concierto para percusiones, compuesto por Corigliano por encargo de la percusionista inglesa Dame Evelyn Glennie (la solista de este concierto y quien estrenó la pieza en febrero del 2008 con la Pittsburgh Symphony Orchestra) es una densa obra en tres movimientos divididos en: I) Wood: para xilófono y marimba; II) Metal: para campanas tubulares, platillo y címbalos; y III) Skin: para batería y tambores para jazz. La obra carente de una homogeneidad o unidad musical, por la evidente imposibilidad de sincronizar al solista con la orquesta, se redujo a habilidosas, ágiles y ruidosas ejecuciones de cada una de las percusiones por la solista, que servían de introducción a suaves y armoniosos pasajes para cuerdas, que fueron por instantes tan tranquilos y serenos, que  parecían evocar a las Gimnopedias de Eric Satie. Consciente de la dificultad para crear un concierto de estas características, el propio Corigliano, consideró al solista como un mago, por esta razón el título de Conjurer, que es capaz de crear sonidos que la orquesta puede después compartir y desarrollar. Clara, rítmica y audaz puede describirse la interpretación escuchada en esta ocasión, de la Sinfonía 2 en re mayor, Op 36 de Beethoven, (particularmente en el Scherzo: Allegro su tercer movimiento) a la que Wilkins imprimió con su baqueta una buena dosis de dinámica y energía.  Finalmente se escuchó Les Préludes, S. 97 el poema sinfónico 3, el más popular del ciclo que Franz Liszt compuso, en una desigual ejecución que fue satisfactoria en las partes más líricas de la pieza, gracias a la compacta y estable sección de cuerdas de la orquesta, pero que se escuchó fuerte y violenta en sus fragmentos más dramáticos, en los que Wilkins batalló en su búsqueda de timbres y para calibrar una destemplada y discordante sección de metales.