jueves, 31 de marzo de 2016

Tosca en la Ópera de San Diego

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Un caso único y anecdótico en el mundo operístico debe ser el de la Ópera de San Diego, situada entre las diez compañías estadounidenses más importantes, por presupuesto, activos, tradición y nivel de artistas que la visitaban (de acuerdo a la clasificación realizada anualmente por la asociación Opera América); que tan solo unos días antes de su 50 aniversario estuvo al borde de la desaparición, no por cuestiones económicas o artísticas, si no por decisiones burocráticas internas e intereses de la administración anterior. Hoy la compañía luce renovada y se fortalece con el nombramiento de su nuevo director: David Bennett, quien ha anunciado que a partir del próximo año la temporada crecerá en cantidad de títulos, incluidas dos operas de cámara, genero que nunca fue programo anteriormente, además de la realización de conciertos y recitales, y un nuevo calendario de funciones, que no se limitará solo a los primeros meses de cada año. Parte de la renovación del teatro incluye la posibilidad de importar nuevas propuestas escénicas, como este nuevo montaje de Tosca, primer título de la gestión de Bennett, proveniente de la Ft. Worth Opera, que curiosamente fue hecho en esta ciudad ya que San Diego es uno de los pocos teatros en Norteamérica que cuenta con una fabrica para construir escenografías. Para ello, se prescindió de la producción de Jean Pierre Ponnelle, que había sido visto en diversas ocasiones en el pasado cada vez que se reponía este título. Con diseños de Andrew Horn y vestuarios de Andrew Marley, la propuesta es quizás menos espectacular que la de Ponnelle, pero es efectiva y apegada al tiempo y a los lugares donde transcurre la trama en Roma, dando la sensación de mayor espacio y funcionalidad, sin mengua de su estética visual. Los vestuarios eran elegantes y de buena confección y el uso de la iluminación fue adecuado. La directora escénica Lesley Koenig buscó dar una lectura fácil y directa, sin forzar la sobreactuación y resaltando la interpretación vocal de los artistas, que se ubicaron siempre de frente al público. 
En su debut local, la soprano griega Alexia Voulgaridou dejó una muy grata sensación aportando pasión y temperamento al personaje de Tosca, conmovedora y delicada, cuando el papel se lo requirió, desplegó un canto homogéneo, seguro y muy musical. Ojalá que las decisiones futuras de la compañía no impliquen reducir costos prescindiendo de artistas con la trayectoria de Voulgaridou o tantos otros que han pasado por aquí. Por su parte el tenor galés Gwyn Hughes Jones agradó por el lado vocal ya que posee una voz lirica de grato color. Sin embargo su poca presencia escénica y rigidez actoral no logró redondear su personificación de Cavaradossi. Al bajo barítono Greer Grimsley le quedan bien los papeles de villano y como Scarpia no defraudó en su canto ni en su actuación. De hecho, la escena del Te deum fue uno de los momentos más apasionantes de la función. Bien por el coro, y por el resto de cantantes del elenco. El director italiano Massimo Zanetti, quien condujo Ballo in Maschera y Réquiem de Verdi cuando se anunció el cierre de la compañía, vuelve para dirigir a la Sinfónica de San Diego quizás como un acto simbólico por el inicio de una nueva gestión, lo cierto es que Zanetti tiene mucho oficio en este repertorio y lo demostró con su mano segura, con la que imprimió una adecuada dinámica y tiempos a su lectura, además de notarse la manera escrupulosa con la que cuidó a las voces

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