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Wednesday, April 6, 2016

Tosca di Puccini - San Diego Opera

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques 

Un caso unico e aneddotico nel mondo operístico deve essere l’Opera di San Diego, collocata tra le dieci compagnie statunitensi più importanti, per presupposti, attività, tradizione e livello degli artisti che la frequentano (in accordo con la classificazione realizzata annualmente dall’associazione Opera America); che solo un giorno prima del suo 50esimo aniversario stava sull’orlo della sparizione, non per questioni economiche o artistiche, ma per decisioni burocratiche interne e interessi delle amministrazioni precedenti. Oggi la compagnia brilla rinnnovata e si  rafforza con la nomina del suo nuovo direttore: David Bennett che ha annunciato che a partir dal prossimo anno la stagione crescerà in quantità di titoli, incluse due opere da camera, genere mai programmato prima, come la realizzazione di concerti e recital, in un nuovo calendario di eventi che non si limiterà solo ai primi mesi di ogni anno. Parte del rinnovamento del teatro include la possibilità di importare nuove proposte di allestimenti scenici, come questo nuovo di Tosca, primo titolo della gestione Bennett, proveniente dalla Ft. Worth Opera, che curiosamente viene proposto in questa città, già che San Diego è uno dei pochi teatri del Nordamerica in grado di costruire in loco le scenografie. Per questo non è stata scelta la produzione di Jean Pierre Ponnelle che era stata vista in diverse occasioni in passato tutte le volte che il titolo veniva proposto. Con i disegni di Andrew Horn e i costumi di Andrew Marley, la proposta, meno spettacolare di quella di Ponnelle, ma efficace e legata al tempo e ai luoghi della trama romana, dava la sensazione di maggior spazio e funzionalità senza diminuire la sua estética visiva. I costumi erano eleganti e di buona fattura e l’uso delle luci adeguato. La regia di Lesley Koenig ha cercato una lettura facile e diretta, senza forzare sovraattuazioni e mettendo in risalto le interpretazioni vocali degli artisti, che erano sempre posti di fronte al pubblico. 
Nel suo debutto locale il soprano greco Alexia Voulgaridou ha dato una sensazione molto gradevole portando passione e temperamento al personaggio di Tosca, commovente e delicata, quando il ruolo lo richiedeva, ha dispiegato un canto omogeneo sicuro e molto musicale. Desiderabile che le decisioni future della compagnia non implichino riduzione di costi prescindendo da artisti con la carriera della Voulgaridou o tanti altri che sono passati da qui. Da parte sua il tenore gallese Gwyn Hughes Jones è piaciuto per il lato vocale con una voce lirica di bel colore. Ma la sua scarsa presenza scenica e rigidezza attoriale non hanno permesso una personificazione credibile di Cavaradossi. Al basso Greer Grimsley ben si adattano i ruoli del villano e come Scarpia non ha deluso nè come canto nè come attore. Infatti la scena del Te Deum è stata uno dei momenti più appassionanti della serata. Bene il Coro e la restante parte del cast. Il direttore italiano Massimo Zanetti, che aveva diretto Ballo in maschera e Requiem di Verdi, quando si era annunciata la chiusura della compagnia, torna per dirigere la Sinfonica di San Diego come atto simbolico per l’inizio della nuova gestione, dato che Zanetti tiene molta credibilità in questo repertorio e lo ha mostrato con mano sicura, con la quale ha impresso una adeguata dinámica e tempi alla sua lettura, inoltre il modo scrupoloso con cui ha diretto le voci. 

Thursday, March 31, 2016

Tosca en la Ópera de San Diego

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Un caso único y anecdótico en el mundo operístico debe ser el de la Ópera de San Diego, situada entre las diez compañías estadounidenses más importantes, por presupuesto, activos, tradición y nivel de artistas que la visitaban (de acuerdo a la clasificación realizada anualmente por la asociación Opera América); que tan solo unos días antes de su 50 aniversario estuvo al borde de la desaparición, no por cuestiones económicas o artísticas, si no por decisiones burocráticas internas e intereses de la administración anterior. Hoy la compañía luce renovada y se fortalece con el nombramiento de su nuevo director: David Bennett, quien ha anunciado que a partir del próximo año la temporada crecerá en cantidad de títulos, incluidas dos operas de cámara, genero que nunca fue programo anteriormente, además de la realización de conciertos y recitales, y un nuevo calendario de funciones, que no se limitará solo a los primeros meses de cada año. Parte de la renovación del teatro incluye la posibilidad de importar nuevas propuestas escénicas, como este nuevo montaje de Tosca, primer título de la gestión de Bennett, proveniente de la Ft. Worth Opera, que curiosamente fue hecho en esta ciudad ya que San Diego es uno de los pocos teatros en Norteamérica que cuenta con una fabrica para construir escenografías. Para ello, se prescindió de la producción de Jean Pierre Ponnelle, que había sido visto en diversas ocasiones en el pasado cada vez que se reponía este título. Con diseños de Andrew Horn y vestuarios de Andrew Marley, la propuesta es quizás menos espectacular que la de Ponnelle, pero es efectiva y apegada al tiempo y a los lugares donde transcurre la trama en Roma, dando la sensación de mayor espacio y funcionalidad, sin mengua de su estética visual. Los vestuarios eran elegantes y de buena confección y el uso de la iluminación fue adecuado. La directora escénica Lesley Koenig buscó dar una lectura fácil y directa, sin forzar la sobreactuación y resaltando la interpretación vocal de los artistas, que se ubicaron siempre de frente al público. 
En su debut local, la soprano griega Alexia Voulgaridou dejó una muy grata sensación aportando pasión y temperamento al personaje de Tosca, conmovedora y delicada, cuando el papel se lo requirió, desplegó un canto homogéneo, seguro y muy musical. Ojalá que las decisiones futuras de la compañía no impliquen reducir costos prescindiendo de artistas con la trayectoria de Voulgaridou o tantos otros que han pasado por aquí. Por su parte el tenor galés Gwyn Hughes Jones agradó por el lado vocal ya que posee una voz lirica de grato color. Sin embargo su poca presencia escénica y rigidez actoral no logró redondear su personificación de Cavaradossi. Al bajo barítono Greer Grimsley le quedan bien los papeles de villano y como Scarpia no defraudó en su canto ni en su actuación. De hecho, la escena del Te deum fue uno de los momentos más apasionantes de la función. Bien por el coro, y por el resto de cantantes del elenco. El director italiano Massimo Zanetti, quien condujo Ballo in Maschera y Réquiem de Verdi cuando se anunció el cierre de la compañía, vuelve para dirigir a la Sinfónica de San Diego quizás como un acto simbólico por el inicio de una nueva gestión, lo cierto es que Zanetti tiene mucho oficio en este repertorio y lo demostró con su mano segura, con la que imprimió una adecuada dinámica y tiempos a su lectura, además de notarse la manera escrupulosa con la que cuidó a las voces

Tuesday, September 13, 2011

ÓPERA “SIMON BOCCANEGRA” DE GIUSEPPE VERDI DIRIGIDA POR MAURIZIO BENINI EN CHILE

Fotos: Teatro Municipal de Santiago

Johnny Teperman

Giuseppe Verdi. Opera en un prólogo y tres actos, con libretos de Francesco María Piave y Arrigo Boito. Reparto. Simon Boccanegra: Roberto Frontali / Omar Carrión* Amelia Grimaldi: Alexia Voulgaridou /Keri Alkema* Gabriele Adorno: Woo-Kyung Kim / Gonzalo Tomckowiack*  Jacopo Fiesco: Arutjun Kotchinian / Homero Pérez-Miranda* Paolo Albiani: Roman Burdenko / Ricardo Seguel* Pietro: Pablo Jiménez / Cristián Moya* Sirvienta de Amelia: Constanza Domínguez / Carla Vilches* Un Capitán: Claudio Fernández / José Barrera* Director de Escena: Filippo Crivelli  Escenografía e Iluminación: Ramón López Vestuario: Marco Correa Repositora Elenco Estelar: Christine Hucke Asistente de Dirección de Escena: Pablo Maritano Orquesta Filarmónica de Santiago Director: Maurizio Benini / José Luis Domínguez* Coro del Teatro Municipal Director: Jorge Klastornick

Intrigas políticas, un padre que busca a su hija desaparecida misteriosamente, amores truncados, secuestros, envenenamientos y una música que muestra a Verdi en la cima de su genialidad, son los puntos bases de la trama de la ópera italiana "Simón Boccanegra", de Giuseppe Verdi..  El gran compositor italiano tenía una increible habilidad para combinar política y relaciones humanas. "Simón Boccanegra" constituyó -sin duda-uno de sus trabajos más sombríos y envolventes, con esta historia que se desarrolla en la Italia del siglo XIV y está repleta de intrigas.  Son algunos de los ingredientes de la composición, que se ofreció como cuarto título de la temporada lírica nacional 2011 del Teatro Municipal de esta capital y que confirmó lo bien que ha estado el ciclo programado en nuestro coliseo. “Simón Boccanegra”, obra de argumento terrible, pero de bellos conceptos en todos los aspectos del arte, destacó en esta ocasión una parte musical impecable e incluso, nos atrevemos a señalar, con intérpretes excepcionales, partiendo por Maurizio Benini, un músico notable, un visitante constante, quien incluso hace cinco años fue el director principal de la Orquesta Filarmónica de Santiago, que en esta ocasión condujo con su calidad inigualada a la agrupación, que brilló con luces propias en ambas versiones. El director en la versión estelar fue, una vez más, el maestro nacional José Luis Domínguez, quien manejó en forma excelente a un grupo de instrumentistas que aportó una calidad en las cuatra familias de instrumentos.  La conducción teatral del elenco estuvo a cargo de Filippo Crivelli, importante director que ha trabajado con directores de la talla de Franco Zeffirelli, Michelangelo Antonioni, Tatiana Pavlova y Luchino Visconti y quien ha hecho en nuestro teatro El Barbero de Sevilla, Norma, Roberto Devereux y Simon Boccanegra en 1991 y 2001.

Su experiencia y conocimientos son enormes y le han valido obtener importantes premios en su patria. Esta vez Crivelli movió sus piezas habilmente y permitió el lucimiento de los cantantes cuando enfrentaban al público, al adquirir un rol preponderante. La escenografía e iluminación fueron responsabilidad de Ramón López, quien adecuó bien el ambiente reinante en las distintas situaciones, incluso con un colorido especial. El vestuario de Simon Boccanegra es de gran valor, ya que fue creado por el destacado diseñador chileno Marco Correa, uno de los precursores de la alta costura en nuestro país, fallecido en 1992. El Museo de la Moda presentó una exposición de tres vestidos de colección de este gran diseñador, como homenaje a su exitosa trayectoria en nuestro país. La exhibición tuvo lugar en el foyer principal del Teatro Municipal. Este “Simón Boccanegra”, versión 2011 en Chile, fue toda una sorpresa en cuanto al elenco de cantantes, tanto del grupo internacional como el del Estelar o segundo elenco.  El barítono Roberto Frontali mostró una voz calificada y a la vez, estuvo bien teatralmente en el manejo de su personaje. Mejor sin duda que el argentino Omar Carrión, quien no tuvo el mismo vuelo dramático con su caracterización del “dogo”. La hermosa soprano griega Alexia Voulgaridou encarnó a Amelia Grimaldi, con una voz bastante aceptable, pero sin darle a su personaje la emoción y calidad de la norteamericana Keri Alkema, lejos la mejor figura del elenco estelar, con una voz potente, emotiva, a ratos arrebatadora y de una técnica absoluta. El bajo armenio Arutjun Kotchinian., interpretó en gran forma al personaje de Fiesco, con sólida voz, en tanto que el tenor coreano Woo Kyung Kim, encantó al auditorio con su romántico enfoque del enamorado Gabriel Adorno. Su voz, de bello timbre, muy verdiana, fue atractiva, agradable de principio a fin, que se hizo fácil de escuchar, inclusoi de paladear. En estos dos roles, el cubano chileno Homero Pérez-Miranda (Fiesco) y el chileno Gonzalo Tomckowiack (Adorno), tuvieron impecables actuaciones y este último se mostró como un estupendo “belcantista”.  El barítono Ruso Roman Burdenko, abordó con gran calidad vocal, y solvencia actoral a Paolo Albiani y su contraparte chilena, Ricardo Seguel, lució su jerarquia acostumbrada; los comprimarios chilenos estuvieron, una vez más, a la altura de los extranjeros: elos fueron Constanza Domínguez y Carla Vilches(Sirvienta de Amelia), Pablo Jiménez y Cristian Moya (Pietro) y Claudio Fernández y Josd Barrera (Capitán).

Thursday, August 5, 2010

Carmen en Los Angeles, el debut operistico estadounidense de Gustavo Dudamel

Crédito de fotos: (Gustavo Dudamel, Natascha Petrinsky, Alexia Voulgaridou) Nohely Oliveros y Lawrence K. Ho / Los Angeles Times

Ramón Jacques

La conducción musical de operas comienza a aparecer de manera mas frecuente en la ajustada agenda de conciertos sinfónicos del director musical venezolano Gustavo Dudamel. Sus escasas apariciones dirigiendo obras liricas se limitaban a unas cuantas producciones en: la Scala de Milán (con Don Giovanni de Mozart y La Boheme de Puccini) y en la Opera de Berlín (donde dirigió Don Giovanni y L’Elisir d’Amore de Donizetti), hasta que a mediados del año pasado descubrió la opera Carmen de Georges Bizet en Caracas Venezuela, y al frente de su orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, donde también, a mediados del mes de julio condujo su primera Traviata de Verdi.
Todo parece indicar que en la apasionante música de esta conocida opera-comique, cargada de ritmos y acentos españoles que están plasmados en su exuberante orquestación, Dudamel encontró una obra afín a su temperamento e inquieto carácter, ya que además de que marcará su retorno al máximo escenario milanés el próximo mes de noviembre, Carmen, fue la obra que personalmente eligió para realizar su debut operístico estadounidense al frente de otra de sus orquestas, la Filarmónica de Los Ángeles, agrupación de la cual es titular desde el año pasado. La opera -que se ejecutó en forma de concierto y en la versión de 1875 de Ernest Guirard que sustituyó los diálogos hablados por recitativos cantados- formó parte de la temporada de verano que la orquesta ofrece en el antiguo anfiteatro Hollywood Bowl, mismo recinto en el que Dudamel tuvo su debut sinfónico estadounidense hace cinco años, dirigiendo a la misma orquesta.

Con su contagiosa energía, Gustavo Dudamel ofreció una sobresaliente y penetrante lectura, extrayendo de la orquesta brillantes matices de colores y momentos de admirable lucidez musical, con un sonido compacto y homogéneo, de adecuados tiempos y dinámicas. Su dirección no esta basada solo en la fuerza y el ímpetu de su batuta, sino que sabe llevar a la orquesta por los pasajes mas tenues y sutiles con eficacia. Además, su presencia en el podio se convirtió en la de un regista, porque constantemente gesticuló, bailó, respiró y fraseó y vibró con los cantantes.
El papel principal de Carmen fue interpretado de manera esplendida por la mezzosoprano Natascha Petrinsky quien por apariencia y comportamiento sobre la escena, porque se metió en el papel, irradió sensualidad y gallardía. Su amplia y seductora voz es de una grata coloración oscura, su canto es elegante y claro, y su emisión fue técnicamente impecable.

Notable fue el desempeño de la soprano griega Alexia Voulgaridou quien interpretó el papel de Micaela con su flexible voz de tono cristalino y facilidad para emitir notas agudas. El bajo estadounidense Kyle Ketelsen dio relieve y autoridad al torero Escamillo, con su generoso y profuso instrumento y su segura musicalidad. El tenor coreano Yonghoon Lee fue un irregular Don José, ya que si bien exhibió una robusta voz de interesante timbre al inicio del concierto, su interpretación fue mecánica, por tratarse de una voz técnicamente bien trabajada pero inexpresiva, que fue perdiendo en peso y en proyección.

El resto del elenco ofreció convincentes y dignas intervenciones individuales, por el buen nivel de los cantantes que se eligió para interpretar los papeles menores de la opera. Así, se pudo escuchar al bajo François Lis en el papel de Zúñiga; al barítono Mathias Hausmann como Mórales; y a la mezzosoprano Jennifer Holloway como Mercedes. El papel de Frasquita fue interpretado por la soprano venezolana Mariana Ortiz y el de Dancaïro por el prometedor barítono mexicano José Adán Pérez, ambos de buen rendimiento. Finalmente, cabe mencionar la valiosa y meritoria aportación al concierto del participativo del Los Angeles Master Chorale, coro muy cercano a la orquesta californiana, con la que comparte la misma sala de conciertos.

Carmen di Bizet a Los Angeles

Fotos: Natascha Petrinksy, Gustavo Dudamel - cast: Mathew Imaging

Ramón Jacques

Possiamo tranquillamente affermare che l’emozionante tavolozza di colori, ritmi e accenti che Bizet seppe creare in questo suo capolavoro trovano una perfetta corrispondenza nel carattere e nel temperamento di Gustavo Dudamel. Il giovane direttore venezuelano, che ha già diretto Carmen lo scorso anno nel suo Paese natale e, il prossimo novembre la tornerà a dirigere al Teatro alla Scala di Milano, ha scelto questo titolo per il suo debutto operistico negli USA con la Los Angeles Philharmonic Orchestra della quale è direttore musicale da crica un anno.Il grande anfiteatro della Hollywood Bowl, sede di concerti estivi, ha dunque accolto questa Carmen in versione concertante, eseguita nella classica versione Guirard , quella cioè con i recitativi. Con la sua contagiosa energia e una ammirabile lucidità musicale, Dudamel domina la partitura e sa trarre dall’orchestra dettagli straordinari e anche un suono compatto e omogeneo. La sua presenza sul podio è magnetica: come un regista gesticola, respira, fraseggia e interpreta in una costante simbiosi con i cantanti.Ha perfettamente aderito alla lettura di Dudamel, il mezzosoprano Natascha Petrinsky che ha creato una splendida Carmen: la sua figura e i suoi movimenti sono naturalmente sensuali, ma eleganti. La voce è bella, autenticamente mezzosopranile, ampia e seducente con un’emissione tecnicamente impeccabile.Degna di nota anche la Micaela del soprano Alexia Voulgaridou, voce luminosa e duttile, con un bel registro acuto, facile e ben timbrato. Il basso statunitense Kyle Ketelsen ha dato rilievo e la giusta aggressività al personaggio di Escamillo. Musicalissimo, Ketelsen può anche vantare uno strumento vocale è ampio e omogeno su tutti i registri. Assai meno convincente la prestazione del tenore coreano Yonghoon Lee come Don José. Ha sì una voce ampia, sicura e svettante nel registro acuto, ma al contempo è un interprete inespressivo e monotono. Convincenti le prestazioni del basso François Lis, come Zúñiga, del baritono Mathias Hausmann come Mórales; del soprano venezuelano Mariana Ortiz e del mezzosoprano Jennifer Holloway rispettivamente, Frasquita e Mercedes e quella del promettente baritono messicano José Adán Pérez nel ruolo di Dancaïro. Ottimo l’apporto della Los Angeles Máster Chorale.

Wednesday, September 2, 2009

Carmen en Caracas Venezuela


Carmen en Caracas, Venezuela
Por Carlos Guillermo Ortega

Foto: Noely Oliveros

Calificada como “ópera de director” -sin que la parte vocal, de gran relieve, haya sido desestimada nunca, en modo alguno- la representación de Carmen en forma de concierto, en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, fue propicia para constatar que las interpretaciones del joven larense Gustavo Dudamel (28 años) resultan plenamente disfrutables por empaste, claridad, delicadeza y vigor rítmico. El nuevo conductor de la Filarmónica de Los Ángeles, esta vez al frente de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, exploró las amplias posibilidades de la partitura y puso nuevamente de relieve la energía, el talento y la musicalidad que le han generado encendidas ponderaciones en casi todo el mundo. La chispa, el genio de Bizet, fueron exhaustivamente preservados. Los solistas, formalmente ataviados, cumplieron dignos desempeños, particularmente la protagonista femenina, Natascha Petrinsky, de la cantera austríaca, quien encarnó, con rotundidad canora, a una heroína seductora y satánica, no exenta de delicadeza expresiva, cualidades con las cuales compensó el acartonamiento inherente a las óperas carentes de atractivos visuales. El tenor canadiense Lance Ryan, ganador de la competencia As.Lá.Co Internacional de Milán en 2002 y alumno nada menos que de Carlo Bergonzi, defraudó al abordar la hermosa romanza La fleur que tu m¨avais jetée, cantada sin elegancia ni efusión lírica, aunque en los actos tercero y cuarto se mostró como artista sensible, de fáciles agudos y plausible solidez. La Micaela de Alexia Voulgaridou, soprano griega apadrinada por Colin Davis, satisfizo en grado sumo por su timbre brillante y musicalidad irreprochable, en tanto que el Escamillo del bajo-barítono moscovita Alexander Vinogradov recibió merecidos vítores gracias a su emisión límpida y su registro generoso.Del resto del elenco sobresalió el Zúñiga de Francois Lius, discípulo del Conservatorio Nacional de Música de París, por su extenso rango vocal y su fraseo cálido y comunicativo. Y correctísimos, musicalmente, Tara Venditti (Frasquita), Mathias Hausmann (Morales), así como los venezolanos Mariana Ortiz (una Mercedes de lujo, de voz nítida) y el tenor Idwer Álvarez como El Remendado. El Coro Sinfónico Nacional Juvenil de Venezuela, la Camerata Barroca de Caracas y los Niños Cantores cumplieron cabalmente su labor. La Sinfónica Simón Bolívar, reiteramos, estuvo a la altura de las exigencias.