jueves, 16 de marzo de 2017

Concierto de Joyce Di Donato en Berkeley, California.

Fotos: Brooke Shaden

Ramón Jacques 

¿Cómo encontrar paz en medio del caos?  Fue la pregunta que se hizo Joyce Di Donato cuando eligió las arias de su nueva grabación discográfica “In War & Peace: Harmony through music”  (En guerra y paz: armonía a través de la música) con la que que realizó una gira de conciertos por diferentes ciudades estadounidenses, incluida una presentación en el teatro Zellerback Hall, ubicado en el campus de la prestigiosa universidad de California en Berkeley, donde estuvo acompañada por el ensamble barroco Il Pomo d’Oro bajo la conducción, desde el clavecín, de Maxim Emelyanychev   La arias contenidas en el disco, una recopilación hecha por la propia artista que se escuchó en esta velada, corresponden principalmente a compositores como Handel y Purcell y abordan temas como la guerra, la confusión interna y la búsqueda de la serenidad.  En su interpretación vocal la mezzosoprano mostró su maestría y compenetración con arias de operas de Handel, una de sus especialidades, que estuvieron cargadas de intención, expresión y sentimentalismo como en: “Escenas de horror y aflicción” de Storgé de Jephta, en Pensieri, voi mi tormentae de Agrippina, en Crystal streams in murmur flowing de Susanna, en Da tempeste il legno infranto que interpreta el personaje de Cleopatra de Giulio Cesare o en Augelleti, che cantate de la ópera Rinaldo, y ni que decir de la conmovedora y explosiva Lascia ch’io pianga, también de Rinaldo, con la que coronó un soberbio despliegue vocal handeliano.  
Aunque parece ser un compositor que ha abordado poco o nada en escena, la música de Purcell se apega también a su temperamento y sensibilidad, y aquí lo plasmó en arias como el Lamento de Dido de Dido and Eneas o They tell us that you mighty powers de The Indian Queen. Algunas piezas que no se le habían escuchado antes a Joyce Di Donato compuestas por  compositores napolitanos fueron Prendi quel ferro, o barbaro! de la ópera Andromaca de Leonardo Leo y Par che di giubilo de Attilio Regolo de Niccolò Jommelli, que interpretó de manera satisfactoria y buenos recursos vocales, aunque en la primera se le notó incómoda con la tesitura así como tirante y forzada su emisión. A pesar de ello fue un concierto grato y bien concebido por una artista consagrada. La orquesta dirigida por maestro Emelyanychev, se mostró compacta, ligera y en simbiosis con la ejecución vocal, coronando un programa musicalmente variado y rico, en el que ejecutó  en solitario pasajes orquestales como: la Sinfonía de la famosa opera de Emilio de’ Cavalieri,  Rappresentatione di anima e di corpo, la brillante Ciaccona en sol menor de Purcell, pasando por el Tristis est animam mea de Carlo Gesualdo, hasta llegar al Da pacem, domine del compositor estonio Arvo Pärt (1935).  El espectáculo tuvo además un elemento escénico con los bailables al frente de la orquesta, de Manuel Palazzo y una transmisión de fotografías y escenas representativas de conflictos bélicos, al fondo del escenario, con una brillante iluminación en intensos y abigarrados colores, notablemente el rojo, que servían mas de distracción que aporte escénico, francamente un despropósito cuando la música hablaba por sí sola. Por su parte Joyce Di Donato, ubicada en una silla al lado del escenario, con diferentes vestuarios y maquillaje en su cara que simbolizaban sangre estuvo involucrada en todo momento en el espectáculo.

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