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Sunday, February 5, 2012

Conciertos Filarmónica de Los Ángeles (LA Philharmonic)

Foto: Sonya Yoncheva Credito: Lawrence K. Ho/Los Angeles Times.


Como parte de su temporada 2011-2012 la Filarmónica de Los Ángeles (LA Philharmonic) ofreció dos interesantes y variados conciertos: comenzando con el debut orquestal norteamericano de la joven directora de orquesta francesa  Emmanuelle Haïm, quien ya había dirigido opera en Norteamérica hace algunos años,  y  cuyo programa elegido no podía ser otro que de música de Handel, compositor en el que esta especializada. Con un reducido número de integrantes compuesto en su mayoría de cuerdas, con oboes, cornos, flauta, laúd y  clavecín, la orquesta demostró poca afinidad y practica en la interpretación de música antigua, dejando en evidencia que el genero es aun una asignatura pendiente, no solo para las orquestas de estas latitudes, si no también para el publico, que fue escaso en esta ocasión. E. Haïm dirigió desde el clavecín con su habitual energía y seguridad ofreciendo una lectura plena de dinamismo e imaginación, y con control para liberar rigidez y mantener la cohesión, que momentos perdieron los instrumentistas durante la ejecución de las suites 1 en fa mayor y 3 en sol mayor de la Música Acuática. La brillante música de Handel fluyó con mayor ligereza y uniformidad en el Concerto Grosso, Op. 6, pero el momento más significativo fue la interpretación de la cantata Il delirio amoroso obra de seductoras y expresivas líneas melódicas en sus recitativos y arias, que fueron interpretadas con la agilidad y nitidez vocal exhibida por la soprano Sonya Yoncheva. Aquí Haïm dirigió  con gusto y mantuvo la vivacidad y los colores de la partitura. El segundo concierto contó con la presencia del finlandés Esa Pekka Salonen, quien durante diecisiete años fue el titular de esta orquesta, y que ofreció una emocionante e intensa ejecución, a toda fuerza, de la Obertura no. 2 Leonore de Beethoven. Del propio autor, se ejecutó una satisfactoria versión del Concierto para piano No. 2 en si bemol mayor, teniendo como solista al pianista Emanuel Ax, que fue bien arropado por la experimenta meno de Salonen y que agradó en su Rondo Molto Allegro. Fiel a su idea de ejecutar música contemporánea, Salonen dirigió el estreno absoluto de Sirens obra que fue comisionada por esta orquesta al compositor sueco Anders Hilborg, quien a su vez la dedicó a Salonen.  La obra sinfónica coral,  que contó con la brillante y exuberancia vocal e interpretativa de la mezzosoprano sueca Anne Sophie von Otter, con la soprano israelí Hila Plitmann y con el coro Los Angeles Master Chorale,  recreó el canto del mar y de las sirenas y textos inspirados en el encuentro de Ulises con las sirenas en la Odisea, con una orquestación que es moderna, aguda e intensa.  RJ

Thursday, December 2, 2010

El regreso de Esa Pekka Salonen al podio de la Los Angeles Philharmonic


Foto: Matthew Imaging

Ramón Jacques

Esa-Pekka Salonen regresó para dirigir a la Los Angeles Philharmonic, orquesta de la que fue director musical de 1992 al 2009 cuando le cedió el puesto a Gustavo Dudamel, y lo hizo con un programa que el personalmente eligió de obras del siglo XX y contemporánea, de repertorios afines a su gusto. Se ofreció el estreno americano de Graffiti, obra coral-orquestal del compositor finlandés Magnus Lindberg, cuya premier fue en Helnsinki el año pasado. En la breve obra de acento contemporáneo, se mezclaron pasajes de atonalidad orquestal con una rica orquestación, de cuerdas, metales, y profusas percusiones. El coro Los Ángeles Master Chorale, tuvo un buen desempeño cantando los textos en latín extraídos del Corpus Inscriptiounum Latinarium y de las inscripciones de Pompeya, que según el autor, describen una sociedad que dejo de existir hace dos mil años, pero que mantiene gran similitud con el mundo actual. La obra toma su inspiración e influencia en las obras de Stravinsky, notablemente su Oedipus Rex. En la segunda parte se escuchó el Castillo de Barba Azul de Bartok, en una versión en la que Salonen demostró conocimiento del repertorio, y en la que extrajo con admirable facilidad y fluidez, los diversos colores, timbres y emociones contenidas en la partitura, en los pasajes luctuosos, serenos y de tensión, y con una reforzada sección de metales en la parte alta de la platea. Anne Sophie Von Otter, cantó la parte de Judith con fuerza y expresividad, pero supo conmover por momentos, exhibiendo siempre su brillante tonalidad oscura. Por su parte, el bajo barítono Willard White mostró convicción en su canto, más sutil que potente en su acento y emisión.