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Thursday, March 10, 2011

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles en Costa Mesa, California

Foto: LA Philhamonic Crédito: Nicholas Koon
Ramón Jacques
Apenas dos días después de haber escuchado la Sexta de Mahler, en la misma sala de conciertos, Renée & Henry Segerstrom Concert Hall de Costa Mesa California, se pudo escuchar otra obra monumental: la Sinfonía No. 7 en mi mayor de Anton Bruckner, que en esta ocasión fue ejecutada por la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles (Los Ángeles Philharmonic) bajo la conducción de su director titular. Este concierto, organizado también por la asociación musical de Orange County (The Philharmonic Society of Orange County), forma parte del festival Japan OC, que es un homenaje a las artes y cultura del Japón y que se está realizando paralelamente con el Carnegie Hall de Nueva York. El concierto comenzó con la interpretación de Cinco piezas para orquesta de Anton Weber, cinco miniaturas instrumentales, atonales, para una orquesta reducida, a la que se incorporó una mandolina y una guitarra. A continuación, del compositor japonés Toru Takemitsu, se escuchó su Réquiem para orquesta de cuerdas, obra en un movimiento de la que emanó una fusión de sonido entre Wagner y la escuela vienesa de compositores como Schoenberg y Berg, pero que ofreció muy poco en cuanto a contrastes de melodía y de textura. Ambas obras carentes de sugestión e interés podrían haber sido fácilmente excluidas del programa. La obra maestra que es la Séptima de Bruckner entusiasmó por su orquestación de profusas trompetas y cuerdas, y por la sonoridad de las tubas “wagnerianas” (Wagner fue el compositor a quien fue dedicada esta obra). Gustavo Dudamel, pareció administrar y ahorrarse su habitual energía y entusiasmo y por esa falta de inspiración, su lectura palideció en algunos pasajes. Si bien alcanzó a detallar y definir los contrastes intensos y dramáticos de la pieza, como en el emotivo Adagio (que fueron los veinte minutos de la música mas elevada en este concierto) y en parte en el explosivo final, en ciertos momentos de lentitud y poca dinámica se escucharon notables desfases entre algunas secciones de la orquesta. Aun así, el resultado final fue el consenso y la aprobación de un público conciente que obras como esta no se escuchan todos los días. Asimismo, se anunció también la que será la temporada 2011-12 de la asociación que tendrá invitados de honor como la Chicago Symphony Orchestra, Cleveland Orchestra, New York Philharmonic y la orquesta del teatro Mariinsky con un ciclo de sinfonías de Tchaikosky bajo la dirección de Valery Gergiev, además de otras orquestas.

Concerto dalla Los Angeles Philharmonic - Società Filarmonica di Orange County

Foto: Gustavo Dudamel - Los Angeles Philharmonic Association
Ramón Jacques
Appena due giorni dopo aver ascoltato la Sesta di Mahler, nella stessa sala da concerto -Renée & Henry Segerstrom di Costa Mesa, California- si è potuto ascoltare un’altra opera monumentale: la Sinfonia n. 7 in mi maggiore di Anton Bruckner che in questa occasione è stata eseguita dalla Los Angeles Philharmonic sotto la bacchetta del suo direttore titolare. Questo concerto, pure organizzato dall’associazione musicale di Orange County, parte del festival Japan OC che è un omaggio all’arte e alla cultura del Giappone e che si sta realizzando parallelamente alla Carnegie Hall di NY. Il concerto ha avuto inizio con l’interpretazione dei Cinque Pezzi per orchestra di Anton Webern, cinque miniature strumentali, atonali, per un’orchestra che incorporava anche mandolino e chitarra. Del compositore giapponese Toru Takemitsu si è ascoltato il Requiem per orchestra d’archi, opera in un movimento dalla quale promanava una fusione sonora tra lo stile wagneriano e quello della seconda scuola di Vienna, ma che ha offerto molto poco in quanto a contrasti melodici e dinamici. Due opere così carenti di suggestione ed interesse avrebbero potuto essere facilmente eliminate dal programma. Il capolavoro della Settima di Bruckner ha entusiasmato per l’orchestrazione abbagliante di ottoni ed archi e per le sonorità delle tube wagneriane (compositore a cui fu dedicata l’opera). Gustavo Dudamel, sembrava amministrare la sua solita energia ed entusiasmo ma per mancanza di ispirazione, la sua lettura impallidiva in alcuni passaggi. E’ tiuscito comunque a definire dettagliatamente gli intensi contrasti drammatici del pezzo, come nell’ Adagio (una ventina di minuti di musica, ma la vetta emotiva di questo concerto) e in parte nel finale esplosivo, mentre in certi momenti di lentezza e poco dinamismo si sentivano lacune notevoli tra le varie sezioni dell’orchestra. Eppure, il risultato finale è stato salutato dal consenso di un pubblico consapevole che opere come questa non si sentono ogni giorno. Inoltre, è stata anche annunciata la stagione 2011-12 dell’Associazione che avrà come ospiti la Chicago Symphony Orchestra, la Cleveland Orchestra, la New York Philharmonic e l’Orchestra del Teatro Mariinsky, con un ciclo di sinfonie di Tchaikosky, sotto la direzione Valery Gergiev, e altre orchestre.