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Friday, June 30, 2017

La Bodas de Fígaro – Teatro Municipal de Santiago de Chile

Fotos: Patricio Melo

Joel Poblete

Como segundo título de su temporada lírica, el Municipal de Santiago ofreció a mediados de junio el regreso a su escenario, tras nueve años de ausencia, de una de las obras maestras de Mozart: la ópera Las bodas de Fígaro. Para esta ocasión se contó con el debut local del director teatral Pierre Constant, quien adaptó para el Municipal su producción originalmente realizada en el Atelier Lyrique de Tourcoing, que conserva la ambientación en la Sevilla de fines del siglo XVIII. Aunque no profundizó demasiado ni fue más allá de la superficie y la farsa, fue un montaje efectivo y que consiguió reflejar con fluidez la vertiginosa sucesión de confusiones y enredos que caracterizan esta "loca jornada", alcanzando estupendos momentos cómicos en escenas de conjunto como el dinámico y genial final del primer acto, el divertido sexteto de reconocimiento en el tercero y el final de ese mismo acto. Pero la manera en que terminó la obra, con los patrones amenazados por los criados en evidente referencia a los cambios sociales que estaban a la vuelta de la esquina en esa época, fue demasiado obvia y brusca y no muy adecuada a lo que la partitura expresa en esos momentos.

En cuanto a la ambientación propiamente tal, habiendo visto en el pasado dos de las tres producciones que se han ofrecido previamente en el Municipal en las últimas tres décadas -las de 1998 y 2008-, puedo afirmar sin dudarlo que esta nueva ha sido la más decepcionante y menos atractiva. En ocasiones la austeridad funciona muy bien en determinados montajes, pero en este caso nada parece justificar que la escenografía de Roberto Platé, por muy funcional que fuera, tuviera tan poco vuelo, escasez de mobiliario y casi nula elegancia, considerando el ambiente de nobleza que debe reflejar. A esto hay que agregar que el marco escénico, salvo algunos detalles, se mantiene casi inalterable durante los cuatro actos en que transcurre la obra, y en ese sentido, tampoco ayudó demasiado la plana iluminación a cargo de Christophe Naillet, según el diseño original de Jacques Rouveyrollis. Al menos mucho más adecuados fueron el bonito vestuario de Jacques Schmidt y Emmanuel Peduzzi y los movimientos coreográficos de Béatrice Massin -en particular en el baile de los criados en el acto tercero-, lo que acentuó aún más la modestia escenográfica.

En el aspecto musical, las cosas funcionaron mucho mejor. El director italiano Attilio Cremonesi demostró una excelente conexión con la Orquesta Filarmónica de Santiago, como quedó claro con la energía y alegre entusiasmo que demostró desde la mercurial obertura. También hay que reconocer que logró un buen balance entre el foso y el escenario, lo que ayudó al despliegue teatral; sin embargo, aunque fue muy aplaudido al término de la función, no convenció por completo su decisión de dirigir mucho más rápido de lo habitual algunos de los momentos más bellos y célebres de la partitura, como el aria de la Condesa "Dove sono i bei momenti", y en especial el dúo entre ésta y Susanna, "Canzonetta sull'aria".

En el amplio elenco internacional, partiendo por los protagonistas, quienes más destacaron fueron las voces femeninas. La soprano estadounidense Angela Vallone fue una Susanna tan encantadora, vivaz y simpática como exige el rol, y lució una hermosa voz al servicio de un canto lírico y expresivo. Y en una nueva actuación en el Municipal luego del buen recuerdo que dejara con sus anteriores incursiones en títulos como El barbero de Sevilla en 2008, Alcina en 2010 y Carmen en 2012, la mezzosoprano española Maite Beaumont fue un carismático y divertido Cherubino, muy bien actuado y cantado, como pudo demostrar en sus dos arias. Por su parte, la soprano bielorrusa Nadine Koutcher confirmó una vez más su talento y calidad vocal, que ya desplegó en ese escenario en 2014 con Los puritanos y el año pasado por partida doble con Tancredi y La traviata; no deja de ser digno de elogio cómo ha conseguido brillar tanto en Bellini y Rossini como en Verdi y ahora Mozart, sacando el mejor partido a su atractivo timbre y línea de canto. Quizás como le ocurrió el año pasado al protagonizar Traviata, al abordar ahora a la Condesa aún debe profundizar el rol en lo escénico, pero de todos modos fue muy convincente, y en lo vocal aunque también debe ahondar y trabajar más las sutilezas del estilo mozartiano (como en sus dos arias), volvió a encantar a la audiencia.


El juvenil Figaro del barítono ucraniano Igor Onishchenko, quien debutaba en Chile, fue tan jovial y dinámico en escena como uno espera del personaje, aunque en lo vocal se mostró insuficiente: tiene una bonita voz y un canto seguro, pero su poco volumen hizo que en momentos importantes no se lo escuchara bien, y las notas graves deben ser aún más trabajadas, sobre todo considerando que este rol suele funcionar mejor cuando es cantado por bajo-barítonos o incluso bajos. El también barítono ZhengZhong Zhou regresó al Municipal tras Los puritanos en 2014 y El turco en Italia en 2015, y ahora interpretando al Conde, en lo vocal y escénico ofreció la mejor de las tres presentaciones que ha ofrecido ahí, incluyendo una buena versión de su exigente aria "Vedrò mentr'io sospiro".

Los diversos roles secundarios del elenco internacional fueron muy bien interpretados por un afiatado reparto de cantantes chilenos. En los últimos años el barítono Sergio Gallardo se ha ido especializando en los personajes cómicos, cantando en óperas de Rossini en importantes escenarios europeos, y ahora incursionando en Mozart fue un simpático Don Bartolo, bien cantado y actuado, conformando una sólida dupla cómica con la soprano Paola Rodríguez, como una muy divertida Marcellina. Y el tenor Gonzalo Araya, quien en 2008 fue un excelente Don Basilio, volvió a encarnar muy eficazmente al intrigante personaje. También destacaron el bajo Jaime Mondaca como el jardinero Antonio, el tenor Víctor Escudero como Don Curzio y la soprano Regina Sandoval como Barbarina, y aunque el programa de sala no las mencionara, también estuvieron bien en su fugaz intervención como dos jóvenes en en el acto tercero las sopranos Madelene Vásquez y Jennifer Ramírez, ambas miembros del Coro del Municipal que dirige Jorge Klastornik, agrupación que se mostró tan eficaz como es habitual en las breves apariciones que les permite esta obra.

En cuanto al segundo reparto, el llamado "elenco estelar", se ha convertido casi en un lugar común, pero no por eso menos cierto. que desde hace ya mucho tiempo éste presenta a menudo un nivel tan alto y logrado que en más de una ocasión está al nivel de sus colegas internacionales, e incluso los supera. Y cuando por las características de la obra interpretada se da la posibilidad de que todos los solistas sean cantantes chilenos -y que no requieran refuerzos extranjeros como es habitual que ocurra por las exigencias de algunas partituras que así lo requieren-, el mérito es aún mayor. Este positivo resultado se dio una vez más con estas Bodas de Fígaro: también dirigido por Cremonesi, en su conjunto este segundo elenco pareció más parejo y desenvuelto, incluso más cómodo y afiatado, predominando una importante cuota de picardía y comicidad que podría considerarse más latina, muy adecuada para la obra. Y considerando que los momentos más logrados en el montaje de Constant fueron las escenas cómicas de conjunto, no es de extrañar que tomando en cuenta la buena química y talento actoral de este reparto, el balance general fuera más divertido, dinámico y efectivo.

Luego de sólidos cometidos en roles secundarios durante las últimas temporadas del Municipal, el barítono Javier Weibel asumió su primer papel protagónico en ese escenario, y su vivaz y simpático Fígaro no sólo se escuchó mucho más que el de su colega en el elenco internacional, sino además estuvo cantado con firmeza y seguridad. A su lado, se podría decir que la voz y timbre de la experimentada soprano Patricia Cifuentes no son totalmente idóneos para interpretar a Susanna en esta etapa de su carrera, pero su canto fluyó con naturalidad y en lo actoral su pizpireta encarnación de la criada fue muy lograda, conformando una efectiva dupla con su patrona, la Condesa a quien dio vida la soprano Paulina González con calidez y sensibilidad interpretativa en lo vocal y teatral. Por su parte, el barítono Patricio Sabaté, a quien en años anteriores se había visto en el Municipal protagonizando Don Giovanni y encarnando a Guglielmo en Così fan tutte, al fin cantó en ese teatro estas Bodas de Fígaro que junto a aquellas conforma la célebre trilogía de Mozart-Da Ponte, en esta ocasión administrando con habilidad su atractiva voz y ya reconocido manejo del estilo y talento actoral para desarrollar un excelente y convincente Conde, que supo destacar superando las exigencias del aria "Vedrò mentr'io sospiro".


Y la notable soprano Marcela González continúa cautivando a nuevos admiradores con su bella voz y desenvoltura actoral, ahora como un divertido y ágil Cherubino. En los roles secundarios estuvieron el bajo-barítono Rodrigo Navarrete (eficaz Don Bartolo, aunque no sacó total partido a su aria "La vendetta"), la soprano Andrea Aguilar como una chispeante Marcellina y el tenor Francisco Huerta como un cómico Don Basilio de ademanes algo exagerados pero muy bien cantado, con una voz de grato timbre y amplio volumen. También estuvieron muy divertidos el tenor Exequiel Sánchez como Don Curzio, el bajo-barítono Matías Moncada como Antonio y la soprano Annya Pinto como Barbarina.

Wednesday, May 9, 2012

CON UNA NUEVA PRODUCCIÓN DE “CARMEN”, A CARGO DE EMILIO SAGI, SE ESTRENA LA TEMPORADA DE ÓPERA EN EL TEATRO MUNICIPAL DE SANTIAGO

Maite Beaumont
La temporada de ópera del Teatro Municipal de Santiago se inaugura el 11 de mayo con "Carmen", del compositor francés Geoge Bizet, la cual desde su estreno en 1875, es considerada la ópera más popular de todos los tiempos y se presentará con una nueva y magistral producción, a cargo del gran director de escena español Emilio Sagi, quien ya ha cautivado con otros montajes para el Teatro Municipal de Santiago, como Lucia de Lammermoor (2005) y La italiana en Argel (2009).
Tras sus elogiadas interpretaciones en El barbero de Sevilla (2008) y Alcina (2011), la mezzosoprano española Maite Beaumont vuelve a nuestro escenario encarnando a la apasionada gitana, acompañada por el tenor que ha destacado en El trovador (2006), Cavalleria rusticana (2010) y Tosca (2011), el coreano Alfred Kim.
Relevante también será la interpretación que realizarán en los roles protagónicos Evelyn Ramírez (Carmen) y Pedro Espinoza (Don José) en la función estelar, en la cual el conflicto entre el amor y el deber, los celos y el destino, volverán a estar presentes con este trágico e intenso drama, en medio del desfile de irresistibles y famosas melodías y la presencia de personajes tan carismáticos, como el torero Escamillo.
En este sentido, Andrés Rodríguez, Director General del Teatro Municipal, explica que con la presentación de "Carmen" se da comienzo a una “brillante temporada de ópera que contará con célebres directores de escena como Sagi, y con grandes artistas como el tenor español Plácido Domingo para "Il Postino," Eva-Maria Westbroek para un esperado "Tannhäuser" y así otras figuras tan esperadas como la mejor mezzosoprano rossiniana del mundo, Joyce Di Donato, y la soprano más importante del momento, Renée Fleming, que junto a nuestra temporada de concierto y ballet, harán que este año sea histórico en la trayectoria del Municipal”.
Las funciones del elenco internacional de "Carmen" tendrán lugar el 11, 16, 19 y 22 de mayo; y las presentaciones con el elenco estelar serán el 15, 17 y 20 de mayo.

Emilio Sagi
 
Ficha Artística:

CARMEN de G. BIZET
                                                (Nueva producción)                                                  

Elenco
Carmen: Maite Beaumont / Evelyn Ramírez*
Don José: Alfred Kim / Pedro Espinoza*
Micaela: Marie-Adeline Henry / Paulina González*
Escamillo: Craig Verm / Homero Pérez-Miranda*
Dancairo: Juan Pablo Dupré / Pablo Jiménez*
Remendado: Exequiel Sánchez / Pablo Ortiz*
Frasquita: Patricia Cifuentes / Marcela González*
Mercedes: Claudia Godoy / Marisol Hernández*
Teniente Zúñiga: Ricardo Seguel / Ricardo Seguel*
Sargento Morales: Patricio Sabaté / Patricio Sabaté*
Lillas Pastia: Jaime Salinas (Actor)
Director de escena: Emilio Sagi
Escenografía: Daniel Bianco
Vestuario: Renata Schussheim
Iluminación: Eduardo Bravo
Asistente de Director de escena y coreografía: Nuria Castejón
Orquesta Filarmónica de Santiago
Director: José Luis Domínguez
Coro del Teatro Municipal
Director: Jorge Klastornick
Coro de niños The Grange School
Directora: Claudia Trujillo


Fechas: 11, 15*,16 ,17* y 22 de mayo (19:00 hrs.)/ 19 y 20* de mayo (17:00 hrs.)
*Elenco estelar

Monday, April 23, 2012

Una encendida Clemenza en Toulouse

Foto: Patrice Nin

Ruggero Meli

Esta producción que proviene del festival de Aix-en-Provence, donde se representó el año pasado, se realizó con un elenco renovado.  Una puesta simple y buenos vestuarios del renacimiento fueron suficientes para cautivar al público, ya que David McVicar no necesitó de vistosos accesorios ni de extravagante actuación para mantener la trama en alta tensión y al público absorto. Sin embargo, esto no pudo haberse realizado sin el sólido elenco conformado, ya que todos los cantantes se mostraron comprometidos realizando sus interpretaciones de manera intensa y convincente hasta llegar al corazón del drama, en el que la “culpa” fue el elemento clave que atormentó a los personajes durante la función.  El publico contuvo su respiración y se estremeció con Sesto, como si presenciara una película de acción llena de inesperadas situaciones y apasionantes intrigas.  Tamar Iveri resultó ser una muy expresiva y poderosa Vitellia de cuya boca parecían emanar llamas de fuego. Artísticamente pudo manipular al pobre Sesto para sus fines pero al final su culpa la hizo casi enloquecer. Maite Beaumont cantó con pasión y ofreció su calida y hermosa voz aterciopelada de mezzo para hacer un conmovedor Sesto. Es una pena que haya carecido por momentos de mayor proyección pero esta debilidad realzó el débil carácter de su personaje.  La gran sorpresa vino del tenor Woo-Kyung Kim en el papel principal, con su poderosa, refinada y vibrante voz mozarteana.  Su Tito no fue un pobre espíritu, si no que inspiró respeto a través de su noble canto y decisiones.  Una revelación y una voz para tener en cuenta.  Los papeles secundarios no fueron de ninguna manera sacrificados, al contrario se tuvo la suerte de escuchar a una voz muy encantadora del momento; la de Anne-Catherine Gillet, cuya aria “S’altro che lacrime” fue uno de los puntos mas altos de la función. Fue frustrante que haya tenido pocos momentos para cantar porque su suave y sencillo cantó fue divinamente conmovedor. Gillet ha cantando con regularidad en Toulouse y podría haber exigido un papel mayor, pero es también un reto aceptar una parte pequeña y convertirla en una bendición.  Annio fue convincente y aun en este pequeño papel Paula Murrihy exhibió un fuerte temperamento. El barítono Andreas Bauer también hizo un buen papel como Publio. La conducción apresuró un poco a los cantantes en la primera parte, mientras que algunos tiempos fueron lentos en la segunda.  Aun asi, David Syrus dirigió con pasión envolviéndose en la función. En resumen, se  trató casi de un elenco de ensueño en una emocionante producción que nos gustaría escuchar en otra opera de Mozart como Idomeneo!




A fiery Clemenza in Toulouse

Foto: Patrice Nin

Ruggero Meli

Wolfgang Amadeus Mozart (1756 - 1791): La clemenza di Tito. Opera seria in two acts, K.621. Libretto by Metastase adapted by Caterino Mazzolà  created on September 6th 1791 at Prague National Theater.  Production created in July 2011 at Théâtre de l’Archevêché in Aix-en-Provence in coproduction with Théâtre du Capitole in Toulouse and Marseille opera.  Toulouse, Théâtre du Capitole, Friday March 9th, premiere. Woo-Kyung Kim : Tito Vespasiano ; Tamar Iveri : Vitellia ; Anne-Catherine Gillet : Servilia ; Maite Beaumont : Sesto ; Paula Murrihy : Annio ; Andreas Bauer : Publio.  Orchestre national du Capitole. Chœur du Capitole (Alfonso Caiani). Conductor : David Syrus. Staging and scenography: David Mc Vicar (Marie Lambert). Costumes: Jenny Tiramani. Lights: Jennifer Tipton.

This production comes from last year´s Aix-en-Provence festival but with a completely renewed cast. A simple setting and fine costumes from the renaissance are enough to captivate the audience. Indeed David McVicar doesn’t need flamboyant accessories or extravagant acting to keep the plot in a tight tension and keep the audience captivated. However this wouldn’t have been possible without a strong cast. Indeed all the singers were fully involved, intensely and convincingly playing their characters, and leading us into the heart of the drama: where guilt was the key and tormenting element for the characters throughout the performance. The audience held its breath and trembleb for Sesto. It gave the impression it was following an exciting movie full of unexpected situations and an engrossing plot. Tamar Iveri turned out to be a sensational expressive and powerful Vitellia; streams of fire seemed to come out of her mouth ! She could artfully manipulate poor Sesto to achieve her ends but then her guilt torn her into near madness. Maite Beaumont sang with passion and offered her warm and beautiful velvet mezzo voice to her moving Sesto. A pity she lacked at times projection but this “weakness” enhanced her frail character.  The big surprise came from tenor Woo-Kyung Kim in the title role, who posesses a strong powerful, refined and vibrant mozartian voice. His Tito was not see for once, as a weak spirit who instead inspired respect through his noble singing and decisions. A revelation, and a voice to follow ! As for the secondary roles, these were not sacrified at all, on the contrary we were lucky enough to hear one of the most charming soprano voice of the moment: Anne-Catherine Gillet. Her aria “S’altro che lacrime” was one of the highlights of the whole performance and it was frustrating she had so little to sing ! Her soft simple singing was devinely moving. Gillet has often sung here in Toulouse and she could have claimed for a bigger role, but it is also a challenge to accept a small part and turn it into a blessing. Annio was amazingly convincing and even in such a small part Paula Murrihy displayed a strong character. The baritone Andreas Bauer did a fine job too. The conducting was a bit hurrying the singers in the first part, while some tempi were slow in the 2nd part, but David Syrus conducted with passion and was fully involved into the performance. Hopefully it should improve after this premiere.  To put it in a nutshell, a near dream cast in a thrilling staging that we would now love to hear in another Mozart opera: Idomeneo !

Wednesday, December 1, 2010

Thais de Massenet y recuento de la temporada lírica 2010 en Chile

Foto: Elizabeth Futral (Thais), fotos puesta de Thais- Crédito: Marcela Poch
Thais - Un valioso regreso tras 66 años de ausencia
Joel Poblete Morales
No sólo el fuerte y devastador terremoto que a fines de febrero azotó varias regiones de Chile hizo que este 2010 fuera un año particularmente agitado e intenso en el país sudamericano; la temporada de música docta y ópera se mostró variada y atractiva, confirmando que esta plaza se ha convertido en una de las más cotizadas en el ámbito cultural latinoamericano. Su principal baluarte continúa siendo el Teatro Municipal de Santiago, en plena capital, que en las últimas tres décadas ha llegado a ser considerado por muchos expertos internacionales como el escenario más estimulante de la región en lo que se refiere a montajes de ópera, incluso rivalizando con el legendario Colón de Buenos Aires. Pero próximo a cumplir 153 años, el coliseo chileno debió mantenerse cerrado durante cinco meses mientras era sometido a necesarias reparaciones tras los efectos que causó en su estructura el fuerte movimiento sísmico. A pesar de esto, las autoridades del teatro decidieron realizar la temporada originalmente planificada en distintos escenarios, y fue así como salvo algunos programas que debieron ser postergados, los espectáculos se trasladaron a otros recintos, y en el caso particular de la ópera, la programación se desarrolló en el recién inaugurado Teatro Escuela de Carabineros, mucho más reducido en espacio (butacas para 650 personas, mientras en el Municipal caben 1.500 espectadores), pero cómodo y moderno, y con excelente visibilidad para todo el público.

Así, en una producción del régisseur Fabio Sparvoli y el diseñador Giorgio Ricchelli que debió adaptarse al nuevo teatro, en mayo regresó el popular díptico integrado por Cavalleria Rusticana e I Pagliacci, con un elenco donde figuraban Alfred Kim y Verónica Villarroel, y Badri Maisuradze junto a Kelly Kaduce, en ambos títulos con el barítono ruso Roman Burdenko, encarnando a Alfio y Tonio, respectivamente; en junio, tras 14 años de ausencia, volvió Elektra de Strauss, que en un efectivo y austero montaje del veterano Michael Hampe, se presentó semi escenificada, con la orquesta al fondo del escenario mientras cantantes como Jeanne-Michèle Charbonnet, Ann-Marie Backlund y Susanne Resmark desarrollaban un intenso y volcánico despliegue dramático y vocal.

Y en julio, fue el turno del título lírico más esperado y significativo del año: el estreno en Chile de Alcina de Handel, la primera ópera barroca que el Municipal programaba en su temporada oficial en toda su historia (más vale tarde que nunca…); la puesta en escena de Marcelo Lombardero, con elementos evidentemente contemporáneos y el abundante uso de modernos recursos audiovisuales, tuvo admiradores y detractores por igual, pero nadie pudo quedar indiferente al excelente conjunto de cantantes convocados (con especial mención a las sopranos Birgitte Christensen, Heidi Stober y Judith Gautier, y la mezzosoprano Maite Beaumont encarnando a Ruggero, el mismo rol que canta en la grabación dirigida por Alain Curtis y protagonizada por Joyce DiDonato), ni menos a la sobresaliente labor del reconocido director Federico Maria Sardelli al frente de la Filarmónica de Santiago, sonando deliciosa y sorprendentemente cómoda en este repertorio que no suele abordar a menudo. En agosto, tras la gala de reapertura del teatro a comienzos de ese mes, la ópera volvió al fin al Teatro Municipal con el Macbeth de Verdi en una nueva y comentada puesta en escena del prestigioso Hugo de Ana, con una sorprendente mezcla de estéticas y el uso de una enorme pantalla LED donde se proyectaban fantasmagóricas imágenes; y en septiembre, siempre siguiendo con Verdi, fue el turno del célebre Rigoletto, en otro montaje que no convenció a todos por igual, a cargo del francés Jean-Louis Pichon, y con Andrzej Dobber, Ekaterina Lekhina y el tenor Russell Thomas como protagonistas, con una espléndida dirección musical del ucraniano Andriy Yurkevych.

Tras el ovacionado recital con el que el cotizado Juan Diego Flórez debutó al fin en Chile y las exitosas y concurridas presentaciones de Philip Glass, a fines de octubre el Municipal de Santiago ofreció el último título de la temporada lírica 2010, Thaïs de Jules Massenet, que no se presentaba en Chile desde 1944. Estrenada en 1894, esta pieza ha permanecido injustamente en segundo plano durante décadas, y si bien no alcanza las cumbres musicales y dramáticas de las dos obras maestras de su autor, Manon y Werther, de todos modos posee suficientes méritos como para merecer mejor suerte; afortunadamente, gracias a nuevos registros en disco y DVD y particularmente a la elogiada interpretación de la soprano Renée Fleming, en los últimos años este trabajo se está representando más frecuentemente en teatros de prestigio como el MET de Nueva York, confirmando que merece mucho más que estar relegada a ser recordada exclusivamente por el bello y delicado intermezzo “Meditación”, una de las más célebres partituras para violín solista de la historia. Indudablemente uno de los principales problemas que presenta montar esta ópera hoy en día es la credibilidad de su puesta en escena, ya que la trama en torno a una sensual cortesana que pasa a convertirse en una santa gracias a los esfuerzos redentores de un joven monje que a la vez de a poco termina enamorándose de ella, podría convertirse en algo muy naif e incluso ridículo. Afortunadamente, la producción del Municipal estuvo en manos del siempre talentoso diseñador Pablo Núñez, quien obtuvo una vez más merecidos elogios por su hermoso vestuario, además de confirmar su especial afinidad y sensibilidad hacia la ópera francesa, elaborando una escenografía efectiva y coherente en su simpleza y minimalismo (apoyado por la acertada iluminación de Ricardo Castro), y otorgando especial humanidad a la teatralidad de sus protagonistas, al esquivar con éxito los clichés y conmoviendo con su apasionada historia de amor imposible.

El otro escollo para presentar Thaïs es encontrar una soprano que le haga justicia vocal y dramáticamente al rol protagónico, y es por eso que en el éxito obtenido por el montaje fue fundamental la labor de la estupenda cantante estadounidense Elizabeth Futral, de regreso en Chile cinco años después de su aplaudida Lucia de Lammermoor. Aunque puede que en tan breve período de tiempo su voz haya perdido algo de frescura, la artista realizó un espléndido trabajo por partida doble: sorteó todas las dificultades musicales de un personaje exigente gracias a su registro sólido, timbre atractivo, adecuados agudos y una inspirada manera de decir las frases, y fue también una actriz convincente y emotiva, que además de verse hermosa en escena logró hacer creíble el paso de seductora a redimida, particularmente en su magnífico segundo acto, lleno de momentos memorables, como la famosa aria del espejo o el proceso interno que vive mientras la orquesta y el violín interpretan la “Meditación”.

Una lástima que al lado de la Futral, interpretando al coprotagonista, Athanaël, el barítono Christopher Robertson no pudiera estar a la misma altura: en lo escénico, su monje era monótono y severo y se veía demasiado maduro, y en lo vocal nunca se lo notó cómodo, con su timbre demasiado oscuro para el rol, y por si fuera poco aquejado por una alergia que lo hacía toser a menudo. Una pena, porque desde que debutó en el Municipal en 1990 este cantante ha ofrecido buenas actuaciones en óperas tan diversas como Los pescadores de perlas, Peter Grimes y Tristán e Isolda; hay que decir a su favor que hizo lo que pudo para cantar bien durante al menos dos funciones, pero ya en la tercera debió ser reemplazado por su colega que interpretaba el rol en el segundo reparto, el del llamado “Elenco Estelar”: tras sus promisorias actuaciones en Los pescadores de perlas el año pasado y este 2010 como Silvio en I pagliacci, el joven y ascendente barítono brasileño Leonardo Neiva no sólo confirmó que ya es uno de los mejores intérpretes latinoamericanos de su cuerda, sino además conformó una atractiva pareja con la Futral, con lo que el montaje ganó en emoción y pasión las últimas dos funciones, como siempre debió ser. Aunque no logró superar el excelente desempeño de su colega, en el segundo elenco la soprano danesa Kristine Becker Lund dejó una grata impresión con su material vocal y buena presencia escénica. En el rol de Nicias, muy acertados en sus breves intervenciones estuvieron los tenores chilenos Gonzalo Tomckowiack y Patricio Saxton, y de ambos elencos también se puede destacar a Ricardo Seguel como Palémon en el elenco Internacional, y a Gloria Rojas como Albine en el Estelar.

La partitura alterna el lirismo, la delicadeza, la introspección y la ternura, incorporando deliciosos apuntes de exotismo y como siempre demostrando la habilidad de Massenet para sugerir atmósferas a través de la música; todos estos rasgos fueron resaltados adecuadamente por los maestros Jan Latham-Koenig y José Luis Domínguez al frente de la Filarmónica en el elenco Internacional y el Estelar, respectivamente, y no se puede dejar de mencionar el sólido trabajo del concertino Hugo Arias en la “Meditación”. Sólo hubo que lamentar que tratándose de una obra que no se representaba en Chile desde hace 66 años, se haya decidido aplicar diversos e innecesarios cortes, incluyendo atractivos números como el trío femenino del segundo acto y hasta una escena completa, la segunda del tercer acto; en particular esta última alteración se hizo sentir, ya que ese cuadro ayuda a hacer más aceptable y creíble la transición emocional de Athanaël, sintiéndose así menos brusco su cambio en el desenlace. No se entiende qué puede haber justificado estos cambios, ya que además de su prolongada ausencia, esta ópera no es más larga de lo habitual.

Sea como sea, el regreso de Thaïs se convirtió en una de las mejores producciones de la temporada local y fue positivamente recibido por la crítica y el público. Fuera del Teatro Municipal, que ya anunció su atractiva temporada 2011, los últimos meses del año han seguido particularmente activos en el ámbito musical: un divertido y sólido Don Pasquale de Donizetti con cantantes chilenos y estética inspirada por el cómic; la inauguración del Teatro del Lago en la hermosa localidad sureña de Frutillar, que además anunció la próxima presentación de una ópera, lo que lo convertirá en el teatro con producciones líricas más austral del mundo; las inolvidables actuaciones de la Orquesta y el Coro del Teatro San Carlo de Nápoles en una gira exclusivamente consagrada a Chile, y el debut local del legendario Itzhak Perlman, en el concierto de música de películas de la Filarmónica de la Ciudad de Praga.