domingo, 10 de abril de 2016

La Creación de Haydn en Turín.

Foto: Robin Johannsen

Renzo Bellardone

‘La Creación’ ya su titulo causa escalofríos por la amplitud evocativa que el propio termino incluye y al mismo tiempo expande. Basta advertir la extensión emotiva explicita en el momento del Génesis ‘en principio dios creo el cielo y la tierra’  para sentirse menos que un grano de arena, el cual junto a todos los demás se convierte en una playa, pero que al final solo queda ese ‘grano de arena’. Con su composición, Haydn intentó quizás delinear la lectura más laica, excluyendo el pecado original pero manteniendo ciertamente por arriba de todo la figura paterna y amorosa del creador,  que no siembra terror o amenaza con castigar, si no que expande su amor. Gracias a la airosa y casi mística conducción de la Orquesta del Teatro Regio de Antonello Manacorda, los momentos de luz y armoniosidad pastoral fueron muchos y con el intento de recordar algunos citaré: ‘Cuantas son tus obras dios’ y ‘La gloria permanecerá eterna’ que tocaron las cuerdas mas intimas, también la de los no creyentes. De Manacorda se apreciaron su expresiva y bien definida gestualidad y la escrupulosa atención a los detalles de la difícil partitura, que es también insidiosa. Las tres voces fueron de todo respeto.  Robin Johannsen expresó encomiable luminosidad y agilidad. Es una soprano que verdaderamente amerita ser escuchada ya que sabe transmitir sentimientos y emociones. Los dos intérpretes masculinos fueron Stephan Loges un bajo de buen color pulido y profundidad no tenebrosa que con la voz acoge y envuelve.  El tenor Juan Francisco Gatell debutó el papel y era palpable la atracción inmediata de la escritura que compenetró y transmitió con la voz unida al corazón sensible, de una interesante y segura vocalidad por la que obtuvo el premio ‘Aureliano Pertile 2015’ El Coro del Teatro Regio dirigido por Claudio Fenoglio resultó ser una vez más protagonista y un componente esencial. 

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