lunes, 30 de mayo de 2016

Concierto de Il Rossignolo en el Palacio de Bellas Artes de México

Fotos de Edmundo López Palomino / Instituto Nacional de Bellas Artes, México

Ramón Jacques

El ensamble italiano de música antigua Il Rossignolo se presentó por primera vez en el país en un concierto realizado en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. El programa ofrecido para la ocasión se tituló “Händel y los Castrados toscanos” que combinó diversas piezas musicales del célebre compositor alemán con arias de algunas de sus operas compuestas para ser interpretadas por reconocidos castrados de su época como: Giovanni Battista Andreoni, Gaetano Berenstadt, Andrea Pacini y Francesco Bernardi (mejor conocido como Senesimo). Es loable el trabajo de difusión de obras poco conocidas de diversos compositores, particularmente italianos, de las cuales ha realizado grabaciones discográficas este grupo bajo la guía  de su director Ottavio Terenani. En este punto quisiera mencionar que la obra que le dio reconocimiento mundial al ensamble así como un lugar en el mapa de la música antigua, fue el descubrimiento que hiciera en el 2007 el propio Terenani de Germanico, ópera inédita de Händel que se considera como su primera ópera italiana y  que fue grabada en el 2010 en el selllo deutsche harmonia mundi con un  elenco de cantantes que incluyó a Sara Mingardo, Maria Grazia Schiavo, Marcus Staveland, y al contratenor argentino Franco Fagioli, entre otros.  En el concierto que nos ocupa, fue un deleite escuchar Sonata a trió para flauta, violín y bajo continuo en si menor, HWV 386b, de la Sonata a trió para dos flautas y bajo continuo en si menor, HWV 395 y de la Sonata a trió para flauta, violín y bajo continuo en fa mayor, HWV 389, en conmovedoras y delicadas interpretaciones, cargas de ligereza, sentimiento e intención  proveniente de un reducido pero uniforme grupo de músicos, con la dirección desde el clavecín de Ottavio Terani. Contrastante y algo desalentadora fue la participación del contratenor Antonio Giovannini, una voz dinámica, pero de timbre color oscuro, áspero y poco grato, tirante  en ciertos pasajes en los que incurrió en evidentes desafinaciones y desfases con el buen marco musical brindado por los músicos, en arias como “Un guardo solo pupille amate”  y en “Per salvarti ídolo mio” de Rinaldo, la cosas mejoraron en la exigente “Quel torrente che cade dal monte” de Giulio Cesare, más un  chispazo de inspiración y perspicacia de Giovannini,  con la que arrancó una larga ovación del público.  
Poco que realzar o agregar a su irregular desempeño vocal en las arias “Bella, Asteria il tuo cor con mi difenda” y “A dispetto d’un volto ingrato” ambas de la ópera Tamerlano.  Se pudo escuchar también “Rompo i lacci e frango i dardi” aria de Flavio, Re de’Longobardi, ópera poco representada que sin embargo se ofreció en el repertorio de varias temporadas de la antigua New York City Opera. Como único bis al final del concierto, se ofreció el aria “Lascia la spina” del oratorio Il trionfo del tempo e del disinganno, con la música que Händel más tarde reutilizó para componer la conocida “Lascia ch’io pianga” de Rinaldo.   

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