martes, 2 de agosto de 2016

Die Soldaten en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Gentileza Prensa Teatro Colón. Máximo Parpagnoli / Arnaldo Colombaroli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 19/07/2016. Teatro Colón. Bernd Alois Zimmermann: Die Soldaten. Ópera en cuatro actos. Libreto de Bernd Alois Zimmermann tomado de la pieza homónima de Jakob Michael Reinhold Lenz. Pablo Maritano, dirección escénica. Enrique Bordolini, deseño de escenografía e iluminación. Sofía di Nunzio, vestuario. Carlos Trunsky, coreografía. Marco Funari, diseño y realización de vídeo. Suzanne Elmark (Marie), Julia Riley (Charlotte), Noemi Nadelmann (Condesa de La Roche), Tom Randle (Desportes), Leigh Melrose (Stolzius), Frode Olsen (Wesener), Santiago Ballerini (el joven conde de La Roche), Gustavo Gibert (Eisenhardt), Eugenia Fuente (madre de Stolzius), Virginia Correa Dupuy (anciana madre de Wesener), Nazareth Aufe (Capitán Pirzel), Alejandro Meerapfel (Capitán Mary), Luciano Garay (Capitán Haudy), Carlos Ullán, Santiago Burgi e Iván Maier (tres jóvenes oficiales), Christian De Marco (Coronel Obrist, Conde de Spannheim), Alejandro Spies (sirviente de la condesa de La Roche), Mariano Crosio (joven Alférez), Leandro Sosa (oficial ebrio), Gabriel Vacas, Román Modszelevsky y Edgardo Zecca (tres Capitanes), Teresa Floriach (Madame Roux), Hermes Molaro (joven fusilero), Teresa Maracaida (bailarina andaluza), Exequiel Etelechea (alférez). Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección Musical: Baldur Brönnimann. Estreno Iberoamericano. 


El Teatro Colón presentó el estreno Iberoamericano de Die Soldaten de Bernd Alois Zimmermann, en una producción en la que recuperó la excelencia. El equipo visual comandado por Pablo Maritano encontró el encuadre perfecto a la obra. La monumental escenografía de Enrique Bordolini formada por seis bloques que están constituidos por torres móviles de tres pisos con un espacio en cada uno permite determinar lugares diferentes para que se desarrollen las diversas acciones, así se generan decenas de combinaciones que aparecen o desaparecen cuando gira el escenario o las estructuras son empujadas a mano. De perfección el vestuario de Sofía di Nunzio para situar en tiempo la obra, adecuada la iluminación de Enrique Bordolini, aunque usó demasiado el recurso de presentar la luz dando en la cara de los espectadores, y bien resueltos todos los otros aspectos de la puesta en escena como coreografía (Carlos Trunsky) y vídeo (Marco Funari). La marcación actoral ideada por Pablo Maritano dio carácter a cada uno de los protagonistas del numeroso elenco. No hubo actuaciones estereotipadas o rutinarias y el desenvolvimiento de los cantantes fue siempre creíble en una obra que abusa del abuso. A su vez manejó con perfección las acciones simultáneas o paralelas en los diversos espacios de la escenografía. 
Por el peso del personaje se destacó la actuación de la soprano danesa Susanne Elmark en el rol protagónico de Marie.  Con voz potente de excelente proyección y expresividad a toda prueba dio cuenta de un rol cuya líneas vocales están escritas, despiadadamente, casi siempre en el registro más agudo. La mezzo Julia Riley (Charlotte) fue una hermana cruel y de eficacia canora en todo momento. Notable el barítono Leigh Melrose como Stolzius, perfecto el tenor Tom Randle (Desportes) y en estilo Frode Olsen como Wesener el padre de Marie. Mientras que Noemí Nadelmann compuso una Condesa de estremecedores acentos. No hubo roles pequeños para los locales y todos se manejaron con perfección pero por la longitud de los mismos no se puede dejar de mencionar a Santiago Ballerini, Eugenia Fuente, Nazareth Aufe, Alejandro Meerapfel y Gustavo Gibert. 
La orquesta estable del teatro dirigida por Baldur Brönnimann supero con éxito todas las dificultades impuestas por la partitura en una noche de excelencia. No resulta menor coordinar tantos elementos heterogéneos y en número nada pequeño, pero lo más importante: casi en ningún momento la impresionante masa orquestal tapó la voz de los cantantes.

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