jueves, 26 de octubre de 2017

El Elixir de Amor en Toronto, Canadá.

Fotos de escena de Michael Cooper

Giuliana Dal Piaz

EL ELIXIR DE AMOR – Toronto, 15.X.2017 Toronto, 15-X-2017, Four Seasons Centre. Temporada 2017-18 de la Canadian Opera Company (11 de Octubre-4 de Noviembre). L’ELISIR D’AMORE, música de Gaetano Donizetti, libreto de Felice Romani. Director huésped: Yves Abel. Director teatral: James Robinson. Escenas: Allen Moyer. Vestuario original de Martin Pakledinaz, recreado en Toronto por Amanda Seymour. Director luces: Paul Palazzo. Director del Coro: Sandra Horst. Orquesta y Coro de la Canadian Opera Company. Personajes e intérpretes: Adina – Simone Osborne, soprano su amiga Giannetta – Lauren Eberwein, soprano Nemorino – Andrew Haji, tenor Sargento Belcore – Gordon Bintner, bajo-barítono Dr. Dulcamara – Andrew Shore, barítono.

La satisfacción que se percibía en el público de la Canadian Opera Company a la salida de la representación de Arabella el sábado 14 de octubre, encontró de inmediato – cuando menos en mí – su contropartida en la ópera a la que asistimos el domingo 15, L’Elisir d’Amore (El Elixir de Amor) de Donizetti. A pesar de su fama y de su gran difusión a nivel internacional, no se trata de mi Donizetti favorito: entre sus óperas bufas prefiero al “Don Pasquale”, con sus hermosas melodías y cierta atmósfera de rebeldía, en un medio en el cual nadie es totalmente inocente, pero todos son profundamente humanos. Pero “El Elixir” es seguramente un favorito del público: tiene pocos personajes en los cuales concentrarse, bonita música agradable y desprovista de complejidades, una trama conocida, una especie de “Cenicienta” al masculino quien, en contra de toda previsión, logra conquistar a la bella del pueblo, tiene varios momentos cómicos de fácil comprensión; en una palabra, El Elixir es el cuento de hadas fuera del tiempo que cualquiera puede disfrutar sin complicaciones. Con un reparto particularmente joven y los tres protagonistas egresados de la escuela de canto lírico de la COC, era previsible el éxito que está teniendo con el público y con los críticos musicales locales. Hace unos años, se le encargó al director teatral James Robinson (quien actualmente dirige el Teatro de la Opera de San Luís) crear esta producción para un consorcio de compañías de ópera, la de San Francisco, de Boston, de Denver... Decidió entonces ambientar El Elixir en una “cualquier ciudad” de los Estados Unidos alrededor de 1914, aportando pequeños cambios a escenografía y vestuario según en qué lugar la obra fuera a presentarse: una mención de la Napa Valley en San Francisco, una atmósfera vagamente “fronteriza” en Denver, un toque de New England en Boston, y así seguido. Lo propio se hizo para Toronto, cambiando unos pequeños detalles de la escena (por ejemplo, las banderitas de inspiración británica en lugar de la bandera estadounidense) y el uniforme de los soldados del sargento Belcore para volverlos “canadienses”. 
El nativo de Toronto Yves Abel, más activo en el extranjero que en su patria, dirigió impecablemente la orquesta así la coordinación con los intérpretes y con el coro, constantemente presente en el escenario como ‘voz’ del pueblo. Mis personales reservas conciernen en cambio la performance de los dos protagonistas: Simone Osborne (Adina) es una soprano de coloratura, muy buena actriz y de presencia extremadamente agradable, que – después de haber interpretado a una Micaela adecuada pero deslucida en la Carmen que la COC puso en escena en 2016 – se había hecho notar positivamente en la producción de Louis Riel, en el corto papel de esposa del protagonista, con una canción de cuna indígena de 7 minutos de duración, magistralmente cantada “a cappella”. En El Elixir, su voz suena fuerte, pero con un timbre áspero y poco matizado. Su juventud y probables oportunidades de cantar también fuera de Canadá le permitirán desarrollar su buen potencial. Andrew Haji (Nemorino) tiene óptima voz de tenor, que en este caso tardó algo en abrirse completamente, y una experiencia teatral suficiente para interpretar eficazmente un repertorio bastante amplio. Cantó con sentimiento, y con las resonancia y coloratura apropiadas “Una furtiva lagrima”, pero quien se encontrará suficientemente cerca del escenario pudo oírlo jadear un poco después del agudo, que no logra sostener por mucho tiempo... Gordon Bintner, en cambio, se demostró bajo-barítono de gran nivel (hasta se había disculpado con el público al inicio del espectáculo porque estaba resfriado...) con una voz poderosa, rica y cálida, una gran presencia escénica y toda la carga cómica de su rol. El barítono británico Andrew Shore ha interpretado al Dr. Dulcamara con la consumada maestría y el sentido del humor de un veterano del escenario. Buena en su corto papel de Giannetta la soprano Lauren Eberwein. En su conjunto, fue un “Elixir de Amor” modesto, bueno para ocupar la tarde de un domingo, pero a cien leguas de diferencia del de Viena, en el cual un público en delirio obligó a Juan Diego Florez al ‘encore’ en escena de “Una furtiva lagrima”


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