lunes, 18 de diciembre de 2017

Navidad: A Spanish Christmas - Toronto Consort, Canada

Giuliana dal Piaz

Toronto, 8-XII-2017. Trinity-St.Paul’s Centre (8-10 de Diciembre). The Toronto Consort. NAVIDAD: A SPANISH CHRISTMAS (Una Navidad Española) – músicas de Juan Bocanegra, Gaspar Fernándes, Ribayaz, Joan Cererols, Anónimos de los siglos 16 y 17, Francisco Guerrero, Francisco Escalada, Fabián Ximeno, Francisco de Vidales, Juan de Araujo, Ariel Ramírez. The Toronto Consort: Michele DeBoer, soprano; David Fallis, Director artístico y tenor; Ben Grossman, percusiones y sonajas; Katherine Hill, soprano; Paul Jenkins, tenore y órgano barroco; Terry McKenna, quitarra barroca y laud; Allison Melville, flauta; John Pepper, bajo. Artistas invitados: Rodrigo Chávez, percusiones, charango y silbatos; Lucas Harris, guitarra barroca y guitarra renacentista; Julia Seager-Scott, arpa barroca; Vicki St.Pierre, mezzo-soprano; Dominic Teresi, bajón.

Es el último concierto del año de The Toronto Consort, el conjunto de música antigua que celebra ahora los 45 años, desde su fundación en 1972, con una Temporada especial, dedicada en parte a revisitar piezas y autores y en parte a explorar mundos poco familiares. Como en este caso: una pequeña joya de investigación filológica – la especialidad del infatigable Director artístico David Fallis – en el mundo de la conquista primero, y luego de la lengua española, acerca de la música navideña tradicional. Nos dice Fallis en sus “Notas al Programa” que los conquistadores – y sobre todo los frailes franciscanos que los acompañaban – se dieron cuenta de la riqueza y la variedad de la música indígena, por lo cual quisieron conservar muschos ritmos originales incorporándolos a los de la tradición cristiana. En la época de la colonia, por lo tanto, cuando se enteraba de que en la iglesia habría villancicos, la gente acudía en masa, hasta los más perezosos y los que no practicaban... Es esta la razón por la cual las autoridades eclesiales hicieron a un lado las dudas expresadas por Pedro Cerone que, en un tratado del siglo 17, opinaba que los villancicos “transforman a la iglesia de Dios en un teatro público o en una sala de entretenimiento”.

Para este concierto el ensemble normal se enriquece con la triple arpa barroca de la joven Julia Seager-Scott, arpista de la Stratford Festival Orchestra; con el bajón –parecido a, y coevo de, la dulciana, de hecho el antiguo fagot – de Dominic Teresi; las guitarras, barroca y renacentista, de Lucas Harris y las percusiones del argentino Rodrigo Chávez. La voz de mezzo-soprano, en ausencia de Laura Pudwell, es esta vez la de Vicki St. Pierre, recién regresada de una presentación en el Barbican Centre de Londres y de una serie de éxitos nacionales e internacionales. Extraordinarios como siempre Alison Melville, que logra hacer “cantar” como voz humana a su flauta barroca, y Ben Grossman, cuyas manos vuelan sobre el pandero o el tambor y en esta ocasión – cuando todos los artisti van desfilando entre el público para empezar el concierto – también una sonajera indígena (de las que los danzantes de México utilizaban por ejemplo en las piernas).

Los autores de las piezas nos son prácticamente desconocidos, compositores menores de los siglos 16º y 17º, con la excepción de Ariel Ramírez (1921-2010), que en los tres fragmentos de “Navidad nuestra” (Los pastores, Los Reyes Magos, y La Huída, que se inspira en la huída a Egipto) propone una versión moderna de los villancicos tradicionales. Sólo tres las piezas exclusivamente instrumentales: la Chacona en Do de Ribayaz, arreglada para arpa por Julia Seager-Scott, la danza Xácaras, y finalmente Gaitas & Folías gallegas en la que se percibe claramente la influencia de las Folías de España. Hermoso sonido, el del arpa barroca, menos meloso que el del arpa moderna. Particularmente interesantes las percusiones utilizadas por Rodrigo Chávez, incluyendo un enorme tambor de piel vacuna, dos rudimentarios tambores de medida mediana y medio-pequeña, y una caja, al pie de la letra, alta bastante para utilizarla como asiento, usada en LatinoAmérica por los esclavos negros para disimular el más típico instrumento musical africano; Chávez añadió también algunos silbatos que simulan el canto de los pájaros y animaron la pieza Canten dos jilguerillos por Francisco Escalada.

Las primeras tres piezas vocales son en lengua indígena: Hanacpachap cussicuinin en quechua, la lengua de los Incas que se habla todavía en vastas zonas de Sudamérica, desde Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia meridional, hasta el norte de Argentina y Chile; Xicohi, canción de cuna en náhuatl (la lengua de los Aztecas) cuyo manuscrito se encontró en la Catedral de Oaxaca, México, y Tleycantimo, escrito en una extraña mezcla de náhuatl y español. Las demás piezas siguen el esquema tradicional del villancico con la contraposición del estribillo, interpretado por todos, y las coplas, cantadas por los solistas en turno con variedad de repeticiones. Al origen eran composiciones populares seculares que sólo a partir de la Contrarreforma asumen el carácter religioso que tienen hasta la fecha. Quiero hacer mención especial de la pieza Serafín que con dulce harmonía con Variaciones Marizápalos, en la cual voces e instrumentos harmonizan perfectamente: empieza con un hermoso a solo de flauta al que siguen luego todas las voces y el contracanto, enfatizado por la voz grave del bajón y sucesivamente la del órgano con dos teclados de registro distinto.


Me pareció admirable la ductilidad de los cantantes: su repertorio incluye muy de vez en cuando textos en español, que sin embargo han logrado pronunciar con bastante precisión: ¡no olvidemos que esto resulta muy difícil para personas de habla inglesa! La hermosa voz redonda y sonora de la mezzo-soprano St. Pierre, que además canta con gran vivacidad y sentido del humor, se sumó a la voz de las dos sopranos estables del Toronto Consort dándole énfasis especial al trío de voces femeninas. Algo más debil resultó el trío de voces masculinas, sobre todo por la escasa potencia del bajo.

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