domingo, 28 de enero de 2018

Actéon y Dido y Eneas en Los Ángeles con Les Arts Florissants

Foto: Les Arts Florissants / D. Rouvre

Ramón Jacques

Les Arts Florissants se presentó en la sala Walt Disney Hall de esta ciudad, dentro del ciclo de música barroca del recinto, ofreciendo un díptico de obras que inmiscuyen a los poderes supernaturales con asuntos de mortales como: Dido y Eneas de Henry Purcell y la pastoral en forma de tragédie en musique en miniatura, Actéon de Marc-Antoine Charpentier. Dirigiendo desde el clavecín a un reducido grupo de músicos, William Christie demostró porque su orquesta es de las mejores en el género de la música antigua, en un espectáculo que evidenció comprensión musicológica y una viva teatralidad con sentido del drama. Se escuchó un ensamble homogéneo y ligero, que apoyo a las voces y cuyo tejido musical, particularmente el de las cuerdas y el continuo, causó profundas sensaciones. La puesta semi-escénica de Sophie Daneman, utilizando únicamente sillas, fue de buen gusto, por la sincronía de los movimientos, y por su claro apegó a las historias. Además, los cantantes dieron credibilidad a sus personajes, así como a las ninfas, marineros, brujas y cazadores que aparecen y por sus coordinadas intervenciones como coro. Christie seleccionó a los mejores cantantes surgidos de su academia (Les Jardin de Voix), hoy destacados solistas, como: la soprano Elodie Fonnard quien sobresalió como Diana en Actéon (y la segunda mujer en Dido) por su expresividad y segura presencia escénica, y por su cristalina y brillante tonalidad vocal. La mezzosoprano Lea Desandre agradó por su conmovedor lamento de Dido, donde mostró claridad, control y conmovedores pianissimos (también dio vida a Juno de Charpentier). Digna de mención es la soprano Rachel Redmond por su desenvolvimiento musical y actoral como Arthébuze y como Belinda de Purcell. Ligero y grato fue el timbre exhibido por el tenor Reinoud Van Mechelen encarnando a Actéon (y después a un espíritu y un marinero). El barítono Renato Dolcini fue un efusivo y elocuente Aneas (y un cazador); y la parte jocosa la aportaron el contratenor Carlo Vistoli como la hechicera, y las sopranos Maud Gnidzaz y Virginie Thomas como las astutas brujas. A pesar del nivel del concierto, la sala lució semi-vacía, evidencia de que la música barroca no despierta el mismo interés que la música sinfónica en este país, un pendiente que los programadores de las asociaciones musicales y las y las salas de concierto deben resolver para atraer más público a estos eventos.  

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