domingo, 7 de enero de 2018

La Traviata en Houston

Fotos: Lynn Lane

Lorena J. Rosas

Debido a los daños que sufrió el teatro Wortham Center, por las inundaciones del huracán Harvey, la ópera de Houston tuvo que buscar una sede alterna donde llevar a cabo su temporada, y la encontró en uno de los enormes salones del centro de convenciones donde adaptó un espacio, que temporalmente se llamará Resilience Theater. A pesar de no contar con un foso para la orquesta, la cual se ubicó detrás del escenario, de tener un espacio reducido para butacas y en consecuencia en asistencia de público, y de hacer funciones donde la acústica no es la óptima, debe reconocérsele a la dirección del teatro el no haber cancelado la temporada, o haber reducido el número de funciones, y aunque de manera extraoficial se estima que el Wortham Center se reabriría en septiembre del 2018 – uno puede imaginarse el deterioro en sus instalaciones – se trabaja ya para que esté listo en el mes de mayo y las producciones de West Side Story y Norma puedan presentarse allí. La Traviata tuvo que hacerse en una adaptación escénica y un espacio reducido, por lo que se prescindió de las escenografías de Riccardo Hernandez, utilizándose en su lugar pocos elementos, para hacer una puesta semi escénica, que visualmente, y en cuanto a vestuarios, iluminación y la cuidada dirección artística de Arin Arbus hizo que el espectáculo saliera adelante de manera satisfactoria. La cercanía entre las butacas y la escena dio una sensación de cercanía e intimidad, que el espectador pocas veces puede experimentar en una obra de este tipo. La escena fue dominada por la soprano Albina Shagimuratova, quien posee la voz ideal para el papel de Violetta, intensa, clara, flexible y capaz de imprimir el dramatismo necesario que requiere el personaje, facetas bien cubiertas por la soprano rusa, muy apreciada en esta ciudad por haber formado parte del estudio del teatro. El tenor Dimitri Pittas ofreció un convincente Alfredo, juvenil en su apariencia y en la frescura de su grato y cálido timbre.  Por su parte, el barítono George Petean cantó con voz destemplada y poco calibrada, y escénicamente se le vio rígido y alejado de la escena. Correctos estuvieron los cantantes del elenco, y muy bueno fue el aporte del coro del teatro. A pesar de las ineludibles dificultades en la acústica del local, la directora coreana Eun Sun Kim, en su debut local, condujo con conocimiento y sentido del repertorio, de manera refinada y manteniendo con buena mano y control los tiempos buscando la uniformidad en el sonido de la orquesta. 


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