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Tuesday, April 5, 2022

20º Concurso Brasileño de Canto Maria Callas: la voz y el giro de jóvenes talentos.

Fotos: Ganadores del concurso, Paulo Abrão Esper tomadas por Fabiana Crepaldi

Fabiana Crepaldi.

Todo comenzó en 1983, seis años después de la muerte de María Callas, cuando Paulo Abrão Esper, creador y director del Concurso Brasileiro de Canto María Callas, compró su primera ópera completa en LP. Fue Lucia di Lammermoor de Donizetti, con Callas en el papel principal. “Apenas comencé a escuchar los discos, me dejé transportar por la voz de Callas, fuerte y con un intenso dramatismo interpretativo”, dice Esper. “Desde su primera aria quedé fascinado, asombrado, como si estuviera viendo una película con una carga dramática muy fuerte, de esas que dan sueño. El intento de imaginarla en el escenario me fascinó”. Solo diez años después, en 1993, nació el concurso de canto brasileño, que lleva el nombre de la gran diva griega.

En un principio, el concurso de María Callas se realizaba cada dos años, pero a partir del 2013 pasó a ser anual, de modo que en 2022 alcanzó el hito de las veinte ediciones. Durante estos años, fueron parte del jurado grandes nombres del canto lírico como Magda Olivero, Fedora Barbieri, Luigi Alva, Katia Ricciarelli, Ernesto Palacio, Chris Merritt, Sophie Koch...

Este año le tocó el turno a la simpática y destacada mezzosoprano argentina Cecilia Díaz, una polifacética cantante cuyo repertorio como solista en importantes teatros va desde el barroco italiano de L'Incoronazione di Poppea, de Monteverdi, donde interpretó a Nerón, al romanticismo francés de la seductora Dalila, de Samson et Dalila, de Saint-Saëns, pasando por el bel canto belliniano de Verdil, y Wagner

En el jurado estuvieron también representantes de algunas de las revistas internacionales más importantes del mundo de la ópera. En esta vigésima edición, la revista española Ópera Actual a través de Fernando Sans Rivière, la revista italiana L’Opera, en la persona de Sabino Lenoci, su editor y fundador, la revista brasileña Concerto a través de Jorge Coli. Yo tuve el honor de participar como corresponsal de Pro-Opera (México).

Además de Cecilia Díaz y representantes de las revistas, el jurado, presidido por el maestro Luiz Fernando Malheiro, también estuvo integrado por Carlos Rauscher, Robison Tirotti y José Velasco, el empresario artístico español siempre ávido de descubrir jóvenes talentos.

Hasta los mexicanos podemos estar orgullosos: ¡hay tantos jóvenes talentosos en México! Algunos de ellos vinieron a Brasil para participar en el Concurso Maria Callas y regresaron a casa con los primeros premios. Entre las mujeres, la gran ganadora fue la soprano mexicana Fernanda Allande. Poseedora de una voz potente y unos agudos precisos y bien sostenidos, a sus 24 años ya es una cantante prácticamente lista. El segundo premio femenino también fue para México: la mezzosoprano Itzeli Jáuregui (28 años), quien combina un potente grave con un dramatismo notable. Multinacional, el tercer premio se repartió entre la soprano argentina Candela Gotelli (24 años), siempre en busca de construir sus personajes de forma escénica, y la mezzo brasileña Julia Martins Solomon, que a los 25 años supo interpretar a Mozart con la transparencia y sutileza que exige el compositor.

También en el ala masculina, México se llevó el primer premio a través de Carlos Arámbula, un barítono de treinta años, un cantante maduro y de voz bien acabada. Luego llegó el tenor brasileño Guilherme Moreira (26 años), dueño de un timbre envidiable. En tercer lugar, otro brasileño: el barítono musical Isaque Oliveira, de treinta años.

Entre los que no fueron premiados, no podía dejar de mencionar a la más joven de todas: la soprano mexicana Carlos Arámbula,, de tan solo 19 años. Aunque no entró en la lista de ganadores, Alejandra llegó a la final, lo cual no es poca cosa para una cantante de su edad. Sin duda, aún le queda un largo camino por recorrer, pero si persiste con la determinación y las ganas de aprender que mostró durante estos días, y con la minuciosidad con la que interpretó cada aria, es una seria candidata a realizar una hermosa carrera.

Este año más de 100 jóvenes latinoamericanos se inscribieron al concurso. De ellos, 43 fueron seleccionados para las semifinales, realizadas en São Paulo los días 28 y 29 de marzo, y 16 pasaron a la final, que tuvo lugar el día 31 en Jacareí, la acogedora ciudad de Paulo Esper. De los finalistas, además de los siete mencionados anteriormente, elegidos por el jurado, muchos otros recibieron premios específicos que les otorgarán actuaciones en óperas y recitales. Cada candidato presentó una lista de seis arias. Me llamó la atención la preferencia por Mozart y Puccini y la casi ausencia de Verdi. Si bien es cierto que Verdi no es para todas las voces, tampoco lo es que Mozart está cerca de ser fácil: al contrario, es un compositor que expone todos los defectos posibles del intérprete.

Era mi primera vez como miembro del jurado en un concurso presencial. Ya había participado en la edición del 2020 que, por causa de la pandemia, fue totalmente virtual. La tarea de elegir no fue fácil y la responsabilidad fue enorme. El arte de cantar no es una ciencia exacta, ya que cada cantante es un ser humano con diferentes talentos y necesidades. Hay muchos estilos y calidades diferentes, y hay que seleccionar, hay que elegir. Por otro lado, la tarea se vuelve sumamente gratificante gracias a la alegría de los ganadores y a la implicación y dedicación de todos los finalistas.

Durante estos días, las actividades del concurso no se limitaron a las audiciones. Los días 27 y 28 de marzo tuvo lugar el concierto inaugural, con la presencia de la Orquesta Sinfónica de Santo André dirigida por Abel Rocha, su director titular, y la conferencia de Sabino Lenoci sobre ópera en la Scala de Milán, ilustrada con un recital. En ambos eventos se presentaron ganadores de ediciones anteriores del concurso: las sopranos Maria Sole Gallevi y Raquel Paulin, la mezzosoprano Andreia Souza, los tenores Lucas Melo y Daniel Umbelino y el barítono Rodolfo Giugliani. Como un cantante nunca puede dejar de cuidar su mente, también se ofreció la conferencia sobre ópera y salud mental, a cargo de los psiquiatras Andrés Santos y José Paulo Fiks, dos amantes de la ópera y promotores de veladas con ganadores de concursos. Además, los jóvenes cantantes tuvieron dos oportunidades de participar en clases magistrales con la mezzosoprano Cecilia Díaz, quien los escuchó e instruyó de manera generosa y acogedora. Finalmente, como no podía ser de otra manera, para celebrar el cumplimiento de las veinte ediciones, Paulo Esper organizó una exposición en Jacareí, donde exhibió parte de su tesoro: una colección de discos, fotos y libros en torno a María Callas, su musa, así como como artículos sobre el concurso.

Como dijo Cecilia Díaz en una de sus clases maestras, al ganar el concurso, el cantante solo pasa por una puerta, pero hay muchas cosas involucradas en la construcción de una carrera. Deseo sinceramente que todos estos jóvenes logren cultivar su arte, que sean instruidos por buenos maestros y que encuentren escenarios serios para dar vida a tantos personajes fascinantes, de los cuales tuvimos pequeñas muestras. En estos tiempos tan duros que estamos viviendo, el arte es tanto más necesario cuanto menos valorado está. Que tengas las agallas para persistir y buena suerte. ¡Éxito!

Los videos de la final del concurso y el recital de los ganadores se pueden ver en Facebook, en la página de Cia Ópera São Paulo:

https://www.facebook.com/COSPOficial



Saturday, November 14, 2009

Erwartung de Arnold Schönberg - Palácio das Artes, Belo Horizonte Brasil

Foto: Elaine Coelho
Crédito: © Paulo Lacerda -Fundação Clóvis Salgado


Renato Rocha Mesquita

Causó preocupación en el público desde el anuncio de la iniciativa, la decisión del Palácio das Artes de Belo Horizonte de poner en escena el monodrama Erwartung (La Espera), de Arnold Schönberg, en un programa único, sin ningún complemento y como cierre de la temporada 2009. Ningún teatro en el mundo presentaría un monólogo de no más de cuarenta minutos, sin otro título que lo complementara, para conforma un hacer un double bill de una función aceptable. Como para alargar un poco el espectáculo, el director Gilberto Gawronski, que ya había puesto en escena la ópera en Río de Janeiro en 1995, decidió utilizar como prólogo el segúndo movimiento de las Cinco Piezas para Orquesta del mismo autor, acompañadas de la proyección en pantalla del poema “Barcolagem para Erwartung”, de Guilherme Mansur (el título incorpora las palabras barco y colagem). Después se escuchó – sin música – un largo texto de Ivo Barroso, en el cual el amante muerto del que habla el monólogo de Marie Papennheim, que sirve de libreto para la ópera, “contesta” las preguntas que hace la Mujer, el personaje del monodrama. Esos verborrágicos textos de circunstancia, de dos poetas locales sin mayores calidades, sirvieron solamente para aburrir y distraer la atención del poco público presente en la segunda función, del día 20 de octubre. El según texto, sobretodo – conteniendo un posible diálogo del amante con la Mujer – pareció una completa tontería pues la intención en el texto de Pappenheim es de construir sobre una serie de preguntas que deben quedar sin respuesta: de esa ambigüedad nace la tensión de ese drama expresionista. Musicalmente impecable estuvo la soprano brasileña Eliane Coelho, Kammersängerin de la ópera de Viena, y ello fue el momento cumbre del espectáculo. Absolutamente a gusto en el lenguaje atonal de Schönberg, con impecable dicción del alemán, la cantante demostró mas de una vez su afinidad con el repertorio germánico de principios del siglo pasado (Salomé de Richard Strauss es declaradamente su papel preferido). Poderosos fortíssimos y delicados pianíssimos marcaron su interpretación que podía haber sido mas enfática desde el punto de vista dramático y mas fuerte psicológicamente, pero fueron las limitaciones impuestas por la dirección de escena y del escenario las que acabaron perjudicando sensiblemente. El escenario del artista plástica Adriana Varejão, se resumió en un enorme cubo blanco, en perspectiva, contra un fondo negro, en el cual la cantante se vio confinada la mayor parte del tiempo. El Iluminado cubo, y situado a razonable distancia del proscenio, alejo a la cantante del público y limitó sus gestos y sus movimientos en el escenario, impidiendo que los momentos cruciales de la acción fueran explícitos para el público, como el descubrimiento del cuerpo muerto de su amante, confundido con un tronco, que paso desapercibido para todos. Muerto estaba, pero sin ninguna función dramática, pues se encontraba perdido en la oscuridad y lejos de la cantante. Un escenario mas evocativo – como un bosque donde ocurre el monologo- hubiera producido un efecto mucho mejor y hubiera facilitado la comprensión y el envolvimiento del publico. Al final quedo un sentimiento de frialdad y distanciamiento que se tradujo en una demorada reacción de los presentes para dar inicio a los aplausos, una vez terminada la música. La Orquestra Filarmônica de Minas Gerais brilló una vez mas, en esta ocasión bajo la dirección de Abel Rocha, que ya había dirigido en la ciudad la primera producción brasileña de Pelléas et Mélisande, en el 2008. La partitura de opera no representó ninguna dificultad para los músicos, aunque pudo haber sido enfatizada por el director y su espíritu post-romántico, como sonoridades mas pulposas y calurosas. Al final, un espectáculo razonable que podía haber sido excelente en caso de que las opciones hubiesen sido otras, como por ejemplo, haber incluido como complemento el magnifico Castillo de Barba Azul de dos años atras, que embona muy bien en estilo y clima con la de Schönberg; desafortunadamente se comprobó una vez mas que las geniales ideas innovadores de los escenográfos actuales tienen enormes posibilidades de ser incorrectas.