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Sunday, October 5, 2025

Andreas Scholl en Bogotá - XVI Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá

Foto: Festival Internacional de Musica Sacra de Bogotà / Sebastian Delgado 

Ramón Jacques

El Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá, importante evento musical de carácter multireligioso que se lleva cabo en diferentes sedes e iglesias de la capital colombiana, llegó este año a su edición número XIV.  Fundado en el 2012 como un homenaje a los 50 años del Concilio Vaticano II, tiene la misión de promover la unión, el respeto y la paz a la diversidad de creencias a través de la música sacra perteneciente a diversas épocas y religiones.  Entre la variada y amplia programación de esta edición, se contó con la presencia del célebre contratenor alemán Andreas Scholl, quien ofreció un concierto titulado “Vivaldi – Purcell: del lamento a la gloria” compuesto de extractos de obras de estos dos prolíficos compositores del barroco; y donde fue acompañado por el valioso marco musical creado por los músicos del Ensamble Barroco de Bogotá, bajo la conducción de su director, el maestro francés Julien Fauré.  La cuidad selección de las piezas cantadas por Scholl, incluyó arias de obras que han sido cercanas y representativas en su carrera (no se debe olvidar que su grabación del Stabat Mater de Antonio Vivaldi (1678-741) con el Ensamble 415 dirigida por Chiara Banchini, con el sello Harmonia Mundi, fue considerada como la mejor interpretación vocal barroca en 1996). Precisamente de esa obra eligió para algunos pasajes para el concierto, que dio inicio con la Introducción al miserere, el motete, “Filiae maestae Jerusalem” (hijas afligidas de Jerusalén) de la que ofreció una sentida ejecución plena de encanto y fascinación con la pureza de su emisión, grato sonido y pulcra dicción.  Del mismo autor regaló una conmovedora ejecución  del Gloria a Patri del Nisi Dominus, RV 608 (Gloria al Padre), otra obra contenida en su amplio acervo discográfico, en el sello Decca, con la fulgurante brillantez del violín que acompañaba su tersa voz; continuando con una notable interpretación del Cantate, RV 684 “Cessate, omai cessate, cantata secular, en la que desplegó agilidad y virtuoso en el manejo de la voz, sin perder ese aire de solemnidad y espiritualidad contenida en esta partitura.  Del compositor ingles Henry Purcell (1659-1695) eligió el lamento de Dido “When I’m laid in earth” de la ópera Dido and Eneas (Z. 66), que cantó con sensibilidad y una voz que lucía intacta en todo el registro. Su intervención concluyó con el aria “What power art thou” de la semi-ópera King Arthur (o The British Worthy) inquietante, oscura y lugubre pieza plena de dramatismo y profundidad sensorial que Scholl cantó con destreza y seguridad, y que debió repetir como bis ante los extensos e insistentes aplausos del público que abarrotó el concierto.  (Ambas arias de Purcell están contenidas en su grabación en el sello Decca 2010, titulada O solitudine con la Accademia Bizantina). Hubiera sido ideal poder seguir escuchando más del contratenor alemán, y aunque su aparición fue breve dejo constancia de su fama y nobleza vocal e incluso espiritual. Por su parte, la orquesta que mostró su cohesión, dinámica y ligereza en cada una de sus intervenciones, ejecutó en solitario la alegre Chaconne  de “King Artur” Cabe señalar que el concierto se realizó en la Iglesia de San Ignacio de Loyola, perteneciente a la Compañía de Jesús, templo católico, con su enorme y hermoso retablo dorado, fundado en 1610, que se ubica en el centro de esta ciudad. En la primera parte del concierto, el público presente fue testigo de escuchar el estreno mundial de la obra Gloria, para alto o contratenor y ensamble barroco del compositor colombiano Diego Vega (1968), que le fue comisionada por el Festival, para su estreno en esta edición. Se trato de una interesante escritura musical, que en su creación combina, un cierto aire y estilo de la música contemporánea con los cánones de la música antigua (como si se creara un vínculo entre pasado y presente) con una instrumentación para ensamble de cuerdas y continuo, la preponderancia del clavecín, y que aprovechó la presencia del Ensamble Barroco de Bogotá, que acompañó a Scholl.  La partitura de esta nueva obra es armoniosa, grata, y con mucha expresividad y un sentido místico-religioso que se expresa en sus cuatro movimientos (Gloria, Laudaumus te, Domine fili unigenite y Quoniam tu solus sanctus) en latín. La contrastante obra atraviesa momentos de clímax, delicadeza y solemnidad.  Las partes cantadas le correspondieron a la mezzosoprano venezolana Ana Mora, quien se exhibió como una interprete sensible, y envuelta en la pieza, a la que le aportó su oscura, profunda y por momentos delicada entonación y robusta proyección.  El día previo al concierto de Scholl, y también como parte de los eventos del festival se realizó otro sugestivo concierto, en la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, que inició el Crisantemi, obra de cuerdas compuesta en 1890, que aborda temas como el duelo y la perdida, así como la Misa de Gloria, ambas pertenecientes al celebre compositor Giacomo Puccini (1858-1924) en un concierto que llevo al público a experimentar la contrastante oscuridad de la muerte con el resplandor de la gloria.  En la misa, obra poco representada del autor que brilla más por sus títulos operísticos, se aprecian los colores orquestales, operísticos y melódicos típicos del compositor.  Una obra olvidada y redescubierta a mediados del siglo XX, gusta por su pasión, expresan en su estructura, que es la de una misa -Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei.  La Orquesta Filarmónica Juvenil de Colombia se encargó de la parte musical de la pieza, con buenos resultados, bajo la entusiasta conducción del maestro Carlos Ágreda y con dos solidos solistas colombianos como el bajo barítono Hyalmar Mitrotti y el tenor Hans Ever Mogollón, que conocimos en México hace algunos años en el papel de Don Ramiro de la ópera La Cenerentola de Rossini. Es digno de mención el aporte del Coro Filarmónico Juvenil de Colombia, tal y como lo requiere esta grandiosa partitura. Cabe mencionar que otro de los eventos importantes de esta edición fue el recital del tenor alemán Christoph Prégardien, titulado “El Canto Espiritual de Schubert” al lamentablemente no pude asistir, a pesar de la amable invitación del festival, y que demuestra el nivel de artistas, entre muchos otros, que, gracias a este encuentro musical, viajan cada año a Bogotá.




Thursday, October 15, 2009

Andreas Scholl - The Handel & Haydn Society, Boston


Foto: Andreas Scholl
Crédito: The Handel and Hayden Society
Lloyd Schwartz (The Phoenix)

La asociación musical The Handel and Haydn Society de Boston comenzó su temporada ¡195! con su nuevo director Harry Christophers, saludando al publico en el Symphony Hall, antes de cederle el evento al dinámico director francés Jean- Christophe Spinosi y al contratenor alemán Andreas Scholl. He admirado a Scholl desde que el tamaño y la belleza de su voz me abrumaron en el Frauenkirche en Dresde. Mi única desilusión había sido su previa presentación en el Symphony Hall, con la Orquesta Sinfónica de Boston. Esta sala es demasiado grande para un contratenor. Aunque fueron hermosos sus interpretaciones de Handel y Vivaldi con la H&H, su voz no proyecto, y en ocasiones fue cubierta por la relativamente pequeña orquesta barroca. Hubo cosas hermosas – como una deslumbrante aria con cuerdas, “Ah ch’infelice sempre” de la cantata de Vivaldi Cessate, omai cessate (aun mejor cuado fue bisada), y un reticente pero ferviente Stabat Mater de Vivaldi. Sin embargo, en el “Aure, deh, per pietà” de Handel, no borró de mi memoria a Jeffrey Gall en el Giulio Cesare de Peter Sellars/ Craig Smith. El Cesar de Gall se salvó de ahogarse y con compleja urgencia agradeció a la reconfortante brisa (“Aure!”) aun preocupándose por el bienestar de Cleopatra. La expresión perturbada de Scholl no tuvo aquella reacción humana.

ENGLISH VERSION

The Handel and Haydn Society began its 195th (!) season with its new director, Harry Christophers, greeting the Symphony Hall audience before turning the evening over to dynamic French conductor Jean-Christophe Spinosi and German countertenor Andreas Scholl. I’ve admired Scholl since the size and beauty of his voice overwhelmed me at the Frauenkirche in Dresden. My one disappointment had been his previous Symphony Hall appearance, with the BSO. Symphony Hall is too big for a countertenor. Beautiful as his Handel and Vivaldi was with H&H, his voice didn’t project, and it was occasionally covered by the relatively small Baroque orchestra. There were beauties — a ravishing aria with strummed pizzicatos, “Ah, ch’infelice sempre” from Vivaldi’s cantata Cessate, omai cessate (even better when it was encored), and a reticent but fervent Vivaldi Stabat Mater. But in Handel’s “Aure, deh, per pietà,” he didn’t erase my memory of Jeffrey Gall in the Peter Sellars/Craig Smith Giulio Cesare, Gall’s Caesar just saved from drowning and with complex urgency thanking the comforting breeze (“Aure!”) yet still worrying about the safety of Cleopatra. Scholl’s uninflected undersinging had no such emotional underpinning.