jueves, 15 de octubre de 2009

Andreas Scholl - The Handel & Haydn Society, Boston


Foto: Andreas Scholl
Crédito: The Handel and Hayden Society
Lloyd Schwartz (The Phoenix)

La asociación musical The Handel and Haydn Society de Boston comenzó su temporada ¡195! con su nuevo director Harry Christophers, saludando al publico en el Symphony Hall, antes de cederle el evento al dinámico director francés Jean- Christophe Spinosi y al contratenor alemán Andreas Scholl. He admirado a Scholl desde que el tamaño y la belleza de su voz me abrumaron en el Frauenkirche en Dresde. Mi única desilusión había sido su previa presentación en el Symphony Hall, con la Orquesta Sinfónica de Boston. Esta sala es demasiado grande para un contratenor. Aunque fueron hermosos sus interpretaciones de Handel y Vivaldi con la H&H, su voz no proyecto, y en ocasiones fue cubierta por la relativamente pequeña orquesta barroca. Hubo cosas hermosas – como una deslumbrante aria con cuerdas, “Ah ch’infelice sempre” de la cantata de Vivaldi Cessate, omai cessate (aun mejor cuado fue bisada), y un reticente pero ferviente Stabat Mater de Vivaldi. Sin embargo, en el “Aure, deh, per pietà” de Handel, no borró de mi memoria a Jeffrey Gall en el Giulio Cesare de Peter Sellars/ Craig Smith. El Cesar de Gall se salvó de ahogarse y con compleja urgencia agradeció a la reconfortante brisa (“Aure!”) aun preocupándose por el bienestar de Cleopatra. La expresión perturbada de Scholl no tuvo aquella reacción humana.

ENGLISH VERSION

The Handel and Haydn Society began its 195th (!) season with its new director, Harry Christophers, greeting the Symphony Hall audience before turning the evening over to dynamic French conductor Jean-Christophe Spinosi and German countertenor Andreas Scholl. I’ve admired Scholl since the size and beauty of his voice overwhelmed me at the Frauenkirche in Dresden. My one disappointment had been his previous Symphony Hall appearance, with the BSO. Symphony Hall is too big for a countertenor. Beautiful as his Handel and Vivaldi was with H&H, his voice didn’t project, and it was occasionally covered by the relatively small Baroque orchestra. There were beauties — a ravishing aria with strummed pizzicatos, “Ah, ch’infelice sempre” from Vivaldi’s cantata Cessate, omai cessate (even better when it was encored), and a reticent but fervent Vivaldi Stabat Mater. But in Handel’s “Aure, deh, per pietà,” he didn’t erase my memory of Jeffrey Gall in the Peter Sellars/Craig Smith Giulio Cesare, Gall’s Caesar just saved from drowning and with complex urgency thanking the comforting breeze (“Aure!”) yet still worrying about the safety of Cleopatra. Scholl’s uninflected undersinging had no such emotional underpinning.

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