sábado, 17 de octubre de 2009

Adriana Lecouvreur - Metropolitan Opera, Nueva York

Foto: Placido Domingo, Maria Guleghina
Crédito: The Metropolitan Opera, Marty Sohl.


Ramón Jacques

El Metropolitan repuso este melodrama de Francesco Cilea, para conmemorar el 40 aniversario del debut de Placido Domingo, que ocurrió en esta opera en el 1968. La producción escénica de C.M. Cristini y de Mark Lemos, encargado de la dirección escénica, fue tradicional y con consideración del la historia y el tiempo en el que se desarrolla la acción de la opera, en Paris alrededor del año de 1730. En su dirección escénica, Lamos fue conciso y directo, y respetó la trama sin modificaciones, pero con profundo sentido teatral. La iluminación de Duane Schuler, ayudó a resaltar la emoción contenida en el libreto, y los diferentes estados de ánimo por los que atraviesan sus personajes. Si bien las escenografías, que no fueron opulentas y con pocos elementos escénicos, lograron captar la naturaleza de la obra. Mucho ayudaron, los vestuarios de ese periodo que se utilizaron. Sobresaliente, fue el recurso de proyectar en el fondo del escenario escenas del teatro de la Comedie Francaise, con una combinación de oscuridad y luces sobre el escenario. En el podio, Marco Armiliato realizó una lectura lucida y segura de la partitura, de la cual extrajo, musicalidad y armonía, de forma segura e inequívoca. El papel de Adriana fue encomendada a la soprano Maria Guleghina, quien tuvo un desempeño actoral optimo, pero mostró un canto de fuerza y clara tendencia a la estridencia. Su convicción y brío son innegables, pero su canto careció de sutileza. Placido Domingo, fue un convincente y categórico Maurizio, sobresaliente en escena. Su prestación fue convincente y segura, y estuvo cargada de brío y emoción. Vocalmente, recurrió a extensas transposiciones, en las que por momentos se escuchó una voz con poco volumen. Aun así, pudo mostrar las cualidades de su timbre, y su éxito fue justificado, ya que desde su aparición en escena hasta su última salida a escena el público se lo reconoció. La mezzosoprano Olga Borodina creó una temperamental princesa de Bouillon, con su sugestiva voz de tono oscura, y el baritono Roberto Frontali fue un correcto Michonnet. El resto del elenco y coro, cumplieron de manera inestimable cada vez que fue requerida su participación.

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