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Saturday, September 19, 2009

La Traviata en San Francisco


Foto: Anna Netrebko (Violata Valéry)
Credito: Cory Weaver


Ramón Jacques
El retorno de La Traviata al escenario de San Francisco coincidió con el 150 aniversario de la primera realización local de esta opera, y con la presencia de Anna Netrebko en el rol estelar. La expectativa por ver a Netrebko se debe a que es una cantante de exposición mediática, y porque se trata de una cantante considerada “de casa”, ya que fue en este teatro donde terminó de consolidar su formación artística, y donde debutó en 1995 en el rol de Lyudmilla de la opera Ruslan y Lyudmilla de Glinka, y otros roles importantes como: Susanna (Nozze di Fígaro), Zerlina (Don Giovanni), Ilia (Idomeneo), Musetta (La Boheme), Adina (Elisir d’Amore), Nannetta (Falstaff), entre otros. En escena se vio la producción teatral ideada y dirigida por la regista mexicana Marta Domingo, quien situó la acción en Estados Unidos en 1929, en la época del surgimiento del jazz, con vestuarios, y austeros pero visualmente estéticos decorados de estilo art deco. Domingo ubicó la opera en este periodo americano de los años 20s en el que surgieron las “flappers” o prostitutas de lujo, similares a las “demimondaines” de la Francia de 1850, que alude la trama original de la opera. La propuesta tuvo algunos detalles como la entrada a escena de Violetta, en el primer acto, en un automóvil Buick 1929, y la presencia de una banda de jazz en el tercer acto. Como siempre, su regia fue respetuosa de la historia, cuidando cada detalle para que la actuación procediera con fluidez. En esta ocasión, la conducción musical del gales Donald Runnicles, quien a partir de septiembre será sustituido en la dirección musical del teatro por el italiano Nicola Luisotti, fue irregular, por su inadecuada elección de tiempos, muy rápidos por momentos o letárgicamente lentos en otros, privando de emoción la orquestación, y ocasionando una errática sincronía entre las voces y la orquesta. En el rol de Violetta, Anna Netrebko mostró un colorido timbre de voz, de óptimos agudos e intacta agilidad en la voz, compensando la sensación de pesantez que se sintió en su voz durante el primer acto. Su actuación fue convincente, por ser una actriz espiritosa, activa y por momentos sensual. El tenor Charles Castronovo, fue un discreto Alfredo, si bien su instrumento es óptimo y agradable, en detrimento de su prestación, su limitada expansión vocal ocasionó que parte de sus escenas fueran inaudibles. Como actor, se mostró rígido y carente de temperamento. El barítono Dwayne Croft creó un autoritario y convincente Giorgio Germont, actuando con determinación, y cantando con brío y seguridad. El resto del cast y el coro estuvieron correctos en sus participaciones.

VERSIONE IN ITALIANO
Il ritorno de la Traviata sulla scena dell’Opera di San Francisco coincide con i 150 anni dalla sua prima rappresentazione locale e con la presenza di Anna Netrebko nel ruolo principale. L’aspettativa per Anna Netrebko si deve al fatto che la cantante russa, oltre ad essere un fenomeno mediatico, è anche considerata “di casa” qui in California. Proprio a San Francisco, al Merola Opera Program, la Netrebko ha consolidato la sua formazione artistica e nel 1995 ha debuttato nel ruolo di Ljudmilla nell’opera di Glinka (ma sulle scene dell’Opera di San Francisco è stata anche Susanna (Nozze di Fígaro), Zerlina (Don Giovanni), Ilia (Idomeneo), Musetta (La Boheme), Adina (Elisir d’Amore), Nannetta (Falstaff). La produzione ideata e diretta dalla regista messicana Marta Domingo (moglie di Placido) ambientava l’azione negli USA nel 1929, all’epoca del jazz, con bei costumi e scene austere, ma esteticamente efficaci, in stile art déco. La scelta dell’America degli anni ’20 con le sue “flappers” o prostitute di lusso suggerisce un immediato legame con le “demimondaines” della Francia del 1850 alle quali allude la trama. Originali alcuni dettagli come l’entrata in scena di Violetta nel primo atto su una Buick del ’29 e la presenza di una Big Band nel terzo. Come sempre la regia della Domingo non si è sovrapposta al libretto badando che ogni dettaglio fosse inserito perfettamente e con fluidità. Il direttore d’orchestra gallese Donald Runnicles, che sarà sostituito a settembre alla direzione musicale del teatro da Nicola Luisotti, ha condotto la recita con irregolarità, con una inadeguata definizione dei tempi, a volte troppo rapidi a volte letargici, privando così l’orchestra di afflato emotivo e manifestando anche problemi di sincronia tra voci e strumenti. Anna Netrebko ha mostrato un bel colore timbrico, ottimi acuti e agilità intatta, compensando la sensazione di pesantezza vocale che si era insinuata durante il primo atto. La sua caratterizzione del personaggio è stata comunque convincente, essendo la Netrebko un’attrice spiritosa, energica e anche sensuale. Il tenore Charles Castronovo è stato un discreto Alfredo. Pur dotato di uno strumento vocale gradevole, la sua estensione limitata ha condizionato parte della sua esibizione, e anche attorialmente le cose non sono andate meglio essendo il tenore americano rigido e carente di temperamento. Dwayne Croft è stato invece un autorevole Germont, determinato e sicuro. Corretto il resto del cast e il coro.

Monday, June 1, 2009

La Traviata en la Opera de Los Angeles

Foto: Robert Millard

Ramón Jacques
Por tercera ocasión en menos de tres años, la Ópera de Los Ángeles ha escenificado esta ópera verdiana, El hecho como tal no significa nada, ya que se trata de una de las obras mas conocidas del repertorio operístico. Pero analizando con mas detalle la situación, en un teatro que si bien es de los mas grandes en Norteamérica y que hasta esta temporada, que concluye con estas funciones, no hacía más de nueve producciones por temporada, significa que la crisis económica que se vive en esta región operística del mundo, esta teniendo su impacto en las artes, y mas aun sobre la ópera, un género que para su realización requiere de grandes inversiones de dinero.

En suma, la situación económica es la que hoy en día, y al menos en el futuro inmediato, esta dictando la pauta de las óperas que deberán ser programas por los teatros estadounidenses en sus temporadas, a fin de retener a su público, o en el peor de los casos no ahuyentándolo. La perspectiva luce complicada, porque ante la perdida de grandes aportaciones privadas, que representa el principal mecanismo de financiación de estos teatros, la tendencia inmediata ha sido la de reducir las temporadas, cancelando producciones y el número de funciones, contratando artistas poco conocidos, quizás con cachets mas bajos y de inferior calidad vocal, y recurrir a obras populares del repertorio, por lo que, sin menospreciar, se espera ya una cantidad considerable y exagerada de Bohemes, Madame Butterflies, Barberos de Sevilla, Traviatas, etc., en la mayoría de los teatros de este país.

Pero lo que los teatros parecen no tomar en cuenta, aparte de pretender solucionar su propia economía, es que el verdadero problema y su solución no radica en lo anteriormente mencionado, si no en el bolsillo y en las finanzas del público que asiste a las funciones y paga sus entradas, que en Norteamérica no se distinguen por ser tan accesibles en precio. Lo anterior, fue más que evidente la noche de inauguración de la última producción del año en Los Ángeles, en la que la que hubo una cantidad considerable y preocupante de butacas vacías.

Hablando en términos artísticos de la función que nos ocupa, la compañía repuso el drama de la Dama de las camelias, con los vestuarios y el marco escénico concebido por Giovanni Agostinucci, mismo que fue utilizado e inmortalizado en DVD en el estreno de la temporada 2006 con Reneé Fleming, Rolando Villazón y Renato Bruson, con la dirección musical de James Conlon. Las escenografías son opulentas, y visualmente atractivas, particularmente en el primer acto, realizado en el jardín de una mansión, y en el tercero, en un amplio salón rojo con escaleras y dos niveles, en el que se desplazaba con facilidad la amplia compañía artística de solistas, coro, bailarines, toreros y comparsas. Ayudo mucho a resaltar la escena, el brillante juego de iluminación dispuesto por Daniel Ordower. La producción fue realizada entre las compañías de Los Angeles, de Washington, donde fue montada en septiembre del 2008, y la Ópera Real de Wallonie en Bélgica, donde fue creada originalmente.

Siempre que se ha utilizado este montaje, la dirección artística ha estado a cargo de Marta Domingo, quien como ya lo hiciera a finales de la temporada angelina del 2008 en la Rondine de Puccini, demostró una detallada preparación y conocimiento del libreto y de la trama de la ópera, por lo que sus conceptos de actuación fueron directos, y la función transcurrió con claridad y naturalidad. En el papel de Violeta, realizó su debut local la soprano rusa Marina Poplavskaya, con resultados vocalmente óptimos. A pesar de una rara coloración en su timbre, su canto fue seguro y seductor. En sus primeras intervenciones mostró un notable vibrato que una vez que controló fue capaz de emitir agradables notas musicales con un generoso despliegue de las notas más agudas, con armonía y cuerpo lírico. Sin embargo, su desempeño actoral fue en términos generales inexpresivo y rígido, pero aun así fue ampliamente premiada por el publico por su participación.

El papel de Alfredo Germont fue interpretado por el tenor Massimo Giordano, quien hizo alarde de sus generosas cualidades vocales como su colorido timbre y plausible seguridad para frasear y proyectar correctamente. Lamentablemente su prestación escénica estuvo por debajo de su nivel vocal, ya que en escena se mostro carente de temperamento y ardor con una rigidez, que por momentos fue exasperante. Por su parte, el barítono polaco Andrzej Dobber, se mostró como un autoritario Giorgio Germont, y la su interpretación del aria ‘Di Provenza’ fue uno de los momentos mas sobresalientes de la función, por su musicalidad, cadencia y precisión para interpretar. El desempeño del resto del elenco completó la escena de manera satisfactoria en cada una de sus intervenciones.

El eslabón más débil de la cadena, provino en esta ocasión del foso orquestal, ya que Grant Gershon, en su debut como nuevo director musical asociado de la compañía, no tuvo una afortunada transición del mundo sinfónico, pasando por el coro del teatro, a la conducción musical. Su dinámica y tiempos fueron erráticos y desiguales en gran parte de la función. Genero en más de una ocasión, desafinación instrumental, y falta de sincronización en las voces, desconcierto en algunas entradas, y privó a la partitura de la alegría y musicalidad que naturalmente contiene.