lunes, 27 de mayo de 2013

Parsifal de Wagner en el Teatro Municipal de Santiago.


Fotos: Patricia Melo

Joel Poblete

Para inaugurar su temporada lírica 2013, el Teatro Municipal de Santiago programó el mismo título que abriera ya su ciclo en 1999, Parsifal, en esta ocasión para coincidir con los 200 años del nacimiento de Wagner que se están conmemorando en todo el ambiente lírico a nivel mundial; de hecho, una de las funciones programadas fue precisamente el día del aniversario, el miércoles 22. Y como representantes artísticos principales del montaje estuvieron los mismos nombres de ese entonces: el maestro húngaro Gabor Ötvös dirigiendo a la Orquesta Filarmónica y en la dirección de escena, escenografía, e iluminación volvió el argentino Roberto Oswald, como de costumbre contando con el diseño de vestuario de su habitual colaborador, Aníbal Lápiz. Hace 14 años ambos ofrecieron una propuesta escénica monótona y que no pudo hacer más ágil y fluida la acción de una historia que de por sí es más estática y contemplativa que otros trabajos del autor; afortunadamente, esa vez se contó con un excelente elenco (encabezado por uno de los Parsifal más solicitados de la década pasada, Christopher Ventris) y una notable entrega de la Filarmónica en una lectura muy madura y detallista de Ötvös, quien tras haber conducido inolvidables versiones de títulos wagnerianos en este mismo escenario en las décadas de los 80 y 90 incluyendo la primera tetralogía El Anillo de los Nibelungos completa en Chile (además de haber sido director titular de la Filarmónica entre 1998 y 2001), regresó ahora tras 11 años de ausencia, para confirmar una vez más que es un gran wagneriano. La formación de la orquesta ya no es la misma de esa época, pero los actuales músicos supieron responder a las enormes exigencias de la partitura, y guiados por Ötvös entregaron una versión sensible y llena de sutilezas, que supo equilibrar el drama y el misticismo, el lirismo con el misterio y la sensualidad. Ocasionales y notorias desafinaciones en los bronces en las dos funciones que pudimos ver, no empañaron un muy buen resultado general.

En cuanto a la puesta en escena, es necesario partir diciendo que en su conjunto resultó más lograda y convincente que la de 1999; sigue siendo estática y no demasiado creativa en las dinámicas teatrales que requiere la obra, pero ahora gracias al uso de proyecciones que modificaban o complementaban el efecto visual de la escenografía e iban cambiando en distintos momentos, hubo mayor fluidez. La iluminación contribuyó a generar atmósferas muy acertadas y sutiles, contrastando con algunos elementos escenográficos demasiado evidentes, como las enormes campanas o la corona de espinas que dominaba el salón de los caballeros del grial, uno de los varios elementos simbólicos considerados por Oswald en una régie en la que el componente religioso fue muy directo y palpable. Un montaje de una visión muy predecible y respetuosa con la tradición, pero de todos modos efectiva considerando que se pudo llegar a nuevas audiencias que nunca habían visto la obra en vivo y en este primer acercamiento lograron comprender mejor la esencia de este "festival sagrado" sin tener que soportar los excesos o desafortunados enfoques de tantos directores de escena rupturistas que a menudo realizan adaptaciones en las que el argumento es irreconocible o incomprensible. De todos modos, a la propuesta de Oswald -quien desde su debut local en 1978 con La Valquiria, ha sido fundamental en la difusión de la obra de Wagner en Chile, a través de sus puestas en escena para las 10 obras más famosas del autor en el Teatro Municipal, incluyendo hitos como la primera Tetralogía completa presentada en ese escenario- no le habría venido mal algo más de frescura e innovación.

En el elenco dos fueron los personajes que estuvieron mejor interpretados: principalmente el espléndido Gurnemanz del ascendente bajo ruso Dimitry Ivashchenko, de noble presencia escénica, hermosa y sólida voz y canto firme y rotundo en todo el registro; y el complejo y enigmático rol de Kundry contó con dos excelentes cantantes, ya que por problemas de salud la originalmente anunciada mezzosoprano estadounidense Susan Maclean -una de las intérpretes más solicitadas actualmente en el papel a nivel internacional, especialmente después de cantarlo en las tres últimas temporadas del Festival de Bayreuth- sólo alcanzó a actuar en el estreno, y al menos al cierre de este comentario las siguientes funciones eran cantadas por su colega Michaela Martens, quien en marzo de este mismo año debiera asumir la misma misión en una de las funciones de la nueva producción de esta ópera en el MET de Nueva York, reemplazando a Katarina Dalayman al lado de Jonas Kaufmann. Maclean es una gran actriz, y su Kundry fue sensual, apasionada y muy atractiva físicamente, mientras su canto estuvo lleno de matices, aunque en el estreno tanto los agudos como los graves no fueron todo lo rotundos que uno podría haber esperado, quizás en buena medida por su estado de salud; por su parte, Martens es más voluminosa en lo corporal y en lo actoral privilegió el lado más salvaje y arisco del personaje, lo que hizo más conmovedor su cambio en el acto III, al tiempo que exhibió una voz poderosa y muy atractiva, de buen abordaje en las notas extremas. 

El Parsifal del tenor búlgaro Zvetan Michailov no entusiasmó mucho a nadie; si bien su desempeño tampoco puede ser calificado como deficiente, se trata de un intérprete más especializado en el repertorio italiano, quien recién en los últimos años ha empezado a incursionar en Wagner, con una voz robusta y aceptables agudos, pero de no demasiado volumen y muy superficial como actor, lo que no ayudó mucho a retratar al protagonista, quien a menudo puede ser visto sólo como un arquetipo o un símbolo, como ocurrió en este caso. El barítono estadounidense Gregg Baker, quien saltara a la fama internacional a mediados de los años 80 interpretando a Crown en Porgy and Bess en distintos teatros y en tres grabaciones distintas -una de ellas la más famosa de la obra, dirigida por Simon Rattle y editada en disco y DVD- debutó como Amfortas en 2010, y en esta nueva interpretación del atormentado personaje, fue mejorando su enfoque interpretativo a lo largo de las funciones, haciendo creíble el sufrimiento del rol y luciendo una voz atractiva, pero algo irregular en la proyección y el volumen. Por su parte, el veterano bajo holandés Harry Peeters, quien antes en la temporada del Municipal encarnara en 2010 a Orestes en Elektra, y al año siguiente fuera Osmin en El rapto en el serrallo del Teatro del Lago de Frutillar, regresó a Chile para dos personajes en la misma ópera: Titurel (cantado fuera de escena) y Klingsor, rol en el que se lo notó reducido en volumen y poco convincente en lo escénico. Muy acertados estuvieron todos los roles secundarios interpretados por cantantes chilenos, en especial las seis niñas flor a las que dieron vida Pamela Flores, Constanza Domínguez, Daniela Ezquerra, Marcela González, Paulina González y Constanza Dörr.

El Coro del Teatro Municipal que dirige el uruguayo Jorge Klastornik se lució como de costumbre, aunque en el acto I se lo sintió más apagado y reducido en potencia en comparación con el acto III; muy bien en sus breves pero fundamentales intervenciones estuvo el Coro de Niños The Grange School, que dirige Claudia Trujillo. Finalmente, en el balance y considerando lo difícil que es siempre montar una ópera como Parsifal, como espectáculo y homenaje al bicentenario wagneriano, los resultados de las funciones en el Municipal fueron más que satisfactorios, y se entiende que finalmente buena parte del público quedara muy entusiasmado y conmovido. Es que con un final tan sublime como el de esta obra, sea como sea la puesta en escena y el nivel de los artistas involucrados, es imposible permanecer impávido.

PARSIFAL, de Richard Wagner. Teatro Municipal de Santiago (Chile), funciones entre el 16 y el 28 de mayo. Intérpretes: Zvetan Michailov (Parsifal), Susan Maclean/Michaela Martens (Kundry), Dimitry Ivashchenko (Gurnemanz), Gregg Baker (Amfortas), Harry Peeters (Klingsor/Titurel), Evelyn Ramírez (Segundo escudero/voz de lo alto), Pamela Flores (Primer escudero/niña flor), Nicolás Fontecilla (Tercer escudero), Exequiel Sánchez (Cuarto escudero), Leonardo Navarro (Primer caballero del Grial), Ricardo Seguel (Segundo caballero del grial), Constanza Domínguez (niña flor), Daniela Ezquerra (niña flor), Marcela González (niña flor), Paulina González (niña flor), Constanza Dörr (niña flor). Orquesta Filarmónica de Santiago, dirigida por Gabor Ötvös. Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornik. Coro de niños The Grange School, dirigido por Claudia Trujillo. Director de escena, diseñador de escenografía, iluminación y proyecciones: Roberto Oswald. Vestuario: Aníbal Lápiz. 

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