martes, 7 de mayo de 2013

Ramón Vargas Director artístico de la Opera de Bellas Artes de México



Mauricio Rábago Palafox
 
Con el nombramiento de Ramón Vargas como Director artístico de la Ópera de Bellas Artes, (OBA) se pretende crear una "nueva época" de la ópera nacional, así lo dice el boletín de prensa número 363, del 23 de abril de 2013 INBA / CONACULTA. Muchas preguntas surgen a partir de la escueta exposición del documento donde se afirma que “para cumplir con su nueva tarea, la Ópera de Bellas Artes tendrá una Dirección Artística del más alto nivel, a cargo del prestigiado tenor Ramón Vargas” su valía como cantante es innegable, pero, ¿esto lo convierte automáticamente en un director artístico del más alto nivel? Ya vimos la Gala Verdi que diseñó el mes pasado; un tabique de tres horas sin pies ni cabeza y muy lamentable en términos generales. Además, habrá en el nuevo proyecto tres cantantes activos: el ya mencionado Vargas, Jesús Suáste (coordinador artístico) y Octavio Arévalo (subdirector artístico), puestos no muy bien definidos, todos cocinando el mismo pastel ¿tal es la fórmula del éxito del nuevo proyecto? Con este nombramiento, Vargas ya no será un artista invitado, sino un funcionario público, con obligación de rendición de cuentas, declaración patrimonial, proporcionar datos al IFAI, justificar sus decisiones ante aquéllos que lo requieran mediante oficio, como corresponde a un servidor público. Como director artístico de la OBA, Vargas ¿se podrá autoinvitar? no lo creemos pero si así fuera, ¿quién determinará el monto de sus honorarios? lo mismo ocurrirá, hay que decirlo, con Arévalo y Suaste. En ese boletín se anuncia la creación del Estudio de Ópera Bellas Artes, dedicado al desarrollo profesional de jóvenes cantantes” (Eso ya lo hace el SIVAM hace décadas con sobresalientes resultados) y el documento añade: “además de que obtengan la experiencia artística necesaria mediante su participación en los elencos de las óperas estatales” pero ¿cuál es el proyecto de ese Estudio de Ópera? Y sobre todo cómo reaccionarán los teatros y el público de los estados a la pretensión de que los jóvenes cantantes se fogueen con ellos y regresen ya bien formados a Bellas Artes? Nos parece una falta de respeto. Los estados no merecen eso, hace tiempo se supero la vieja costumbre mediante la cual el DF le receta paternalmente las propuestas artísticas a "la provincia", además varios teatros están haciendo ópera de un nivel muy digno. Y lo que muchos se preguntan: ¿Qué pasará con los cantantes y directores que no son del grupo de los incondicionales de Vargas -como lo es su alumna Joanna Paris- y que tampoco puedan, por su edad, ser participantes del Estudio de Ópera? No tendrán cabida en los planes de esta nueva etapa. Hasta hace poco Ramón Vargas era la voz crítica más autorizada que ha tenido el proyecto operístico del INBA en los últimos años. Indudablemente al nombrarlo director artístico de la OBA se le acalla ¡Jugada maestra! Obviamente Ramón Vargas, Octavio Arévalo y Jesús Suaste, cantantes activos, continuarán trabajando aquí y en el extranjero. ¿Estas funciones les permitirán atender las necesidades de la OBA? ¿Cuánto tiempo dedicarán a una tarea tan demandante, especialmente en esta "nueva época", en la que no se trata sólo de marcar una dirección certera, sino de crear un proyecto nuevo, de manera integral? Los grandes problemas que ha tenido la ópera han sido señalados en repetidas ocasiones por Vargas: presupuesto suficiente y oportuno, tiempo para ensayos y funciones en la apretada agenda del Teatro de Bellas Artes, condiciones de las diferentes secciones sindicales del INBA -grupos artístico, administrativos y técnicos- que resultan adversas a la consecución de resultados favorables del proyecto operístico. Nada de esto se resuelve cambiando al titular de la OBA. Si tiene arreglo, ¿por qué no se hizo antes? Vargas tendría condiciones muy favorables, -una gran ventaja que no tuvieron sus antecesores- el no arreglar esas cosas llevaron al profundo deterioro actual del proyecto operísitico del INBA.  Pronosticamos que el trabajo lo harán Octavio Sosa y Jaime Ruiz Lobera, funcionarios de probada efectividad y gran experiencia, parte ya del nuevo del equipo, a la sombra de los tres cantantes colocados ahí en situación de conflicto de intereses, quienes tratarán de jalar agua a su molino, y eso sí, cobrarán puntualmente su quincena. Vargas ha probado a lo largo de treinta años su altísimo valor como cantante, pero no lo ha hecho en el campo de la dirección administrativa. ¿Qué movió al INBA / CONACULTA para que lo contrataran sin una trayectoria que lo avale en ese sentido?

1 comentario:

  1. Mucho me preocupa el cambio de estructura que urge desde hace décadas en nuestra ópera y que es lo que pretendemos lograr muchos de quienes hemos criticado ese sistema ya caduco y obsoleto. Ramón Vargas, como director artístico de la Ópera, me parece la persona ideal para lograr ese cambio tan necesario. Seres humanos como él, al igual que Francisco Araiza, son verdaderos conocedores de lo que es la Ópera aquí, donde empezaron, y en el mundo, en el que trabajan y conquistaron con sus virtudes artísticas que no se limitan solo a cantar. Es ingenuo, por decir lo menos, pensar de esa manera. Me parece pueril. Si Ramón Vargas, con un equipo brillante de colaboradores, ha recibido el apoyo del gobierno federal, y ha aceptado esa gran responsabilidad, lo menos que puedo pedirle a sus críticos, sin ninguna razón válida pues el nombramiento es tan nuevo que nada puede criticarse todavía pues nada ha sucedido, con argumentos sin sustento ninguno, nada más de oídas y habladas, me parece absolutamente tonto y absurdo. No hicieron lo mismo con personajes tan siniestros y nefastos como Sergio Vela y Gerardo Kleinburg que hicieron y deshicieron a su antojo en el periodo conocido como el Kleinburgato, como lo llama con acierto e ironía, el periodista José Noé Mercado en su libro LUNETA 2. Nada podemos criticar pues nada ha sucedido todavía. Ni criticar a lo tonto ni aplaudir a lo tarugo. Hay que esperar. tener paciencia. Y después juzgar.

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