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Saturday, August 4, 2012

DOBLE PROGRAMA DE OPERAS DE “VANGUARDIA” EN EL TEATRO COLON

Fotos: A. Colombaroli / Teatro Colón

Dr. Alberto Leal

Erwartung de Schönberg director musical :Baldur Brönnimann / Regie, Vestuario e iluminación: Pedro Pablo Garcia Caffi. Intérprete: : Elena Nebera.  Hagith: de Szymanowski  Director musical: Baldur Brönnimann Regie y  Vestuario: Michal Znaniecki. Escenografía y proyecciones: Luigi Scoglio / Director del coro: Peter Burian  Intérpretes: Hans Schöpflin, Enrique Folger, Ewa Biegas, Aleksander Teliga, Luciano Garay, Federico Moore, orquesta y Coro del Colon.

Continuando con la presente temporada el Teatro Colón presentó un doble programa con dos óperas de “vanguardia”, Erwartung de Arnold Schönberg, que fue estrenada en el mismo coliseo con la dirección del recordado Maestro Roberto Kisnky y la parte vocal a cargo de la soprano Sofía Bandin, y Hagith en estreno argentino. El maestro Schönberg, un adelantado en lo que a música atonal se refiere y creador de la técnica del dodecafonismo, no tiene una gran producción operística y Erwartung fue su primera obra en este género. Tal vez por esa causa su estilo no es muy definido y algo lejano de sus composiciones posteriores. Compuesta en 1909, pero estrenada en 1924, en Praga, es una obra de un solo acto de treinta minutos, concebida como un monólogo para soprano. El segundo título fue también una ópera en un acto de Karol Szymanowski, compuesta en 1912-13, primero en alemán y luego traducida en polaco, ha tenido muy pocas representaciones. Luego de su estreno en Varsovia en 1922 recién fue repuesta en 2006. Musicalmente se puede considerar algo anacrónica dentro de la obra del autor, tal vez para adaptarla al gusto vienés de la época. El maestro Baldur Brönnimann conoce a la perfección el estilo, dirigió en forma férrea y fue muy bien acompañado por la orquesta estable, en un excelente trabajo. Solo es de lamentar por momentos la falta de balance entre el foso y el escenario, forzando en algunos casos al límite de sus posibilidades vocales a algunos de los cantantes. Para Erwartung, el Maestro Garcia Caffi creó una escena simple pero sugerente, con una interesante iluminación. Contó con una muy buena soprano, Elena Nebera, reemplazo a último momento de la anunciada Evelyn Herlitzius. Con buena voz, conocimiento del estilo y notables dotes de actriz supo transmitir todos los estados anímicos por los que pasa su personaje en busca de su amante.
Un gran trabajo. En lo visual no corrió la misma suerte Hagith. La puesta de Michal Znaniecki fue estéticamente poco grata, por momentos sin visión para los que se encontraban en el sector izquierdo del teatro en palcos y pisos superiores. El vestuario diseñado, con personajes en trajes de época y otros con ropa actual, poco ayudaron a ser creíble la trama en lo visual. Tampoco ayudó la escenografía de Luigi Scoglio, de diversos estilos, demasiado contrastantes y con muy poca coherencia aparente. El grupo de cantantes cumplió una muy buena labor en general, aunque por momentos fueron literalmente tapados por la orquesta. Cuesta entender la contratación del tenor alemán anunciado. Como puede verse en su biografía canta habitualmente roles de tenor ligero o lírico ligero y la parte exige una voz de mucho más peso y volumen para dominar una orquestación contundente. Fue reemplazado por el tenor argentino Enrique Folger quien realizó un excelente trabajo. Seguro en lo vocal, con el volumen adecuado, en estilo y muy suelto como actor, en una parte nada fácil. Hans Schöpflin, tenor que asume habitualmente roles característicos, es un excelente actor, cantó con notable fraseo y fue muy expresivo en todo momento. La soprano Ewa Biegas posee una voz tal vez algo liviana para el rol, pero su voz corre sin dificultad por la amplia sala de nuestro coliseo. Posee una gran capacidad para matizar y buenas dotes de actriz. El bajo Aleksander Teliga mostró una voz importante, rica en armónicos y muy buen volumen. Completó con corrección el elenco el barítono Luciano Garay.

Tuesday, July 31, 2012

Erwantung de Schönberg y Hagith de Szymanowski en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Elena Nebera (soprano) Erwartung. A. Colombaroli - Teatro Colon de Buenos Aires

Martín Leopoldo Díaz (Claridge Hotel)

Poner en escena obras de vanguardia o títulos no muy conocidos por el público local requiere audacia y coraje. Por eso es muy meritoria la puesta y el acierto en la elección de estos dos nuevos títulos de la Temporada Lírica 2012 del Teatro Colón. Así, se recibió con calidez a “Erwartung” de Arnold Schönberg y “Hagith” de Karol Szymanowski en una apacible tarde invernal. Schönberg compuso esta breve ópera durante sus vacaciones de verano en 1909. Fue su primera obra para la escena, basada en un libreto de Marie Peppenheim. Este monodrama está considerado como una obra maestra del atonalismo libre. Todo se reduce al monólogo desesperado de una mujer, buscando en el bosque a su amante, a quien luego encuentra muerto. Fue sobresaliente la actuación de la soprano rusa Elena Nebera, quien tuvo que reemplazar a Evelyn Herlitzius a último momento. Nebera cantó con excelente emisión y volumen y pasó por todos los estados de ánimo que requiere la obra: furia, pasión, melancolía y desenfreno. Su mérito es doble, considerando lo extremadamente difícil que es el estudio de estas obras atonales, y el hecho de que salió a escena casi a último momento, logrando el éxito merecido. Muy delicada y sutil fue la puesta en escena y la realización visual, asi como el diseño de iluminación y vestuario de Pedro Pablo García Caffi. Con escasos elementos, pero muy bien pensados, usados y dosificados, García Caffi creó el clima ideal para esta extraordinaria y difícil partitura. 
La ópera de Karol Szymanoswski fue una grata y emocionante sorpresa. Compuesta entre 1912 y 1913, sólo se estrenó en el Gran Teatro de Varsovia en 1922 en idioma polaco. Con gran orquestación, el director Baldur Brönnimann tuvo un desempeño excelente y la Orquesta Estable del Teatro Colón respondió magníficamente, sorteando con bravura las difíciles partituras. Hagith conmovió con sus tintes épicos y el muy buen desempeño del director de escena y vestuario Michal Znaniecki. Tanto la soprano Ewa Biegas, en el rol de Hagith, como Enrique Folger personificando al Joven Rey cantaron excelentemente y se lucieron en sus roles. Hans Schöpflin fue un creíble e histriónico Viejo Rey, aunque su voz no tiene demasiado volumen; en tanto Alexander Teliga y Luciano Garay hicieron un muy buen trabajo. Como es costumbre, la labor del Coro Estable del Teatro Colón dirigido por Peter Burian, fue superlativa.

Monday, December 20, 2010

Fidelio di Beethoven - Palacio de Bellas Artes, Città del Messico

Fotos: INBA

Ramón Jacques
Città del Messico. Fidelio di Beethoven. Il Palacio de Bellas Artes, la scena lirica più importante del Messico, ha riaperto le sue porte dopo due anni di chiusura per restauri con il Fidelio di Beethoven, che mancava da questo teatro dal 1983. Con questa riapertura si spera in una più ampia attività che inizierà con Rusalka nei primi mesi del 2011 Per la parte visiva il regista Mauricio García Lozano ha sviluppato i diversi temi della vicenda come la differenza di opinioni e di pensiero, la repressione, l'abuso di potere, il dolore, la libertà con un numeroso gruppo di attori in perpetuo movimento sulla scena, dove si sono trasformati, successivamente, in prigionieri. Tutto ciò, in certo qual modo polemico, con uso di ironie, sarcasmi e con momenti di spietatezza Anche se talvolta, in particolare in relazione alle violenze e alle repressioni dei militari, erano caricate in modo esagerato.

La scenografia, ideata da Jorge Ballina, era ambientata in un'imprecisata modernità, trasportando lo spettatore fino nelle profondità di un'oscura e angosciante prigione sotterranea, per mezzo di una scena che in modo meccanico una sorta di bunker, dal disegno geometrico ed equilibrato. I costumi militari e civili di Jerildy Bosch contribuivano a dare un aspetto umano agli attori e ai cantanti, e la illuminazione di Jesús Hernández, particolarmente nell'ouverture e nel finale riusciva a creare stimolanti immagini per il pubblico. Per quanto riguarda il cast vocale, il soprano russo Elena Nebera, Leonora, ha adattato il suo sonoro e bel timbro scuro alle esigenze del personaggio, con una chiarezza, sicurezza e una bella linea di canto. Il ruolo è stato anche affidato alla voce di Mónica Guillén Chávez, soprano messicana che ha mostrato una voce sfumata, espressiva e calda nell’accento e nella proiezione. Entrambi i cantanti hanno eseguito correttamente la loro parte, senza esagerare il carattere. Come Florestan, il leggendario tenore messicano Francisco Araiza, eminente cantante nato in questo teatro, ha dispiegato la sua grande esperienza per estrarre l'anima del personaggio e cantare la sua difficile aria, con passione. Nel suo canto si poteva percepire l’inconfondibile timbro mozartiano che ha ancora lucentezza e freschezza.

Da parte sua, il basso spagnolo Rubén Amoretti ha dato vita a un Pizarro despota e autoritario, con un'autorevolezza artistica e una vocalità dal timbro vigoroso e robusto. Corretto è stato il tenore Emilio Pons, un Jaquino musicale e Maria Alejandres come Marzelline, un soprano dal timbro brillante e suave, chiarezza nell'emissione e buon disimpegno artistico. A sua volta il basso Guillermo Ruiz (Don Fernando) ha sostenuto una prova non più che discreta per la difficoltà ad udire la sua voce. Il basso-baritono tedesco Carsten Wittmoser è stato un convincente interprete che ha dato nobiltà e umanità al personaggio di Rocco, con un canto e un'interpretazione efficaci. In seguito ad un duro lavoro effettuato sulla partitura si può affermare che l’Orchestra del Teatro Bellas Artes ha suonato meglò che in altre occasioni. L'esuberante orchestrazione è stata messa in risalto con equilibrio da Niksa Bareza: come pure la scelta dei tempi, lenta all'inizio, e con qualche sfasatura, ha suonato molto musicale e gradevole durante il resto della recita. Il coro ha dato un buon apporto alla rappresentazione e il suo livello generale è aumentato dall’arrivo del nuovo direttore catalano Xavier Ribes.

Friday, December 17, 2010

Fidelio de Beethoven en la reapertura del Palacio de Bellas Artes de México

Fotos crédito: INBA - Elena Nebera (Leonore) - Francisco Araiza (Florestan)
Ramón Jacques
Después de dos años de permanecer cerrado por renovaciones, el Palacio de Bellas Artes, el escenario lírico más importante de México reabrió sus puertas y lo hizo con una producción de Fidelio de Beethoven, obra que no había sido representada sobre este escenario desde 1983. Desde el punto de vista escénico, la trama se situó en una época moderna, trasladando al espectador hasta las profundidades de una oscura y sombría prisión subterránea, una especie de búnker de equilibrado diseño y trazos geométricos, ideado por Jorge Ballina. En su dirección escénica, el regista Mauricio García Lozano abordó los diversos temas que comprende esta historia como: la diversidad de pensamiento, la opresión, el abuso de poder, el dolor y la libertad, y lo hizo con un extenso grupo de actores en constante movimiento sobre el escenario, que se convirtieron posteriormente en prisioneros; y mediante el uso de ironías, sarcasmos y por momentos con escenas despiadadas y violentas. Los vestuarios militares y civiles de Jerildy Bosch y la brillante iluminación de Jesús Hernández, particularmente durante la obertura y la escena final, humanizaron a los actores y cantantes y crearon llamativas imágenes para la visión.

En lo vocal, el papel de Leonore fue cantado por la soprano rusa Elena Nebera, quien adaptó su profuso y oscuro timbre a las exigencias del papel, desplegando claridad en su canto, seguridad y una optima línea, tanto para articular el texto como para emitir agudos y pianos. Como Florestan el legendario tenor mexicano Francisco Araiza, eminente cantante surgido de este teatro, mostró su vasta experiencia para sacar adelante su personaje y su difícil aria, desplegando convicción y un canto fresco de inconfundible y grata tonalidad. El bajo-barítono alemán Carsten Wittmoser es un espléndido intérprete que supo conferirle nobleza y señorío al personaje de Rocco, eficaz en su canto y en su línea interpretativa. Por su parte, el bajo barítono Rubén Amoretti creó un autoritario y déspota Pizarro, con aplomo artístico y notable calidad vocal de vigoroso y robusto timbre. El tenor Emilio Pons, interpretó su papel de Jaquino con musicalidad y solvencia artística. Correctos estuvieron los demás cantantes del elenco. Destacado fue el aporte y la participación del coro, bajo la segura mano de su director Xavier Ribes. La exuberante orquestación fue resaltada con entusiasmo y equilibrio por el director Niksa Bareza, cuya elección de tiempos fue lenta al inicio, pero intensa y lucida el resto de la función.