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Wednesday, April 13, 2016

Don Giovanni en el Teatro Colón de Buenos Aires

Foto: Parpagnoli / Colombaroli – Teatro Colón de Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 05/04/2016. Teatro Colón. Wolfgang Amadeus Mozart: Don Giovanni. Dramma giocoso en dos actos. Libreto de Lorenzo da Ponte. Emilio Sagi, dirección escénica. Daniel Bianco, escenografía. Renata Schussheim, vestuario. José Luis Fiorruccio, iluminación. Erwin Schrott (Don Giovanni), Sim{on Orfila (Leporello), María Bayo (Donna Elvira), Paula Almerares (Donna Anna), Jonathan Boyd (Don Ottavio), Lucas Debevec Mayer (Il Commendatore), Jaquelina Liviari (Zerlina), Mario De Salvo (Masetto). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Marc Piollet.

Un excelente protagonista, un elenco irregular, una escenografía suntuosa pero por única fatalmente aburrida, una puesta tradicional sin matices y una buena prestación orquestal enmarcaron un correcto Don Giovanni que inició las funciones líricas de abono de esta Temporada 2016 del Teatro Colón. Erwin Schrott compuso un Don Giovanni compenetrado y profundo. Ya son conocidas en el mundo sus dotes actorales y su voz potente de excelente proyección. Schrott le da a cada expresión el sentido perfecto en fraseo e intencionalidad. Su interpretación revela palmariamente porqué es hoy uno de los mejores intérpretes de ese rol de la actualidad. A su lado Simón Orfila como Leporello no desentonó y si bien no está en el mismo nivel que Schrott fue un eficaz y digno criado del burlador de Sevilla. Tanto en lo actoral como en lo vocal ambos se amalgamaron perfectamente para ser lo mejor de la noche. En el otro extremo la Doña Elvira de María Bayo sólo mostró parte de su gloria pasada. La soprano española es una cantante experimentada y de calidad pero fuera totalmente del rol. Tampoco la local Paula Almerares fue una Doña Ana para recordar. Con emisión oscilante, su pasión y su entrega no bastaron para insuflar verdadera calidad al rol. Jaquelina Livieri fue una Zerlina de brillante línea vocal, a su lado Mario De Salvo fue un Masetto de perfectos acentos. 
Sólo correcto el Don Octavio de Jonathan Boyd y adecuado Lucas Debevec Mayer como el Comendador, así como el Coro Estable. Emilio Sagi en la dirección escénica efectuó un trabajo tradicional y rutinario. Todas sus ideas parecieron terminarse en el cambio de época -la acción se situó entre los años ’30 y ’50 del siglo XX- y en algunos pocos gestos teatrales. Daniel Bianco efectuó un boceto escenográfico igual para toda la obra. Un gran marco dorado que encierra la escena como un cuadro y por dentro un espacio monumental en color bronce y madera que siempre parece ser un mismo interior. La rutinaria iluminación de José Luis Fiorruccio poco aportó y el vestuario firmado por Renata Schussheim lució razonable para el concepto de la puesta. Marc Piollet condujo una pulcra versión de adecuados planos sonoros pero sin mayor brillo o vuelo.

Tuesday, July 7, 2015

La Voz Humana en el Teatro Solís de Montevideo

Foto: Castagnello / Teatro Solís de Montevideo

Carlos Rosas Torres. 

La temporada 2015 de ópera del Teatro Solís de Montevideo dio inicio con una original representación del extenuante monologo escrito por Jean Cocteau y musicalizado por Francis Poulenc “La Voz Humana” La producción junto a dos agrupación residentes del teatro como son la Filarmónica de Montevideo y la Comedia Nacional, y en la misma noche se pudieron ver tanto la versión teatral como la versión operística de la obra, actuando primero la actriz Cristina Machado y después la soprano española María Bayo, quien repite el papel de Ella, al que ya había dado vida a principios de este año en el Liceu de Barcelona, y el año pasado en los Teatros del Canal de Madrid.  La soprano navarra aportó tensión dramática al papel de la mujer que vive la soledad y desamor, así como un variado manejo de tonalidades y colores en la voz.  Su desempeño dramático fue convincente ya que se trata de una artista que derrocha experiencia y sapiencia sobre la escena, con la que transmitió los estados de ánimo por los que atraviesa el personaje como la soledad, la angustia y la desesperación. Un punto de vista diferente, el espejo de una misma realidad por la que atraviesa la misma mujer, quizás su “alter ego teatral” fue lo que se vio en la primera parte de la función con la sensibilidad y la naturalidad de la actriz de la comedia nacional.  La dirección escénica en esta velada corrió a cargo de Margarito Musto.  El sobrio pero bien iluminado marco con un escenario casi vacío, pero pleno de interpretación y talento actoral tuvo apenas una especie de banco en el centro del escenario.  Un ensamble reducido de la Orquesta Filarmónica aportó la musicalidad, así como las notas y compases discordantes que hacen que la tensión y el dramatismo vayan en aumento, pero que crean un fondo sobre el cual se desarrolla el monologo, bajo la segura dirección de Martin Lebel, titular de la orquesta.


Friday, April 24, 2015

María Bayo habla sobre La Voz Humana en Montevideo


Foto: Federico Gutiérrezn
Ignacio Martínez- La Diaria Montevideo

Con La voz humana (1958) la obra del francés Francis Poulenc (1899-1963) que dio inicio la temporada de ópera 2015 del teatro Solís de Montevideo. Se trata de un monólogo -basado en la obra de teatro homónima del también francés Jean Cocteau- en el que una mujer mantiene una última conversación telefónica con su amante, que la abandonó. En la misma noche se presentaron las dos versiones (teatral y operística). La versión teatral fue dirigida por Margarita Musto con tres actrices de la Comedia Nacional en el rol protagónico La soprano que fue la sufrida protagonista en la versión operística -dirigida por Martin Lebel- fue la española Maria Bayo, de vasta trayectoria en el género: interpretó alrededor de 80 personajes de ópera y zarzuela a lo largo de su carrera y obtuvo el Premio Nacional de Música que otorga el gobierno de España en 2009. Entre ensayos y descansos, la soprano conversó con la diaria.
-Va a interpretar La voz humana, una ópera por demás compleja, ya que es un monólogo de 40 minutos, que implica el esfuerzo de cantar todo el tiempo.
-Es una obra, como bien dices, complicada y compleja. Porque no solamente se necesita la voz, sino la parte actoral muy marcada. Y, por supuesto, sentir que hay otro interlocutor. Todo eso implica estar 40 minutos tú sola encima del escenario, con una orquesta, y con unas tonalidades que tampoco son fáciles. Implica que hay que trabajar mucho la obra, pero hay momentos en tu carrera en los que puedes abordar ciertas obras, porque tienes esa madurez, o esa altura para poder abordarlas.
-Al ser un monólogo y a su vez una conversación telefónica, el espectador tiene que imaginar lo que sucede del otro lado de la línea.
-Ésa es la maravilla de esta obra, que el espectador puede imaginar todo lo que quiera, porque puede ser el interlocutor, la persona que está ahí respondiendo a toda esa evolución de sentimientos, a toda esa carga de sentimientos humanos. Cuando hay una ruptura, todo el mundo se puede sentir muy implicado y completamente reflejado.
-La obra es contemporánea, y su temática también.
-La temática sigue siendo actual, ésa es la maravilla de Cocteau y Poulenc. Fíjate, se estrenó en 1958, han pasado 57 años, y todavía es algo que se vive. Porque el sentimiento humano de la ruptura no ha cambiado tanto. Quizá en esta obra se ve más a la mujer sumisa, que ahora podría no serlo tanto; pero, de todas formas, hay una modernidad muy fuerte allí, y sobre todo en el final, que queda abierto. Quiero decir, Ella [el personaje de la mujer] rompe, pero no rompe con su vida, porque hay finales que son muy trágicos, y se piensa que se va a matar. Pero el autor no lo pone en ningún sitio, ni en el monólogo escrito ni en la ópera; se deja abierto.
-La obra tiene unas inflexiones modales y progresiones armónicas bastante alternativas, por llamarlas de alguna manera...
-Costó mucho trabajar a Poulenc. Es un mundo armónico diferente. Lo más difícil de esta obra es, como dices, mantener esa tensión durante todo ese largo tiempo, aparte de que tonalmente no sea fácil. Yo la veo muy bipolar a Ella. La obra tiene una estética que, en ese tiempo, en 1958, es de [Alfred] Hitchcock. Esa tensión; hay momentos en los que te suenan los films: “Qué va a venir, qué va a venir”. Eso no pasa con [Claude] Debussy, por ejemplo, que es otra cosa.

-En efecto, Poulenc formaba parte del grupo llamado Les Six (los seis), que estaba en contra del estilo de Debussy.
-Sí, es otra estética completamente diferente: el impresionismo.

-La ópera contemporánea, es decir, la del siglo XX, parece que se deja bastante al margen en el repertorio habitual: hay omnipresencia de Mozart, Verdi, Rossini, etcétera; o sea, siglo XVIII y XIX.
-Ésta es una ópera en la que hay momentos muy cantados y momentos efectivamente muy teatrales a la hora de decir el texto, pero hay una armonía, una armadura. Lo que no puedo concebir en las óperas del siglo XX es que sean solamente sonidos para aquí y para allá, que no tengan ningún sentir. Ahora se escuchan cosas que para mí no tienen sentido.
-¿El espectáculo que se presenta hoy en el teatro Solís es el mismo que se realizaba en España?
-No, es un mix, porque no se podía traer toda la producción. Una característica especial es que la orquesta está arriba, no abajo; eso ayuda a que musicalmente atraiga más, porque envuelve mucho más. Se hizo unmix porque no se podía cambiar todo. La escenografía es diferente; parece ser que era muy costoso traerla desde allá. Como siempre, pasar este charco grande es costoso. Aquí va a ser otra cosa, porque la voz va a ser en uruguayo. Y el texto de Cocteau, que lo interpreta una actriz, se va a intercambiar en ciertos momentos con la orquesta, y yo también salgo en algunos momentos de esa actuación.
-Usted, como cantante de ópera, obviamente maneja sobremanera la técnica vocal; ¿no le parece que en la música popular a veces se confunde cantar con hablar entonando?
-Hay una confusión enorme, hay gente que habla, que no canta. Cuando oyes todo este tipo de programas de canto, desafinan. La gente que canta verdaderamente bien tiene una técnica de canto, quizá no de la forma tan clásica como la nuestra, pero sí tiene una técnica de canto, de emisión de voz, de aire, de respiración; luego la adapta a su género.

-¿Por qué cree que la juventud no se acerca a la ópera?
-No se acerca por prejuicios, porque piensan que se van a aburrir, y porque los medios de comunicación tampoco ayudan demasiado a acercarse a la ópera. Tú oyes la radio y no oyes música clásica en ningún lado; tienes que irte a una emisora muy específica para escuchar música clásica, mientras que la música popular está ahí, perenne, todo el día. Hay que ayudar al nuevo espectador, que está habituado a ver cosas modernas -con pantallas, porque hoy en día todo el arte es muy visual-, y adaptarlo a la ópera también, para que pueda haber un acercamiento de todo ese público. Cuando se ha hecho una cosa bien y cuando hay una música maravillosa como la de Poulenc, no te puedes aburrir, es imposible.
-¿No cree que en la educación formal falta formación musical?
-Falta la base de la escuela, de educar a la gente a escuchar eso. Por eso, también luego se forma ese elitismo, porque las artes se tienen que formar desde la escuela, desde abajo, para que todo el mundo tenga acceso a ello. Debería ser parte de la educación. Aparte de que la música, o el arte en general -ya sea las artes plásticas, teatrales, etcétera-, aporta luego a tu crecimiento individual. Deberíamos tenerlo más en cuenta, pero los políticos a veces no lo tienen en cuenta, porque les parece que somos saltimbanquis, que esto no sirve para nada. Pero sí sirve, para formar al individuo de otra forma, con unas ciertas sensibilidades. Creo que si educáramos en las artes tendríamos individuos mucho más sensibles a otras cosas, y si la gente tuviese otra sensibilidad, pasarían menos cosas de las que están pasando hoy en día.
-¿Cómo está en España el apoyo del Estado a la cultura?
-Oh, está fatal. En estos momentos es terrible. Nos subieron el IVA al veinte y tanto por ciento, y parece que no lo quieren bajar, y estos espectáculos se han resentido muchísimo. La gente está muy poco motivada para ir, porque cuesta muchísimo. Se quiere hacer la ley de mecenazgo y no aparece. Si el Estado no te sostiene, por lo menos hay que dar facilidad para que haya unos mecenazgos que te puedan sostener, como en Estados Unidos. Realmente es una pena, porque hemos tenido un resurgimiento importante de las artes: se ha formado gente en los conservatorios, en la música, se han formado orquestas durante casi 25 años, y, de pronto, en estos cinco años que llevamos de crisis cayó muchísimo aquello que se formó.
-Es que en toda crisis lo primero que recortan es...
-La cultura.

Sunday, January 2, 2011

PERFUME HISPANOAMERICANO Y NOSTALGIA DE ANTONIO GADES EN LA GALA DE FIN DE AÑO EN EL TEATRO REAL

Foto: Javier del Real/ Teatro Real

Alicia Perris

31 de enero de 2010. María Bayo: soprano. Ismael Jordi: tenor. Luz Casal: cantante. Cañizares: guitarra. Aída Gómez y Christian Lozano: bailaores. Compañía Antonio Gades. Director artístico: Emilio Sagi. Coro y Orquesta del Teatro Real de Madrid. Director. Alejo Pérez.

Muy lejos de la obra de la familia Strauss, Josef Lanner o Liszt, de quien en 2011 se recuerda el bicentenario del nacimiento, a años luz de la función de Welser-Möst de la Filarmónica de Viena, que llevó a cabo, como cada 1 de enero su concierto tradicional en la ciudad del Danubio, el Teatro Real de Madrid dibujó un giro copernicano en su repertorio habitual y decidió despedir el año con una propuesta heterogénea y nada previsible. El coliseo que dirige Gerard Mortier inauguró la velada con la Cuban Overture de George Gershwin (1898-1937), bajo la batuta del argentino Alejo Pérez. Mientras la música imponía un tono desenfadado y festivo que se prolongaría toda la noche, se proyectaba una película con escenas de Cuba. A continuación, la soprano María Bayo y el coro ofrecieron “¡Sí, yo soy Cecilia Valdés!”, de Gonzalo Roig (1890-1970). La cantante no convenció y no consiguió la rotundidad y la soltura vocal y escénica que requería la partitura. Lo mismo le sucedería más adelante, con el couplé de La corte de Faraón: “Son las mujeres de Babilonia”. El tenor Ismael Jordi cumplió con creces su romanza de la Chulapona de Federico Moreno Torroba, “Tienes razón, amigo…Noche madrileña” y volvió a sorprender agradablemente en el dúo con María Bayo de Doña Francisquita de Amadeo Vives (1871-1932), “¡Le van a oír!¡Cállese usted, imprudente!”. Luz Casal, envuelta en un vestido blanco que la hacía más frágil y etérea si cabe, realizó una versión conmovedora en lo escénico del “Piensa en mí”, de Agustín Lara, mientras que el guitarrista y compositor Cañizares dio una lección de maestría con su conjunto en la Balada y la Rumba Lluvia de Cometas. Lo suyo fue esta noche inspiración y deslumbramiento. Aída Gómez y Christian Lozano bailaron con gusto y garra y la Compañía Antonio Gades relumbró con el fulgor que nos liga a la nostalgia por el recuerdo del bailarín alicantino desaparecido. El Teatro ofreció también dos publicaciones sobre el coreógrafo, una en formato pequeño “Antonio Gades, 1936-2011, un legado universal” y un libro primorosamente editado con la colaboración de instituciones de Getafe, “Antonio Gades. “Viento del pueblo”, by Antoni Miró”, de Carles Cortés. Una velada muy hispana la que propuso el Teatro Real para finalizar el año, mezcla de flamenco, zarzuela, canción popular y danza. Alejado de lo meramente académico, el espectáculo fue retransmitido en directo por el canal cultural de la cadena franco-alemana Arte y repetido en diferido por Televisión Española, el 6 de enero. Una oportunidad única que enlaza con la voluntad de afianzar también lo propio y las producciones españolas por parte de los responsables del Teatro, estrategia que comenzó esta temporada con el montaje de “Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny” de Kurt Weill, escenificada por La Fura dels Baus. Coincidiendo con el nuevo proyecto teatral del Real, el presidente del patronato, Gregorio Marañón y Bertrán de Lys, anunció que “Vargas Llosa presidirá un consejo artístico en el Teatro Real” y que dos nuevos consejos estarán presentes a partir de enero, uno económico y otro artístico. Con comentarios que inciden en la financiación y organización del buque insignia de la capital, Gregorio Marañón intenta rediseñar la percepción que se tiene de la institución que preside, inspirando solidez y confianza en una época señalada por la crisis y por la inestabilidad en los proyectos artísticos, sometidos a una gran volatilidad, por los condicionamientos y las incidencias económicos. Sin embargo y a pesar de las contingencias pasajeras, da la sensación de que la constelación de Gerard Mortier está definitivamente en marcha.