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Wednesday, September 28, 2011

Los actos de la Reinauguración de la Casa Puccini de Lucca

Fotos: Gentileza: Fondazione Giacomo Puccini (Lucca). Crédito Fotográfico: Foto Alcide. (Prohibida su reproducción).

Gustavo Gabriel Otero

Finalmente se reabrió al público la Casa Natal de Giacomo Puccini en la ciudad de Lucca, luego de décadas de conflictos y años de permanecer cerrada, merced al esfuerzo de las autoridades de esa comunidad, la sinergía de diversas instituciones, el aporte principal de la Fondazione Cassa di Risparmio de Lucca y la gestión de la Fondazione Giacomo Puccini.

Michele Campanella y el piano de Puccini

Los distintos festejos comenzaron el sábado 10 de septiembre con un concierto del maestro Bruno Campanella utilizando el piano Steinway & Sons de Puccini que fue restaurado y puesto en valor especialmente para la ocasión. El piano fue adquirido por Puccini en la primavera europea de 1901 y destinado a la casa que el Maestro utilizaba en Milán. En 1921 el piano fue trasportado a la nueva casa de Viareggio y con certeza utilizado para la composición de Turandot.
Para esta ocasión, en la cual los sonidos del piano de Puccini serían escuchados por primera vez desde su muerte, el maestro Campanella eligió un programa con música contemporánea al compositor de Lucca y que representara a las escuelas rusa, alemana y francesa tan bien conocidas y estudiadas por el antiguo dueño del piano. Así desfilaron composiciones de Claude Debussy, César Frank y Piotr Tchaicovsky, para concluir la escena de la Muerte de Isolda de Wagner en la trascripción pianística de Franz Lizst. Michele Campanella con mano segura, musicalidad distinguida y perfecto estilo encaró las composiciones. Fuera de programa no podía faltar la música del homenajeado y con el cálido y aterciopelado sonido del piano de Puccini, Campanella arremetió con las últimas notas compuestas por el maestro toscano de Turandot, o sea los instantes posteriores a la muerte de Liu. La emoción se apoderó de los presentes y más cuando en las interesantes y cálidas ambientaciones visuales y lumínicas de Alessandro Sesti apareció la foto de Puccini en el mismo piano que Campanella estaba utilizando para hacer escuchar las últimas notas salidas de la pluma del Maestro.

Maria Luigia Borsi canta Puccini

La noche del domingo 11 de septiembre fue el turno de la soprano italiana Maria Luigia Borsi y su espectáculo con fantasías sobre cuatro óperas de Puccini para recitante, piano, violín y soprano solista.
Como la noche anterior la función comenzó con la proyección del cortometraje ‘The great Musicien Giacomo Puccini’ filmado en 1924 donde se ve al Maestro en variadas circunstancias pero, especialmente, tocando con energía el mismo piano que se utilizaba en estos conciertos. Con gran habilidad el pianista Aldo Gentilischi y el violinista Brad Repp con la asistencia de Bruno Canino armaron estas fantasías sobre temas de La Rondine, La Bohème, La Fanciulla del West y Madama Butterfly de Giacomo Puccini intercalando momentos solistas de las sopranos con diversos momentos de las obras y en algunos casos con canciones cuyas melodías fueron utilizadas posteriormente para alguna de las óperas. Todas se inician con un breve texto que recitó Rick Hutton y duran entre 15 y 18 minutos cada una. El armando de las fantasías es coherente y el protagonismo de la melodía a cargo del violín casi excluyente. Aquí se lució el violinista Brad Repp, muy bien acompañado al piano por Aldo Gentileschi. María Luigia Borsi mostró compenetración vocal en cada uno de los personajes. Un poco fría para la Magda de La Rondine, asentada en La Bohème y convincente en Minnie de Fanciulla, asombró por su entrega en Madama Butterfly. Su voz es grande y potente, sus graves razonables, su línea buena y sus agudos, salvo alguno un poco ácido, convincentes. Fuera de programa la soprano ofreció la pequeña canción ‘Casa mia’ en homenaje a la reapertura de la casa Natal de Puccini -como lo expresó- y ‘O mio babbino caro’ de Gianni Schicchi. Aldo Gentileschi tocó ‘foglio d’album’ pieza para piano atribuida a Puccini y de la cual se duda sobre su autenticidad; para concluir ambos con la última aria escrita por Puccini ‘Tu che di gel sei cinta’ del personaje de Liu de Turandot.

Reinauguración y Concierto para Banda

Pero el festejo principal se realizó el martes 13 de septiembre con dos actos: un concierto de la Filarmónica ‘Gaetano Luporini’ con la dirección de Giampaolo Lazzeri en la Piazza Cittadella con obras de Puccini en arreglo para banda sinfónica y la inauguración propiamente dicha con los discursos de las autoridades, la presentación del Museo a cargo de la directora de la Fondazione Puccini, profesora Gabriella Biagi Ravenni, las introducciones a cargo de la Asesora para la Cultura de la Comuna de Lucca, Letizia Bandoni, y el tradicional corte de cintas.
Antes y después del acto formal actuó la Filarmónica Gaetano Luporini bajo la batuta de Giampaolo Lazzeri, así pasaron la marcha de concierto Scossa elettrica, la marcha de ordenanza Corazzata Sicilia -con temas de La Bohème- y los arreglos del Intermezzo de Manon Lescaut, del Preludio del acto III de Edgar, el Capriccio Sinfonico, del Te Deum de Tosca y la versión musical del ‘Nessun dorma’ de Turandot, todos en arreglo para banda de Massino Picchioni y Giampaolo Lazzeri. El maestro Lazzeri y sus músicos dieron lo mejor de sí mismos para dignificar y elevar el momento musical ante los inclementes 34 grados y el pleno sol que azotaban las cabezas de los profesores de la Filarmónica, de los políticos, de los invitados especiales y del numerosísimo público presente. El Museo Casa Natal de Giacomo Puccini queda en Corte San Lorenzo 8 esquina Via di Poggio junto a la Plaza Citadella de Lucca y se puede visitar de 11 a 17 de noviembre a marzo y de 10 a 18 de abril a octubre. Cerrará los martes y la primera impresión que se tiene es de un museo moderno, cálido, acogedor y emocionante.

Wednesday, January 12, 2011

Franz Liszt en el Parco della Musica de Roma con el pianista Michele Campanella

Foto: Michele Campanella (pianista) Accademia Nazionale di Santa Cecilia

Massimo Viazzo

Michele Campanella es el pianista italiano que más veces ha frecuentado el repertorio de Liszt en los últimos cuarenta años. Escuchándolo aquí en Roma en un recital monográfico con el que se iniciaron las celebraciones por el bicentenario del nacimiento del músico húngaro, se tuvo una ulterior confirmación del extraordinario valor de la obra de un compositor que frecuentemente ha sido etiquetado (y maltratado) como un vació y acrobático virtuoso. En su conspicuo catalogo ¡como hay sustancia con música de tan alto nivel! y depende naturalmente del interprete hacerla emerger de la mejor manera. Campanella ideó una primera parte del concierto marcada con obras compuestas principalmente en los últimos años de la vida de Franz Liszt, que son armónicamente modernísimas, casi aforísticas a nivel temático, y mas aun, que crean un puente hacia el siglo veinte. El pianista napolitano afrontó estas obras con elegancia de extrema y refinada dinámica y timbrica, proyectándolas casi fuera de su propio tiempo, en un logrado esfuerzo con el que evidenció las cualidades puramente musicales. No hubo tendencia a delinear o esbozar, tampoco después del intervalo, con un Deuxième Livre de los “Années de Pelerinage” concebido como un ciclo, y que fue interpretado sin soluciones de continuidad, a pesar de que el maléfico sonido de un celular interrumpió la concentración del pianista y lo puso un poco nervioso antes de su ejecución de la última pieza. La expresividad exhibida, siempre sobria y sentida, estuvo a la par de su rara capacidad para cincelar una frase y de saborear las notas de un arpegio, todo con una gestualidad más pronunciada como en la última pieza del compendio, que fue una Aprés une lecture de Dante tan furibunda e impetuosa. Una maratónica monstre estuvo prevista para el día siguiente con la ejecución integral de las Sinfonías de Beethoven en la trascendental transcripción pianística de Liszt (la Novena en la versión para dos pianos). Michele Campanella hizo los honores de casa contando anécdotas curiosas sobre episodios ligados a la estadía romana de Liszt, mientras que los valientes pianistas se alternaban en el teclado transformado para la ocasión en una verdadera y efectiva orquesta (pero la extraordinaria genialidad de Franz Liszt fue la de haber sabido transformar de manera camaleónica a la ¡orquesta en un piano!). Se puede mencionar el refinamiento de Monica Leone, la fuerza muscular de Massimiliano Damerini, la energía de Francesco Libetta (invitado de último momento por la incomprensible renuncia de un colega, criticada por el propio Campanella), la sensibilidad de Roberto Plano, como también la granítica y áspera Quinta de Massimo Giuseppe Bianchi, así como la terrena y gallarda Pastoral de Fedele Antonicelli. Pero el momento mas esperado fue indudablemente el final ligado a la ejecución de la Novena por parte del histórico dúo pianístico conformado por Bruno Canino y por Antonio Ballista, quienes evidentemente no desilusionaron las expectativas, aunque alguna prudencia (por ejemplo, el Scherzo tuvo un desarrollo moderadamente cómodo) y cierto rigor y equilibrio de impostación limitaron un poco la carga propulsiva. Sin embargo, los dos pianistas exhibieron una excelente y formal determinación y una apasionante capacidad dialógica.

Tuesday, January 11, 2011

Michelle Campanella - Franz Liszt al Parco della Musica di Roma

Foto: Michele Campanella (pianoforte) - Accademia Nazionale di Santa Cecilia.

Massimo Viazzo

Michele Campanella è il pianista italiano a più alta frequentazione lisztiana degli ultimi quarant’anni. Ascoltandolo qui a Roma nel recital monografico che ha aperto le celebrazioni per il bicentenario della nascita del musicista ungherese, si è avuta l’ulteriore conferma dello straordinario valore dell’opera di un compositore che spesso è stato etichettato (e bistrattato) solo come vacuo virtuoso funambolico. Nel suo cospicuo catalogo di sostanza ce n’è, eccome! Sta all’interprete, naturalmente, farla emergere al meglio. Campanella ha ideato una prima parte di concerto improntata su lavori composti principalmente negli ultimi anni della vita di Franz Liszt, modernissimi armonicamente, quasi aforistici a livello tematico, che gettano un ponte addirittura verso il Novecento. Il pianista napoletano li ha affrontati con eleganza ed estrema rifinitura dinamica e timbrica, proiettandoli quasi fuori dal loro tempo, in un tentativo, riuscito, di palesarne le qualità prettamente musicali. Niente bozzettismo nemmeno dopo l’intervallo, con un Deuxième Livre dagli “Années de Pelerinage” concepito a ciclo, ed eseguito senza soluzione di continuità, nonostante il trillo malefico di un cellulare abbia interrotto la concentrazione prima dell’attacco dell’ultimo brano facendo innervosire non poco il pianista campano. L’espressività mai esibita, sobria e sentita, andava di pari passo con la rara capacità di cesellare una frase o di assaporare le note di un arpeggio, il tutto con una gestualità più pronunciata soltanto nell’ultimo brano della raccolta, una Aprés une lecture de Dante così furibonda e rapinosa. Maratona monstre quella prevista il giorno seguente con l’esecuzione integrale delle Sinfonie beethoveniane nella trascendentale trascrizione pianistica lisztiana (la Nona nella versione per due pianoforti). Michele Campanella ha fatto gli onori di casa raccontando aneddoti curiosi ed episodi legati al soggiorno romano di Liszt, mentre i valorosi pianisti si alternavano alla tastiera trasformata per l’occasione in una vera e propria orchestra (ma la straordinaria genialità di Franz Liszt è quella di aver saputo ritrasformare, camaleonticamente, l’orchestra in un pianoforte!). Potrei ricordare le raffinatezze di Monica Leone, i muscoli di Massimiliano Damerini, l’energia di Francesco Libetta (cooptato all’ultimo momento per la rinuncia incomprensibile di un collega, stigmatizzata dallo stesso Campanella), la sensibilità di Roberto Plano, ma anche la Quinta granitica e ruvida di Massimo Giuseppe Bianchi e la Pastorale terrena e gagliarda di Fedele Antonicelli, ma il momento più atteso restava indubbiamente quello conclusivo legato all’esecuzione della Nona da parte dello storico duo pianistico formato da Bruno Canino e da Antonio Ballista che, certo, non ha deluso le aspettative, anche se forse qualche prudenza (lo Scherzo aveva un andamento moderatamente comodo, ad esempio) e un certo rigore ed equilibrio di impostazione ne ha limitato un po’ la carica propulsiva. I due pianisti hanno comunque esibito un’eccellente saldezza formale e una capacità dialogica avvincente.