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Friday, November 27, 2009

Tamerlano: opera di Händel - Los Angeles Opera

Foto: Placido Domingo; Sarah Coburn; Jennifer Holloway; Ryan McKinny. © Robert Millard

Ramón Jacques

Nel Tamerlano, composto da Händel nel 1724, ci imbattiamo in Bajazet uno dei primi importanti ruoli tenorili della storia dell’opera. Il carattere e la forza di questo personaggio, come pure la sua ampia linea vocale e l’espressività unite alla straordinaria potenza della scena finale – curiosamente molto simile a quella dell’Otello verdiano – devono aver colpito profondamente Placido Domingo tanto da convincerlo ad affrontare anche il genere barocco. L’unica sua esperienza in tal senso fu all’inizio della sua carriera quando cantò Hippolyte et Aricie di Rameau al fianco del soprano Beverly Sills all’Opera di Boston. Le prime interpretazioni di Bajazet, suo personaggio n. 124, si sono tenute nel 2008 al Teatro Real di Madrid e alla Washington National Opera (che insieme alla Los Ángeles Opera lo vede come direttore generale). La presenza di Domingo ha destato naturalmente attenzione ed interesse e il suo disimpegno scenico è stato pienamente convincente e molto commovente. Domingo ha vissuto il ruolo paterno di Bajazet con grande ardore nell’emissione di ogni frase e di ogni parola. La sua linea di canto è risultata corretta, di buona proiezione, ed elegante nel fraseggio e nella dizione. Ma ormai si entra nell’aneddotica, nella storia. L’esecuzione musicale dell’orchestra diretta da William Lacey è stata molto apprezzata. Con meno musicisti del solito e l’uso degli strumenti originali si è potuta ascoltare la tinta drammatica e la tensione che emerge dal libretto in qualche aria e negli ampi recitativi accompagnati. Al contrario si è sentito un suono piacevole e compatto, molto dinamico ed emozionante nella conduzione della melodia. Il controtenore Bejun Mehta ha interpretato con autorevolezza il ruolo di Tamerlano suscitando insospettabili reazioni emotive in ogni sua aria, arie che ha cantato con un uso virtuosistico, pirotecnico della voce, un timbro caldo, omogeneo e comunicativo. Sarah Coburn, soprano lirico di voce leggera e trasparente, ha creato una Asteria sentimentale e fragile. A sua volta, il mezzosoprano irlandese Patricia Bardon ha dispiegato una voce sontuosa di timbro scuro e agilissima, in grado di gestire al meglio le ornamentazioni della sua scrittura vocale. Jennifer Holloway, unica solista che accompagnava Domingo già nella prima produzione a Madrid e a Washington, è stata una raffinata e squisita Irene sia dal ounto di vista scenico che vocalmente. Il basso baritono Ryan McKinny ha sostenuto la parte del gentile Leone con mezzi adeguati. Le scenografie sono state create da David Zinn e la messa in scena è stata diretta da Chas Rader-Shieber, specialista del barocco in America, che ha attualizzato la trama, ambientandola nell’atmosfera intima di un salotto, con pochi elementi, e costumi eleganti neri, come ad esempio l’abito militare delle guardie, che contrastava con i costumi di origine turco-ottomano di Bajazet e di sua figlia Asteria.

Monday, November 23, 2009

Tamerlano - Los Angeles Opera

Foto: Placido Domingo (Bajazet); Bejun Mehta (Tamerlano) Sarah Coburn (Asteria); Patricia Bardon (Andronico).
Crédito: Robert Millard
Ramón Jacques
Tamerlano opera compuesta por Händel en 1724, contiene el personaje de Bajazet, que es señalado como uno de los primeros papeles operísticos importantes escritos para la voz de tenor. Fue el carácter y la fuerza de este personaje, así como sus largas líneas vocales, su expresividad, y su escena final de muerte – curiosamente de gran similitud con la de Otello de Verdi- lo que atrajo a Placido Domingo a abordar el género barroco en esta instancia de su carrera.
Su única experiencia en este repertorio fue en los inicios de su carrera cuando cantó Hippolyte et Aricie de Rameau, al lado de la soprano Beverly Sills, en la Opera de Boston. Las primeras interpretaciones de Bajazet, su personaje numero 124, ocurrieron en el 2008 en el Teatro Real de Madrid y en la Washington National Opera, teatro del que al igual que la Los Ángeles Opera, funge como director general. La presencia de Domingo generó atracción e interés, y su desempeño escénico convenció y conmovió plenamente, ya que en escena encarnó la figura paterna ideal, y vivió su papel con brío y ardor en la emisión de cada frase y palabra. Su línea de cantó fue correcta, de buena proyección, y elegante en el fraseo y en la dicción. Aquí convendría además, resaltar el valor anecdótico e histórico que contienen estas representaciones.
La ejecución musical de la orquesta bajo la batuta del William Lacey fue grata. Con menos integrantes de lo habitual y el uso de instrumentos originales, se escuchó la tinta dramática y la tensión que indica el libreto en algunas arias y en los largos recitativos acompañados. En contraste, se escuchó un deleitable y compacto sonido, muy dinámico y fascinante en lo melódico. El contratenor Bejun Mehta, actuó con autoridad el papel de Tamerlano y suscitó inesperadas reacciones de emoción y efusión en cada una de sus arias, que cantó con virtuoso pirotécnico manejo de la voz, y un timbre calido, homogéneo y comunicativo. Sarah Coburn, soprano lírica de voz ligera y transparente, bordó una sentimental y frágil Asteria. A su vez, la mezzosoprano irlandesa Patricia Bardon desplegó una suntuosa voz de tono oscuro con agilidad y rapidez para maniobrar las ornamentaciones de su escritura vocal, pero a su actuación del papel de Andronico le faltó más pasión y vida. La mezzo soprano Jennnifer Holloway, única solista que acompañó a Domingo en Tamerlano de Madrid y Washington, fue una refinada y exquisita Irene tanto en la parte vocal como en la actoral. El bajo-barítono Ryan McKinny, tuvo una correcta prestación como el apacible Leonore, con adecuados medios vocales. Las escenografías fueron creadas por David Zinn y la puesta fue dirigida por el regista Chas Rader-Shieber, especialista en barroco en America, quienes situaron la obra en un tiempo actual en el ambiente íntimo de un salón, con pocos elementos, y elegantes vestuarios en negro, como los atuendos militares de los guardias, que contrastaron con los vestuarios de origen turco-otomano de Bajazet y su hija Asteria.