miércoles, 15 de enero de 2014

La Flauta Mágica en Turín

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio 

Renzo Bellardone

La grandiosidad de la producción escénica de  Roberto Andò estuvo en delinear la simplicidad narrativa que exaltó lo mágico y lo fantástico. La puesta estuvo libre de clamorosos cambios (más limpias y agradables estuvieron las escenas de Giovanni Carluccio las luces y con las cuales alternó los matices con la vivacidad y la magia) evitando también cambios repentinos de vestuarios los vestuarios que estuvieron en línea con el espíritu del intenso montaje. La línea de las ideas cargadas de acción escénica, permitieron vivir la narración musical con relajada y envolvente participación. Al comienzo de la obra, un gran círculo fue un símbolo y una presencia que enmarcó y se definió con su propia perfección geométrica, y en el transcurso de la representación los símbolos del antiguo Egipto revaloraron la ambientación. En el podio Christian Arming se valió de la gestualidad de sus manos sin baqueta, supo obtener atmosferas mágicas con sugestiva luminosidad y recónditos susurros en una dirección fiel, atenta y participativa.  A pesar de una indisposición anunciada Toni Bardon mantuvo el gusto durante toda la opera realizando un Tamino no decididamente luchador. Ekaterina Bakanova regaló centellante brillantez y  cuidados tonos a su determinada Pamina. Sarastro tuvo la imponente voz de tono profundo y color oscuro de In-Sung Sim.  La reina de la noche fue interpretada por Christina Poulitsi quien se lanzó con coloraturas definidas y elegantes y mostró una interesante presencia escénica. Las tres damas Talia Or, Alessia Nadin y Eva Vogel con cautivantes y atractivos vestuarios ofrecieron gratos momentos para el oído. Monostatos fue el vivaz e imperioso Alexander Kaimbacher y un joven y atlético Thomas Tatzl interpretó un Papageno con absoluta convicción y por lo tanto convenció. Muy compenetrado con el papel saltó, bailó, corrió y externó una voz de grato y seductor color.  



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