lunes, 30 de marzo de 2015

Il Segreto di Susanna y La Voix Humaine en San Antonio, Texas

Foto: Greg Harrison

Ramón Jacques

Como cierre de su temporada 2015 la Opera San Antonio ofreció una  interesante y satisfactoria cartelera compuesta por Il Segreto di Susanna de Ermano Wolf Ferrari y La Voix Humaine de Francis Poulenc, con la expectativa de contar con la presencia de la soprano Anna Caterina Antonacci, en una rara aparición de la notable soprano en un escenario de ópera estadounidense-Sus próximos compromisos en este país serán en la Opera de San Francisco en junio y julio de este año como Cesira en La Ciociara de Marco Tutino y como Cassandre en Les Troyens de Berlioz- Este díptico, cómico-trágico, que fue un éxito para la artista en la Opéra-Comique de Paris en el 2013, es un proyecto digno de reconocimiento para un teatro de ópera que privilegió, antes que otra cosa, la parte artística y musical. Para apreciar el detallado trabajo actoral y dotar la escena de un carácter más personal e íntimo, la función se realizó en el Studio del Tobin Center, un espacio ideal por sus reducidas dimensiones y capacidad. Visualmente sencilla y elegante estuvo la escenografía, en perspectiva, del salón de una casa, así como los refinados vestuarios de estilo antiguo. Desde la alegre obertura se pudo intuir la jocosidad contenida en la partitura de Wolf Ferrari, que fue interpretada con temple y balance por músicos de la Sinfónica de San Antonio bajo la conducción del director Andrés Cladera. Aquí, Antonacci deleitó como Susanna con su particular gracia y desenvoltura escénica, y la musicalidad en su canto. El bajo-barítono Wayne Tigges fue un discreto Conte Gil de desmedida fuerza en su canto. En la segunda parte, en el mismo salón, pero con una tina de baño en el centro del escenario, en la oscuridad, y con un teléfono en la mano, apareció Anna Caterina Antonacci para encarnar con magnetismo y seducción al personaje de Ella. La Voix Humaine es una obra que parece adaptarse muy bien a su sensibilidad dramática, y con ella transmitió los estados de ánimo por los que atravesó su personaje, como la angustia y la desesperación. Su canto se beneficio de su notable dicción francesa y de un amplio rango de colores en su timbre. La opera se interpretó con la versión para piano compuesta por el propio Poulenc. Donald Sulzen acarició con su instrumento cada nota y suntuosa melodía de la partitura en un constante intercambio y dialogo con la voz, en un ambiente incomparable. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario