viernes, 12 de mayo de 2017

La Orquesta Barroca de Venecia y Romina Basso en el Mozarteum Argentino – Teatro Colón de Buenos Aires


Gentileza Mozarteum Argentino. Crédito: Liliana Morsia

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Como es habitual en las Temporadas del Mozarteum Argentino, intérpretes y obras no defraudan. En esta ocasión presentó a la Orquesta Barroca de Venecia junto a la cantante italiana Romina Basso en un concierto íntegramente dedicado a Antonio Vivaldi. Normalmente la automatismo ataca cuando se habla de Vivaldi y es dable esperar la inclusión de las rutinarias ‘Cuatro Estaciones’ o algunas de las composiciones más conocidas de il prete rosso. No fue éste el caso ya que con gran tino se programaron dos sinfonías y dos conciertos no demasiado trillados y seis arias pertenecientes a otras tantas de sus óperas, alguna de ellas en evidente estreno local. Sorprendentemente conocida por su denominación en inglés, la Venice Baroque Orchestra, cuenta con trece integrantes que se distribuyen violines, violas, violonchelos y contrabajo de muy adecuado desempeño y un clavecinista de sonoridad escasa, totalizando catorce miembros. Con adecuada sonoridad y perfecto empaste la Orquesta interpretó dos Sinfonías: la RV 146 (en sol mayor) y la RV 157 (en sol menor) ambas para cuerdas y bajo continuo. Tres fueron los Conciertos programados, cada uno para solistas diferentes, el RV 516 para dos violines -actuando como solistas el concertino Gianpiero Zanocco y el guía de segundos violines Giorgio Baldan- quienes demostraron fidelidad expresiva y buen ensamble; el RV 443, que inició la segunda parte, escrito para flauta directa sopranino donde deslumbró la solista Anna Fusek -quien además integra la fila de los primeros violines- por calidad interpretativa, belleza de sonido y perfección estilística; y finalmente el Concierto RV 531 para dos violonchelos donde actuaron como solistas los dos intérpretes de ese instrumento del Ensamble: Massimo Raccanelli Zaborra y Federico Toffano, quienes vertieron la partitura con excelencia.
La orquesta sonó, nuevamente, ensamblada y pareja. Pero el verdadero lujo de la velada lo constituyó la mezzosoprano Romina Basso una de las voces más importantes de la actualidad en el panorama internacional del barroco. Su voz es aterciopelada y robusta con algunas notas que son evidentemente de una verdadera contralto, sus coloraturas son adecuadas, su calidad y seriedad interpretativas lucen sin mácula, y su postura sin divismos conmueve. La elección del repertorio fue sin concesiones y algunas arias fueron, en principio, nuevas para el público de Buenos Aires. Con notable expresión y casi dando cátedra de interpretación la artista nacida en Gorizia acometió en la primera parte con In si torbida procela, de Bajazet (RV 703), Gelido in ogni vena, de Farnace (RV 711) y Rompo i ceppi, de Orlando Furioso (RV 728). Mientras que en la segunda cantó Cor mio che prigion sei, de Atenaide (RV 702), Vedrò con mio diletto, de Giustino (RV 717) la única ópera que recordamos se ofreció completa en Buenos Aires hace unos treinta años; para cerrar con Se lento ancora il fulmine, de la recientemente recuperada Argippo (RV 697). Luego de esta fiesta de administración de las intensidades la artista ofreció, fuera de programa, una conmovedora versión de Lascia ch'io pianga, de la ópera Rinaldo, de Händel.

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