Foto: Teatro Real / Javiér del Real. La acción de la opera se sitúo en una época actual con decorados romanos y egipcios, modernos vestuarios de fiesta, algunos vestidos como romanos, y cajas de seguridad repletas de dinero y oro en el sótano de un casino de Las Vegas, que representaba el palacio de Tetrarca. En una escalera ubicada del lado izquierdo del escenario los personajes subían y bajan constantemente del casino al sótano, mientras unos guardias de seguridad monitoreaban en unas pantallas todo lo que sucedía en la mesas de juego del casino, mientras el personaje de Jochanaan se encontraba preso dentro de una enorme caja fuerte
La idea de Carsen de trasladar la trama a una ciudad desértica, como Las Vegas, donde la gente pretende enriquecerse y al mismo tiempo se divierte, además de contener claras alusiones bíblicas, sirvió como una metáfora para exagerar y dramatizar la actuación de los personajes con la intención de resaltar el carácter de excesos, libertinaje, perversión y decadencia de una sociedad moralmente corrupta, como la que se representa en la historia de esta opera. Incluso el famoso baile de los siete velos, que comenzó como un baile erótico de la protagonista, terminó con un depravado y salvaje baile, con desnudo el desnudo total, de siete personajes masculinos obsesionados y trastornados con Salome.
El papel de Herodias se benefició de la enérgica presencia de la rusa Irina Mishura, mezzosoprano de amplia voz y oscuro timbre, mientras que el tenor Peter Bronder dio vida en escena a un desquiciado y perturbado Herodes, muy acorde con la visión de la regia, aunque en su cantó fue discreto y por momentos escaso en la emisión de la voz. Tanto el tenor Tomislav Mužek, en el papel de Narraboth, como la mezzo soprano Jennifer Holloway, como el paje de Herodias, ambos vestidos como guardias de seguridad, cumplieron íntegramente en cada una de sus intervenciones, como así lo hizo el resto del elenco de artistas y cantantes. 