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Saturday, May 8, 2010

Salome di Richard Strauss - Teatro Real de Madrid

Foto: Teatro Real de Madrid - Javíer del Real

Ramón Jacques

Il Teatro Real di Madrid ha presentato Salome l’opera che ha consacrato Richard Strauss come operista, una tappa importante per un compositore dedito principalmente fino a quel momento al genere del poema sinfonico, e lo ha fatto con la produzione ingegnosa di Robert Carsen, rappresentata un paio di stagioni fa al Teatro Regio di Torino. L’azione si svolge alla nostra epoca, con costumi moderni, richiami scenici romani ed egizi, e cassette di sicurezza piene di soldi e oro situate nel seminterrato di un casinò a Las Vegas che rappresentava il palazzo del Tetrarca.
L’idea di Carsen di trasferire il modello di città nel deserto dove la gente pretende di arricchirsi divertendosi, senza tralasciare le allusioni bibliche, è servita come metafora che amplificava il carattere di eccesso e declino di una società moralmente corrotta, simile a quella della vicenda. Inclusa la famosa Danza dei sette veli, che iniziava con un ballo erotico della protagonista terminando con la danza goffa di sette uomini (spogliati) ossessionati e frastornati da Salome

Vocalmente il ruolo principale è stato interpretato dal soprano svedese Annalena Persson che nonostante una voce ben proiettata, di bel timbro, omogeneo e suadente, non ha saputo evitare momenti di rigidità scenica e carenza di sensualità. Imponente il profeta Jochanaan del basso-baritono americano Mark S. Doss, di opulenti mezzi vocali per una prestazione sicura e convincente. Il ruolo di Herodias ha beneficiato della presenza energica di Irina Mishura, mezzosoprano di voce ampia e timbro scuro, mentre il tenore Peter Bronder ha dato vita ad un Herodes sconvolto e turbato, in completo accordo con la visione registica, anche se la sua emissione è parsa a volte non sufficientemente a fuoco.

Il tenore Tomislav Mužek (Narraboth) e il mezzosoprano Jennifer Holloway (il paggio), entrambi vestiti come guardie della sicurezza, completavano un cast nel complesso affidabile. L’esperto direttore Jesús López Cobos, responsabile dell’Orchestra Sinfonica di Madrid, ha saputo estrarre melodia e musicalità dalla partitura senza perdere di vista la tensione che progredisce incessantemente dalla prima all’ultima nota.

Salome en el Teatro Real de Madrid.

Foto: Teatro Real / Javiér del Real.
Ramón Jacques

El Teatro Real de Madrid presentó Salome, la opera que supuso la consagración de Richard Strauss como operista tras una importante etapa como compositor de poemas sinfónicos, y lo hizo con la ingeniosa producción escénica de Robert Carsen, representada hace un par de temporadas en el Teatro Regio de Turín, Italia.

La acción de la opera se sitúo en una época actual con decorados romanos y egipcios, modernos vestuarios de fiesta, algunos vestidos como romanos, y cajas de seguridad repletas de dinero y oro en el sótano de un casino de Las Vegas, que representaba el palacio de Tetrarca. En una escalera ubicada del lado izquierdo del escenario los personajes subían y bajan constantemente del casino al sótano, mientras unos guardias de seguridad monitoreaban en unas pantallas todo lo que sucedía en la mesas de juego del casino, mientras el personaje de Jochanaan se encontraba preso dentro de una enorme caja fuerte

La idea de Carsen de trasladar la trama a una ciudad desértica, como Las Vegas, donde la gente pretende enriquecerse y al mismo tiempo se divierte, además de contener claras alusiones bíblicas, sirvió como una metáfora para exagerar y dramatizar la actuación de los personajes con la intención de resaltar el carácter de excesos, libertinaje, perversión y decadencia de una sociedad moralmente corrupta, como la que se representa en la historia de esta opera. Incluso el famoso baile de los siete velos, que comenzó como un baile erótico de la protagonista, terminó con un depravado y salvaje baile, con desnudo el desnudo total, de siete personajes masculinos obsesionados y trastornados con Salome.

Vocalmente, el papel principal fue encomendado a la soprano sueca Annalena Persson, de bella apariencia física, quien tuvo un notable desempeño musical: desplegando una briosa y bien proyectada voz de grata, seductora y homogénea tonalidad, pero cuya interpretación sobre la escena fue por momentos rígida y carente de sensualismo, a pesar de la libertades escénicas permitidas por el director. Notable estuvo el bajo-barítono estadounidense Mark S. Doss, quien dio vida a un imponente Jochanaan, por su segura y convincente actuación, y por el despliegue de sus opulentos medios vocales.

El papel de Herodias se benefició de la enérgica presencia de la rusa Irina Mishura, mezzosoprano de amplia voz y oscuro timbre, mientras que el tenor Peter Bronder dio vida en escena a un desquiciado y perturbado Herodes, muy acorde con la visión de la regia, aunque en su cantó fue discreto y por momentos escaso en la emisión de la voz. Tanto el tenor Tomislav Mužek, en el papel de Narraboth, como la mezzo soprano Jennifer Holloway, como el paje de Herodias, ambos vestidos como guardias de seguridad, cumplieron íntegramente en cada una de sus intervenciones, como así lo hizo el resto del elenco de artistas y cantantes.
El experimentado director español Jesús López Cobos, director musical de la orquesta Sinfónica de Madrid, logró extraer de la agrupación, la profusa y abundante musicalidad contenida en la música de Strauss, sin perder de vista los momentos de tensión, y por momentos atonalidad, que envuelven incesantemente a la partitura, y mostró amplia consideración por las voces.

Thursday, October 22, 2009

Salome - San Francisco Opera

Foto: Nadja Michael (Salome)
Crédito: Terrence MacCarthy


Ramón Jacques

La exitosa reposición de Salome, opera de Richard Strauss basada en un drama bíblico y ausente desde hace 12 años de este escenario, fue un triunfo gracias a la irresistible presencia de Nadja Michael y a la segura baqueta de Nicola Luisotti, nuevo director musical de la compañía, al frente de la orquesta.
La soprano alemana demostró un dominio del personaje de la seductora patológica, en lp vocal como en lo escénico. Su canto se adaptó a las exigencias del rol, por momentos enérgico e indolente, y en otros suave y conmovedor. Su voz posee una grata coloración, es pareja en todo el registro, y amplia en su proyección (capaz de atravesar a la orquesta). En escena recreó un personaje convincente y sensual, valiéndose de su escultural figura. Desafortunadamente, su baile de los siete velos disto de ser provocativo (no por culpa de ella sino de la regie), y se convirtió en una monótona coreografía de movimientos circulares, parecida a una rutina gimnástica.
En el foso, Luisotti logró extraer de la orquesta la exuberante y penetrante música de Strauss, concertando con seguridad, y manteniendo el control y la tensión. Luisotti, es ya una celebridad en esta ciudad.
El bajo Greer Grimsley, encarnó un tenebroso y lúgubre Jokanaan, de profunda voz de tono oscuro, y potente emisión.
El tenor ingles Kim Beagley creó un obsesionado y aprensivo Herodes, que inició cantando de manera óptima pero cuyo desempeño se deterioro en el transcurso de la función, perdiendo la entonación y lo audible. Irina Mishura, mezzosoprano rusa, hizo una Herodias de autoritaria presencia con voz homogénea y luminosa. El tenor Garrett Sorensen dio notoriedad al breve papel de Narraboth, y el resto del elenco tuvo un desempeñó aceptable.
Visualmente, la función contó con la rígida escenografía de Bruno Schwengl de un cubo vacío, cuya perspectiva se alargaba hacia el fondo del escenario. A su vez, las ideas carentes de imaginación en la dirección de Seán Curran no enriquecieron la obra, como: delimitar los movimientos de Salome a un circulo de luz blanca en el centro del escenario, combinar vestuarios antiguos con tradicionales, y un uso pobre de la iluminación.

VERSIONE IN ITALIANO
Foto: Nadja Michael (Salome)
Crédito: Terrence MacCarthy
La ripresa di Salome, opera di Richard Strauss basata su un dramma biblico e assente dal teatro californiano da ben 12 anni, è stata un trionfo grazie soprattutto all’irresistibile presenza di Nadja Michael nel ruolo prinicpale e alla sicura bacchetta di Nicola Luisotti, nuovo direttore musicale della compagnia. Questa accoppiata si reincontrerà per mettere in scena lo stesso titolo nel mese di gennaio al Comunale di Bologna.
Il soprano tedesco ha mostrato un dominio del personaggio sia dal punto di vista vocale che scenico acuendone l’aspetto patologico-seduttivo. La sua prestazione vocale si è adattata alle esigenze del ruolo, energica, violenta, ma anche indolente o ancora soave e commovente. Ampiamente proiettata (capace di bucare l’orchestra senza problemi) la sua voce è di bel timbro, omogeneo in ogni registro. In scena la Michael ha saputo creare un personaggio drammaticamente convincente e sensuale avvalendosi anche della sua figura statuaria. Sfortunatamente (non per colpa sua, ma del regista) la sua Danza dei Sette Veli si è trasformata in una monotona e pesante coreografia con movimenti circolari, che faceva parecchio “palestra” .
Luisotti è riuscito ad estrarre dalla sua orchestra esuberanza, entusiasmo, mantenedo sempre un controllo sicurissimo sulla partitura. A San Francisco Nicola Luisotti è ormai una celebrità!
Il basso Greer Grimsley ha interpretato un tenebroso, lugubre Jokanaan con voce scura, profonda e potentissima
Il tenore inglese Kim Begley ha creato un Herodes ossessivo e apprensivo che ha iniziato la sua prestazione mostrando buone qualità vocali le quali si sono poco alla volta deteriorate nel corso della recita, al limite dell’intonazione e dell’udibilità. Irina Mishura, mezzosoprano, ha incarnato un’Erodiade autoritaria, di voce omogenea e luminosa. Il tenore Garrett Sorensen ha dato rilievo ai brevi interventi di Narraboth, ma tutto il cast si è disimpegnato con onore.
Visivamente si segnala la rigida scenografia di Bruno Schwengl, un cubo vuoto la cui prospettiva dava l’impressione di allargarsi nel fondo della scena. A sua volta, le idee prive d’immaginazione nella regia di Seán Curran hanno arricchito di poco il lavoro. Ad esempio il limitare i movimenti di Salome all’interno di un fascio di luce bianca al centro del palcoscenico non è stata un grande trovata, come pure il mescolare indumenti antichi e moderni o l’uso veramente povero delle luci.