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Wednesday, September 26, 2018

Lucia di Lammermoor en Genova, Italia


Foto: Marcello Orselli

Alberto Rosas

Uno de los teatros de repertorio de mayor tradición en Italia, el Carlo Felice de Génova ofreció el drama trágico de Salvatore Cammarano con música de Gaetano Donizetti, con la participación de dos elencos, el primero conformado por la destacada soprano rumana Elena Mosuc como Lucia, una cantante de referencia en este rol, el tenor Luciano Ganci como Edgardo, el barítono Federico Longhi como Enrico Ashton;y el bajo Alessio Cacciamani como Raimondo. En el elenco alternativo el papel principal fue encomendado a Zuzana Marková, la soprano checa que se esta dando a conocer en la actualidad como una destacada soprano coloratura, y que llamara la atención particularmente en la temporada 2012 por su sensual actuación en la ópera Powder her face de Thomas Ades en Venecia, con puesta en escena de Pier Luigi Pizzi.  Aquí exhibió un timbre claro, nítido y muy ágil en su interpretación. Es una cantante que además de cantar bien, transmite y se envuelve en el papel.  Su juvenil y atractiva apariencia se adaptó a la dirección escénica de Lorenzo Mariani, que fue directa, fluida y dramática, con los sencillos decorados de Maurizio Balò y los vestuarios Silvia Ayamonino, en una puesta que requiere de una interprete vivaz, pero a la vez ingenua y frágil, cualidades que histriónicas que posee Marková con las que logró redondear su interpretación.  En el papel de Edgardo se presentó el tenor Andrea Bocelli, un correcto interprete que regaló momentos memorables.  Correcto estuvo el experimentado barítono Stefano Antonucci como Enrico, como también el bajo Mariano Buccini, con su voz profunda y potente como Raimondo. Un reconocimiento al coro y a la orquesta del Teatro Carlo Felice, que mostraron su dominio de este repertorio que interpretan con gusto, sensibilidad y claro dominio. La dirección musical fue del director Andriy Yurkevych que guío con buena mano y seguridad.   

Tuesday, July 3, 2012

Un Ballo in Maschera en Turín, Italia


Foto: Ramella & Giannese

Renzo Bellardone

La cuidada dirección escénica de Lorenzo Mariani se conjugó muy bien con la refinadísima escena de Maurizio Balò y los vestuarios de Maurizio Millenotti. Dicha dirección estuvo atenta a los movimientos que narraban sentimientos vividos; las escenografías representaron con sobrio refinamiento una paleta de colores, y los vestuarios, por momentos esenciales y en otros evocativos, se fundieron muy bien en la elegante construcción.  La orquesta de buenos maestros del Teatro Regio fue dirigida por Renato Palumbo en una  búsqueda, por delinear en destellos, el ímpetu de la teatralidad de cada momento y tema. La opera en conjunto fue agradable y entretenida, y fue exaltada por la presencia del irreprochable coro dirigido por Claudio Fenoglio que estuvo siempre preciso y elegante en la extracción de los mejores sonidos. Giancarlo Monsalve interpretó con prestancia a Riccardo, con envolvimiento y una voz calida y apasionada.  El papel de Renato le fue confiado a Marco di Felice, quien con respecto a su interpretación en el Sferisterio de Macerata en el 2011, mostró madurez en el personaje con apreciable rotundidad.  Muy bella estuvo la escena de celos con la cama roja rota por la discusión con Amelia, personaje al que prestó su voz Anna Pirozzi quien por momentos estuvo al limite de su empeñó, pero que estuvo inquietante en la escena en la que se encontró vagando en el horroroso campo en el que se veían cinco cadalsos con cuerdas colgando y hierbas milagrosamente rojas en un ángulo. Elisabetta Fiorillo, consolidada en el personaje de Ulrica, sorprendió en cada momento por los colores profundos y oscuros que atemorizaban y creaban una atmosfera de suspenso y predicciones que fue reforzada por una discontinua luz roja en una oscuridad que fue interrumpida solo por símbolos esotéricos. Barbara Bargnesi fue un irónico Oscar que con cabello cubierto y una urna de extracción, mantuvo una constante verve en un crescendo de agradables medios vocales. Este Ballo estuvo lleno de serpentinas rojas y confeti y fue bruscamente ensombrecido  por el disparo de pistola con el que concluyó el trágico evento. Un papel importante asumió la iluminación diseñada por Andrea Anfossi, ya que delineó armoniosamente  el acontecimiento así como varios pasajes musicales. ¡La Música vence siempre!

Saturday, July 17, 2010

Opera a San Francisco: La febbre dell’oro

Foto: Cory Weaver / SFO

Ramón Jacques
L’Opera di San Francisco ha presentato la realizzazione della Fanciulla del West in occasione del centesimo anniversario dell’opera che ebbe la sua prima assoluta nel 1910 al Metropolitan di New York. Sia l’opera di Puccini che il dramma teatrale da cui fu tratta, The Girl of the Golden West di David Belasco, hanno un legame con l’Opera di San Francisco, poiché la trama si svolge nell’Alta California, in miniere e montagne non lontano da questa città. Per questa ragione il pubblico presente ha riconosciuto i nomi familiari di monti, città, miniere (e del famoso corriere Wells Fargo) menzionati nei dialoghi. Eppure quest’opera è praticamente sconosciuta in questo teatro, poiché la sua ultima messa in scena fu nel 1979 con Carol Neblett, Placido Domingo e la direzione musicale di Giuseppe Patanè.

La cornice scenica concepita da Maurizio Balò, in cooproduzione col Teatro Massimo di Palermo, dove sarà rappresentata nel prossimo dicembre, ha voluto dare all’azione un taglio cinematografico e un ambiente californiano da Far West, con paesaggi e montagne che evocavano l’ambiente tipico dell’Alta California. I costumi adeguati, le luci brillanti e la regia particolareggiata, ma mai esagerata, di Lorenzo Mariani hanno contribuito a dare un maggiore realismo alla scena.

Musicalmente parlando il giovane direttore barese Giuseppe Finzi, secondo direttore musicale del teatro, ci ha sorpreso ed emozionato con la sua lettura dii cesello, estraendo una vasta gamma di particolari e colori e l’esuberanza già contenuta nell’orchestrazione.

Il soprano Deborah Voigt debuttava il ruolo di Minnie e lo ha fatto in maniera davvero convincente. Dal punto di vista vocale, nonostante alcune difficoltà di emissione e di acuti all’inizio, il soprano ha ben calibrato la voce e ha successivamente cantato con uniformità e con un timbro robusto. Il tenore Salvatore Licitra è stato un Dick Johnson con carattere e vivacità, cantandolo con bel timbro e buona proiezione vocale. Notevole è stata la caratterizzazione del violento e arrogante Jack Rance, il baritono Roberto Frontali, che ha realizzato con autorità, precisione musicale e vocale. Il resto del cast era perfettamente all’altezza della situazione.

Thursday, July 8, 2010

La Fanciulla del West de Puccini - Opera de San Francisco

Fotos: Cory Weaver / San Francisco Opera. Deborah Voigt (Minnie), Roberto Frontali (Jack Rance), Salvatore Licitra (Dick Johnson)

Ramón Jacques

Los tres teatros más importantes en Norteamérica: Nueva York, San Francisco y Chicago han programado dentro de su presente temporada La Fanciulla del West, en conmemoración del centenario de la opera de Puccini, que tuvo su estreno mundial el 10 de diciembre de 1910 en el Metropolitan, y cuya premier en el teatro neoyorquino se realizará precisamente la noche del 10 de diciembre de este año.
Se puede decir que la opera de Puccini, así como la obra teatral que inspiró su creación The Girl of the Golden West de David Belasco, mantienen una cercana conexión con la Opera de San Francisco, ya que su trama se sitúa en la alta California, en las minas cercanas y en los alrededores de esta ciudad, durante el periodo de la llamada “fiebre del oro” representada en esta opera. Resultó simpático ver como el publico presente reconoció con familiaridad los nombres de las ciudades, montañas, minas (incluido el famoso mensajero de Wells Fargo) que son mencionadas en los dialogos. De cualquier manera, la opera ha sido poco representada en este escenario, ya que su primera representación local ocurrió veinte años después de su estreno mundial, en 1930, y su ultima puesta escénica fue en 1979 con: Carol Neblett, Placido Domingo y la conducción de Giuseppe Patanè.

Como marcó visual de la función se estrenaron las escenografías concebidas por Maurizio Balò, realizadas en coproducción con el Teatro Massimo de Palermo donde serán vistas en el mes de diciembre, que le dieron a la acción un toque cinematográfico y captaron ese ambiente californiano del lejano oeste: como el bar construido dentro de una mina en el primer acto, una idea tomada del film Johnny Guitar de 1954 con Joan Crawford; la sencilla cabaña de Minnie en el segundo acto con montañas y nieve al fondo, y el tercero en el que se observa, además de las montañas, un evocador valle típicamente californiano. Tanto los correctos vestuarios, adecuados a la época, como la brillante iluminación, y la detallada, afanosa, pero nunca exagerada regia de Lorenzo Mariani (director artístico del Teatro Massimo) ayudaron a dar un toque de mayor realismo a la escena.

La soprano Deborah Voigt, quien debutó el personaje de Minnie y lo interpretará en todas las representaciones norteamericanas, ofreció una caracterización dramáticamente convincente, y aunque en su prestación vocal tuvo algunos problemas de emisión y en los agudos al inicio, una vez que calibró la voz la voz, cantó de manera homogénea y timbre robusto, por momentos de manera vibrante.

El tenor Salvatore Licitra interpretó con carácter y virilidad a Dick Johnson, con elegante fraseo, amplia proyección y grato timbre. Memorable fue la caracterización de un furioso y arrogante Jack Rance, por parte del barítono Roberto Frontali, quien actúo con confianza y autoridad, y mostró precisión vocal, así como brillante dicción y musicalidad. El resto del elenco tuvo un correcto desempeño, destacando al bajo Kevin Langan como Ashby, al barítono Timothy Mix como Sonora, y al tenor mexicano David Lomelí como Harry.

Para esta representación, Nicola Luisotti, titular de la orquesta del teatro, le cedió la batuta a Giuseppe Finzi, segundo director musical, quien mostró compenetración e identificación con la orquesta. La lectura de este joven maestro de Bari sorprendió y emocionó por el sonido compacto y parejo que obtuvo del foso, y sobretodo por la manera como fue cincelando la amplia gama de colores y exhuberancia de la orquestación. Una personalidad a tener en cuenta.