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Saturday, January 22, 2011

Gala por el cumpleaños 70 de Placido Domingo en el Teatro Real de Madrid

Foto: Placido Domingo / Greg Gorman - Los Angeles Opera
Alicia Perris
PLÁCIDO DOMINGO: REAL

Concierto del 21 de enero en el Teatro Real. Zarzuela y ópera en las voces de Deborah Polaski, Angela Denoke, Paul Groves, Anja Kampe, Juan Pons, Dolora Zajick, René Pape, Bryn Terfel, Aldo Atanelli, Inva Mula, José Bros, Edwin Schrott, Ana María Martínez, Ainhoa Arteta y Sonya Yoncheva. Sinfónica de Madrid. Coro Intermezzo. Director: James Conlon. 20 horas.

El viernes 21 de enero cumplía años el tenor madrileño Plácido Domingo y entre todos los actos que se organizaron en la capital para celebrarlo, estuvo el concierto en el Teatro Real, que dentro y fuera de la sala, convocó a un nutrido público en torno a un programa que duró casi tres horas. En la Plaza de Oriente, con el majestuoso marco del Palacio por detrás y los jardines, el Ayuntamiento, que se sumó a la conmemoración, había colocado 1.500 asientos que no fueron ocupados en su totalidad porque el frío reinante no contagiaba la alegría del festejo a los paseantes. Aún así, muchos de ellos soportaron las bajas temperaturas y después de seguir el concierto por la macro pantalla que el Real suele instalar en ocasiones, recibieron con una ovación la aparición del tenor, abrigadísimo, en la terraza del teatro. El tiempo no acompañó pero todos, intérpretes y público y por supuesto el agasajado, mantuvimos el corazón en un vilo, lleno de emociones y recuerdos. Muchos seguimos al tenor desde que cantaba La Fanciulla del West en el Covent Garden, o cuando se recreaba en uno de sus principales papeles, el Otello de Verdi, en el mítico Teatro de la Zarzuela de entonces, que cobijó voces como las Jaume Aragall (presente en la sala en el homenaje) o Piero Capuccilli. De esto hace ya bastantes lunas, pero Plácido sigue cantando y en estos momentos representa el rol de Oreste de Iphigénie en Tauride de Glück en el Real en compañía de un cast espléndido, aplaudido por la crítica y los habituales de la ópera. Por ese motivo no cantó y acompañó a la Reina en el Palco Real. El programa comenzó con Wagner (Tannhäuser y Parsifal) para seguir y terminar con Verdi (La forza del destino, Otello, Don Carlo, Nabucco y Falstaff), con la fuga del Falstaff “Tutto nel mondo è burla”, aludiendo al espíritu festivo de la noche. También pudieron escucharse arias de Bizet (Los pescadores de Perlas), Puccini (Tosca y Manon Lescaut), Leoncavallo (Pagliacci), Giordano (Andrea Chénier), Richard Strauss (Der Rosenkavalier), Paolo Tosti (L´alba separa dalla luce l´ombra), Franz Lehár (Giuditta), Mozart (Don Giovanni) y Federico Moreno Torroba (La Marcherena). El concierto fue difundido en diferido por la 2 de TVE a las diez de la noche y otras televisiones, donde se incluyó una entrevista una hora antes, que le hizo al cantante el periodista Iñaki Gabilondo.
Una de las mejores sorpresas de la velada fue la presencia en la sala, aparte de las colegas Elena Obraztsova y Angela Georghiu, al final, de Teresa Berganza, compañera de tantas noches de representación, cercana al tenor y a su familia, que bromeó sobre circunstancias vitales y artísticas compartidas y le cantó a Domingo un “happy birthday” en el mejor estilo de la inigualable Marilyn Monroe. Tuvo gracia y mucho afecto y desparpajo su intervención, vestida con una capa fucsia como de hada madrina, sonriendo y coqueteando con arrancarse por el “Sempre libera” de Traviata. Estuvieron presentes - entre otras personalidades y figuras conocidas - Su Majestad la Reina Sofía, acompañada de Su Alteza, la Infanta Pilar de Borbón, la baronesa Carmen Thyssen, el Alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón y la Presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre y las Ministras de Cultura y Economía. Y además, mucho público extranjero. Fueron necesarias cuatro filas accesorias en la platea para reforzar un aforo que había sobrepasado con mucho los límites de su capacidad. Responsables del teatro y organizadores de todos los sectores dieron lo mejor de sí mismos hasta la extenuación, para conseguir que todo saliera bien y pudiera llevarse a cabo. Maravillosos arreglos florales en el foyer y en los palcos.
Una pantalla también dentro de la sala recordó un reportaje audiovisual de los archivos de Televisión Española donde Plácido Domingo evoluciona desde su casa de la calle Ibiza, pasando por lugares reconocibles de Madrid, mientras canta, ¡tan joven! (y guapo como diría Teresa Berganza), la romanza “De este apacible rincón de Madrid”, de Luisa Fernanda de Moreno Torroba. Hay un homenaje sentido a los padres y sobre todo a la madre del cantante, también artistas de zarzuela en sus tiempos, con quien el hijo siempre agradecido cantó a dúo en otra versión de archivo. Entre todos los artistas que celebraron la noche del cumpleaños habría que destacar el aria del catálogo de Leporello del Don Giovanni de Mozart, interpretada con teatralidad y picardía por Erwin Schrott, ya que el catálogo en cuestión exhibido por el intérprete, era el programa dedicado a Plácido Domingo. Bien el coro y la dirección de James Conlon. La primera audición de la partitura de Tan Dun, Pla-ci-do, levantó una gran expectación que no defraudó. La presencia del compositor en la sala fue agradecida por todos con una salva de aplausos. René Pape estuvo exquisito y conmovedor en “Ella giammai m´amò”, del Don Carlo de Verdi y qué decir de las evocaciones que despertó el Va pensiero, de Nabucco, a cargo del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
Sobre las siete de la tarde, antes del concierto, Plácido Domingo ofreció una conferencia de prensa en la Sala Gayarre, distendida y agradable, donde contestó las preguntas a los periodistas, no sin antes apurar una copa de champagne de una botella que acababa de descorchar. Hizo memoria recordando su vinculación a México y una periodista emocionada le ofreció las primeras estrofas de Las Mañanitas. Mencionó su paso por los grandes espacios, que explicó relacionándolos con su afición al deporte, narró sus actuaciones por Italia, Francia y sus estancias – no demasiadas, “una diez o doce” en el Teatro Colón de Buenos Aires- donde el 23 de febrero estará de nuevo para terminar su recital en la mítica avenida 9 de julio. Ante la pregunta de un gusto dudoso sobre los plazos de la continuidad de su carrera como cantante, señaló reiteradamente que siempre estaría en escena, sino cantando dirigiendo y que “no cantaré ni un día más de lo que deba, ni uno menos de lo que pueda”. Así se habla, Maestro, well done!

Wednesday, December 29, 2010

Die Walküre al Teatro alla Scala di Milano per l’apertura della stagione 2010-2011.

Fotos: Brescia e Amisano, Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

La seconda puntata del Ring scaligero centra in pieno l’obiettivo. Spettacolo molto suggestivo quello allestito da Guy Cassiers al Teatro alla Scala di Milano per l’apertura della stagione 2010-2011. L’uso della tecnologia, peculiarità dell’arte di Cassiers, si trasforma in un potente mezzo per scandagliare le profondità della mente umana. Proiezioni, ombre, silhouette, globi girevoli, lance che calano dall’alto, strisce rosso sangue, installazioni che strizzano l’occhio all’arte contemporanea: tutto contribuiva a rendere questa Walküre molto stimolante (ma mai invasiva) dal punto di vista visuale. Per Cassiers Die Walküre è un’opera notturna. E nonostante gli ambienti fossero spesso scuri, i volti tormentati dei personaggi erano sempre in primo piano ben illuminati dalle luci manovrate con maestria da Enrico Bagnoli. Superlativo l’esito musicale con un Daniel Barenboim in stato di grazia. La sua visione così lirica, intimistica, quasi “tristaniana” dell’opera ha convinto tutti coadiuvato da un’orchestra in ottima forma (che morbidezza gli archi!). E il cast è parso uno dei migliori che oggi si possano ascoltare. Nina Stemme è stata una Brünnhilde smagliante, dalla voce ferma, sicura, ma anche espressiva e toccante nel suo lungo duetto del terzo atto con Wotan, un robusto ed energico Vitalij Kowaljow, subentrante all’inizio di questa produzione al previsto René Pape. Waltraud Meier non finisce di stupire. La sua Sieglinde ancora una volta ha commosso! Certo, la voce della cantante tedesca non è parsa sempre impeccabile nel registro più acuto, ma l’artista è impagabile per presenza scenica e carisma drammatico. Molto brava Ekaterina Gubanova, una Fricka autorevole dalla voce ben proiettata mentre Simon O’Neill era un Siegmund di voce chiara, di linea corretta e buona tenuta complessiva. Ricordo, infine, che John Tomlinson ha soltanto accennato la parte di Hunding a causa di un grave abbassamento di voce annunciato prima della recita. Grande successo ed ovazioni per tutti.

Monday, November 23, 2009

La Messa da Requiem di Verdi diretta da Barenboim al Teatro alla Scala

Foto: Requiem di Verdi. © Teatro alla Scala©

Massimo Viazzo
Un Requiem non completamente risolto quello che è approdato alla Scala dopo essere stato in tournée in mezzo mondo (da Berlino a Roma, da Tokyo a Parigi) negli ultimi sei mesi. E il responsabile di questo esito altalenante è proprio il “maestro scaligero” Daniel Barenboim che, dopo la problematica Aida andata in scena qualche mese fa sempre nel massimo teatro milanese, sembra non aver ancora trovato una chiave di lettura convincente di fronte alla musica verdiana. Ciò che è mancato è stata la spontaneità, la naturalezza. La visione interpretativa è parsa più interessata agli episodi singoli evocando solo a tratti quel respiro universale che si manifesta in tutta la sua forza panica solo in presenza di un’arcata espressiva unitaria. Non vorrei essere frainteso però: l’impatto di questo Requiem è stato comunque notevole, ma spesso si è avuta la sensazione di trovarsi di fronte ad una sinfonia per soli, coro e orchestra. Interessante, peraltro, la cura degli impasti timbrici più scuri, l’esaltazione degli ottoni e soprattutto delle percussioni. Barenboim ha trovato colori nerissimi, di forte suggestione. Grandiosa la prestazione del Coro del Teatro alla Scala. Il complesso diretto da Bruno Casoni non ha rivali al mondo quando canta questo repertorio. Compattezza, accento, timbrica, respiro, fraseggio: tutto suona straordinariamente idiomatico! Barbara Frittoli, reduce da una forma influenzale, ha cantato con proprietà stilistica risultando imperiosa nel suo momento di massima concentrazione, il “Libera me”, e delicatissima nella ripresa del Requiem aeternam che conduce al temuto acuto finale (pulitissimo e lucente). Sonia Ganassi ha usato il suo strumento vocale senza risparmiarsi e se il fraseggio è parso a tratti non molto vario il mezzosoprano emiliano ha convinto per grinta e personalità. Jonas Kaufmann, il tenore del momento, dal bel timbro brunito, ha sfoderato un’invidiabile sicurezza nell’emissione degli acuti, ma è riuscito anche a padroneggiare con bravura le mezzevoci (“Hostias”) e a condurre la linea vocale modulando il fraseggio con finezza. Il suo “Ingemisco” ha inchiodato il pubblico. Un po’ pallida, poco carismatica, invece, la prova di René Pape (arrivato a Milano all’ultimo momento per sostituire il basso coreano Kwangchul Youn) un cantante sul quale la Scala ha investito molto per il futuro. Pape sarà infatti Wotan nel nuovo Ring wagneriano che inizierà in primavera.

Versión en español.
Foto: Requiem di Verdi. © Teatro alla Scala©

Massimo Viazzo

Un Requiem no completamente resuelto es el que se interpretó en la Scala después de que se llevó ya de gira por medio mundo (de Berlín a Roma, y de Tokio a Paris) en los últimos seis meses. El responsable de este incierto éxito fue el propio “maestro scaligero” Daniel Barenboim quien después de la problemática Aída, puesta en escena hace algunos meses en el máximo teatro milanes, parece no haber encontrado aun una llave de lectura convincente frente a la música verdiana, y lo que le faltó fue la espontaneidad y la naturaleza. La visión interpretativa pareció más enfocada en los episodios individuales, evocando solo esbozos de ese respiro universal que se manifiesta en toda su fuerza pánica y solo en presencia de una arcada expresiva unitaria. No quisiera ser malinterpretado, pero el impacto de este Requiem fue notable, aunque constantemente se tuvo la sensación de estar frente a una sinfonía para solistas, coro y orquesta. Interesante, fue sin embargo, el cuidado de las mezclas timbricas mas oscuras, la exaltación de los metales y sobretodo de las percusiones. Barenboim encontró colores muy negros y de fuerte sugestión. ¡La interpretación del Coro del Teatro alla Scala fue grandiosa! La agrupación dirigida por Bruno Casoni no tiene rivales en el mundo cuando canta este repertorio. Cohesión, acento, timbrica, respiro, fraseo ¡todo sonó extraordinariamente idiomático! Barbara Frittoli, cantó con propiedad estilística resultando imperiosa en su momento de máxima concentración, el “Libera me”, y muy delicada en la reanudación del Requiem aeternam que conduce al temido agudo final (que fue muy pulido y brillante). Sonia Ganassi utilizó su instrumento vocal sin límites y si en su fraseo pareció no ser muy variado, la mezzosoprano emiliana convenció por determinación y personalidad. Jonas Kaufmann, el tenor del momento, de hermoso y bronceado timbre, delineó una envidiable seguridad en la emisión de los agudos además de maniobrar con bravura las mezzevoci (“Hostias”) y de conducir la línea vocal modulando el fraseo con finura. Su “Ingemisco” quedo marcado en el publico. A su vez, la prueba de René Pape (quien llegó de ultimo minuto a Milán para sustituir al bajo coreano Kwangchul Youn) fue un poco pálida, y poco carismática. La Scala apostará mucho por este cantante en el futuro, ya que de hecho, será Pape quien haga el papel de Wotan en el nuevo Ring wagneriano que iniciará en la primavera.