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Sunday, April 7, 2024

Réquiem de Mozart en Turín

Foto: © Mattia Gaido – Cortesia de Lingotto Musica

Ramón Jacques 

La asociación musical Lingotto Música, que desde hace varios años se encarga de gestionar en esta ciudad temporadas con las orquestas de cualquier latitud, tuvo como invitada hace algunas semanas en su moderna sede el Auditórium Giovanni Agnelli, construida en la antigua fábrica de automóviles Fiat, a la Chicago Symphony Orchestra con su director emérito Riccardo Muti, y en unos meses más tendrá a la Bayerisches Staatsorchester de Múnich dirigida Vladimir Jurowski, por citar algunos ejemplos; recibió ahora a otra agrupación de muy alto nivel, el ensamble -orquesta y coro- de origen ruso, MusicAeterna, sin duda una de los mejores en la ejecución de obras con instrumentos antiguos. No estando exenta de algunos obstáculos que viven los artistas de ese país por situaciones ajenas al mundo musical, el ensamble logró llevar a cabo algunos conciertos en España y en Italia, y en esta ocasión concedió un notable concierto dedicado íntegramente a Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) enfocada en una de sus piezas vocales más conocidas: el Réquiem para solistas, coro y orquesta en re menor KV 626.  Sin embargo, en la primera parte se escuchó una ejecución muy satisfactoria del Concierto para fortepiano y orquesta n. 14 en do menor KV 491 obra en tres movimientos ejecutados con dinamismo y destreza por la joven pianista rusa Olga Pashchenko, que como ella misma explicó, y en busca de encontrar un sonido más afín al estilo de la orquesta, tocó un fortepiano -el instrumento de cuerda y teclado que se ubica entre el clavicordio y el piano del siglo XIX- que emite un sonido puro y  límpido, tipo Walter hammersclavier de 1792 (pitch 430hz) como el que se solía utilizar en la época de Mozart. La naturalidad con la que tocó la pianista en conjunción y unión con los instrumentistas agradó placenteramente que, ante los insistentes aplausos, se agregaron dos bises fuera de programa; el primero fue el Concierto para clavicémbalo y orquesta de cuerdas en re mayor una rareza de obra, en un movimiento del compositor Dmitry Bortnyansky, y después en solitario regaló una versión del Rondo a la ingharese casi un Capriccio en sol mayor op. 129 de Ludwig Van Beethoven. A continuación, se escuchó una valiosa y explosiva versión historicista del réquiem. Como es costumbre en muchas de las obras que dirige, el director ruso-griego Teodor Currentzis, añadió su toque personal, ejecutando al inicio la Música fúnebre masónica en do menor para orquesta KV477/ KV479a (1785), y después en la total oscuridad de la sala, con tan solo unas velas, se escuchó una tenue, serena y apenas perceptible pieza de canto gregoriano, previo al Réquiem aeternaem, con algunas de las voces masculinas del coro; así como un amen al final de la tercera parte III Sequentia. Esta versión, con algunas adaptaciones del réquiem dejo momentos memorables como el Introitus y la potente fuga baquiana del Kyrie, con las partes completadas por Franz Xaver Süssmayr de acuerdo a las anotaciones de Mozart a la que se le agregó la frase “Cum sanctis tuis in aeterneum”  Es necesario mencionar las partes donde intervinieron los solistas como el Tuba mirum con la voz profunda del bajo Alexey Tikhomirov, entre estos solistas el de mayor trayectoria internacional, o el Recordare con la claridad, la coloración vocal y la musicalidad que aportó la soprano Elizaveta Sveshnikova, en unión con la del tenor Egor Semenkov, poseedor de una grata y dúctil voz, adecuada para este repertorio, y con el contratenor Andrey Nemzer, quien tuvo un satisfactorio aporte a pesar de una emisión algo rígida y artificial. El amplio coro tuvo momentos resplandecientes como en el Confutatis y Lacrimosa, entre otros. Fue evidente la conjunción que tuvieron con los instrumentistas como un ensamble que acostumbra a trabajar de manera estrecha.  Muy voluntariosa y homogénea se escuchó la orquestación, cargada del sentido y sentimiento que le aportó cada musico de las cuerdas, los chelos, las percusiones y los metales.  Al final del concierto hubo una explosión de júbilo, pocas veces vista, entre los propios músicos en la que todos se abrazaron, se besaron y se felicitaron entre ellos. El grupo fundado en el 2004 por Teodor Currentzis, ya no tiene como base el teatro de Perm Rusia, si no que ahora es una agrupación independiente que realiza constantemente, en la medida que le es posible, giras por diversas ciudades europeas, colaboraciones con otros grupos de música antigua, algunos franceses, y se presenta en importantes festivales. Currentzis, quien se encuentra en la actualidad en el ojo del huracán por sus vínculos políticos y fuentes de financiamiento, ha sido vetado de algunas presentaciones y conciertos, es sin duda una personalidad.  Sus movimientos y poses frente a la orquesta, resultaron por momentos exagerados, sobreactuados, quizás poco estéticos, pero no carentes de pasión con la que siente la música, y el conocimiento, el control, la precisión y la puntualidad en su lectura. Indudablemente se trata de personalidad especial.  Al final, se escucharon tumultuosos aplausos por parte del público, en una sala repleta, y que fue contagiado, como pocas veces, por la efectividad del concierto presenciado.



Monday, December 20, 2010

Joshua Bell y la Chamber Orchestra of Europa en Turin, Italia

Foto: Pasquale Juzzolino - Lingotto Musica

Massimo Viazzo
Poder escuchar en vivo a Joshua Bell es antes que todo una experiencia estética. El extremo lirismo de la línea melódica, el candor casi púdico en la conducción del fraseo y por ultimo, un sonido de timbre bellísimo (Bell toca un esplendido Gibson ex-Huberman Stradivarius de 1713) contribuyeron a hacer que este artista estadounidense fuera siempre reconocible. La ejecución de una de las piedras angulares del repertorio, el Concierto para violín y orquesta en re mayor de Tchaikovsky, no podía más que confirmar lo que se veía venir, una intima expresividad libre de sentimentalismos que acarició frecuentemente un tono crepuscular (como por ejemplo la exposición del segundo tema del Allegro moderato inicial) de suave seducción. Pero Bell es ya un virtuoso de raza, y aunque no tenia necesidad de exhibirlo, en su pirotécnico bis de vértigo sobre las variaciones al Yankee doodle elaboradas por Henry Vieuxtemps, con sus armónicos tan seguros y muy entonados, siempre estuvo ahí para demostrarlo. La muy atenta conducción de Vladimir Jurowski no se limitó a coadyuvar la representación, si no que buscando un constante dialogo con el solista logró hacer emerger líneas secretas y melodías escondidas, en la constante búsqueda por crear un estimulante dialogo. Jurowski es un director que ama las proporciones, por lo que el concierto de Tchaikovski sonó menos “ruso” de lo normal, y no por ello, los valores meramente musicales de la partitura fueron a menos. Magnifico fue su control de la agógica y de la dinámica, también en las paginas schubertianas del programa. De modo particular es digna de mencionarse la muy detallada y muy cuidada ejecución de los planos sonoros en la Sinfonía 3 en re mayor de Franz Schubert. Al final una grande ovación a la chispeante Cenicienta rossiniana regalada al jubiloso publico del Lingotto. La próxima cita será el 15 de febrero con Martha Argerich y Misha Maisky.

Chamber Orchestra of Europe - Lingotto Musica, Torino

Foto: Pasquale Juzzolino - Lingotto Musica
Massimo Viazzo
Ascoltare Joshua Bell dal vivo è prima di tutto un’esperienza estetica. L’estremo lirismo della linea melodica, un candore quasi pudico nella conduzione del fraseggio e, non ultimo, un suono timbricamente bellissimo (Bell suona su uno splendido Gibson ex-Huberman Stradivarius del 1713) contribuiscono a rendere l’artista americano sempre riconoscibile. L’esecuzione di uno dei capisaldi del repertorio, il Concerto per violino e orchestra in re maggiore di Čajkovskij, non poteva che confermare l’attitudine a perseguire un’espressività intima scevra da sentimentalismo che accarezzava spesso un tono crepuscolare (l’esposizione del secondo tema dell’Allegro moderato iniziale, ad esempio) di morbida seduzione. Ma Bell è pur un virtuoso di razza anche se non ha bisogno di esibirlo: il pirotecnico bis, le vorticose variazioni su Yankee Doodle elaborata da Henry Vieuxtemps, con quegli armonici così sicuri ed intonatissimi, era pur sempre lì a dimostrarlo. La bacchetta attentissima di Vladimir Jurowski non si è limitata a coadiuvare la performance, ma, cercando un costante dialogo con il solista, è riuscita a far emergere linee segrete, controcanti nascosti, alla costante ricerca di uno stimolante colloquio. Jurowski è un direttore che ama le proporzioni e quindi il concerto čajkovskijano è forse suonato meno “russo” del consueto, ma non per questo i valori meramente musicali della partitura sono venuti meno. Superbo controllo dell’agogica e della dinamica anche nelle pagine schubertiane in programma, in particolar modo degna di nota la dettagliatissima (e sorvegliatissima) resa dei piani sonori nella Sinfonia n. 3 in re maggiore di Franz Schubert. Grandi ovazioni alla fine e una scoppiettante Cenerentola rossiniana regalata al pubblico festante del Lingotto. Prossimo appuntamento il 15 febbraio con Martha Argerich e Misha Maisky.

Saturday, May 8, 2010

Florencia: tragica y comica - Accademia Nazionale di Santa Cecilia, Roma

Fotos: Accademia Nazionale di Santa Cecilia, Roma
Ramón Jacques
La Orquesta de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia de Roma, una de las orquestas sinfónicas mas importantes de Italia, ejecutó en forma de concierto dos operas de diferentes compositores y estilos musicales, pero cuya ambientación se sitúa durante la época renacentista en Florencia. El proyecto de musicalizar A Florentine Tragedy, el melodrama de Oscar Wilde, hizo que los caminos de Giacomo Puccini (1858-1924) y del compositor austriaco Alexander Zemlinsky (1871-1942) se cruzaran, ya que Puccini consideró realizar primero la musicalización, pero desistió cuando se interesó en Il Tabarro, que narra una historia casi idéntica de adulterio, sangre y muerte. Finalmente, fue Zemlinsky, quien concretó el proyecto de ponerle música a la obra de Wilde y compuso Eine Florentinische Tragödie (Una tragedia florentina) en el año de 1916.
Con esta opera inició el concierto, escuchándose los acordes orquestales de su sensual y soberbia obertura, que es una especie de alegoría entre el amor y la muerte, en la que ya se percibe la tragedia. Con solo un triangulo amoroso de protagonistas, la tensión dramática fue creciendo con la sugestiva orquestación de Zemlinsky, de notables influencias straussianas, mahlerianas y wagnerianas. El director ruso Vladimir Jurowski extrajo de la orquesta la envolvente tonalidad y la exuberancia tímbrica contenida en la partitura, así como el lirismo del imprevisto e irreal final (en el que marido se reconcilia con su mujer después de asesinar al amante) aunque en algunos pasajes su lectura estuvo poco calibrada, carente de sutileza y su enérgica emisión cubrió por momentos las voces de los solistas, que se situaron detrás de la orquesta en un nivel superior. El papel de Simone, fue interpretado de manera satisfactoria por el barítono ruso Sergei Leiferkus, quien cantó sus arias con autoridad y profundo tono y color. La soprano alemana Heike Wessels adaptó su amplio y homogéneo canto a las exigencias de Bianca, un personaje que es intenso y a la vez suave y conmovedor. El tenor Nikolai Schukoff cantó el papel de Guido Bardi, el noble asesinado por Simone, con su voz robusta y refinada línea de canto.

En la segunda parte del concierto y desde las primeras notas se sintió la riqueza orquestal, la alegre armonía y la energía que transmite la música que Puccini escribió en Gianni Schicchi. En esta ocasión Jurowski, concertó con seguridad y entusiasmo a una orquesta que se deleitó interpretando una música más afín a su carácter y temperamento. Los solistas, que en esta ocasión se ubicaron frente a la orquesta, actuaron con gracia y diversión sus personajes. El papel principal fue encomendado al barítono menorquín Juan Pons quien dio vida a un jovial y burlesco charlatán con su cantó uniforme, su voz pastosa y su característico timbre. Como Rinuccio, el tenor Saimir Pirgu exhibió un calido timbre y elegante fraseo y la soprano Adriana Kučerová fue una ligera y muy lírica Lauretta. El resto del elenco vocal se mostró en un buen nivel, destacando la mezzosoprano Anna Maria Chiuri, por el opulento y exuberante color oscuro de su amplia voz, como La Ciesca; el bajo Luigi Roni por su divertido Simone, el baritono Giulio Mastrototaro por su expresivo Marco, y la soprano Rosanna Savoia por su musicalidad como Nella.

Firenze è come un albero fiorito - Accademia Nazionale di Santa Cecilia, Roma

Foto: Accademia Nazionale di Santa Cecilia, Roma

Ramón Jacques

L’Orchestra dell’Accademia Nazionale di Santa Cecilia, una delle principali orchestre sinfoniche italiane, ha eseguito in forma di concerto due opere di compositori differenti, assimilabili non stilisticamente, ma come ambientazione entrambe si svolgono a Firenze

Il progetto di mettere in musica A Florentine Tragedy di Oscar Wilde accomuna Giacomo Puccini e Alexander Zemlinsky, dato che che Puccini si era interessato per ben due volte al soggetto (desistendo in luogo del Tabarro, opera che narra una storia similare di adulterio, sangue e morte). Zemlinsky, invece, concretizzò il progetto componendo nel 1916 Eine Florentinische Tragödie. E proprio con questo lavoro ha avuto inizio il concerto, con quegli accordi orchestrali così sensuali e orgogliosi, una sorta di allegoria del rapporto tra amore e morte in cui la tragedia è già evidente. Mettendo in scena un semplice triangolo amoroso la tensione drammatica cresceva anche per merito di una orchestrazione evocativa influenzata notevolmente da Strauss, Mahler e Wagner

Il direttore ruso Vladimir Jurowski è riuscito ad estrarre dall’orchestra romana l’esuberanza coloristica contenuta nella partitura, così come il lirismo dell’imprevedibile e irreale finale, anche se in alcuni passaggi la sua lettura è parsa poco calibrata, carente di sottigliezze, rischiando in più di una occasione di coprire i cantanti posti dietro l’orchestra su un piano rialzato Il ruoolo di Simone è stato interpretato in modo soddisfacente da Sergei Leiferkus che ha cantato la sua aria con autorevolezza e bella timbrica. Il soprano tedesco Heike Wessels ha saputo adattare il suo ampio e omogeneo strumento vocale alle esigenze del canto di Bianca, un personaggio intenso, soave e commovente Il tenore Nikolai Schukoff ha donato la sua voce robusta e di linea raffinata a Guido Bardi, il nobile che viene assassinato da Simone.
Nella seconda parte della serata e fin dalle prime battute è emersa la ricchezza orchestrale, la brillantissima armonia e l’energia che promana dalla partitura pucciniana. In questa occasione Jurowski ha concertato con sicurezza ed entusiasmo e l’orchestra ha risposto dilettandosi e dilettando. I solisti, questa volta posti davanti all’orchestra, hanno dato vita a personaggi a tutto tondo. Il ruolo principale è stato interpretato dal baritono spagnolo Juan Pons, uno Schicchi gioviale, burlesco e ciarlatano di voce omogenea e pastosa. Come Rinuccio il tenore Saimir Pirgu ha esibito timbro caldo e fraseggio elegante e Adriana Kučerová ha impersonato una leggera e lirica Lauretta
Il resto del cast è parso di buon livello in particolar modo la Ciesca di Anna Maria Chiuri dalla voce opulenta di esuberante colore scuro, il basso Luigi Roni, un divertito Simone, il baritono Giulio Mastrototaro un Marco espressivo e la musicale Nella di Rosanna Savoia.