domingo, 27 de septiembre de 2015

Salon 21 - Music and Poetry, Toronto

Giuliana Dal Piaz

Mientras su importante Festival del Cine casi llega a conclusión y se reanuda la temporada musical, en estos días Toronto es un bullicio de citas culturales. También SOUNDSTREAMS, una organización dedicada a la música de compositores canadienses e internacionales vivientes, reanudó anoche, en el Gardiner Museum, los encuentros mensuales de SALON 21, una especie de salón literario y artístico. Tema del encuentro ‘Música y Poesía’ del 18 de Septiembre era el inicio de una Gacela de García Lorca, “Gacela del niño muerto”, que dice: Todas las tardes en Granada / todas las tardes se muere un niño. Estas dos líneas fueron sometidas a tres jóvenes compositores canadienses que los pusieron en música, siendo el resultado interpretado (de manera por cierto excelente) por la mezzosoprano húngaro-canadiense Kristina Szabó. Las tres versiones fueron presentadas al público de Salon 21 tras una introducción de la poetisa y traductora Beatriz Hausner. Condujo la velada Kyle Brenders, que colabora con SOUNDSTREAMS en calidad de compositor y socio artístico. La elección de los versos de García Lorca fue claramente motivada por la obra de 1970 del músico vanguardista estadounidense George Crumb, “Ancient voices of children”: pareció evidente, en efecto, que ni Brenders, ni los jóvenes compositores invitados ni la propia poetisa Beatriz Hausner (que en los diez minutos abundantes de su introducción no logró enfocar el tema ni transmitir el marco de referencia de las líneas escogidas) tenían una idea clara de la poética de Lorca en general y del particular poema que empieza con los dos versos mencionados. Los compositores se limitaron a recibir la traducción inglesa (every afternoon in Granada, every afternoon a child dies) para crear una pieza musical de dos minutos inspirada por ella. Juliet Palmer, Anna Atkinson e Chris Thornborrow fueron los compositores invitados y la mejor versión musical fue la de Juliet Palmer, que acompañó las palabras con un lento latido cardiaco, que recuerda vagamente también el ritmo del flamenco. Anna Atkinson dio una versión musical mucho más lírica, confesando luego de haber sido influenciada sólo por la idea de la recurrente muerte infantil, mientras Chris Thornborrow compuso un intermedio musical sin verdadera relación con el tema, sólo notando la doble repetición de las palabras “todas las tardes” y por lo tanto creando un motivo musical “circular”. La velada reunió a unas sesenta personas, y fue un éxito desde el punto de vista del evento social (evento por cierto casi gratuito: el costo de la entrada al Museo es el 50 % del costo de boleto de ingreso). Resultó sin embargo un ejercicio inútil: para contribuir realmente a la aculturación de una comunidad, sobre todo de sus miembros más jóvenes – parece ser éste el objetivo de la performance – sería necesaria una “información” básica mucho más sólida y documentada: ¿cómo pueden unos jóvenes compositores que desconocen totalmente la obra, el marco de referencia histórica y la poética de un autor como García Lorca, captar el espíritu de dos de sus versos, además separados del resto del poema?

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