miércoles, 6 de julio de 2016

In the Penal Colony en Boston

Foto: T. Charles Erickson

Lloyd Schwartz

¿Qué otro compositor que no fuera Phillip Glass sería más apto para componer la música de una ópera basada en la historia de Franz Kafka “In the Penal Colony” (La colonia penitenciaria)? ¿No son caso sus interminables y repetitivas notas un equivalente auditivo de las miles de agujas  torturan que marcan  la carne de la victima?  La Ópera Lirica de Boston montó la opera compuesta hace quince años por Glass inspirada en un cuento literalmente desgarrador de Kafka,   de la que tengo reservas porque su música que no es tan dolorosa como debía ser.  Aun así, la obra valió la pena ser escuchada en el  notable edificio Cyclorama del Centro de las Artes de Boston.  Rudolph Wurlitzer, libretista de Glass, se acercó mucho a la historia original no así fue el caso del director de escena R.B. Schlather. En la historia, un visitante, en la traducción que tengo es un explorador, ha sido invitado para observar una colonia penitenciaria tropical. Un oficial de la colonia, realiza una ejecución a un  soldado dormido en horas de trabajo, que como  castigo será atado a una maquina durante doce horas, y al final una espina le perforara la cabeza. La víctima no sabe cuál es su crimen o su castigo, y para Kafka es un inepto, un ignorante que ni siquiera habla la lengua de la colonia. Finalmente el oficial libera al soldado y ocupa su lugar.  En esta producción, la víctima fue interpretada por el bailarín dinámico y  glamoroso bailador de ballet Yury Yanowsky quien se movió con fuerza y propósito por la abstracta escultura que sugería ser la máquina de ejecuciones. Pero ello nada tuvo que ver con la imagen de una víctima de acuerdo a Kafka. El visitante explorador, interpretado por el tenor Neal Ferreira fue una figura maltratada por el oficial, personificado por el barítono David McFerrin quien en brillante traje rojo fue lo que probablemente más se aproximó a Kafka en esta producción. En diversos puntos de la función, los tres personajes parecieron embonar bien.  Tanto Ferreira como McFerrin fueron sobresalientes, ya que la buena acústica del lugar ayudó a que los cantantes proyectoras con impecable dicción. El minimalismo de Glass no permitió mucha expresión del carácter de los personajes,  pero aquí las casi sentimentales líneas vocales del oficial, alimentaron el sentido de que estaba viviendo en un pasado irreal.  En general, la música no interfirió con los ritmos naturales de la pronunciación, pero no todo el texto está bien colocado, y los implacables ritmos forzaron a acentuar las palabras incorrectas. Para la alternancia de dos notas y tercetos, las rapidez y lentitud, lo alto y lo bajo, la brillante y lo oscuro, parecieron ser mas resueltas de lo normal en Glass. Ryan Turner condujo con brillante entendimiento de los cambios de ritmo y las dinámicas de Glass. Su ritmo y el sobresaliente ensamble instrumental, un cuarteto de cuerdas y bajo, hicieron que la música fuera más cautivadora que monótona.  Este interesante repertorio ha sido una de las elecciones más convincentes de la compañía.


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